Si Yunho dijera que su vida no cambió,
mentía. Que la relación con sus padres no se había vuelto caótica, seguía
viviendo en una burbuja. Porque desde que se enteró que tenía una hija, su
percepción e intención de ser el hijo perfecto se había vuelto imposible.
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jueves, 18 de septiembre de 2014
domingo, 11 de mayo de 2014
EPILOGO- Una Vida a Tu Lado
EPILOGO
Ver todo lo que he obtenido en
éste tiempo, me hace pensar en lo maravillosamente afortunado que he sido a lo
largo de estos siete años, en lo dichoso que me he vuelto. Mirar todo cuanto
poseo, me hace ansiar esforzarme por ser mejor día con día, sin rendirme, sin
flaquear, sin dudar una vez más de quién y lo que soy, de lo que deseo para mi
vida: los quiero a ellos, a mis tres amores, a mi lado. No pido más que eso.
Siento que podría morir de
felicidad en éste momento y me pregunto si sería eso posible. No lo sé y ya no
vale la pena molestarse en pensarlo. Hoy es el día de mi boda. ¿Quién diría que
terminaría casado? Jamás lo imaginé y con todo, es lo que más he anhelado desde
que le conocí, sin embargo, eso ya todos lo saben. Lo he repetido durante todo
este tiempo a mis amigos y ahora, cuando estamos a unas horas para el gran
suceso, no puedo creer que sea cierto y los nervios me invaden. Las piernas me
tiemblan y mi pulso está acelerado, no logro dejar de mirar hacia los lados,
ansioso, mordiéndome el labio o las uñas. ¿Qué puedo hacer? Es una
reacción común. Es un paso importante el que daré..., después de todo, no vamos
por la vida contrayendo matrimonio a diario, no resolvemos compartir nuestra
existencia con cualquier ser humano y eso es lo que me asusta, me aterra pensar
en la idea de que él se arrepienta de ello, pues, sé que no soy la mejor
opción, nunca fui la clase de hombre perfecto, de ánimo templado y carácter
apacible; soy todo lo contrario y creo que, de los seres vivos, soy el que ha
cometido los peores errores. Estoy lleno de imperfecciones, los más horribles
defectos y..., aunque Jaejoong lo
sepa, no puedo dejar de pensar en el que se dará cuenta de que existen personas
capaces de hacerle sentir lo que yo no puedo. La idea de que diga “no acepto”, que termine
por arrepentirse, me está acuchillando el alma.
sábado, 3 de mayo de 2014
Capitulo 17 - (una vida a tu lado)
CAPITULO 17
Ésa madrugada me
fue realmente imposible dormir. La emoción debido a la llegada del pequeño Junho era tanta que, el sueño y cualquier
rastro de agotamiento desaparecieron en un minuto y solamente quedó la alegría
que producía el nacimiento de una nueva vida. Una personita que era parte de mí
y del hombre al cual amaba. Eso era maravilloso, tan fascinante que no lograba
apartar la vista de ellos: mi hijo envuelto entre mantas, durmiendo
plácidamente en el regazo de Jaejoong, siendo arrullado
por los latidos de su corazón, con su rostro pequeñito sonrosado, respirando
pausadamente. Tan irreal que me temí que fuese un sueño, pero, tan verdadero
como el hecho de que al extender la mano, podía tocarle con mis dedos y decirme
alegremente “¡Él está aquí!”. Él estaba allí, ambos lo estaban y no se
irían de mi lado. El peligro había desaparecido.
Y me permití soltar
todo el aire contenido durante esos meses de golpe, respiré aliviado y sonreí
por enésima vez despertando con una llamada a cada uno de mis amigos, esos a
los que nunca tomé en cuenta y que durante mi relación con Jaejoong se metieron en mi vida por la fuerza
y yo, ya no les quise dejar salir. Ellos habían representado un pilar
importante en mi vida, me sostuvieron cuando las fuerzas flaquearon y sentí
desmayar. Estuvieron allí alentándome a continuar sin desistir y aunque cometieron
errores que me lastimaron, enmendaron sus actos, ganándose así mi completa
confianza. Estaba orgulloso de mis amigos.
Estoy orgulloso de
ellos.
Cuando el sol asomó
los primeros rayos de luz, todos ellos se hallaban en la sala, sentados en los
sillones, esperando por mí. Reí entre dientes a ver a Changmin sentado en las piernas de Siwon, como toda una
damita enorme y llena de músculos y a éste, riñéndole y maldiciéndole por lo
bajo, empujándole y diciéndole lo mucho que le dolería si no se bajaba de allí
en ése preciso minuto. Hyde les miraba con
desaprobación y volvía la cabeza hacia donde me encontraba para solicitar
auxilio con sus pequeños ojos oscuros. Levanté las manos en son de paz y
ella-pues desde que supe que era mujer, no volví a tratarle como a un chico
sino hasta mucho tiempo después, pese a sus insistencias y reclamos-bufó molesta
mostrándome el dedo medio.
Mi padre salió de
la cocina siendo acompañado por Yunhye y mi madre. Les
sonreí recibiendo de sus manos una humeante taza de café entretanto tomaba
asiento frente al grupo de amigos que empezaba a beber del líquido caliente
cuidadosamente. Excepto Siwon, quien tenía
claras intenciones de derramarlo “accidentalmente” sobre la entrepierna de Changmin.
—Recuerda que si me
quemas, me dejarás impotente, Siwi querido, y eso no
será bueno para ti— todos reímos ante el estúpido comentario de mi mejor amigo y Siwon nos fulminó con la mirada.
— ¿Hasta cuándo me
llamarás así? Es molesto que vayas por la calle poniéndome apodos maricas. ¿Es
que acaso te llamo “Minnie”?
—No sé, lo haré
hasta que admitas que me quieres delante de todo el mundo.
—No se me antoja
hacer eso.
— ¡Pero me quieres!
—Ni en tus sueños
más eróticos.
—Entonces
acostúmbrate,Siwi— canturreó besándole en la mejilla. Papá negó
llevándose una mano a la cara y mamá rió escondiendo el rostro de ellos. Era
inevitable no reír de aquello: Changmin con voz grave
imitando el tono de una mujer se hacía ciertamente jocoso. Era como un
niño cuando se lo proponía, uno desesperante, de algún modo, sentía compasión
por Siwon. Pobre, pobrecillo, tener que lidiar
con una pareja como Changmin—Siwi,Siwoncito ¿Cuál te gusta
más, Siwi?— prosiguió buscando hacerle enojar.
— ¡Ya, cállate de
una puta vez!— gritó en respuesta, tomándole bruscamente de las mejillas para
unir sus labios en un beso fugaz que obtuvo como resultado calmar las hormonas
de Changmin.
Yunhye se ahogó con el café y mamá le palmeó la espalda. Estaba seguro de que
un día se acostumbrarían.
—Y bien— interrumpí
procurando acabar con ésa tensión que se había formado —supongo que vinieron a
conocer a Junho ¿verdad?— los tres asintieron y
continué —está con Jaejoong en la habitación.
Sean cuidadosos con él, sobre todo tú, Changmin, no quiero que asustes a mi bebé.
—Que cruel eres, Yunho, y yo pensé que éramos amigos.
Subieron las
escaleras en silencio, como si fuesen todos unos niños a los cuales hubiese
reprendido. Les seguí de cerca pensando en que Jaejoong continuaba vestido con nada más que una camisa y no tenía ropa interior
bajo ésta. Otra vez, Changmin y Siwon le verían semidesnudo y eso no me
gustaba. No me agradaba para nada, en especial, porque conocía
el carácter pervertido de mi mejor amigo, quien, en más de una oportunidad hizo
algún comentario respecto a la belleza y fragilidad de mi pareja. “Es como
un lindo muñequito de porcelana, de sólo verlo, entran unas ganas inmensas de
abrazarle y besarle hasta el cansancio”. Supongo que lo correcto era que me
habituara a ésa clase de comentarios, mas, eso no sucedió..., ni sucederá.
Y si bien, entendía
que Sasha, no tenía intenciones románticas con
él, mi subconsciente, se negaba a admitirlo.
Les abrí la puerta,
cediéndoles paso para que entraran al lugar. Lo primero que vimos fue a mi
pareja, recostado en la cama, con una gran cantidad de almohadas bajo su cabeza
y espalda que hacían menos incómoda su posición. Estaba despierto, con el
cabello suelto cubriéndole la cara. Jugaba con los pequeños labios de Junho, le metía el dedo en la boca y lo
volvía a sacar, el bebé lloriqueaba y él volvía a introducir el dedo en su boca
—Tiene hambre— susurró sin mirarnos — ¿Cómo se supone que debo alimentarlo?
¿Debo prepararle un biberón? ¿Lo harían por mí? Todavía me duele y...— ésa fue
una pregunta estupenda ¿Cómo le daría de comer a nuestro hijo? La leche materna
debía ser su único alimento por un tiempo, sin embargo, Jaejoong no era precisamente su madre. En ése
instante las palabras de papá vinieron a mi mente: “Su cuerpo fue diseñado
para albergar vida dentro de sí”, ¿podría significar eso lo que imaginaba?
Lo razoné detenidamente y recordé los pectorales inflamados de Jaejoong, los mismos que estaban sumamente
sensibles.
Le dirigí una
mirada a Changmin en busca de apoyo y él se encogió de
hombros, diciéndome sin palabras “no sé nada”.
—Enano— respondí en
un murmullo — ¿Te duelen todavía los pezones?
—Sí— dijo y nos vio
con los ojos abiertos, como miraba siempre que entendía lo que no me atrevía a
decirle por temor a asustarle —Entonces es de ése modo— continuó sacándose la
camisa delante de los presentes sin ningún tipo de pudor. Agradecí que las
sábanas le cubrieran del ombligo hacia abajo. Acercó a Junho hacia su pecho y lo que ocurrió nos
robó el aliento..., a todos. Jaejoong gimió entre
dientes como si le doliera —Esto es extraño, pero, está bien..., supongo—
sonrió juntando los párpados y yo me sentí verdaderamente confundido.
—Si dices algo, te
mato— siseé observando las intenciones que tenía mi mejor amigo.
—Vale, señor
siento celos hasta de mi sombra— resopló —sólo te iba a decir que eso es
jodidamente sensual. Ojalá Siwi pudiera hacerlo
también.
—Haré que te metas
ése maldita lengua en el culo—gruñó Siwon y Hyde rodó los ojos con molestia.
Sí, Changmin era como un niño.
Jaejoong les indicó que hicieran silencio y como por arte de magia todos
callaron. Allen terminó de alimentarse minutos después y Jaejoong lo llevó a su hombro para palmearle
la espalda suavemente. Fue una imagen hermosa, sin dudas y me sentí como lo que
era: el hombre más dichoso que la humanidad conocería jamás.
Siwon se acercó vacilante hacia la cama, mi pequeño le dedicó una sonrisa
antes de depositar a nuestro hijo en sus brazos con sumo cuidado y colocarse la
camisa nuevamente.Changmin le abrazó por la
espalda y al admirarles de ésa manera, tan calmados y compenetrados, pensé que
efectivamente hacían buena pareja. Y, si bien, no podían estar ni un solo día
sin discutir tontamente, en momentos como ése, se me figuraban perfectos
juntos. Realmente, merecían tener la dicha que a nosotros nos había sido
obsequiada. Deseé con todo mi corazón que un día, ellos, también pudiesen ser
padres.
Era una lástima que
aquél milagro no fuese algo naturalmente posible.
Ambos se
entretuvieron con mi bebé durante unos minutos y por primera vez en la vida,
escuché a Siwon hablar de su familia. “Ojalá
hubiese tenido hermanos-dijo triste, peinando tiernamente con los dedos el
cabello de Junho-quizá no me habría sentido tan
solo. De haber tenido hermanos..., mi infancia habría sido feliz”. Una
sonrisa amarga se dibujó en sus labios y exhaló dándose vuelta para no
mirarnos. Changmin le besó en el cuello y mi hijo recién nacido pasó a las manos de Hyde.
Me sentí mal por
él, en verdad me sentí mal ¿Qué tan horrenda había sido la vida de mi amigo? No
lo sé, sólo Changmin estaba enterado de ello y jamás
había hablado del tema por respeto a su pareja. Pero saberlo, me hizo pensar en
los motivos por los cuales Siwon actuaba como lo
hacía, el por qué de ésa necesidad asfixiante de ser aceptado y admirado por
todos a su alrededor, ése anhelo que en un principio mostró de ser amado por
mí. No obstante, todo eso era parte del pasado y mi compañero le hacía inmensamente feliz, eso lo notaba en sus
ojos que se iluminaban al verle y aunque lo negase hasta el cansancio, Siwon le amaba. Él amaba a Changmin.
Las horas pasaron
rápidamente y Junho al fin abrió los
ojos. Me sentí satisfecho al verlos: eran tan negros como los de Jaejoong y eso únicamente
aumentó mi orgullo de padre. Tenía un hijo precioso y sano que seguía con la
mirada todo cuanto se moviera cerca de él. Era curioso, como todo recién nacido
y tan calmado que me resultaba increíble el no escucharle llorar por todo,
excepto cuando el hambre le atacaba, entonces no había nada ni nadie que
consiguiera calmarle.
Tal vez, sólo Jaejoong.
Aquél primer mes,
transcurrió en completa calma. Mi pareja pudo abandonar la cama una semana
después del alumbramiento y daba pequeños paseos por la casa con Junho en brazos, esperando a que volviera
de la universidad para mimarles a los dos. Y disfrutaba hacer eso. Me gustaba
sentar a Jaejoong sobre mis piernas con nuestro bebé
todavía en su regazo y morderle tenuemente en la nuca entretanto veíamos una
película juntos.
Empezó a ser
difícil dormir a su lado y no poder tocarle más que para depositar un beso en
su frente y dormir con Junho en medio de
nosotros los primeros catorce días. Después de ése lapso de tiempo, le pasamos
a la que sería su habitación hasta que Jaejoong y yo consiguiéramos un lugar donde vivir y los medios para sustentarnos
adecuadamente.
No planeaba ser un
mal padre. Velaría por mi hijo y mi pareja siempre..., siempre, aunque ello
implicara sacrificar cosas y privarme de otras. ¿No es así la vida? Todo
requiere un pequeño sacrificio, la felicidad cuesta lágrimas y sudor, mas, el resultado
es lo que nos permite sentirnos llenos de dicha incomparable. Mi nueva familia
lo valía, de eso estaba completamente seguro. Al mirarlos sabía que, aunque
todo fue inesperado, había valido la pena. ¡Por Dios que lo valía!
Bien, las semanas
pasaron y sentía que me moría. El no poder hacerle el amor a mi pequeño, me
estaba volviendo loco.
El tener que verle salir del baño desnudo, con la piel
húmeda y el cabello destilando agua me excitaba, el que se inclinara-todavía
sin vestirse-para buscar ropa en los cajones aceleraba mi pulso y las ganas de
tomarle frente al espejo donde constataba que su figura volvía a ser la misma,
se hacían más y más fuertes cada vez..., pero eso él no lo notaba. Y las
palabras de mi padre me taladraban la cabeza: nada de sexo en un mes.
Todavía faltaba una semana para ello y mi cuerpo ya le llamaba a gritos.
Ésa mañana, al
mirarle de nuevo haciendo eso, no lo soporté. Jaejoong estaba parado frente al espejo midiéndose el abdomen antes de colocarse
la faja que papá le había ordenado. Me coloqué a su envés clavándole los
dientes en el hombro, el oí jadear mi nombre y rocé mi erección contra él —Sólo
una semana más— suspiró pegándose más a mí, deslizando la mano dentro de mi
ropa, palpándome.
Llevé mis dedos a
su intimidad. Él también estaba deseoso, estaba excitado, me necesitaba tanto
como yo le necesitaba. Emprendimos un lento vaivén con las manos, uno en la
erección del otro, menguando los ánimos, disipando eso que nos consumía. Su
imagen en el cristal que nos reflejaba se me figuró preciosa y se me hizo
tentador tomarle de la cara con la mano libre para que se observara. Lo hizo y
sus mejillas se encendieron —Eres un depravado— gimió llegando al orgasmo entre
mis dedos y soltó ésa risilla que tanto he adorado.
Cuando el tiempo se
cumplió, le hice el amor tanto como fue posible. En la medida que Junho me lo permitió.
Cuando comenzamos a
salir junto a nuestro hijo a la calle, la gente a nuestro alrededor se detenía
a mirarnos. Era innegable el parecido físico de Junho con nosotros y eso las personas lo percibían. Los comentarios
indiscretos no se hacían esperar y las preguntas se volvieron cada vez más
frecuentes ¿Quién era ése hermoso bebé que llevaba en brazos mi pareja? ¿Desde
cuándo tenía, yo, una novia, por qué no la había presentado antes? Sin embargo,
Jaejoong no me dejaba responder, él sonreía y
decía: quizá, porque Yunho no tiene ninguna
novia ¿no le parece? En ése momento, al escuchar ésa voz suave, mas, para nada
femenina, callaban o se disculpaban insistentemente. Con respecto al pequeño Junho, nos limitábamos a decir que era un
obsequio de la vida, la ciencia y..., mi padre. Nada más. Y lo cierto es que,
no era de la incumbencia de nadie. Junho era nuestro y
punto.
Jaejoong, muchas veces, iba a la universidad para conversar con los miembros del
club de teatro. Al mirarle, todos corrían para abrazarle y robarle a nuestro
hijo. Y si cuestionaban su procedencia, la respuesta era la misma. Fue por
aquellos días, que les hizo conocer la noticia de que no poseía intenciones de
volver. Su sueño de ser pintor se había reafirmado y por tanto, tomaría otra
carrera en la Universidad De Bellas Artes, la cual recién se
inauguraba.
Algunas veces,
esperaba por mí, como en el pasado, sentado en las gradas, me saludaba al igual
que lo hacía con Siwon, Changmin y los nuevos miembros del equipo,
pues algunos habían decidido desertar, y sonreía al jugar con Junho. Y yo agradecía que mi carrera
estuviese por concluir.
Me agradaba caminar
a su lado por las avenidas, con Junho en mis brazos y
que cualquiera que mirase a mi pareja, supiera de una forma u otra, que él...,
que él era mío. No como un objeto, sino como parte de mi existencia.
Sin embargo, en el
momento en el cual Junho cumplió dos meses
de edad, Jaejoong comenzó a insistir con una idea
preocupante: otro bebé. Entendía perfectamente sus anhelos, sus sueños. Yo
igualmente, quería una familia grande, pero ¿no significaba eso ponerle el
riesgo? ¡Imposible! No podía hacerlo. No obstante, él continuaba insistiendo, llegando
al extremo de llorar y dejar de dirigirme la palabra durante días.
“Tú tuviste una
hermana con la cual jugar, creciste en un hogar donde te apreciaban. Yo no tuve
nada de eso. Mi madre me amaba, claro, pero tenía poco tiempo para mí y mi
padre jamás me quiso. No sabes lo mucho que deseé tener un hermano para jugar,
para cuidarle..., para no sentirme solo. No quiero que Junho se sienta igual. Él nos tendrá,
pero, cuando no estemos a su lado por motivos diversos, ¿quién le hará
compañía? Él necesita a alguien contemporáneo con quien estar”. Aunque no
quisiera admitirlo, él tenía razón. Junho se sentiría solo
siendo hijo único y una adopción tardaría años..., sin embargo, otro embarazo
era un riesgo que no planeaba asumir.
Decidí que lo más
conveniente era consultarlo con mi padre, después de todo, él era el experto en
el tema. Yo apenas entendía que no era cirujano plástico como siempre lo supuse
—Es posible— respondió después de analizarlo detenidamente —no he dejado de
suministrarle las proteínas que le ayudaron a sobrellevar el embarazo anterior.
Su cuerpo se ha hecho resistente y él, es un muchacho fuerte, eso ha
demostrado.
—Pero la noche en
la que Junho llegó, mamá dijo que se había
rendido. Intentó hacerme ver que casi lo pierdo y no estoy dispuesto a ello,
papá— repuse ¿es que todos estaba locos? ¡Otro bebé lo mataría!
—No— suspiró —Jaejoong se enfocó en ti, en tu ausencia
dentro de la habitación..., creyó que le habías abandonado y se olvidó de que Junho estaba allí, sin embargo, si deciden
intentarlo otra vez, deberé permitirte estar con él, para que no vuelva a
suceder.
— ¿Y si muere?
—No lo hará.
Resoplé frustrado
¿Qué debía hacer? Los nervios hacían estragos en mi interior y la indiferencia
de mi pareja me hería. Era demasiada presión. Tanta que, acabé cediendo ante
sus peticiones y dos meses después, Jaejoong llevaba otro bebé
en su vientre. Era una maldita locura. Pero él estaba feliz y eso me
tranquilizaba de alguna forma.
Durante aquél nuevo
embarazo, no hubo ningún síntoma. Jaejoong comía lo que le
apetecía sin devolverlo, no hubo mareos ni desmayos..., era todo tan distinto.
Se le veía alegre, rebosante de vida, saludable.
Mi padre, como la
vez anterior, se encargó de todo, advirtiéndole a Jaejoong, que ésa sería la última vez. No habría más niños, pues, si bien, su
cuerpo se había fortalecido, intentarlo en una tercera oportunidad sería
desastroso y él aceptó las condiciones sin objeción.
Nunca entendí la
razón por la cual Jaejoong obedecía a papá en
todo cuanto decía y a mí se me oponía tantas veces.
Fue de ésa forma
que Jiyool, llegó a nuestras vidas sin
complicaciones..., a excepción, tal vez, del vergonzoso desmayo que sufría al
verla nacer.
No soy tan fuerte
después de todo.
Jiyool es lo más parecido a mí que conozco, después de Yunhye. Con esos pequeños ojos y cabellera
castaña. Es perfecta. Una niña maravillosa a la cual su hermano cuida
diligentemente a pesar de su corta edad.
Existen millones de
cosas que pudiera contar, hermosas experiencias que hemos vivido a lo largo de
estos años, innumerables experiencias que atesoro en mi alma como el mejor
obsequio de la vida..., pero ¿no es esa otra historia?
Una que,
posiblemente, les contaré en una nueva oportunidad...
...Una Vida A Tu
Lado...
-FIN-
Nota: Esperen por el epilogo^^
lunes, 28 de abril de 2014
Capitulo 16 - (una vida a tu lado)
CAPITULO 16
Eran las diez de la noche
cuando Jaejoong entre sollozos y
gemidos de dolor, me hizo salir del sueño profundo en el cual me hallaba sumido
debido a lo agotador que había sido el día. Le miré confundido y me percaté de
que las sábanas estaban mojadas, demasiado como para ser algo normal. Acercándome
hacia él, procuré calmarle, fue entonces que vi el pequeño hilillo rojo que
escurría desde su esfínter y recorría una de sus piernas. Junho se había adelantado dos
semanas y no estábamos preparados, o al menos, yo no me sentía de ésa forma.
Días atrás, mi padre mencionó
que había habilitado un piso en la clínica en el que se atendería a mi pareja
sin levantar mayores sospechas. Habíamos planeado, asimismo, la manera en la
cual le ingresaríamos dado el momento y el nombre falso bajo el que
permanecería el tiempo que fuera necesario estar allí. Todo estaba calculado,
desde la perspectiva de mi padre, pero, de una forma u otra, eso me aterraba,
algo me hacía sentir inseguro. Si las cosas no funcionaban como nos lo
propusimos ¿Qué haríamos? No estaba dispuesto a ver a Jaejoong siendo sometido a
estudios que buscasen la respuesta a su “condición milagrosa”, no podía
imaginarle sufriendo ése tipo de aberraciones científicas y mi mente me jugaba
bromas de mal gusto. La imagen de mi pequeño siendo tratado como una rata de
laboratorio empezó a torturarme en ése preciso instante, logrando de ése modo,
que me paralizara.
Mi cabeza se hallaba plagada
de imágenes monstruosas en las que Jaejoong y mi
hijo que estaba por nacer, sufrían grandes calamidades y yo, sin poder socorrerles
era obligado a mirarlo todo como un inútil espectador. No quería eso para
ninguno de los dos. ¡No lo quería!
—Me duele— la voz apagada de Jaejoong me llevó de vuelta a la
realidad. Separé sus piernas para constatar, tal como me lo había enseñado
papá, que el alumbramiento no hubiese empezado ya y jadeé aterrado ante lo que
vi: no había tiempo para llevarle a ningún lado.
Entré en pánico. Jamás había
mirado nada parecido y los nervios me volvieron un estorbo. Jaejoong se quejaba debido al
dolor mordiéndose el labio y apretando las sábanas con desesperación y yo no
conseguía mover ni un solo musculo para ir a la habitación de mis padres a
pedir ayuda. ¡Dios, estaba vuelto una condenada estatua! Me maldije e mí mismo
por mi incompetencia y cobardía, me maldije por mi falta de ánimo y en ése
instante, el alma pareció retornar a mi cuerpo —Aguanta un poco, cariño—
susurré besándole en la coronilla, dispuesto a llamar a mi padre a gritos como
un niñito asustado, ya que, no tenía pensado dejarle abandonado ni un minuto,
pero, como si hubiese leído mis pensamientos, la figura de mi padre se asomó
por la puerta junto a mamá. Al parecer los gritos de Jaejoong eran más fuertes de lo que me
parecieron en aquélla noche y les había despertado, por fortuna.
Mi padre se acercó sin poder
ocultar la preocupación que se asomaba en su rostro, recostó a Jaejoong en la cama y clocando
las almohadas en su espalda le pidió que separara las piernas. Miró y su cara
se contrajo —No hay tiempo para lo que teníamos previsto— dijo confirmando lo
que ya sabía — exclamó dirigiéndose ésta vez a mi madre — ¡Ve por agua tibia,
paños limpios y el material de primeros auxilios!— le pasó la mano por los
cabellos y mi pequeño exhaló como si le costara demasiado hacerlo —Necesito que
colabores conmigo en todo lo que te diga, si no lo haces, no lo lograremos
¿quieres que Junho nazca bien, no es así?
¡Perfecto! Entonces sé un buen chico y ayúdame.
—Papá— musité —quiero ayudar—
él me observó con dureza reflejada en los ojos y negó — ¡Pero papá, es mi bebé
también!
— ¡Espera afuera, Yunho!— gritó y mi hermana,
quien entraba a la habitación con los paños limpios que debía llevar mi madre,
me sacó del lugar para cerrar la puerta tras de mí.
Mi madre apareció minutos
después y apenas hubo entrado,Yunhye salió
para hacerme compañía —Estará bien— murmuró abrazándome —papá está con él y
además, mamá le ayuda ¿qué podría salir mal? Tú sólo estorbarías al igual que
yo. Somos impacientes y únicamente entorpeceríamos lo que sea que ocurra allá
dentro, igualmente, te apuesto lo que quieras a que te desmayarías al ver a tu
bebé salir por..., allí.
Reí ante su comentario. Mi hermana estaba en lo cierto,
entré en pánico de sólo verle dilatado de ésa forma ¿qué me sucedería de
observar el nacimiento de mi hijo? Sobre seguro, no lo habría soportado.
Recordé a una rata blanca que tuve de niño y como fui testigo del nacimiento de
sus crías. No pude dormir en semanas y cada vez que veía un poco de sangre, me
venían a la cabeza ésas pequeñas ratas rosadas y envueltas en lo que sea que
fuera eso que les cubría. Era asqueroso.
Sin embargo, me pregunté el
motivo por el cual mi padre me miró tan duramente. En un principio pensé que
era enojo..., después de todo, yo también me enfadaría si mi hijo embarazaba a
otro hombre, aunque eso no fuese humanamente posible. Mas, ¿no se había vuelto
posible lo inimaginable? No obstante, al cerrar los ojos, vi mejor los de papá
y no, mi padre no me miraba airado ¡él me miraba con temor, con un miedo que se
me contagió en unos pocos segundos! ¿Qué había observado él, al examinar a Jaejoong que no quiso decirme?
¿Qué había descubierto papá que no deseaba que viera? Los nervios se
acrecentaron y mis temores retornaron a atacarme cruelmente.
Los gritillos de Jaejoong resonaron por toda la
casa y me vi tentado a irrumpir en mi habitación ¡estaba sufriendo, estaba
sufriendo mucho y eso me destrozaba! Deseé ser yo quien sintiera aquellos
dolores, ansié estar en su lugar y padecer como él lo hacía, pero, eso era
imposible y yo tenía el alma en un hilo. Precisaba de respuestas ¿cómo
estaban mi pequeño y mi hijo? ¿Todo estaba saliendo conforme a lo esperado?
¿Sobreviviría Jaejoong al
alumbramiento? Sabía que su cuerpo todavía era débil, sus caderas estrechas y
su salud nada estable como para hacerlo, no obstante, durante los meses del
embarazo, durante el tiempo que mi padre le atendió, todo eso fue cambiando
progresivamente y él lucía radiante y lleno de vida, fuerte, estable..., Jaejoong luchaba por salir
adelante y lo que mi padre le inyectaba todas las mañanas le había ayudado en
gran manera, todo indicaba que ambos, Jaejoong y Junho, saldrían bien del parto.
Pero allí estaba yo, de pie
frente a la puesta, con la mano en el pomo, dispuesto a girarlo, escuchando los
lamentos de mi pareja y las súplicas de mi madre: “Por favor, querido, un poco más, sólo un poco. ¡Puja, tú
puedes! ¡No te rindas, Jaejoong, piensa en Junho y en Yunho! Por
favor, mi niño, un último esfuerzo, sé que te duele, pero vamos ¡hazlo por Junho!”.
¡Por Dios! ¿Qué estaba
ocurriendo allá dentro? ¿Por qué le rogaba mi madre de ésa forma? ¿Por qué ya
no se escuchaba la voz de mi pequeño? ¿Por qué ya no sollozaba como lo estuvo
haciendo una hora atrás? ¿Por qué nadie salía a responder mis dudas? Sentí una
punzada en el pecho y sin darme cuenta de ello, empecé a llorar “Jaejoong..., mi
Jaejoong”,
pensé y un último grito desgarrador aceleró mi pulso a tal grado, que creí que
el corazón me saldría por la boca.
Después de eso, todo quedó en
silencio. Un maldito silencio que me atormentaba y finalmente el llanto apagado
de un recién nacido me hizo llorar con más intensidad. Junho había llegado al mundo
a salvo.
Vi a mi madre salir unos
minutos más tarde con un paquetito forrado de azul en los brazos y sonreírme
tristemente, lo colocó delicadamente en los míos y me besó en la mejilla
derecha —Jaejoong— susurré con un nudo en
la garganta.
—Él se rindió— dijo mamá —no
sé por qué lo hizo, pero dejó de luchar. Era como si estuviese perdido en algún
lugar de su cabeza, susurraba tu nombre. Fue un error no dejarte entrar, sin
embargo, tu padre temía que las cosas no salieran bien y que le vieras
morir..., sabía que no te lo perdonarías...
— ¿Cómo está Jaejoong, mamá?— le interrumpí a
punto de colapsar ¿por qué no iba directo al grano?
—Dormido— suspiró cansada —tu
padre está terminando su labor y cambiando las sábanas sucias. Todo está bien
ahora. Únicamente hay que dejarle descansar. Es un chico fuerte— finalizó
dándole un último vistazo a Junho-a
quien no me había dignado, siquiera a mirar-y caminó de vuelta a la habitación
para ayudar mi padre.
El bebé en mis brazos también
dormía y apenas pude, debido a mis nervios, destaparle la cara. ¡Era un bebé
sumamente precioso! Con una nariz pequeñita, los mofletes regordetes y
sonrosados, unos labios diminutos y una abundante cabellera negra que le
enmarcaba el pequeño rostro. Quise saber el color de sus ojos, mas, para ello,
tendría que esperar unos días. Sin embargo, no dudaba que fueran negros. Anhelé que fueran de
ése color, como los de Jaejoong, para
poder perderme en ellos de igual manera y presumir ante el mundo, a mi bebé
milagroso.
Poseía una nueva familia
compuesta por dos hombrecitos increíblemente encantadores a los que no pensaba
compartir con nadie. Podrían mirarles, claro, pero, ellos siempre serían míos.
Una extensión más de mí.
Sí, mis celos son una cosa
grandiosa: por más que me esfuerzo en hacerlos a un lado, ellos vuelven a mí
con más intensidad. ¿Y qué puedo hacer? Jaejoong y mi hijo son mi vida entera,
debo protegerles..., quiero hacerlo siempre.
Yunhye observó al pequeño Junho y sonrió bobamente, al
igual que lo hacía yo —Es precioso— murmuró procurando no despertarle —que
bueno que no se parece a ti.
—Tienes razón— respondí en voz
baja —es idéntico a Jaejoong ¿Crees
que ya pueda verle? Quiero que conozca a su hijo.
Ella negó con una sonrisa
amplia y alegre —Espera a que papá venga a avisarte. No seas impaciente.
Los siguientes cinco minutos
se me figuraron interminables, no obstante, al ver a mis padres abandonar el
dormitorio con ése brillo en los ojos supe que todo estaría bien en adelante.
Que Jaejoong lo había logrado y que
las palabras de mi madre no fueron para calmarme, que tenía un hijo hermoso con
un hombre todavía más hermoso, el cual me esperaba dormido en la cama. Me
apresuré a entrar, pero, la mano de mi padre sujetándome del brazo suavemente
me hozo darle la cara con cierto temor —Nada se sexo en un mes— dijo con ésa
sonrisita en sus labios que me indicaba lo mucho que disfrutaría verme sufrir debido
a la abstinencia sexual —no, al menos, con penetración..., pero sé que lo
resolverás.
—No hay problema, me las
arreglaré— sonreí dirigiéndole una mirada a Yunhye, quien enrojecía de vergüenza
¡Ah, mi hermana siempre fue tan
correcta y puritana! —Gracias, papá— musité antes de entrar en la recámara —por
traer a mi hijo a salvo y por no permitir que Jaejoong se fuera en medio del
alumbramiento.
Él movió la mano restándole
importancia, y yo caminé con Junho en
brazos hasta la cama donde Jaejoong dormía
apaciblemente, como un divino ángel de Botticelli, con el cabello suelto
cubriéndole la cara húmeda por el sudor y los labios entreabiertos aspirando
aire con lentitud y expulsándolo de la misma forma.
Deposité a Junho a su lado entretanto le
acariciaba las mejillas y los labios. Le besé susurrando todo lo que mi corazón
quería decirle: lo mucho que le amaba, lo feliz que me había hecho y lo
precioso que era nuestro hijo. Le dije tantas cosas en ése momento, tantas que
de recordarlo mi corazón llora de felicidad.
Volví a pedirle perdón por mis
actos pasados, por haberle hecho lo que le hice, por mis inseguridades, por
haberle hecho padecer y sacrificarse de ésa forma. Le pedí perdón por haberle
embarazado-aunque ninguno de los dos supiese que eso pudiera suceder-y haber
expuesto su vida con ello, más, le dije, de la misma manera, que aunque sonase
egoísta, no me arrepentía de eso último, ya que, era gracias a ello que Junho estaba con nosotros.
Sí, tal vez, yo era muy
egoísta, posiblemente era un bastardo sin
piedad, pero, fuese como fuese, no me arrepentía de ello. Me sentía feliz de
ser padre, de tener un hijo con los genes de Jaejoong y los míos, un hijo de los
dos..., un bebé que llevaba en él parte de ambos, que se parecía a nosotros y
que había llegado para unirnos más.
Cargué de nueva cuenta a mi
hijo recién nacido y me quedé de pie con él frente a la ventana. Empecé a
contarle lo mucho que le habíamos querido desde que supimos la noticia de su
existencia, los cambios de humor que su papi tuvo por su causa y lo alegre que
ellos me ponían a veces. Le conté lo gracioso que se veía Jaejoong con el
vientre abultado..., como una cereza.
O una sandía, quizá.
—Deja de decirle ésas cosas a
mi bebé— dijo Jaejoong en
apenas un murmullo — ¿Puedo cargarlo?— preguntó nervioso, como si aquello no
fuera más que un sueño o como si alguien le fuese a negar el derecho que
poseía.
—Claro que sí, enano, tú eres
su mamá, tienes que cargarlo y alimentarlo además. Vamos déjame ver esos
pechos.
— ¡Ah! Es que aparte de enano
ahora soy una madre. Gracias Yunho, no
sabes cuánto te amo— carcajeó con la voz débil todavía mientras se inclinaba
cuidadosamente. No debía sentarse, de modo que únicamente se inclinó
extendiendo los brazos para recibirlo.
Apenas lo tuvo en su regazo,
un par de lágrimas brotaron de esos ojos que representaban mi delirio — ¡Es
precioso, Yunho!— balbuceó
recorriéndole el rostro con el dedo índice —y tiene el cabello negro como el
tuyo. ¿Sabes? Siento que no había sido tan feliz como ahora. Después de todo, no
ser un verdadero hombre, resultó
maravilloso ¡tengo un hijo! Uno que creció dentro de mí.
—Eres más hombre de lo que
sería cualquiera.
—Lo sé— suspiró —ojalá mi
padre lo hubiera entendido...
Capturé sus labios con los
míos antes de que pudiera terminar la frase, le escuché jadear cuando me aparté
y el rubor volvió a sus mejillas. No supe cómo soportaría un mes sin hacerle el
amor.
Indiscutiblemente, sería una
tortura...
jueves, 24 de abril de 2014
Capitulo 15 - (una vida a tu lado)
CAPITULO 15
Las semanas empezaron a
transcurrir rápidamente y a su paso dejaban notables cambios, tanto en Jaejoong como en mí; cambios que
el resto del mundo también notaba.Jaejoong se
había vuelto más susceptible, lloraba o se enojaba con facilidad y en otras
ocasiones, se le veía tan radiante, que era inevitable reír junto a él. Se
alegraba por las cosas insignificantes: el aleteo rápido y grácil de una
mariposa o el color de sus alas, las rosas con las que le sorprendía algunas
veces, el milagro de la vida a su alrededor. Todo. No existía cosa alguna que
no le alegrase. Era como estar sumido en un sueño precioso del que se ruega
fervientemente no despertar.
Admirarle siempre alegre y
entusiasta, me llenaba de fuerzas, de las esperanzas que requería para
continuar en medio de ése camino muchas veces tortuoso en el cual estábamos
juntos, sin planificarlo en un principio, mas, ya que lo sabíamos,
completamente dichosos de ser los encargados de velar por ése diminuto milagro
que crecía y crecía dentro de él.
Mirarle de pie frente al gran
espejo en nuestra habitación, semidesnudo, midiéndose el abdomen y anotando en
una pequeña libreta cada centímetro que éste crecía, me hacía sonreír como el
más idiota de los seres vivos. Jaejoong me
miraba a través del cristal y sonreía también, me llamaba con el dedo índice y
cuando me tenía a su espalda, abrazándole, colocaba mis manos sobre su vientre
que apenas empezaba a abultarse. “Cierra
los ojos y siéntelo-decía en un apacible murmullo-es nuestro bebé”.
Escuchar tan hermosas palabras brotar de sus labios, me colmaba de
satisfacción. Claramente, no era capaz de sentirlo, no obstante, imaginaba que
lo hacía, que él o ella estaba allí y mi corazón se encogía y explotaba
maravillosamente. Depositaba un suave ósculo en alguna de sus mejillas
diciéndole mientras tanto, cuánto le amaba..., lo feliz que era su lado y lo
mucho que les protegería a ambos: mis dos amores.
Con todo, mi preocupación no
desaparecía, pues, aunque la satisfacción era mucha y las ilusiones se
acrecentaban, convirtiéndose en realidades, existía eso que era innegable, la
posibilidad de que Jaejoong
sobreviviera era casi nula y el saberlo me mataba lentamente, ¿cómo continuaría
adelante sin su presencia? ¿Qué haría sólo con un bebé que me recordaría a su padre
constantemente y dolería demasiado cada vez que lo viera? ¿Cómo me haría cargo
de mi hijo sin Jaejoong
apoyándome? Por más que procuraba calmarme y disipar tales ideas, la realidad
me atacaba de frente con los desmayos frecuentes de mi pareja, la debilidad que
se esmeraba en esconderme tras una sonrisa cansada y esa palidez que no se iba,
pese a las vitaminas y la dieta que mi padre había diseñado para él.
Jaejoong debía comer literalmente por
dos personas adultas, aunque no lo quisiera y terminase por devolverlo todo
después de haberlo ingerido, consumir suplementos que le ayudasen a mantenerse
sano e inyectarse algo que según mi padre, le sería de ayuda. Jamás dijo que
era, pero, gracias a ello, Jaejoong
mejoraba poco a poco. Y si bien, el tamaño de su vientre, en un
principio, no era el que debería haber tenido, puesto que apenas se le notaba
el embarazo, eso en lugar de desanimarle y hacerle decaer, le llenaba de
fuerzas para continuar adelante sin desistir y obedecer sin rechistar lo que mi
padre le ordenase.
Fue gracias a sus cuidados e
indicaciones que Jaejoong
alcanzó el sexto mes de gestación sin mayores complicaciones a las habituales:
náuseas, mareos y cambios drásticos de humor. Y todo indicaba que llegaría al
séptimo sin ningún percance.
A lo largo de aquellos meses,
asimismo, el deseo sexual de mi pequeño se vio afectado. A veces me despertaba
a media noche con ansias de hacer el amor hasta caer rendido y en otras, se
comportaba como una virgencita de pueblo que me rechazaba y se escondía de mí,
como si fuese algún peligro para su integridad. Y eso, naturalmente, me
confundía, ¿Qué podía hacer para complacerle? ¿Cómo lidiar con esos cambios
repentinos de humor? Nadie me había explicado lo complicado que sería y, no
obstante, se me hizo una experiencia única y encantadora que no hubiese
cambiado por nada.
Me fascinaba cuando, Jaejoong, se subía sobre mi
cuerpo para empezar a desvestirme sin importarle que estuviese dormido, me
besaba en el cuello, susurraba “tengo
ganas”, y sin esperar una respuesta, por lo menos, metía la mano
dentro del pantalón de mi pijama, el cual usaba cuando el frío me empujaba a
ello, para estimularme. Era sencillamente perfecto. Todavía más, en el momento
cuando se sentaba sobre mis caderas y se movía de ésa forma lujuriosa buscando
un contacto más íntimo.
Sin embargo, existía, del
mismo modo, ocasiones en las que me daba la espalda rechazándome y se dedicaba
a dormir apaciblemente. Pero, en cada uno de los casos, fuese como fuese, se
despertaba a mitad de la noche para que le abrazara, para que le hiciera sentir
seguro. Para que le dijera sin palabras que nada saldría mal, que estaríamos
juntos con nuestro hijo en brazos en unos meses.
El hecho de que Jaejoong estuviera esperando un
bebé, era un completo secreto, por lo tanto, cuando aquél milagro comenzó a
notarse, se vio forzado a abandonar la universidad y encerrarse, de una manera
u otra, en casa para que nadie le viera e hiciera preguntas incómodas. No
obstante, no pudiéndolo evitar, mi pequeño se lo hizo saber a nuestros amigos
más cercanos, quienes no creyeron ni una sola palabra hasta que vieron con sus
propios ojos el vientre ligeramente inflamado de mi pareja y a mi padre
realizándole una ecografía para decirnos el sexo de nuestro bebé.
Era un varón. Un varoncito
pequeñito y lleno de vida que pronto nacería. Y apenas lo supimos, le pusimos
un nombre que le describiera como lo que era: un precioso milagro.
Junho.
Pues bien, con eso las visitas
de nuestros amigos, se hicieron constantes. Ya no les apetecía salir de casa y
eso animaba a Jaejoong, por
tanto, a mis padres no les molestó en absoluto. Si Jaejoong era feliz, ellos
incomprensiblemente, también lo eran y mi hermana..., a ella en la vida le
había visto tan feliz.Yunhye se
esforzaba en hacer sentir cómodo a mi pareja, querido, en familia. Le
obsequiaba dulces sin que nadie lo notara y algunas veces se aparecía con una
bolsita repleta de ropa para recién nacidos confeccionada en colores claros,
sonajas, biberones y pequeñitos muñecos de peluche con los cuales adornábamos
la habitación para huéspedes que ahora ocuparía nuestro hijo. Entre todos la
convertimos en un santuario infantil y acogedor, pintada de azul celeste y
blanco, con estrellas que se iluminaban de verde y violeta al apagar las luces.
Era perfecto para él.
Y como lo esperábamos,Jaejoong llegó al séptimo mes
sin ningún problema. El embarazo era realmente notorio y eso se debía a los
cuidados exhaustivos de mi padre y al empeño que mi pareja ponía en ello. Lo
estábamos consiguiendo, el rostro alegre de mi padre me lo gritaba ¡todo
saldría bien! Papá siempre cumplía sus promesas y él había jurado salvar a Jaejoong y a mi
querido Junho.
Sabiéndolo, no había por qué
preocuparse, más que cuidar de Jaejoong
y de mi bebé con dedicación para que nuestro anhelo se viera
realizado.
Fue por uno de esos días que
recibimos, un domingo bastante caluroso, la visita de nuestros amigos. Jaejoong lucía un abdomen
prominente, en comparación con el que estuvo luciendo anteriormente, que se
había desarrollado súbitamente durante aquél mes y debido al sofocante calor,
no llevaba más que una camisa verdosa de algodón grande que le cubría hasta los
muslos. Ya era común verle semidesnudo caminar por los pasillos de la casa y mi
padre había dejado de avergonzarse al mirarle de semejante manera. Mi madre y Yunhye, ya se habían habituado
a ello, por tanto, nadie le reprendía.
Pero a mí, no me hacía ninguna
gracia que Changmin y Siwon le mirasen en ésas
condiciones. Me hacía sentir celos, unos celos enormes y sin fundamento.
— ¡Pelirrojo!— la voz de Siwon me hizo salir de ése
pequeño mundito en el cual secuestraba a mi pareja y le encerraba en algún
lugar lejano para que nadie volviera a ver sus bonitas piernas desnudas — ¡pero
mira qué gordo te has puesto! Estás redondito como un balón de fútbol.
Jaejoong me miró con los ojos
abiertos, como si hubiese reparado en algo que no hubiese notado antes y la
duda se asomó en su carita sonrosada —Yunho ¿estoy gordo?— preguntó y deseé asesinar
a Siwon, quien reía por lo bajo
junto a Changmin, del cual era pareja
desde hacía unos meses.
—No, enano, estás bien...
—Bien redondo— me interrumpió
mi mejor amigo con voz cantarina, jugueteando con las hebras claras de Siwon y se echaron a reír.
Todos rieron, incluso Hyde, quien
se suponía debía ser solidaria con su hermano adoptivo.
— ¡Estoy gordo!— insistió mi
pequeño haciendo uno de esos mohines infantiles que me enloquecían y sentí la
necesidad de darle un beso, mas, me apartó suavemente. Me castigaría por los
comentarios de nuestros grandes amigos — ¡Es tu culpa Yunho, éste bebé es igual de
enorme que tú! ¡Es tu culpa que sea un enano gordo! Parezco una sandía—
sollozó.
— ¡Dejen al gordito en paz,
par de gorilas y váyanse a follar en los baños, que eso sí que saben hacerlo!—
exclamó Hyde con ése tono masculino
que le caracterizaba, procurando contener la risa que brotaba de su garganta.
Sí que se divertían a costa de
mi pobre chico.
Jaejoong le dirigió una mirada
acusadora y señalándole con el índice respondió: — ¡Te odio, Hyde! Eres muy malo conmigo.
Ella le abrazó y mientras le besaba en la coronilla susurró que lo lamentaba.
No volvería a hacerlo.
Después del pequeño incidente,
la tarde se convirtió en una amena velada y una pijamada infantil en la que
cada uno deseaba sentir los movimientos de mi hijo y hacer preguntas respecto a
cómo se sentía ser hombre y llevar un bebé dentro.
Siwon y Changmin hacían apuestas acerca de lo
que sería al crecer. Uno insistía en que sería futbolista o al menos lo
practicaría mientras estudiase, como nosotros y el otro en que sería corredor
de autos. ¿Corredor de autos? ¡Pero qué tontería! Sin embargo, Changmin explicó que él, como el
mejor tío del universo, le convencería de que lo fuera.
En ése instante me hice un
recordatorio: No permitir que Changmin se
quedara a solas con mi hijo o le llenaría la cabeza con sus descabelladas ideas
sobre las carreras de autos.
Y Jaejoong no hacía más que reír
alegando que ambos perderían ésa tonta apuesta, ya que, Junho, sería amante del arte,
como él.
La verdad no me interesaba lo
que fuese en un futuro, siempre y cuando le hiciese ciertamente feliz. No pedía
más a la vida. Mi bebé se desarrollaba perfectamente, mi pareja ya toleraba los
alimentos y no los devolvía con demasiada frecuencia, los desmayos habían pasado
a la historia y su semblante rebosaba de salud y color. Había vuelto a ser ése
muchachito del cual me enamoré y al que amaba cada día más y más.
Ésa noche, mientras todos
dormían, escuché sonidos en el baño de la planta inferior que reconocí
fácilmente. Busqué por el lugar a
mi par de amigos que inesperadamente-para los demás-se habían
vuelto una pareja consolidada y no los encontré. Sonreí negando con la cabeza y
volví junto a Jaejoong, quien
parecía extrañarme, pues, me buscaba insistentemente con la mano en la cama. Hyde se había quedado junto
a Yunhye en su recámara, ya que
por ser ambas mujeres, era lo más conveniente y Siwon dormiría junto a Changmin en la habitación de mis
padres, puesto que, ambos se hallaban en un hotel recuperando
el tiempo perdido.
No era la primera vez que les
encontraba en semejantes condiciones, pero, eso ellos no lo sabrían jamás y así
estaba bien. Creo que siempre han sentido un particular gusto por los baños. En
la universidad solían hacerlo frecuentemente en las duchas, eso todos lo
sabíamos. Supongo que aquella manía era obra de Changmin; Siwon, pese a ser un amargado, anarquista e
impulsivo, era un poco más recatado que su pareja.
Sí, lo de los baños era una
parafilia de mi amigo y en el fondo, agradecí que lo hicieran allí y no sobre
la cama de mis padres.
Las semanas siguientes los
cuidados de mi padre en lo que concierne a Jaejoong, aumentaron potencialmente.
Ya había entrado en el octavo mes y si todo salía como papá lo tenía previsto,
no sería necesaria una cirugía para que mi hijo naciera. Eso me llevó a
preguntar ¿Por qué parte de su cuerpo saldría mi bebé? A lo que mi padre
respondió con las palabras más perturbadoras que pudo pronunciar: “Por donde entró, es lo lógico, hijo”.
No lo imaginaba, me parecía doloroso, aterrador y macabro, no obstante, mi
padre me hizo entender que su cuerpo estaba hecho para eso y si él estaba allí,
no había por qué temer. Se encargaría de que Derek sufriera lo menos posible y
eso me tranquilizó...
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