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jueves, 18 de septiembre de 2014

Butterfly Kisses - Cap 2



Si Yunho dijera que su vida no cambió, mentía. Que la relación con sus padres no se había vuelto caótica, seguía viviendo en una burbuja. Porque desde que se enteró que tenía una hija, su percepción e intención de ser el hijo perfecto se había vuelto imposible.


domingo, 11 de mayo de 2014

EPILOGO- Una Vida a Tu Lado

EPILOGO


Ver todo lo que he obtenido en éste tiempo, me hace pensar en lo maravillosamente afortunado que he sido a lo largo de estos siete años, en lo dichoso que me he vuelto. Mirar todo cuanto poseo, me hace ansiar esforzarme por ser mejor día con día, sin rendirme, sin flaquear, sin dudar una vez más de quién y lo que soy, de lo que deseo para mi vida: los quiero a ellos, a mis tres amores, a mi lado. No pido más que eso.

Siento que podría morir de felicidad en éste momento y me pregunto si sería eso posible. No lo sé y ya no vale la pena molestarse en pensarlo. Hoy es el día de mi boda. ¿Quién diría que terminaría casado? Jamás lo imaginé y con todo, es lo que más he anhelado desde que le conocí, sin embargo, eso ya todos lo saben. Lo he repetido durante todo este tiempo a mis amigos y ahora, cuando estamos a unas horas para el gran suceso, no puedo creer que sea cierto y los nervios me invaden. Las piernas me tiemblan y mi pulso está acelerado, no logro dejar de mirar hacia los lados, ansioso, mordiéndome el labio o las uñas. ¿Qué puedo hacer?  Es una reacción común. Es un paso importante el que daré..., después de todo, no vamos por la vida contrayendo matrimonio a diario, no resolvemos compartir nuestra existencia con cualquier ser humano y eso es lo que me asusta, me aterra pensar en la idea de que él se arrepienta de ello, pues, sé que no soy la mejor opción, nunca fui la clase de hombre perfecto, de ánimo templado y carácter apacible; soy todo lo contrario y creo que, de los seres vivos, soy el que ha cometido los peores errores. Estoy lleno de imperfecciones, los más horribles defectos y..., aunque Jaejoong lo sepa, no puedo dejar de pensar en el que se dará cuenta de que existen personas capaces de hacerle sentir lo que yo no puedo. La idea de que diga “no acepto”, que termine por arrepentirse, me está acuchillando el alma.

sábado, 3 de mayo de 2014

Capitulo 17 - (una vida a tu lado)


CAPITULO 17

Ésa madrugada me fue realmente imposible dormir. La emoción debido a la llegada del pequeño Junho era tanta que, el sueño y cualquier rastro de agotamiento desaparecieron en un minuto y solamente quedó la alegría que producía el nacimiento de una nueva vida. Una personita que era parte de mí y del hombre al cual amaba. Eso era maravilloso, tan fascinante que no lograba apartar la vista de ellos: mi hijo envuelto entre mantas, durmiendo plácidamente en el regazo de Jaejoong, siendo arrullado por los latidos de su corazón, con su rostro pequeñito sonrosado, respirando pausadamente. Tan irreal que me temí que fuese un sueño, pero, tan verdadero como el hecho de que al extender la mano, podía tocarle con mis dedos y decirme alegremente “¡Él está aquí!”. Él estaba allí, ambos lo estaban y no se irían de mi lado. El peligro había desaparecido.

Y me permití soltar todo el aire contenido durante esos meses de golpe, respiré aliviado y sonreí por enésima vez despertando con una llamada a cada uno de mis amigos, esos a los que nunca tomé en cuenta y que durante mi relación con Jaejoong se metieron en mi vida por la fuerza y yo, ya no les quise dejar salir. Ellos habían representado un pilar importante en mi vida, me sostuvieron cuando las fuerzas flaquearon y sentí desmayar. Estuvieron allí alentándome a continuar sin desistir y aunque cometieron errores que me lastimaron, enmendaron sus actos, ganándose así mi completa confianza. Estaba orgulloso de mis amigos.

Estoy orgulloso de ellos.

Cuando el sol asomó los primeros rayos de luz, todos ellos se hallaban en la sala, sentados en los sillones, esperando por mí. Reí entre dientes a ver a Changmin sentado en las piernas de Siwon, como toda una damita enorme y llena de músculos y a éste, riñéndole y maldiciéndole por lo bajo, empujándole y diciéndole lo mucho que le dolería si no se bajaba de allí en ése preciso minuto. Hyde les miraba con desaprobación y volvía la cabeza hacia donde me encontraba para solicitar auxilio con sus pequeños ojos oscuros. Levanté las manos en son de paz y ella-pues desde que supe que era mujer, no volví a tratarle como a un chico sino hasta mucho tiempo después, pese a sus insistencias y reclamos-bufó molesta mostrándome el dedo medio.

Mi padre salió de la cocina siendo acompañado por Yunhye y mi madre. Les sonreí recibiendo de sus manos una humeante taza de café entretanto tomaba asiento frente al grupo de amigos que empezaba a beber del líquido caliente cuidadosamente. Excepto Siwon, quien tenía claras intenciones de derramarlo “accidentalmente” sobre la entrepierna de Changmin.

—Recuerda que si me quemas, me dejarás impotente, Siwi querido, y eso no será bueno para ti— todos reímos ante el estúpido comentario de mi  mejor amigo y Siwon nos fulminó con la mirada.

— ¿Hasta cuándo me llamarás así? Es molesto que vayas por la calle poniéndome apodos maricas. ¿Es que acaso te llamo “Minnie”?

—No sé, lo haré hasta que admitas que me quieres delante de todo el mundo.

—No se me antoja hacer eso.

— ¡Pero me quieres!

—Ni en tus sueños más eróticos.

—Entonces acostúmbrate,Siwi— canturreó besándole en la mejilla. Papá negó llevándose una mano a la cara y mamá rió escondiendo el rostro de ellos. Era inevitable no reír de aquello: Changmin con voz grave  imitando el tono de una mujer se hacía ciertamente jocoso. Era como un niño cuando se lo proponía, uno desesperante, de algún modo, sentía compasión por Siwon. Pobre, pobrecillo, tener que lidiar con una pareja como Changmin—Siwi,Siwoncito ¿Cuál te gusta más, Siwi?— prosiguió buscando hacerle enojar.

— ¡Ya, cállate de una puta vez!— gritó en respuesta, tomándole bruscamente de las mejillas para unir sus labios en un beso fugaz que obtuvo como resultado calmar las hormonas de Changmin.
Yunhye se ahogó con el café y mamá le palmeó la espalda. Estaba seguro de que un día se acostumbrarían.

—Y bien— interrumpí procurando acabar con ésa tensión que se había formado —supongo que vinieron a conocer a Junho ¿verdad?— los tres asintieron y continué —está con Jaejoong en la habitación. Sean cuidadosos con él, sobre todo tú, Changmin, no quiero que asustes a mi bebé.

—Que cruel eres, Yunho, y yo pensé que éramos amigos.
Subieron las escaleras en silencio, como si fuesen todos unos niños a los cuales hubiese reprendido. Les seguí de cerca pensando en que Jaejoong continuaba vestido con nada más que una camisa y no tenía ropa interior bajo ésta. Otra vez, Changmin y Siwon le verían semidesnudo y eso no me gustaba. No me agradaba para nada, en especial, porque conocía el carácter pervertido de mi mejor amigo, quien, en más de una oportunidad hizo algún comentario respecto a la belleza y fragilidad de mi pareja. “Es como un lindo muñequito de porcelana, de sólo verlo, entran unas ganas inmensas de abrazarle y besarle hasta el cansancio”. Supongo que lo correcto era que me habituara a ésa clase de comentarios, mas, eso no sucedió..., ni sucederá.
Y si bien, entendía que Sasha, no tenía intenciones románticas con él, mi subconsciente, se negaba a admitirlo.

Les abrí la puerta, cediéndoles paso para que entraran al lugar. Lo primero que vimos fue a mi pareja, recostado en la cama, con una gran cantidad de almohadas bajo su cabeza y espalda que hacían menos incómoda su posición. Estaba despierto, con el cabello suelto cubriéndole la cara. Jugaba con los pequeños labios de Junho, le metía el dedo en la boca y lo volvía a sacar, el bebé lloriqueaba y él volvía a introducir el dedo en su boca —Tiene hambre— susurró sin mirarnos — ¿Cómo se supone que debo alimentarlo? ¿Debo prepararle un biberón? ¿Lo harían por mí? Todavía me duele y...— ésa fue una pregunta estupenda ¿Cómo le daría de comer a nuestro hijo? La leche materna debía ser su único alimento por un tiempo, sin embargo, Jaejoong no era precisamente su madre. En ése instante las palabras de papá vinieron a mi mente: “Su cuerpo fue diseñado para albergar vida dentro de sí”, ¿podría significar eso lo que imaginaba? Lo razoné detenidamente y recordé los pectorales inflamados de Jaejoong, los mismos que estaban sumamente sensibles.

Le dirigí una mirada a Changmin en busca de apoyo y él se encogió de hombros, diciéndome sin palabras “no sé nada”.

—Enano— respondí en un murmullo — ¿Te duelen todavía los pezones?

—Sí— dijo y nos vio con los ojos abiertos, como miraba siempre que entendía lo que no me atrevía a decirle por temor a asustarle —Entonces es de ése modo— continuó sacándose la camisa delante de los presentes sin ningún tipo de pudor. Agradecí que las sábanas le cubrieran del ombligo hacia abajo. Acercó a Junho hacia su pecho y lo que ocurrió nos robó el aliento..., a todos. Jaejoong gimió entre dientes como si le doliera —Esto es extraño, pero, está bien..., supongo— sonrió juntando los párpados y yo me sentí verdaderamente confundido.

—Si dices algo, te mato— siseé observando las intenciones que tenía mi mejor amigo.

—Vale, señor siento celos hasta de mi sombra— resopló —sólo te iba a decir que eso es jodidamente sensual. Ojalá Siwi pudiera hacerlo también.

—Haré que te metas ése maldita lengua en el culo—gruñó Siwon y Hyde rodó los ojos con molestia.

Sí, Changmin era como un niño.
Jaejoong les indicó que hicieran silencio y como por arte de magia todos callaron. Allen terminó de alimentarse minutos después y Jaejoong lo llevó a su hombro para palmearle la espalda suavemente. Fue una imagen hermosa, sin dudas y me sentí como lo que era: el hombre más dichoso que la humanidad conocería jamás.
Siwon se acercó vacilante hacia la cama, mi pequeño le dedicó una sonrisa antes de depositar a nuestro hijo en sus brazos con sumo cuidado y colocarse la camisa nuevamente.Changmin le abrazó por la espalda y al admirarles de ésa manera, tan calmados y compenetrados, pensé que efectivamente hacían buena pareja. Y, si bien, no podían estar ni un solo día sin discutir tontamente, en momentos como ése, se me figuraban perfectos juntos. Realmente, merecían tener la dicha que a nosotros nos había sido obsequiada. Deseé con todo mi corazón que un día, ellos, también pudiesen ser padres.

Era una lástima que aquél milagro no fuese algo naturalmente posible.
Ambos se entretuvieron con mi bebé durante unos minutos y por primera vez en la vida, escuché a Siwon hablar de su familia. “Ojalá hubiese tenido hermanos-dijo triste, peinando tiernamente con los dedos el cabello de Junho-quizá no me habría sentido tan solo. De haber tenido hermanos..., mi infancia habría sido feliz”. Una sonrisa amarga se dibujó en sus labios y exhaló dándose vuelta para no mirarnos. Changmin le besó en el cuello y mi hijo recién nacido pasó a las manos de Hyde.

Me sentí mal por él, en verdad me sentí mal ¿Qué tan horrenda había sido la vida de mi amigo? No lo sé, sólo Changmin estaba enterado de ello y jamás había hablado del tema por respeto a su pareja. Pero saberlo, me hizo pensar en los motivos por los cuales Siwon actuaba como lo hacía, el por qué de ésa necesidad asfixiante de ser aceptado y admirado por todos a su alrededor, ése anhelo que en un principio mostró de ser amado por mí. No obstante, todo eso era parte del pasado y mi compañero le hacía inmensamente feliz, eso lo notaba en sus ojos que se iluminaban al verle y aunque lo negase hasta el cansancio, Siwon le amaba. Él amaba a Changmin.
Las horas pasaron rápidamente y Junho al fin abrió los ojos. Me sentí satisfecho al verlos: eran tan negros como los de Jaejoong y eso únicamente aumentó mi orgullo de padre. Tenía un hijo precioso y sano que seguía con la mirada todo cuanto se moviera cerca de él. Era curioso, como todo recién nacido y tan calmado que me resultaba increíble el no escucharle llorar por todo, excepto cuando el hambre le atacaba, entonces no había nada ni nadie que consiguiera calmarle.

Tal vez, sólo Jaejoong.

Aquél primer mes, transcurrió en completa calma. Mi pareja pudo abandonar la cama una semana después del alumbramiento y daba pequeños paseos por la casa con Junho en brazos, esperando a que volviera de la universidad para mimarles a los dos. Y disfrutaba hacer eso. Me gustaba sentar a Jaejoong sobre mis piernas con nuestro bebé todavía en su regazo y morderle tenuemente en la nuca entretanto veíamos una película juntos.
Empezó a ser difícil dormir a su lado y no poder tocarle más que para depositar un beso en su frente y dormir con Junho en medio de nosotros los primeros catorce días. Después de ése lapso de tiempo, le pasamos a la que sería su habitación hasta que Jaejoong y yo consiguiéramos un lugar donde vivir y los medios para sustentarnos adecuadamente.

No planeaba ser un mal padre. Velaría por mi hijo y mi pareja siempre..., siempre, aunque ello implicara sacrificar cosas y privarme de otras. ¿No es así la vida? Todo requiere un pequeño sacrificio, la felicidad cuesta lágrimas y sudor, mas, el resultado es lo que nos permite sentirnos llenos de dicha incomparable. Mi nueva familia lo valía, de eso estaba completamente seguro. Al mirarlos sabía que, aunque todo fue inesperado, había valido la pena. ¡Por Dios que lo valía!
Bien, las semanas pasaron y sentía que me moría. El no poder hacerle el amor a mi pequeño, me estaba volviendo loco. 
El tener que verle salir del baño desnudo, con la piel húmeda y el cabello destilando agua me excitaba, el que se inclinara-todavía sin vestirse-para buscar ropa en los cajones aceleraba mi pulso y las ganas de tomarle frente al espejo donde constataba que su figura volvía a ser la misma, se hacían más y más fuertes cada vez..., pero eso él no lo notaba. Y las palabras de mi padre me taladraban la cabeza: nada de sexo en un mes. Todavía faltaba una semana para ello y mi cuerpo ya le llamaba a gritos.

Ésa mañana, al mirarle de nuevo haciendo eso, no lo soporté. Jaejoong estaba parado frente al espejo midiéndose el abdomen antes de colocarse la faja que papá le había ordenado. Me coloqué a su envés clavándole los dientes en el hombro, el oí jadear mi nombre y rocé mi erección contra él —Sólo una semana más— suspiró pegándose más a mí, deslizando la mano dentro de mi ropa, palpándome.
Llevé mis dedos a su intimidad. Él también estaba deseoso, estaba excitado, me necesitaba tanto como yo le necesitaba. Emprendimos un lento vaivén con las manos, uno en la erección del otro, menguando los ánimos, disipando eso que nos consumía. Su imagen en el cristal que nos reflejaba se me figuró preciosa y se me hizo tentador tomarle de la cara con la mano libre para que se observara. Lo hizo y sus mejillas se encendieron —Eres un depravado— gimió llegando al orgasmo entre mis dedos y soltó ésa risilla que tanto he adorado.
Cuando el tiempo se cumplió, le hice el amor tanto como fue posible. En la medida que Junho me lo permitió.

Cuando comenzamos a salir junto a nuestro hijo a la calle, la gente a nuestro alrededor se detenía a mirarnos. Era innegable el parecido físico de Junho con nosotros y eso las personas lo percibían. Los comentarios indiscretos no se hacían esperar y las preguntas se volvieron cada vez más frecuentes ¿Quién era ése hermoso bebé que llevaba en brazos mi pareja? ¿Desde cuándo tenía, yo, una novia, por qué no la había presentado antes? Sin embargo, Jaejoong no me dejaba responder, él sonreía y decía: quizá, porque Yunho no tiene ninguna novia ¿no le parece? En ése momento, al escuchar ésa voz suave, mas, para nada femenina, callaban o se disculpaban insistentemente. Con respecto al pequeño Junho, nos limitábamos a decir que era un obsequio de la vida, la ciencia y..., mi padre. Nada más. Y lo cierto es que, no era de la incumbencia de nadie. Junho era nuestro y punto.
Jaejoong, muchas veces, iba a la universidad para conversar con los miembros del club de teatro. Al mirarle, todos corrían para abrazarle y robarle a nuestro hijo. Y si cuestionaban su procedencia, la respuesta era la misma. Fue por aquellos días, que les hizo conocer la noticia de que no poseía intenciones de volver. Su sueño de ser pintor se había reafirmado y por tanto, tomaría otra carrera en la Universidad De Bellas Artes, la cual recién se inauguraba.
Algunas veces, esperaba por mí, como en el pasado, sentado en las gradas, me saludaba al igual que lo hacía con Siwon, Changmin y los nuevos miembros del equipo, pues algunos habían decidido desertar, y sonreía al jugar con Junho. Y yo agradecía que mi carrera estuviese por concluir.

Me agradaba caminar a su lado por las avenidas, con Junho en mis brazos y que cualquiera que mirase a mi pareja, supiera de una forma u otra, que él..., que él era mío. No como un objeto, sino como parte de mi existencia.


Sin embargo, en el momento en el cual Junho cumplió dos meses de edad, Jaejoong comenzó a insistir con una idea preocupante: otro bebé. Entendía perfectamente sus anhelos, sus sueños. Yo igualmente, quería una familia grande, pero ¿no significaba eso ponerle el riesgo? ¡Imposible! No podía hacerlo. No obstante, él continuaba insistiendo, llegando al extremo de llorar y dejar de dirigirme la palabra durante días.
“Tú tuviste una hermana con la cual jugar, creciste en un hogar donde te apreciaban. Yo no tuve nada de eso. Mi madre me amaba, claro, pero tenía poco tiempo para mí y mi padre jamás me quiso. No sabes lo mucho que deseé tener un hermano para jugar, para cuidarle..., para no sentirme solo. No quiero que Junho se sienta igual. Él nos tendrá, pero, cuando no estemos a su lado por motivos diversos, ¿quién le hará compañía? Él necesita a alguien contemporáneo con quien estar”. Aunque no quisiera admitirlo, él tenía razón. Junho se sentiría solo siendo hijo único y una adopción tardaría años..., sin embargo, otro embarazo era un riesgo que no planeaba asumir.
Decidí que lo más conveniente era consultarlo con mi padre, después de todo, él era el experto en el tema. Yo apenas entendía que no era cirujano plástico como siempre lo supuse —Es posible— respondió después de analizarlo detenidamente —no he dejado de suministrarle las proteínas que le ayudaron a sobrellevar el embarazo anterior. Su cuerpo se ha hecho resistente y él, es un muchacho fuerte, eso ha demostrado.

—Pero la noche en la que Junho llegó, mamá dijo que se había rendido. Intentó hacerme ver que casi lo pierdo y no estoy dispuesto a ello, papá— repuse ¿es que todos estaba locos? ¡Otro bebé lo mataría!

—No— suspiró —Jaejoong se enfocó en ti, en tu ausencia dentro de la habitación..., creyó que le habías abandonado y se olvidó de que Junho estaba allí, sin embargo, si deciden intentarlo otra vez, deberé permitirte estar con él, para que no vuelva a suceder.

— ¿Y si muere?

—No lo hará.

Resoplé frustrado ¿Qué debía hacer? Los nervios hacían estragos en mi interior y la indiferencia de mi pareja me hería. Era demasiada presión. Tanta que, acabé cediendo ante sus peticiones y dos meses después, Jaejoong llevaba otro bebé en su vientre. Era una maldita locura. Pero él estaba feliz y eso me tranquilizaba de alguna forma.

Durante aquél nuevo embarazo, no hubo ningún síntoma. Jaejoong comía lo que le apetecía sin devolverlo, no hubo mareos ni desmayos..., era todo tan distinto. Se le veía alegre, rebosante de vida, saludable.
Mi padre, como la vez anterior, se encargó de todo, advirtiéndole a Jaejoong, que ésa sería la última vez. No habría más niños, pues, si bien, su cuerpo se había fortalecido, intentarlo en una tercera oportunidad sería desastroso y él aceptó las condiciones sin objeción.

Nunca entendí la razón por la cual Jaejoong obedecía a papá en todo cuanto decía y a mí se me oponía tantas veces.
Fue de ésa forma que Jiyool, llegó a nuestras vidas sin complicaciones..., a excepción, tal vez, del vergonzoso desmayo que sufría al verla nacer.

No soy tan fuerte después de todo.

Jiyool es lo más parecido a mí que conozco, después de Yunhye. Con esos pequeños ojos y cabellera castaña. Es perfecta. Una niña maravillosa a la cual su hermano cuida diligentemente a pesar de su corta edad.

Existen millones de cosas que pudiera contar, hermosas experiencias que hemos vivido a lo largo de estos años, innumerables experiencias que atesoro en mi alma como el mejor obsequio de la vida..., pero ¿no es esa otra historia?

Una que, posiblemente, les contaré en una nueva oportunidad...



...Una Vida A Tu Lado...

-FIN-
Nota: Esperen por el epilogo^^

lunes, 28 de abril de 2014

Capitulo 16 - (una vida a tu lado)

CAPITULO 16

Eran las diez de la noche cuando Jaejoong entre sollozos y gemidos de dolor, me hizo salir del sueño profundo en el cual me hallaba sumido debido a lo agotador que había sido el día. Le miré confundido y me percaté de que las sábanas estaban mojadas, demasiado como para ser algo normal. Acercándome hacia él, procuré calmarle, fue entonces que vi el pequeño hilillo rojo que escurría desde su esfínter y recorría una de sus piernas. Junho se había adelantado dos semanas y no estábamos preparados, o al menos, yo no me sentía de ésa forma.
Días atrás, mi padre mencionó que había habilitado un piso en la clínica en el que se atendería a mi pareja sin levantar mayores sospechas. Habíamos planeado, asimismo, la manera en la cual le ingresaríamos dado el momento y el nombre falso bajo el que permanecería el tiempo que fuera necesario estar allí. Todo estaba calculado, desde la perspectiva de mi padre, pero, de una forma u otra, eso me aterraba, algo me hacía sentir inseguro. Si las cosas no funcionaban como nos lo propusimos ¿Qué haríamos? No estaba dispuesto a ver a Jaejoong siendo sometido a estudios que buscasen la respuesta a su “condición milagrosa”, no podía imaginarle sufriendo ése tipo de aberraciones científicas y mi mente me jugaba bromas de mal gusto. La imagen de mi pequeño siendo tratado como una rata de laboratorio empezó a torturarme en ése preciso instante, logrando de ése modo, que me paralizara.
Mi cabeza se hallaba plagada de imágenes monstruosas en las que Jaejoong y mi hijo que estaba por nacer, sufrían grandes calamidades y yo, sin poder socorrerles era obligado a mirarlo todo como un inútil espectador. No quería eso para ninguno de los dos. ¡No lo quería!
—Me duele— la voz apagada de Jaejoong me llevó de vuelta a la realidad. Separé sus piernas para constatar, tal como me lo había enseñado papá, que el alumbramiento no hubiese empezado ya y jadeé aterrado ante lo que vi: no había tiempo para llevarle a ningún lado.
Entré en pánico. Jamás había mirado nada parecido y los nervios me volvieron un estorbo. Jaejoong se quejaba debido al dolor mordiéndose el labio y apretando las sábanas con desesperación y yo no conseguía mover ni un solo musculo para ir a la habitación de mis padres a pedir ayuda. ¡Dios, estaba vuelto una condenada estatua! Me maldije e mí mismo por mi incompetencia y cobardía, me maldije por mi falta de ánimo y en ése instante, el alma pareció retornar a mi cuerpo —Aguanta un poco, cariño— susurré besándole en la coronilla, dispuesto a llamar a mi padre a gritos como un niñito asustado, ya que, no tenía pensado dejarle abandonado ni un minuto, pero, como si hubiese leído mis pensamientos, la figura de mi padre se asomó por la puerta junto a mamá. Al parecer los gritos de Jaejoong eran más fuertes de lo que me parecieron en aquélla noche y les había despertado, por fortuna.
Mi padre se acercó sin poder ocultar la preocupación que se asomaba en su rostro, recostó a Jaejoong en la cama y clocando las almohadas en su espalda le pidió que separara las piernas. Miró y su cara se contrajo —No hay tiempo para lo que teníamos previsto— dijo confirmando lo que ya sabía — exclamó dirigiéndose ésta vez a mi madre — ¡Ve por agua tibia, paños limpios y el material de primeros auxilios!— le pasó la mano por los cabellos y mi pequeño exhaló como si le costara demasiado hacerlo —Necesito que colabores conmigo en todo lo que te diga, si no lo haces, no lo lograremos ¿quieres que Junho nazca bien, no es así? ¡Perfecto! Entonces sé un buen chico y ayúdame.
—Papá— musité —quiero ayudar— él me observó con dureza reflejada en los ojos y negó — ¡Pero papá, es mi bebé también!
— ¡Espera afuera, Yunho!— gritó y mi hermana, quien entraba a la habitación con los paños limpios que debía llevar mi madre, me sacó del lugar para cerrar la puerta tras de mí.
Mi madre apareció minutos después y apenas hubo entrado,Yunhye salió para hacerme compañía —Estará bien— murmuró abrazándome —papá está con él y además, mamá le ayuda ¿qué podría salir mal? Tú sólo estorbarías al igual que yo. Somos impacientes y únicamente entorpeceríamos lo que sea que ocurra allá dentro, igualmente, te apuesto lo que quieras a que te desmayarías al ver a tu bebé salir por..., allí.
Reí ante su comentario. Mi hermana estaba en lo cierto, entré en pánico de sólo verle dilatado de ésa forma ¿qué me sucedería de observar el nacimiento de mi hijo? Sobre seguro, no lo habría soportado. Recordé a una rata blanca que tuve de niño y como fui testigo del nacimiento de sus crías. No pude dormir en semanas y cada vez que veía un poco de sangre, me venían a la cabeza ésas pequeñas ratas rosadas y envueltas en lo que sea que fuera eso que les cubría. Era asqueroso.
Sin embargo, me pregunté el motivo por el cual mi padre me miró tan duramente. En un principio pensé que era enojo..., después de todo, yo también me enfadaría si mi hijo embarazaba a otro hombre, aunque eso no fuese humanamente posible. Mas, ¿no se había vuelto posible lo inimaginable? No obstante, al cerrar los ojos, vi mejor los de papá y no, mi padre no me miraba airado ¡él me miraba con temor, con un miedo que se me contagió en unos pocos segundos! ¿Qué había observado él, al examinar a Jaejoong que no quiso decirme? ¿Qué había descubierto papá que no deseaba que viera? Los nervios se acrecentaron y mis temores retornaron a atacarme cruelmente.
Los gritillos de Jaejoong resonaron por toda la casa y me vi tentado a irrumpir en mi habitación ¡estaba sufriendo, estaba sufriendo mucho y eso me destrozaba! Deseé ser yo quien sintiera aquellos dolores, ansié estar en su lugar y padecer como él lo hacía, pero, eso era imposible y yo tenía el alma en un hilo.  Precisaba de respuestas ¿cómo estaban mi pequeño y mi hijo? ¿Todo estaba saliendo conforme a lo esperado? ¿Sobreviviría Jaejoong al alumbramiento? Sabía que su cuerpo todavía era débil, sus caderas estrechas y su salud nada estable como para hacerlo, no obstante, durante los meses del embarazo, durante el tiempo que mi padre le atendió, todo eso fue cambiando progresivamente y él lucía radiante y lleno de vida, fuerte, estable..., Jaejoong luchaba por salir adelante y lo que mi padre le inyectaba todas las mañanas le había ayudado en gran manera, todo indicaba que ambos, Jaejoong y Junho, saldrían bien del parto.
Pero allí estaba yo, de pie frente a la puesta, con la mano en el pomo, dispuesto a girarlo, escuchando los lamentos de mi pareja y las súplicas de mi madre: “Por favor, querido, un poco más, sólo un poco. ¡Puja, tú puedes! ¡No te rindas, Jaejoong, piensa en Junho y en Yunho! Por favor, mi niño, un último esfuerzo, sé que te duele, pero vamos ¡hazlo por Junho!”.
 ¡Por Dios! ¿Qué estaba ocurriendo allá dentro? ¿Por qué le rogaba mi madre de ésa forma? ¿Por qué ya no se escuchaba la voz de mi pequeño? ¿Por qué ya no sollozaba como lo estuvo haciendo una hora atrás? ¿Por qué nadie salía a responder mis dudas? Sentí una punzada en el pecho y sin darme cuenta de ello, empecé a llorar “Jaejoong..., mi Jaejoong”, pensé y un último grito desgarrador aceleró mi pulso a tal grado, que creí que el corazón me saldría por la boca.
Después de eso, todo quedó en silencio. Un maldito silencio que me atormentaba y finalmente el llanto apagado de un recién nacido me hizo llorar con más intensidad. Junho había llegado al mundo a salvo.
Vi a mi madre salir unos minutos más tarde con un paquetito forrado de azul en los brazos y sonreírme tristemente, lo colocó delicadamente en los míos y me besó en la mejilla derecha —Jaejoong— susurré con un nudo en la garganta.
—Él se rindió— dijo mamá —no sé por qué lo hizo, pero dejó de luchar. Era como si estuviese perdido en algún lugar de su cabeza, susurraba tu nombre. Fue un error no dejarte entrar, sin embargo, tu padre temía que las cosas no salieran bien y que le vieras morir..., sabía que no te lo perdonarías...
— ¿Cómo está Jaejoong, mamá?— le interrumpí a punto de colapsar ¿por qué no iba directo al grano?
—Dormido— suspiró cansada —tu padre está terminando su labor y cambiando las sábanas sucias. Todo está bien ahora. Únicamente hay que dejarle descansar. Es un chico fuerte— finalizó dándole un último vistazo a Junho-a quien no me había dignado, siquiera a mirar-y caminó de vuelta a la habitación para ayudar mi padre.
El bebé en mis brazos también dormía y apenas pude, debido a mis nervios, destaparle la cara. ¡Era un bebé sumamente precioso! Con una nariz pequeñita, los mofletes regordetes y sonrosados, unos labios diminutos y una abundante cabellera negra que le enmarcaba el pequeño rostro. Quise saber el color de sus ojos, mas, para ello, tendría que esperar unos días. Sin embargo, no dudaba que fueran negros. Anhelé que fueran de ése color, como los de Jaejoong, para poder perderme en ellos de igual manera y presumir ante el mundo, a mi bebé milagroso.
Poseía una nueva familia compuesta por dos hombrecitos increíblemente encantadores a los que no pensaba compartir con nadie. Podrían mirarles, claro, pero, ellos siempre serían míos. Una extensión más de mí.
Sí, mis celos son una cosa grandiosa: por más que me esfuerzo en hacerlos a un lado, ellos vuelven a mí con más intensidad. ¿Y qué puedo hacer? Jaejoong y mi hijo son mi vida entera, debo protegerles..., quiero hacerlo siempre.
Yunhye observó al pequeño Junho y sonrió bobamente, al igual que lo hacía yo —Es precioso— murmuró procurando no despertarle —que bueno que no se parece a ti.
—Tienes razón— respondí en voz baja —es idéntico a Jaejoong ¿Crees que ya pueda verle? Quiero que conozca a su hijo.
Ella negó con una sonrisa amplia y alegre —Espera a que papá venga a avisarte. No seas impaciente.
Los siguientes cinco minutos se me figuraron interminables, no obstante, al ver a mis padres abandonar el dormitorio con ése brillo en los ojos supe que todo estaría bien en adelante. Que Jaejoong lo había logrado y que las palabras de mi madre no fueron para calmarme, que tenía un hijo hermoso con un hombre todavía más hermoso, el cual me esperaba dormido en la cama. Me apresuré a entrar, pero, la mano de mi padre sujetándome del brazo suavemente me hozo darle la cara con cierto temor —Nada se sexo en un mes— dijo con ésa sonrisita en sus labios que me indicaba lo mucho que disfrutaría verme sufrir debido a la abstinencia sexual —no, al menos, con penetración..., pero sé que lo resolverás.
—No hay problema, me las arreglaré— sonreí dirigiéndole una mirada a Yunhye, quien enrojecía de vergüenza ¡Ah, mi hermana siempre fue tan correcta y puritana! —Gracias, papá— musité antes de entrar en la recámara —por traer a mi hijo a salvo y por no permitir que Jaejoong se fuera en medio del alumbramiento.
Él movió la mano restándole importancia, y yo caminé con Junho en brazos hasta la cama donde Jaejoong dormía apaciblemente, como un divino ángel de Botticelli, con el cabello suelto cubriéndole la cara húmeda por el sudor y los labios entreabiertos aspirando aire con lentitud y expulsándolo de la misma forma.
Deposité a Junho a su lado entretanto le acariciaba las mejillas y los labios. Le besé susurrando todo lo que mi corazón quería decirle: lo mucho que le amaba, lo feliz que me había hecho y lo precioso que era nuestro hijo. Le dije tantas cosas en ése momento, tantas que de recordarlo mi corazón llora de felicidad.
Volví a pedirle perdón por mis actos pasados, por haberle hecho lo que le hice, por mis inseguridades, por haberle hecho padecer y sacrificarse de ésa forma. Le pedí perdón por haberle embarazado-aunque ninguno de los dos supiese que eso pudiera suceder-y haber expuesto su vida con ello, más, le dije, de la misma manera, que aunque sonase egoísta, no me arrepentía de eso último, ya que, era gracias a ello que Junho estaba con nosotros.
Sí, tal vez, yo era muy egoísta, posiblemente era un bastardo sin piedad, pero, fuese como fuese, no me arrepentía de ello. Me sentía feliz de ser padre, de tener un hijo con los genes de Jaejoong y los míos, un hijo de los dos..., un bebé que llevaba en él parte de ambos, que se parecía a nosotros y que había llegado para unirnos más.
Cargué de nueva cuenta a mi hijo recién nacido y me quedé de pie con él frente a la ventana. Empecé a contarle lo mucho que le habíamos querido desde que supimos la noticia de su existencia, los cambios de humor que su papi tuvo por su causa y lo alegre que ellos me ponían a veces. Le conté lo gracioso que se veía Jaejoong con el vientre abultado..., como una cereza.
O una sandía, quizá.
—Deja de decirle ésas cosas a mi bebé— dijo Jaejoong en apenas un murmullo — ¿Puedo cargarlo?— preguntó nervioso, como si aquello no fuera más que un sueño o como si alguien le fuese a negar el derecho que poseía.
—Claro que sí, enano, tú eres su mamá, tienes que cargarlo y alimentarlo además. Vamos déjame ver esos pechos.
— ¡Ah! Es que aparte de enano ahora soy una madre. Gracias Yunho, no sabes cuánto te amo— carcajeó con la voz débil todavía mientras se inclinaba cuidadosamente. No debía sentarse, de modo que únicamente se inclinó extendiendo los brazos para recibirlo.
Apenas lo tuvo en su regazo, un par de lágrimas brotaron de esos ojos que representaban mi delirio — ¡Es precioso, Yunho!— balbuceó recorriéndole el rostro con el dedo índice —y tiene el cabello negro como el tuyo. ¿Sabes? Siento que no había sido tan feliz como ahora. Después de todo, no ser un verdadero hombre, resultó maravilloso ¡tengo un hijo! Uno que creció dentro de mí.
—Eres más hombre de lo que sería cualquiera.
—Lo sé— suspiró —ojalá mi padre lo hubiera entendido...
Capturé sus labios con los míos antes de que pudiera terminar la frase, le escuché jadear cuando me aparté y el rubor volvió a sus mejillas. No supe cómo soportaría un mes sin hacerle el amor.
Indiscutiblemente, sería una tortura...


jueves, 24 de abril de 2014

Capitulo 15 - (una vida a tu lado)

CAPITULO 15

Las semanas empezaron a transcurrir rápidamente y a su paso dejaban notables cambios, tanto en Jaejoong como en mí; cambios que el resto del mundo también notaba.Jaejoong se había vuelto más susceptible, lloraba o se enojaba con facilidad y en otras ocasiones, se le veía tan radiante, que era inevitable reír junto a él. Se alegraba por las cosas insignificantes: el aleteo rápido y grácil de una mariposa o el color de sus alas, las rosas con las que le sorprendía algunas veces, el milagro de la vida a su alrededor. Todo. No existía cosa alguna que no le alegrase. Era como estar sumido en un sueño precioso del que se ruega fervientemente no despertar.
Admirarle siempre alegre y entusiasta, me llenaba de fuerzas, de las esperanzas que requería para continuar en medio de ése camino muchas veces tortuoso en el cual estábamos juntos, sin planificarlo en un principio, mas, ya que lo sabíamos, completamente dichosos de ser los encargados de velar por ése diminuto milagro que crecía y crecía dentro de él.
Mirarle de pie frente al gran espejo en nuestra habitación, semidesnudo, midiéndose el abdomen y anotando en una pequeña libreta cada centímetro que éste crecía, me hacía sonreír como el más idiota de los seres vivos. Jaejoong me miraba a través del cristal y sonreía también, me llamaba con el dedo índice y cuando me tenía a su espalda, abrazándole, colocaba mis manos sobre su vientre que apenas empezaba a abultarse. “Cierra los ojos y siéntelo-decía en un apacible murmullo-es nuestro bebé”. Escuchar tan hermosas palabras brotar de sus labios, me colmaba de satisfacción. Claramente, no era capaz de sentirlo, no obstante, imaginaba que lo hacía, que él o ella estaba allí y mi corazón se encogía y explotaba maravillosamente. Depositaba un suave ósculo en alguna de sus mejillas diciéndole mientras tanto, cuánto le amaba..., lo feliz que era su lado y lo mucho que les protegería a ambos: mis dos amores.
Con todo, mi preocupación no desaparecía, pues, aunque la satisfacción era mucha y las ilusiones se acrecentaban, convirtiéndose en realidades, existía eso que era innegable, la posibilidad de que Jaejoong sobreviviera era casi nula y el saberlo me mataba lentamente, ¿cómo continuaría adelante sin su presencia? ¿Qué haría sólo con un bebé que me recordaría a su padre constantemente y dolería demasiado cada vez que lo viera? ¿Cómo me haría cargo de mi hijo sin Jaejoong apoyándome? Por más que procuraba calmarme y disipar tales ideas, la realidad me atacaba de frente con los desmayos frecuentes de mi pareja, la debilidad que se esmeraba en esconderme tras una sonrisa cansada y esa palidez que no se iba, pese a las vitaminas y la dieta que mi padre había diseñado para él.
Jaejoong debía comer literalmente por dos personas adultas, aunque no lo quisiera y terminase por devolverlo todo después de haberlo ingerido, consumir suplementos que le ayudasen a mantenerse sano e inyectarse algo que según mi padre, le sería de ayuda. Jamás dijo que era, pero, gracias a ello, Jaejoong mejoraba poco a poco.  Y si bien, el tamaño de su vientre, en un principio, no era el que debería haber tenido, puesto que apenas se le notaba el embarazo, eso en lugar de desanimarle y hacerle decaer, le llenaba de fuerzas para continuar adelante sin desistir y obedecer sin rechistar lo que mi padre le ordenase.
Fue gracias a sus cuidados e indicaciones que Jaejoong alcanzó el sexto mes de gestación sin mayores complicaciones a las habituales: náuseas, mareos y cambios drásticos de humor. Y todo indicaba que llegaría al séptimo sin ningún percance.
A lo largo de aquellos meses, asimismo, el deseo sexual de mi pequeño se vio afectado. A veces me despertaba a media noche con ansias de hacer el amor hasta caer rendido y en otras, se comportaba como una virgencita de pueblo que me rechazaba y se escondía de mí, como si fuese algún peligro para su integridad. Y eso, naturalmente, me confundía, ¿Qué podía hacer para complacerle? ¿Cómo lidiar con esos cambios repentinos de humor? Nadie me había explicado lo complicado que sería y, no obstante, se me hizo una experiencia única y encantadora que no hubiese cambiado por nada.
Me fascinaba cuando, Jaejoong, se subía sobre mi cuerpo para empezar a desvestirme sin importarle que estuviese dormido, me besaba en el cuello, susurraba “tengo ganas”, y sin esperar una respuesta, por lo menos, metía la mano dentro del pantalón de mi pijama, el cual usaba cuando el frío me empujaba a ello, para estimularme. Era sencillamente perfecto. Todavía más, en el momento cuando se sentaba sobre mis caderas y se movía de ésa forma lujuriosa buscando un contacto más íntimo.
Sin embargo, existía, del mismo modo, ocasiones en las que me daba la espalda rechazándome y se dedicaba a dormir apaciblemente. Pero, en cada uno de los casos, fuese como fuese, se despertaba a mitad de la noche para que le abrazara, para que le hiciera sentir seguro. Para que le dijera sin palabras que nada saldría mal, que estaríamos juntos con nuestro hijo en brazos en unos meses.

El hecho de que Jaejoong estuviera esperando un bebé, era un completo secreto, por lo tanto, cuando aquél milagro comenzó a notarse, se vio forzado a abandonar la universidad y encerrarse, de una manera u otra, en casa para que nadie le viera e hiciera preguntas incómodas. No obstante, no pudiéndolo evitar, mi pequeño se lo hizo saber a nuestros amigos más cercanos, quienes no creyeron ni una sola palabra hasta que vieron con sus propios ojos el vientre ligeramente inflamado de mi pareja y a mi padre realizándole una ecografía para decirnos el sexo de nuestro bebé.
Era un varón. Un varoncito pequeñito y lleno de vida que pronto nacería. Y apenas lo supimos, le pusimos un nombre que le describiera como lo que era: un precioso milagro.
Junho.
Pues bien, con eso las visitas de nuestros amigos, se hicieron constantes. Ya no les apetecía salir de casa y eso animaba a Jaejoong, por tanto, a mis padres no les molestó en absoluto. Si Jaejoong era feliz, ellos incomprensiblemente, también lo eran y mi hermana..., a ella en la vida le había visto tan feliz.Yunhye se esforzaba en hacer sentir cómodo a mi pareja, querido, en familia. Le obsequiaba dulces sin que nadie lo notara y algunas veces se aparecía con una bolsita repleta de ropa para recién nacidos confeccionada en colores claros, sonajas, biberones y pequeñitos muñecos de peluche con los cuales adornábamos la habitación para huéspedes que ahora ocuparía nuestro hijo. Entre todos la convertimos en un santuario infantil y acogedor, pintada de azul celeste y blanco, con estrellas que se iluminaban de verde y violeta al apagar las luces. Era perfecto para él.
Y como lo esperábamos,Jaejoong llegó al séptimo mes sin ningún problema. El embarazo era realmente notorio y eso se debía a los cuidados exhaustivos de mi padre y al empeño que mi pareja ponía en ello. Lo estábamos consiguiendo, el rostro alegre de mi padre me lo gritaba ¡todo saldría bien! Papá siempre cumplía sus promesas y él había jurado salvar a Jaejoong y a mi querido Junho.
Sabiéndolo, no había por qué preocuparse, más que cuidar de Jaejoong y de mi bebé con dedicación para que nuestro anhelo se viera realizado.

Fue por uno de esos días que recibimos, un domingo bastante caluroso, la visita de nuestros amigos. Jaejoong lucía un abdomen prominente, en comparación con el que estuvo luciendo anteriormente, que se había desarrollado súbitamente durante aquél mes y debido al sofocante calor, no llevaba más que una camisa verdosa de algodón grande que le cubría hasta los muslos. Ya era común verle semidesnudo caminar por los pasillos de la casa y mi padre había dejado de avergonzarse al mirarle de semejante manera. Mi madre y Yunhye, ya se habían habituado a ello, por tanto, nadie le reprendía.
Pero a mí, no me hacía ninguna gracia que Changmin y Siwon le mirasen en ésas condiciones. Me hacía sentir celos, unos celos enormes y sin fundamento.
— ¡Pelirrojo!— la voz de Siwon me hizo salir de ése pequeño mundito en el cual secuestraba a mi pareja y le encerraba en algún lugar lejano para que nadie volviera a ver sus bonitas piernas desnudas — ¡pero mira qué gordo te has puesto! Estás redondito como un balón de fútbol.
Jaejoong me miró con los ojos abiertos, como si hubiese reparado en algo que no hubiese notado antes y la duda se asomó en su carita sonrosada —Yunho ¿estoy gordo?— preguntó y deseé asesinar a Siwon, quien reía por lo bajo junto a Changmin, del cual era pareja desde hacía unos meses.
—No, enano, estás bien...
—Bien redondo— me interrumpió mi mejor amigo con voz cantarina, jugueteando con las hebras claras de Siwon y se echaron a reír. Todos rieron, incluso Hyde, quien se suponía debía ser solidaria con su hermano adoptivo.
— ¡Estoy gordo!— insistió mi pequeño haciendo uno de esos mohines infantiles que me enloquecían y sentí la necesidad de darle un beso, mas, me apartó suavemente. Me castigaría por los comentarios de nuestros grandes amigos — ¡Es tu culpa Yunho, éste bebé es igual de enorme que tú! ¡Es tu culpa que sea un enano gordo! Parezco una sandía— sollozó.
— ¡Dejen al gordito en paz, par de gorilas y váyanse a follar en los baños, que eso sí que saben hacerlo!— exclamó Hyde con ése tono masculino que le caracterizaba, procurando contener la risa que brotaba de su garganta.
Sí que se divertían a costa de mi pobre chico.
Jaejoong le dirigió una mirada acusadora y señalándole con el índice respondió: — ¡Te odio, Hyde! Eres muy malo conmigo. Ella le abrazó y mientras le besaba en la coronilla susurró que lo lamentaba. No volvería a hacerlo.
Después del pequeño incidente, la tarde se convirtió en una amena velada y una pijamada infantil en la que cada uno deseaba sentir los movimientos de mi hijo y hacer preguntas respecto a cómo se sentía ser hombre y llevar un bebé dentro.
Siwon y Changmin hacían apuestas acerca de lo que sería al crecer. Uno insistía en que sería futbolista o al menos lo practicaría mientras estudiase, como nosotros y el otro en que sería corredor de autos. ¿Corredor de autos? ¡Pero qué tontería! Sin embargo, Changmin explicó que él, como el mejor tío del universo, le convencería de que lo fuera.
En ése instante me hice un recordatorio: No permitir que Changmin se quedara a solas con mi hijo o le llenaría la cabeza con sus descabelladas ideas sobre las carreras de autos.
Y Jaejoong no hacía más que reír alegando que ambos perderían ésa tonta apuesta, ya que, Junho, sería amante del arte, como él.
La verdad no me interesaba lo que fuese en un futuro, siempre y cuando le hiciese ciertamente feliz. No pedía más a la vida. Mi bebé se desarrollaba perfectamente, mi pareja ya toleraba los alimentos y no los devolvía con demasiada frecuencia, los desmayos habían pasado a la historia y su semblante rebosaba de salud y color. Había vuelto a ser ése muchachito del cual me enamoré y al que amaba cada día más y más.

Ésa noche, mientras todos dormían, escuché sonidos en el baño de la planta inferior que reconocí fácilmente. Busqué por el lugar a mi par de amigos  que inesperadamente-para los demás-se habían vuelto una pareja consolidada y no los encontré. Sonreí negando con la cabeza y volví junto a Jaejoong, quien parecía extrañarme, pues, me buscaba insistentemente con la mano en la cama. Hyde se había quedado junto a Yunhye en su recámara, ya que por ser ambas mujeres, era lo más conveniente y Siwon dormiría junto a Changmin en la habitación de mis padres, puesto que, ambos se hallaban en un hotel recuperando el tiempo perdido.
No era la primera vez que les encontraba en semejantes condiciones, pero, eso ellos no lo sabrían jamás y así estaba bien. Creo que siempre han sentido un particular gusto por los baños. En la universidad solían hacerlo frecuentemente en las duchas, eso todos lo sabíamos. Supongo que aquella manía era obra de Changmin; Siwon, pese a ser un amargado, anarquista e impulsivo, era un poco más recatado que su pareja.
Sí, lo de los baños era una parafilia de mi amigo y en el fondo, agradecí que lo hicieran allí y no sobre la cama de mis padres.


Las semanas siguientes los cuidados de mi padre en lo que concierne a Jaejoong, aumentaron potencialmente. Ya había entrado en el octavo mes y si todo salía como papá lo tenía previsto, no sería necesaria una cirugía para que mi hijo naciera. Eso me llevó a preguntar ¿Por qué parte de su cuerpo saldría mi bebé? A lo que mi padre respondió con las palabras más perturbadoras que pudo pronunciar: “Por donde entró, es lo lógico, hijo”. No lo imaginaba, me parecía doloroso, aterrador y macabro, no obstante, mi padre me hizo entender que su cuerpo estaba hecho para eso y si él estaba allí, no había por qué temer. Se encargaría de que Derek sufriera lo menos posible y eso me tranquilizó...