Esa mañana la tenía libre, ya que los Kim irían a almorzar a
la casa de un matrimonio amigo y llevarían consigo a la bebé.
Hace una semana que llevaba trabajando.
Mi relación con el gruñon no había mejorado mucho, él me
seguía tratando como el culo. Pensé que después de esa situación extraña que
habíamos vivido, antes de que la cocinera llegara y lo arruinara todo, nuestra
relación mejoraría un poco, pero no fue así.
