La ultima conquista
Viernes en la noche.
La madrugada se apoderaba lentamente de la enorme ciudad, que aún permanecía
viva gracias al bullicio de los jóvenes que se reunían en las calles para
celebrar el inicio del fin de semana.
Aquel joven de mirada intensa y sonrisa seductora, se encontraba apoyado en la
barra bebiendo cerveza mientras disfrutaba de las últimas pitadas de su
cigarrillo. Llevaba puesto un jean azul oscuro, una camisa negra y el cabello
revuelto, como siempre. Miró su reloj tras terminarse su cigarrillo para luego
girarse en dirección a la pista. Notó entonces que una chica que al parecer se
encontraba sola lo observaba provocativamente mientras sonreía. Se revolvió sus
rubios cabellos al tiempo que devolvía el gesto, la chica comenzó a avanzar
hacia él hasta que finalmente la tuvo en frente. Era alta, pelirroja, de ojos claros y buen físico. No estaba mal para pasar el rato.
Se acercó a ella posando delicadamente una mano en su hombro para susurrarle
algo que logró teñir de un rojo intenso las mejillas de la muchacha.
Esta sonrió, logrando dibujar una sonrisa de satisfacción en el rostro del
chico de ojos negros.
Momentos después, ambos estaban saliendo de la disco en dirección a la casa del
joven.
La noche pasó rápidamente, los bullicios continuaron hasta que la luz del sol
se asomó a través del horizonte, obligando a las almas nocturnas a regresar a
sus hogares.
Cierto rubio abría sus orbes encandilado por la luz que se colaba traviesa por
su ventana. Se frotó los ojos, para luego buscar el reloj que se encontraba en
su mesita de noche, cuando una voz femenina habló suavemente en su oído,
logrando sobresaltarle.
-Buenos días- Dijo melosa la chica de larga melena rojiza que se encontraba
desnuda a su lado.
-¿Qué hora es?- Respondió él aturdido, ignorando el saludo. –Dios…mi cabeza…
La muchacha sonrió juguetona, para luego abrazar el pecho desnudo del chico que
no parecía saber bien que era lo que estaba pasando. De todas maneras ya estaba
acostumbrado, tener una chica distinta cada fin de semana era lo suyo.
-Anoche estuviste genial…- dijo ella, besándole el cuello.
El muchacho sonrió satisfecho intentando desesperadamente recordar el nombre de
aquella joven, lo más seguro es que ni siquiera se lo había preguntado, sería
bastante lioso tener que acordarse del nombre de cada chica con la que se
acostaba.
-Perdona, linda…espero no ofenderte pero…¿Cuál es tu nombre?
La enorme arruga que se dibujo en su frente fue una clara señal de que la
pregunta no le había caído nada bien. El rubio entrecerró sus ojos sintiendo
como la puntada en su cabeza se extendía hasta su nuca nublándole la vista,
esta vez había bebido demasiado.
-¿Puedo ducharme?- nuevamente la voz de la joven se hizo escuchar, retumbando
en la cabeza del muchacho como una alarma.
-Claro…el baño está por allá…-Señaló al frente una puerta blanca semi abierta,
que dejaba entre ver algunos azulejos celestes.
Después de envolverse en la sábana, la muchacha se dirigió rápidamente hacia el
lugar que le había sido indicado.
La puerta se cerró. Durante un buen rato se escuchó únicamente el sonido de la
ducha.
La pelirroja salió un rato más tarde envuelta en una toalla pequeña, su cabello
empapado caía en cascada sobre sus hombros, resaltado su pálida piel.
-¿Aún te duele la cabeza?- preguntó mientras se secaba el cabello con una
toalla pequeña. – Por cierto, mi nombre es Boa. Anoche te dije mi nombre cuando estábamos
entrando a tu departamento…muy bonito por cierto, ¿Vives aquí tu solo?
-Si…-respondió el joven, que se encontraba sentado en la cama con una sábana
enroscada en su cintura. – Me alegra que te guste, lo decoré yo mismo. Y…lo
siento, no suelo recordar nombres… -se mordió el labio al decir esto último,
pero continuó hablando al notar que la chica continuaba vistiéndose con total
tranquilidad. – No eres de esta ciudad, ¿Cierto?
-No – Respondió con una sonrisa, mientras se colocaba sus zapatos de taco alto
al terminar de vestirse- Sabes…aunque ni siquiera recuerdes mi nombre, me
encantaría que volviéramos a vernos… serás un cabrón…pero eres excelente en la
cama…
Después de darle un suave beso en los labios, tomó su cartera, se revolvió el
cabello y caminó hasta la puerta.
-Hoy mismo vuelvo a mi ciudad, pero me llevaré un recuerdo bastante grato…mi número
está debajo de tu almohada, llámame…- Sin más, salió del apartamento cerrando
la puerta tras de sí, dejando al joven con los ojos bien abiertos.
-¿Me llamó cabrón? –Se preguntó así mismo metiendo su mano debajo de la
almohada para sacar el papelito que contenía el número de la chica y su nombre-
No soy un cabrón…- masculló para después enrollar el papelito y lanzarlo lejos.
Otro ligue para su colección, eso es lo que había sido.
Se levantó unos segundos más tarde dirigiéndose hasta el baño. Una vez allí,
abrió el grifo dejando que el agua tibia corriera por su espalda, empapando
también sus dorados cabellos. Su vida era bastante fácil, tenía dinero, una
buena posición laboral, y conseguía las mujeres que quería cuando quería. Pero
extrañamente, Todo aquello estaba comenzando a aburrirlo. Esa noche buscaría
algo diferente, una nueva experiencia que lo marcara para siempre, algo que lo
sacara de aquella jodida rutina.
Cerró el grifo después de darse su rápida ducha matutina. Caminó a paso lento
hasta llegar nuevamente a su cama, donde se dejó caer rendido. El dolor de
cabeza comenzaba a disminuir, su estómago exigía alimentos pero el repentino
mareo le impidió moverse durante unos instantes. Se incorporó con lentitud una
vez recuperó el equilibrio y caminó a paso lento hasta la cocina. Un zumo de
naranja y unas tostadas fueron su único desayuno, no solía comer mucho por las
mañanas. Continuó arrastrando los pies nuevamente hasta su habitación. Revolvió
su ropero sacando un pantalón deportivo y una musculosa blanca. Luego de
vestirse con total lentitud, se revolvió el cabello frotando de paso sus
sienes. Necesitaba desesperadamente un cigarrillo.
Seguramente encontraría alguno en su mesa de noche o en los bolsillos de su
chaqueta, siempre solía dejarlos tirados por ahí. Sonrió satisfecho cuando, al
revolver el cajón, encontró unos cuantos junto a una caja de cerillos. Encendió
uno rápidamente, y aspiró aquel humo nocivo, llenando sus pulmones. Él sabía
que debía dejarlo, pero, como siempre decía: “Ya lo dejaré, cuando alguien que
realmente valga la pena me lo pida”. Aunque comenzaba a pensar que aquello
jamás sucedería.
El timbre sonó varias veces repentinamente, el rubio masculló un “Esta abierto”
sin siquiera moverse de su sitio. Una muchacha de cabello negro, recogido en
una coleta y un uniforme entró, cerrando la puerta tras de si.
-¡Jaejoong! –Chilló ella, dejando su cartera sobre la silla
que se hallaba llena de ropa. – hombre, ¿Vives en un chiquero? Me ausento solo
dos días y este apartamento se convierte en una cueva de ratas… ¿No tienes
vergüenza?
-Cariño… -El aludido miró a la escandalosa con una sonrisa de lado, sosteniendo
el cigarrillo en su boca. – No estoy de humor, a menos que quieras que abuse de
ti, deja de joderme y haz tu trabajo, ¿Si? Por cierto… ¿ya mencione lo sexy que
te vez con ese uniforme? Te comería…
La joven se tapó la cara con una mano mientras negaba con la cabeza, siempre
era lo mismo con él, tenía un repertorio de guarradas para decirle cada vez que
atravesaba esa puerta.
-¿Es que intentas acostarte con todo lo que camina? No tienes remedio, Jaejoong… -Sin mirarle se acercó a la montaña de ropa,
comenzando a doblarla. - ¿Ya desayunaste? Te traje un café y algún bocad- Su
mirada se clavó en el suelo, y se espantó al notar un condón usado tirado justo
a los pies de la cama. -¡¡No pienso recoger eso!!
Jaejoong
no pudo evitar reír. Tenía
que admitir que cada vez que Hyuna llegaba, le alegraba las mañanas.
-Tranquila, linda, no quedarás embarazada. Creo que ya no queda ninguno vivo… -
Se incorporó del sofá donde se había desplomado minutos antes de la llegada de
su asistente para recoger su “porquería” como solía llamarlo ella. Caminó hasta
el baño para tirarlo, escuchando de fondo la sarta de insultos provenientes de
la exaltada muchacha que doblaba la ropa como alma que lleva el diablo. Rió
nuevamente, regresando a la habitación. – Ya desayune…pero ya que te tomaste la
molestia de traerme bocadillos… -Rodeó la cintura de la joven con ambas manos,
posando al mismo tiempo su barbilla en el hombro de esta. La joven reaccionó al
instante, estampando los cinco dedos en la mejilla izquierda del rubio.
-No intentes pasarte de listo, Casanova.
La sonrisa de Jaejoong se ensanchó, le encantaba aquella personalidad difícil de su empleada.
Aquello era lo que hacía que hubiera tanta confianza entre ellos,Hyuna había sido la única mujer de su entorno con la que
no se había acostado nunca.
Tomó la bolsita con su desayuno, guiñándole un ojo a la molesta jovencita.
Mientras tomaba su café, se deleitaba molestando a la pobre chica que se
dedicaba a ordenar el caos descomunal que había en el apartamento del muchacho.
Así, el día pasó rápidamente.Hyuna se despidió de Jae con
un beso en la mejilla, no sin antes estamparle otros cinco dedos cuando este
intentó tocarle el trasero. Si no lo apreciara tanto, ella seguramente habría
renunciado.
~ ~ ~
Ocho de la noche.
El sol comenzaba a ocultarse sobre el horizonte, las luces de las marquesinas
comenzaban a encenderse nuevamente, iluminando aquella ruidosa ciudad. Hoy sería una noche especial.
Jaejoong
se metió al baño para darse
una ducha rápida antes de vestirse. Un jean gastado color roca y una camisa
negra sería el atuendo de esa noche, su cabello revuelto como siempre y para
terminar, la chaqueta oscura que lo acompañaba cada fin de semana.
Aún quedaba un buen rato antes de salir, así que buscó en su refrigerador el
pastel de jamón que Hyuna le había dejado hecho antes de irse. Aquella chica era realmente como su
hermana mayor, siempre estaba cuidando de él y aconsejándole. Y aunque pocas
veces prestaba atención a sus palabras, la quería muchísimo.
Terminó de comer y luego de revolver sus bolsillos salió de su apartamento.
Tenía todo lo necesario para sobrevivir: Su móvil, dinero, condones y por
supuesto, cigarrillos.
Las calles estaban plagadas de gente que circulaba de un lado a otro como si
fueran hormigas, la música comenzaba a escucharse a lo lejos, llamando la
atención de todos los jóvenes que esperaban ansiosos para entrar en la disco.
Como siempre, luego de entrar, caminó a paso lento hasta la barra con las manos
en los bolsillos y un cigarrillo en su boca. Sus ojos negros inspeccionaron cuidadosamente el lugar que ya se
encontraba lleno de gente. Pero nada llamó su atención. Hasta que lo vio…
Su cabello castaño caía rebajado a su rostro, portador de aquellos hermosos ojos castaños que brillaban a pesar de la poca iluminación del lugar. Llevaba puesto
un Jean azul algo ajustado, acompañado de una playera negra. Giraba entre sus
manos el vaso de whisky mientras miraba al frente con una expresión distraída.
Jaejoong se acercó con sigilo a la barra, pidió una cerveza
mientras observaba con detenimiento al moreno que había captado poderosamente
su atención. Fue entonces cuando este giró su cabeza, clavando su mirada en los
ojos del rubio que por primera vez se había puesto nervioso. Intentó calmarse,
aspirando lentamente el humo de su cigarrillo luego de tomar un sorbo de
cerveza. El chico no le quitaba la vista de encima ni un instante, parecía
disfrutar del espectáculo viendo al rubio tan tenso. Las cosas no parecían ir
tan mal hasta que el moreno se levantó de su lugar y caminó a paso lento en
dirección al rubio. Él, como todo profesional, mantuvo la calma todo lo que
pudo hasta que el muchacho llegó hasta donde estaba.
-Hola, ¿aburrido? Noté que me observabas así que pensé que tal vez nos
conocíamos de algún lado.
-Puede que nos hallamos visto… – dijo en un tono burlón, sonriendo de medio
lado.
-No lo creo, ¿Sabes? No suelo olvidarme de los rostros… - El moreno le dedicó
una lasciva mirada que consiguió pararle hasta el último pelo.
-Vaya…no eres ningún tonto. – murmuró entre dientes, devolviéndole aquella
intensa mirada. – Nunca te había visto por aquí, ¿vienes seguido?
El morocho negó con la cabeza mientras disfrutaba de su último sorbo de whisky.
-Es la primera vez, los otros lugares están plagados de gente que ya conozco,
quería cambiar un poco de ambiente, ya sabes, no es divertido estar con las
mismas chicas todo el tiempo.
El rubio asintió con una sonrisa de lado. Aquel muchacho, además de ser
jodidamente sexy era bastante simpático. Tenía que pensar cuidadosamente lo que
diría si es que quería llevarlo a su apartamento. Aún cabía la posibilidad de
que ni siquiera fuera gay y solo estuviera jugando con él, pero que más daba,
solo sería una noche.
-Y dime, ¿Qué es exactamente lo que viniste a buscar aquí? – Su mirada recorrió
cada rincón del cuerpo de su acompañante; estaba ansioso, necesitaba tocarlo,
sentirlo, era una sensación extraña que jamás había sentido con una chica.
Aquel cosquilleo en su estómago que el joven provocaba le encantaba, hacía
tiempo no se sentía así, era exactamente eso lo que estaba buscando.
-Solo busco divertirme, y supongo que tu también, ¿cierto? Así que… ¿Por qué no
nos dejamos de rodeos y nos largamos de aquí?
Aquellas palabras consiguieron dejarle con la boca abierta. Era la primera vez
que alguien usaba sus propias tácticas para llevárselo a la cama.
-No dejas de sorprenderme… -hizo una pausa esperando que el otro dijera su
nombre.
-Soy Yunho, mucho gusto. ¿Tu eres Jaejoong, cierto? He oído hablar de ti, me atrevería a
decir que te has acostado con todas las chicas que
vienen a esta disco. – Comentó entre risas.
Vaya, ahora resultaba que hasta sabía su nombre.
-Bueno…me alegro que sepas quien soy, me ahorro las presentaciones, el gusto es
mío, Yunho. Y con respecto a lo otro…Si sabes quien soy
deberías saber que a mi nadie ha conseguido ligarme. Soy yo quien da el primer
paso…
El muchacho sonrió, dedicándole otra mirada sugestiva al rubio.
-Entonces… ¿No me llevarás a tu casa?
Después de unos momentos de silencio, el rubio tomó al moreno de la mano y
salió rápidamente de allí en dirección a su apartamento.
Las luces estaban apagadas, las llaves entraron con dificultad en la cerradura
pero finalmente la puerta se abrió.
Los dos jóvenes ingresaron; Yunho inspeccionó cada rincón del lugar con la mirada, hasta que
Jaejoomg le interrumpió, invitándole
a pasar.
-Ponte cómodo- dijo con una sonrisa, cerrando la puerta tras de sí. -¿Quieres
algo de tomar?
-Lo que tú quieras… -Respondió Yunho, acomodándose en el sofá.
Jaejoong
asintió, dirigiéndose a la
cocina. Regresó a los pocos minutos con dos latas de cerveza en la mano, le
ofreció una a su acompañante y abrió la suya, sentándose en el sofá.
El morocho tomó su lata, observándole mientras este revolvía el bolsillo de su
chaqueta con impaciencia.
-¿Qué buscas? – Preguntó curioso.
-Cigarrillos.
Yunho alzó una ceja. Odiaba a la gente viciosa.
-Eso te matará, deberías dejarlo. –Comento, recostando su espalda en el sofá,
al tiempo que bebía otro sorbo de su bebida.
Jaejoong sonrió de lado cuando finalmente encontró lo que
tanto buscaba. Se puso el cigarrillo entre sus labios y lo encendió,
deleitándose con el humo que nuevamente comenzaba a intoxicar sus pulmones.
-Dicen que de algo hay que morirse, ¿No? –Sonrió sarcástico, dedicándole una
seductora mirada al morocho que trataba de evitar a toda costa el humo que
comenzaba a llenar el ambiente.
-Odio a la gente que fuma… -Escupió este, dejando la lata de cerveza vacía
sobre la mesita de café.
El rubio sonrió de lado, soltando el humo en la cara del muchacho que se notaba
claramente molesto.
-Ya, lo siento. –Estiró su brazo hasta el cenicero, dejando el cigarrillo allí
luego de apagarlo.
Yunho desvió la mirada, cruzándose de brazos.
El silencio se hizo presente durante unos momentos.Jaejoong giró la cabeza para observar a su acompañante que
aún permanecía en la misma posición. Se sentía extraño, él no era el tipo de
persona que le gustaba perder el tiempo, si fuera una chica seguramente ya
estarían en la cama.
Se sorprendió cuando Yunho lo miró, como esperando obtener una respuesta. Sabía que tenía que hacer
algo o su reputación de seductor profesional se iría a la basura.
Se acercó lentamente al morocho, como si fuera un león a punto de cazar a su
presa. Estiró su mano tomando la nuca del muchacho y finalmente se atrevió a
besarle.
Ambos se dejaron caer sobre el sofá; el rubio devoraba con ansias los labios
del morocho mientras este luchaba por quitarle la chaqueta. Jaejoong sonrió dentro del beso, separándose unos instantes
para ayudarlo a deshacerse de la molesta prenda.Yunho le devolvió el gesto, acercándose nuevamente a su
boca para continuar con aquel beso que nada tenía de inocente.
Aquello parecía un ritual; ambos parecían querer memorizarse cada rincón del
cuerpo del otro con cada caricia;Jaejoong se detuvo unos instantes para observar el cuerpo del castaño con un brillo notable en sus ojos.
-Oye… ¿Se te perdió algo? – Preguntó el morocho con una sonrisa.
-No, lo siento… -respondió el aludido, desviando la mirada. – Creo que
deberías… -Hizo un gesto con su mano, que al parecer no le agradó nada al
morocho.
-¿Hablas en serio? – El chico se levantó del sofá, colocándose detrás del
sorprendido rubio. – No seas descortés, Jaejoong, yo soy tu invitado… - Dijo entre dientes mientras
se desabrochaba lentamente los botones del jean.
Jaejoong
soltó una carcajada. No
podía creer que un chiquillo que seguramente era menor que él se atreviera a
insinuársele de esa manera tan descarada. Se levantó del sofá, parándose frente
al morocho que lo observaba con una sonrisa de satisfacción en su rostro.
-Estás pasándote de listo, chiquillo… - Estiro su mano tomando su nuca para
arrebatarle un nuevo beso que consiguió borrar aquella burlona sonrisa del
rostro del de cabello castaño.
Las caricias continuaron, pronto sus ropas se hallaron en el suelo, entre los
chicos comenzó una batalla campal por tener el control. Las manos de Yunho se enredaron en los dorados cabellos de su amante
mientras que su boca recorría el pecho desnudo de este. Jaejoong entrecerró sus ojos al sentir la boca del menor
juguetear en uno de sus pezones, por más que se negara estaba cediendo ante las
provocaciones del chico. Se mordió el labio inferior frunciendo el entrecejo en
un intento desesperado por contener sus gemidos. El morocho continuó bajando
por su pecho, dejando un recorrido de besos hasta su abdomen y de allí hasta su
entrepierna, donde se detuvo para comenzar a lamerla con cuidado.
El de ojos
negros decidió que era hora de
hacer algo al respecto. No podía permitir que aquel niñato hiciera todo
mientras él solo miraba cruzado de brazos. Lo tomó con fuerza del cabello
empujándolo hacia atrás, acomodándose luego encima de él. El confundido
muchacho observó la repentina reacción del otro esperando una respuesta. El
rubio se agarró el trasero con las dos manos al tiempo que se relamía los
labios con su típica expresión de macho superado.
-Deja de mirarme con esa cara de idiota y… fóllame…
El muchacho no comprendía del todo la situación, pero sin perder el tiempo se
acomodó debajo del cuerpo de otro y le tomó de las caderas para así comenzar a
penetrarle. Apoyó la punta de su miembro en su entrada, moviendo sus caderas
con cuidado para no hacerle daño, el rubio era estrecho pero no fue difícil
penetrarlo, estaba bastante dilatado.
Jaejoong comenzaba a impacientarse,Yunho se movía despacio y con demasiado cuidado para su
gusto, se sentía como una chica teniendo su primera vez. Se aferró al cuello
del de ojos castaños y en un brusco movimiento terminó por hundirse dentro de él. Yunho soltó un gemido clavando sus uñas en la espalda de
su amante.
-Vamos…No soy una jodida virgen… - Masculló, mordiéndole el hombro al morocho.
Yunho rió deslizando sus manos hasta las caderas de su
demandante compañero. Si quería que las cosas fueran rudas, así sería. Se
acomodó en el sofá para comenzar a embestirle con rudeza, Jaejoong
alzó la cabeza hacia atrás,
mientras masajeaba su hombría al ritmo de los movimientos de su amante.
Las estocadas continuaron, El de ojos castaños comenzaba a sentir las correntadas de placer recorrer enteramente su
cuerpo, estaba a punto de alcanzar el orgasmo.
Jaejoong…me corro…- Jadeó, tomando con firmeza sus caderas
para penetrarle con rudeza. El de ojos negros se aferró a los cojines dejando escapar un sonoro gemido, el moreno no había sido tan gentil. Continuó moviéndose
dentro del cuerpo del mayor,
arrancándole sensuales gemidos acompañados de algún que otro insulto.
Así, ambos continuaron disfrutando del encuentro, la pasión se apodero de sus
sentidos llevándolos al éxtasis.
Jaejoong
cayó rendido sobre la
cama el menor
se recosto sobre la espalda del mayor, quién se quejó luego de recuperar el aliento.
-Quítate… -dijo entre dientes, acomodándose junto a él.
El mayor rodeó la cintura del morocho, la tenue luz de la luna se filtraba a
través de las cortinas, iluminando débilmente la habitación. Ambos jóvenes
permanecieron unos minutos en silencio, disfrutando de los besos y caricias que
iban regalándose luego de aquel fogoso encuentro.
-Bonita cueva… -Comentó el de cabellos castaños, intentando romper el silencio. – Debes ganar buena pasta para
mantener todo esto.
El mayor se encogió de hombros dedicándole una sincera sonrisa.
-No me quejo. La verdad es que vivo bastante bien. ¿Y que hay de ti? Todo fue
tan rápido que no tuvimos tiempo de conocernos- comentó con un deje de ironía.
-Tampoco tengo porqué quejarme, vivo en un apartamento bastante amplio que mis
padres muy amablemente compraron para mí. Aún estoy en la universidad. Oye… ¿Le
averiguas la vida a todos tus ligues?
Jaejoong hizo una breve pausa antes de responder. La verdad
era que jamás se había interesado por nadie.
-Tú preguntaste primero. –Optó por darle una respuesta que no dejara lugar a
más preguntas embarazosas.
-Es cierto. –Dijo para luego mirar su reloj – Creo que ya es hora de que
regrese a mi casa. Fue un placer acostarme contigo – Termino por decir antes de
levantarse, dejando al de ojos negros un tanto confundido.
Comenzó a vestirse cuando sintió la mano de Jaejoong sostener su
muñeca.
-Me…preguntaba si tal vez…querrías pasar la noche aquí. Digo…para mí no es
molestia. –Carraspeó.
Yunho
le respondió con una
sonrisa.
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La mañana los sorprendió enredados entre las sábanas, Yunho se despertó de un salto al escuchar el reloj
despertador sonando insistentemente sobre la mesita de noche. Se levantó con
rapidez después de ver la hora, llegaría tarde a la universidad si no se
apresuraba. Comenzó a vestirse cuando escuchó la voz de Jaejoong llamarle la atención.
-¿Por qué tanta prisa? – Preguntó frotándose los ojos.
-Llego tarde… -Respondió este, trastabillándose luego de ponerse los zapatos.
-Ah… Cierra la puerta antes de irte… - Volvió a recostarse, tapándose hasta la
cabeza con las sábanas. Yunho terminó de aprontarse en silencio y caminó hacia la puerta. Siendo
nuevamente llamado por el rubio.
-Oye, Yunho… ¿Vas a volver? – Preguntó mirando hacia otro
lado.
-¿Quieres que vuelva?
Jaejoong
hizo una pausa.
-No lo sé, Tal vez… deje de fumar si vienes a visitarme más seguido.
El morocho sonrió satisfecho luego de aquella respuesta. Susurró un “Volveré”
para luego salir del apartamento, cerrando la puerta tras de si.
FIN