miércoles, 2 de abril de 2014

Capitulo 4 - (Una Vida a tu Lado)

CAPITULO 4

La mañana llegó silenciosa y por alguna razón que desconocía en aquel tiempo, sentí mi cuerpo más ligero y mi corazón había dejado de doler agónicamente como lo había venido haciendo esos dos meses. Me sentía libre de unas ataduras invisibles que no me permitían avanzar y eso me reconfortó. Me incliné un poco y me topé con la bonita cara de Jaejoong reposando sobre mi abdomen. Nunca antes lo noté, pero, dormía en posición fetal y eso me enterneció. Era como un pequeño inseguro en busca de calor humano y protección. Medité unos instantes y resolví que iría a hacerle compañía más seguido; cada dos días, tal vez. Y también pensé en obsequiarle uno de esos conejos de peluche enormes para que durmiera abrazándolo. Sonreí bobamente de sólo imaginar lo contento que se pondría. Ciertamente estaba enamorado hasta la médula y eso en lugar de molestarme, me hacía sentir tremendamente feliz. Le acaricié las mejillas y murmuró algo similar a mi nombre, me pregunté qué estaría soñando. Anisé saberlo y cuidarle eternamente. Ése era un pensamiento recurrente: Hasta que la muerte nos separase. ¿Se habría sentido mi padre de ésa forma con respecto a mamá? ¿Ella habría despertado en él todo lo que Jaejoong avivaba en mi interior? Supuse que sí, ya que papá, en una oportunidad dijo que apenas la vio en aquél café, supo que era la mujer de su vida y eso era lo que sentía por Jaejoong. Él era la persona junto a la que deseaba amanecer cada día de mi existencia. Pero todavía era joven ¿cómo saber que no me equivocaba? ¿Cómo saber que no eran meras fantasías de un jovencito ilusionado? La contestación llegó al verle despertar. Cuando sus ojos somnolientos se posaron en mí y su rostro se iluminó con aquélla sonrisa enorme, fui consciente de que no era un error ni una fantasía. Le amaba más que a mí mismo y eso bastaba para saber que si él me aceptaba, compartiríamos el resto de nuestra existencia.


Mi novio se incorporó lánguidamente, tal como si no quisiese hacerlo, y sus mofletes se llenaron de un delicioso color rosáceo que le tornó fascinante. —Sigues desnudo— dijo y me percaté de que no me había colocado nada la noche anterior, posiblemente porque había caído rendido ante el sueño después de tanto llorar.


—Tengo esto, por lo tanto, no estoy desnudo..., enano— refuté halando la liga de mi ropa interior y él infló los cachetes simulando un puchero.


—Que no soy enano; tú eres enorme, ya dije— miró por la ventana de la habitación y exhaló. —Llueve. Me gusta la lluvia, me hace pensar en los momentos felices junto a mamá.


Imité su gesto y le abracé besándole en el cuello. Le sentí tan indefenso y frágil. Como una figurilla que puede quebrarse si el viento sopla con demasiada fuerza. Sus dedos se enredaron en mi cabellera negra y suspiró nostálgico. De nuevo estaba triste, creí que era la época, deduje que lo ocurrido con su padre había sido por ese tiempo y por ello le abatía el desconsuelo. —Hoy no iremos a clases, me quedaré contigo hasta que te sientas mejor.


— ¿Y tu familia, qué les dirás?


—Suponen que estoy con mi “novia”— Jaejoong resopló y giré su cuerpo para enfrentarle. Junté nuestros labios con delicadeza y escondí su rostro en mi pecho. —hablaré con ellos apenas regrese a casa, pero por ahora, tú eres mi prioridad.


— ¿Por qué?


— ¿No es evidente? ¡Porque te amo!


Él rió dulcemente y murmuró un “Yo te amo más” que me conmovió. Sí, era como un niñito en busca de amor y yo se lo daría. No podría ocupar los lugares de sus progenitores ni cambiar su historia; no obstante, me era posible pintarle un futuro distinto a mi lado. Uno en el cual estaríamos ambos y nadie le lastimaría jamás, puesto que no tenía pensado permitirlo. Le cuidaría de todos y le ayudaría alcanzar las metas que se había trazado.


Jaejoong fantaseaba asiduamente con formar una familia numerosa; ésa que no tuvo debido a los eventos que anhelaba dejara atrás. Frecuentaba decir que sus hijos serían unos niños preciosos, buenos, amables y por lo demás, dichosos. Tan felices como él no pudo serlo y aunque la idea en absoluto se había cruzado por mi mente antes, empecé a entusiasmarme con ello. ¿Qué se sentiría ser llamado padre por un ser pequeñito e indefenso al cual amarías sin reparos? Por obvias razones, pensaba que nuestros futuros hijos serían adoptados y eso no me molestaba; no siempre y cuando Jaejoong se encontrase esperándome en ése futuro no planificado. Si no era a su lado, no me apetecía nada más que culminar mis estudios y transformarme en un aburridísimo hombre de negocios. Él iluminaba mi espíritu antes confundido, con una sonrisa, con un gesto diminuto para el resto de la humanidad, pero que para mí representaba más de lo que con palabras puedo expresar, pintaba de colores mi entorno y eso me fascinaba. Me atraía cual polilla a la luz. Comprendía que todo tomaba sentido cuando él me miraba y murmuraba silenciosamente un “te amo” que me hacía reír de felicidad.


Y cada vez se hacía menos fácil no estar a su lado.





Mientras me vestía, la lluvia se incrementó y el cielo tronó espantosamente haciendo que Jaejoong se aferrara a mí con fuerza e invadido por el miedo. Siempre le habían asustado aquéllas cosas. Le recogí el cabello en una coleta alta y le besé en la frente, tomándole de la mano para ir a la cocina a preparar el desayuno. No planeaba marcharme hasta que se hubiera calmado al menos un poco. Y si era franco, no quería irme, mas, tenía asuntos pendientes por resolver que ya no podían esperar, entre los cuales se hallaba reconciliarme con mi melliza. No me era posible estar disgustado con ella por demasiado tiempo; aunque en éste caso, era YunHye quien estaba enojada conmigo debido a mi decisión. Ella no comprendía mi sentir y eso me acongojaba.YunHye siempre fue una muchacha empática, en especial conmigo. Pero, para ése momento, se negaba a escuchar motivos, cerraba esos ojos idénticos a los míos para no ver la realidad y se tapaba los oídos para no escucharme. Me ignoraba, me hacía a un lado en su vida y repudiaba a Jaejoong, quien era el más afectado por mis actos. Mi hermana no tenía conocimiento de cómo sucedieron las cosas, no sabía lo que yo había hecho y me horrorizaba decirle, mas ¿no significaba mi silencio una razón más para que ella le odiase? Yunhye presumía que Jaejoong había terminado por seducirme. Afirmaba que mis sentimientos hacia él no eran más que el producto de una horripilante confusión y que pronto pasaría, pero ¡cuán equivocada estaba! Eso jamás sucedió y por el contrario, mi amor fue en aumento. Cada vez le amaba más y más. Mi mundo se reducía a su sola presencia, a su contacto, a su voz y para él no era distinto. Estábamos hechos el uno para el otro.





Mientras desayunábamosn Jaejoong me miró disimuladamente y una vez más sus cachetes se pintaron de un delicioso carmín que se me hizo apetecible. Como dos cerezas maduras. Me pregunté el porqué de su nerviosismo y me di cuenta de que su peculiar comportamiento tímido y sumiso (Ya que por lo general acostumbraba a ser un muchachito alegre y juguetón) se debía a que antes no habíamos dormido juntos, en la misma cama y abrazados. También me sentí avergonzado y no pude sostenerle la mirada. Él acercó sus manos y sus finos dedillos se pasearon por mi tez, recorrieron cada rincón y se detuvieron sobre mis labios entreabiertos los cuales besó con una parsimonia abrumadora. Me torturaba y lo hacía aún a sabiendas de que eso no sería nada favorable para mi cordura mojigata. Jaejoong sabía que en mí había una lucha interna entre lo bueno y lo malo, lo correcto y lo erróneo. Entre mis demonios y sus acusaciones y mi espíritu y el amor que sentía hacia él.


Era cruel, demasiado cruel.


Sus labios se torcieron en un amago de sonrisa y me batió la cabellera dispuesto a retirarse hacia la habitación que ocupaba como taller de pintura. Le seguí y apoyado en el marco admiré sus obras. Todas eran perfectas, únicas y maravillosas, impregnadas de ése “no sé qué”, que las volvía misteriosas y atractivas. Mis orbes se fijaron en el cuadro que realizaba y mi estómago se estremeció. Pintaba al Yunho que vio por primera vez. Era yo, sonriéndole con amabilidad y extendiéndole el cuaderno que contenía los apuntes, sin embargo, algo faltaba..., y es que él no estaba en la escena y eso no me agradó ni un poco.


— Tú no estás ¿por qué? Sabes que la escena no estaría completa si faltas tú— musité y Jaejoong se giró para enfrentarme con ése apocamiento que no le abandonaba. Titubeó unos segundos y no contestó por más que insistí en inquirirle. Ésa actitud me asustaba ¿Sería que mi presencia le era embarazosa?  Quizá le estaba asfixiando y necesitaba su espacio de vuelta. Posiblemente yo le hacía sentir incómodo y ésa era su manera de pedirme que me marchara o a lo mejor, me estaba ocultando cosas importantes y mi obligación era quedarme hasta que resolviera contármelas. Fuese como fuese, no me moví para otra cosa que no fuese abrazarle y hundir mi nariz en su cuello, depositar un beso tenue y mordisquearle hasta oírle gemir por lo bajo. Me junté más a su cuerpo tomándole de la cintura, y cerró los ojos para no observarme. No lo razoné más, sencillamente volví a besarle, en ésta oportunidad tan apasionadamente que jadeó entre nuestras bocas y coló las manos dentro de la franelilla azul que cubría mi torso.


Oh no, eso no era nada bueno y mi mente me reprendía por ello. La conciencia me gritaba lo mal que estaban las cosas y lo que iba a suceder y yo tenía dos opciones: soltarle y huir como siempre o dejarme arrastrar por ése remolino de emociones y sentimientos encontrados. ¿Qué haría? No tenía ni la más remota idea.


Le cargué y él se aferró a mí con las piernas. Caminé torpemente hacia su dormitorio y cerré la puerta al apoyarme de espaldas sobre ésta. Nuestras miradas se toparon y deduje lo evidente: Jaejoong me concedía su permiso para hacerlo. Y yo de igual modo lo quería, lo necesitaba más que nada. Anhelaba su cuerpo pequeño y menudo bajo el mío, gimiendo y pronunciando mi nombre como la última vez, cuando me atreví a proporcionarle placer con mis labios. No había por qué dudar ni volver atrás.


Lo tumbé sobre el colchón y me situé encima de él. Le vi sonreír y asentir seguro de sí mismo. No requerí más que eso para levantarle la camisa y emprender lo que sería nuestro viaje sin retorno.Jaejoong sería mío y yo suyo eternamente. No había más que pensar ni decir. Mis labios se encontraron con sus pezones rosados y hermosos; sin meditarlo dos veces mordí uno y su cuerpo se estiró por instinto natural. No dije nada ¿Qué iba a decirle? Y la verdad, los nervios me mataban. Jugueteé con ellos trazando círculos alrededor y halándolos de cuando en cuando, descendí trazando un húmedo camino con la lengua y unos murmullos inentendibles se hicieron presentes. Iba por buen camino evidentemente. Le desabroché el pantalón y me percaté de lo excitado que se hallaba cuando noté su erección.


Ambos estábamos en la misma condición, me dije cuando mi entrepierna punzó.


Le dejé completamente desnudo y él me miró diciéndome sin palabras que deseaba que yo lo estuviera por igual. Obedecí a sus silenciosas órdenes y me desvestí frente a Jaejoong, que no cesaba de admirar mi cuerpo plagado por la vergüenza. Era tan precioso. Retorné a su cuello y lo sellé como mío. Fue un pensamiento egoísta, lo acepto; él era mi novio no un objeto, pero quería que todo el que le viese supiera que su corazón poseía un dueño y ése era yo. Jaejoong no lo notaba sin embargo, en la universidad había quienes desde hacía mucho tenían sus ojos puestos en su persona y eso no me agradaba para nada. Y con todo, repartí marcas a lo largo de su piel: en su pecho, hombros, abdomen y muslos. Él llevaría mi nombre tatuado para siempre, me encargaría de ello.


Mis manos transitaron sus piernas y mis labios les siguieron sin objeción alguna ¿Y para qué las pondría? ¡Le haría el amor al muchacho que se robó mi corazón de una manera insólita! Hubiese sido estúpido oponerse, el sólo hecho de pensarlo era ridículo. Succioné cerca de sus genitales y él jadeó ronco, sensual, como una fierecilla en celo que reclama atención. Repetí la acción sobre sus gemelos y explotó. Fue hermoso escucharle pedir aquello con un hilillo entrecortado de voz. “Por favor, Yunho, quiero sentir tu boca como la última vez..., por favor”. ¡Oh, Dios! Eso fue lo más erótico que pudo haberme dicho y bastó para hacerme perder el control de un instante a otro. Envolví su virilidad con mi mano, dedo por dedo y comencé con un suave vaivén que pareció encantarle. Presioné la lengua en su glande y la deslicé hacia abajo; la moví trazando pequeños círculos en su bálano y mi cabeza fue empujada fuertemente. Contuve las ganas de toser y me acostumbre a ello. Jaejoong estaba ansioso ¿Y para qué negarlo? Yo lo estaba todavía más. Me erguí para admirarle y me encontré con sus ojos cuajados por las lágrimas. Las enjugué y besé su frente. Él murmuró un “ya no lo soporto”, y confirmé moviendo la cabeza de arriba abajo.


Me ofreció sus dedos y los lamí hasta que estuvieron completamente mojados. Lo siguiente que vi, me estimuló todavía más: Jaejoong se estaba preparando él mismo para mí. Ciertamente, yo no habría sabido cómo hacerlo; él era consciente de ello y por ése motivo me mostró como debía efectuarlo en un futuro. Me pidió que escupiera en lo que hasta ése momento (y para mí) no era más que una salida y no una entrada y prosiguió con la preparación, mordiéndose el labio inferior por momentos. Cuando estuvo listo, fue él quien colocando las piernas sobre mis hombros me indicó que era mi turno de seguir adelante con que habíamos emprendido.


— ¿Estás seguro de esto?— cuestioné sintiéndome un completo imbécil ¿No era evidente? ¡Ambos lo deseábamos! Y aún así, creí que mi deber era cerciorarme.


Jaejoong dejó relucir una amable sonrisa —Lo estoy ¿Lo estás tú también?


—Sí— murmuré y sujetándome de las sábanas me adentré poco a poco en su cuerpo. Jamás imaginé que pudiera sentirse tan bien ¡Joder, era diez veces más apretado que con una mujer! Y eso me estaba conduciendo al delirio. Me hacía perder la razón de vez en cuando y me hacía ansiar un poco más. No, mucho más. Hacerlo siempre que nos fuera posible. Estar junto a la persona que amaba, tan simple como eso.


Él gimió súbitamente y eso me hizo pensar que había hecho algo que le gustaba. El sexo con un hombre no era mi especialidad y hasta ése minuto, me consideré a mí mismo un muchacho virgen. Y de una manera lo era, por más grotesco que pueda sonar. Jaejoong, se aferró a mí mientras bajaba las piernas y las separaba para profundizar el contacto —Allí— gimoteó y se pegó cuanto pudo a mi hombría. Eso fue maravilloso. Creí que moriría en ése minuto y el orgasmo estaba a la puerta. Aquella sutil oscilación se tornó intensas arremetidas y acabé vaciándome en él como no lo había hecho antes. Tomé su miembro y le estimulé hasta que él llegó al clímax manchando su vientre con ésa sustancia blancuzca y viscosa. Caí desplomado sobre su cuerpo agitado y le cobijé en mis brazos.


—Estoy tan feliz— sollozó y se escondió en mi pecho. Lucía tan indefenso y cansado. Tan maravilloso que mi corazón se estrujó de felicidad pura. Yo también estaba feliz. —Creí que te asqueaba tocarme o..., que el miedo te ganaba, pero ahora...


—Jamás vuelvas a pensar cosas como ésas, no podría sentir repugnancia por ti aunque lo quisiera. Te amo, enano llorón. Eso es todo.


— ¡Que tú eres enorme!— repuso y una carcajada escapó de su boca —También te amo— suspiró e invirtió posiciones, quedando de ésa forma, encima de mí, con la cara entre mi hombro derecho y mi cuello, el cual besó y se dispuso a dormir unas horas. Tiempo que permanecí en vela, cuidándole. Extraviándome en el perfume de su cabello mezclado con el sudor de nuestros cuerpos. Vigilé sus sueños y cada vez que Jaejoong despertaba para cerciorarse de que continuaba allí, le sonreía y él volvía a descansar. Le escuché llamarme en medio de murmullos tantas veces que mi alma olvidó hasta su nombre y reí de lo que decía inmerso en el mundo de Morfeo.


“Te amo, Yunho ¿Me amas tú?”.


No contesté, pero cuando despertó horas más tarde, le hice el amor nuevamente.


¿Qué si le amaba? ¡Claro que lo hacía y con cada fibra de mi ser! Sin embargo, eso sería algo que le demostraría con hechos y no con palabras que le viento se llevase a dondequiera que fuese...


martes, 1 de abril de 2014

Before I Go


Título: Before I Go


Autor: yunjae_hlub


Couple: YunJae, Jaechun


 Género: Drama, Angustia


 Longitud: 2/2


 Rating: PG 13



Resumen: 

Yunho y Jaejoong eran pareja, pero un día Yunho deja a Jaejoong  por una razón inexplicable.
Al quedarse solo , y con  el corazón roto,  Jaejoong finalmente sigue adelante y encuentra una pareja.

Después de tres años Yunho regresa para ver a su ex pareja, sólo para descubrir que Jaejoong esta comprometido.

Qué sorprenderá mas a  Yunho, el que Jaejoong  este a punto de casarse  o el que la persona con que la que se casará no sea mas que  Park Yoochun, su mejor amigo desde el momento en que él se encontraba lejos de Jaejoong.

Yunho no merece perdón de Jaejoong, después de todo él fue el quien lo dejó en primer lugar. 

Pero Yunho sólo desea pasar  un poco de  tiempo con Jaejoong antes de irse.
¿Va a conseguir que le de una última oportunidad o es demasiado tarde para los dos?

Nota :

Este fanfic no es mio , yo solo lo estoy traduciendo.



Capitulo 3 - (Una Vida a Tu Lado)

CAPÍTULO 3

Jaejoong, pese a ser un muchachito sumamente alegre y jovial; muchas veces se volvía taciturno, esquivo con la mayoría de las personas, en especial los hombres que le superaran en estatura y edad; excepto conmigo y eso era algo que no pasaba desapercibido ante mis ojos ¿Qué me escondía tan celosamente? ¿Qué era eso que le entristecía hasta hacerle perder el interés por las cosas que adoraba? Yo lo notaba, algo me decía que mi novio no se encontraba para nada bien, que lloraba en silencio, que sufría como nunca y mi deber era ayudarle, mas ¿Cómo hacerlo si llegaba a cerrarse a mis palabras? Se encerraba en su cajita de cristal y escondía la llave ¿Qué haría? ¿Romperla tal vez?  Me sentía confundido ¿Por qué no confiaba en mí como profesaba? ¿Por qué no me expresaba con palabras lo que le abatía? ¡Yo no era un inútil, joder! Era capaz de ayudarle o morir en el intento; sin embargo,Jaejoong se alejaba más y más y eso me lastimaba como nada ¿Qué sentido tenía aceptar mi nueva realidad como bisexual y luchar contra el universo entero si la causa de mi cambio me hacía a un lado cruelmente? Era injusto, demasiado injusto y desgraciadamente empecé a alejarme igualmente hasta que nos transformamos en simples conocidos; no éramos amigos siquiera. Él no me miraba a la cara y yo no le saludaba, tampoco iba a buscarle a su modesto y solitario departamento, no le llamaba por las noches y dejé de posar para él como había tomado por costumbre. Nos convertimos en seres ajenos que compartían una mesa en el aula y se limitaban a respirar del mismo aire porque Dios así lo disponía.

Y se hacía amargo mirarle día a día tan solo, cabizbajo y... abatido.
Quería acercarme ¡juro que lo pretendí! No obstante, al verme, se iba corriendo y me dejaba con las palabras en la boca ¿Qué le había hecho? ¿Por qué no deseaba ni verme? Una idea cruzó mi mente cual estrella fugaz y mis ojos se llenaron de lágrimas ¿Sería que aún no me perdonaba eso? ¿Sería que lo estuvo intentando y no le fue posible? Debía ser eso, sino ¿Qué? ¿Qué más?

Mi existencia se volvió un caos ¡una maldita pesadilla de la cual suplicaba ser despertado! Yo..., en verdad le extrañaba, ansiaba perderme en sus cuenca oscuras y aspirar de su aliento con fragancia a menta, besar sus labios y rozar su piel tantas veces como me fuera posible. Dormir en su pecho. Que me dijera que me amaba una vez más. ¡Que me obligara a besar asimismo al jodido perro si lo deseaba, pero que me hablara! ¿Cuándo volvería a quererme? ¿Cuándo sería mi novio como antes? No habíamos terminado y aún así, mi espíritu ya lo sabía: no existía nada más entre nosotros. Y eso me deprimía.  Llegué, incluso, a enfermarme, pero no me importó ¿Qué sentido tenía? Jaejoong no me amaba y me sentí defraudado ¿Dónde había quedado ése “te amaré por siempre”? ¿Es que ya no era el hombre de su vida? ¿Tan poco habían durado sus sentimientos? ¿Dos meses? ¡Dos insignificantes meses!
— !Jung!— gritó mi-en ése tiempo-entrenador, sacándome así de mis cavilaciones mentales — ¡Corre, te estás quedando atrás! ¡Corre, maldita sea, muchacho! ¡Mueve ése jodido trasero! ¿Qué mierdas te sucede,Yunho? ¡Corre!— 

Le escuché vociferar un sinfín de maldiciones e intenté obedecerle ¡ése hombre era mi héroe! Jamás hubiese hecho algo que le decepcionara, sin embargo, las fuerzas me fallaban y mi vista se nubló hasta convertir todo el panorama en nada más que sombras. La voz de mi hermana se hizo presente como un gritillo agudo y lejano ¿qué me sucedía? Todo me estaba dando vueltas, mi cabeza dolía como en la vida lo había hecho. Junté los párpados al sentir mi cuerpo demasiado ligero como para mantenerme de pie. Me era imposible pensar y un horroroso zumbido se apoderó de mis tímpanos ¿Era eso la muerte? ¿Es que iba a dejar de existir? Sentí terror y el frío se apoderó de mis huesos débiles.
›› Negro, negro..., silencio, oscuro; negro. ¿Qué era eso? ¿Qué ocurría? En ése instante todo se hacía sumamente confuso y por más que luchaba, no me era posible levantarme. “¿Ha comenzado a llover? “, me pregunté estúpidamente. Ésas gotas tibias sobre mi rostro ¿Qué eran? ¿De dónde provenían? Aspiré moverme y poder averiguarlo. Esas manos en mi cara ¿De quién eran? Al fin mis párpados cedieron y me permitieron volver a ver lo que sucedía a mi alrededor. ¡Jamás estuve tan feliz de haberme desmayado como lo hice! Creí como un pequeño insulso haber llegado al cielo ¿Era un espejismo inhumano esta vez? ¿Alucinaba, posiblemente? De ser eso, no quería ser despertado.

— ¡Gracias al cielo!— repetía Jaejoong entre sollozos, ayudándome a sentar y aferrándose a mi cuello con tanta fuerza que respirar se volvió casi imposible y con todo, me sentí dichoso de que él me asfixiara como lo hacía; sin procurar soltarme.

Aquella cálida lluvia habían sido sus lágrimas; siempre he detestado verle llorar y aún así, en ése minuto no codicié más que su llanto ahogado en mi pecho y esos pequeñísimos besos que depositaba en mi rostro pálido debido al incidente y la falta de descanso.

Los miembros de mi equipo nos observaron asombrados, sin embargo, no me importó. Él estaba allí, sollozando cual niño por mí ¿Cómo ignorarle? No era posible. —Mi amor— dijo y mi mundo se llenó de colores ¿Había escuchado bien? 

Le tomé del mentón y junté nuestros labios, no sé cuánto tiempo, pero fuimos interrumpidos por un gruñido por parte del entrenador quien me miraba como si siempre lo hubiese sabido ¿Es que tan evidente era? ¿Y qué importaba? ¡Era mi vida! Con todo, él no parecía enojado y eso me alivió.

Desvié la mirada y me topé con unos orbes tan negros como los míos. Detrás de Jaejoong se hallaba YunHye, mi hermana menor, mi gemela. Le sonreí con timidez y ella me dio la espalda. Las cosas no estaban bien, fui consciente de ello y... resignado caminé a la enfermería apoyado de mi novio bajito y debilucho. Si YunHye me apoyaba o no lo hacía, no era mi problema. Era su deber entender que mi relación con Jaejoong no era ningún juego infantil como lo catalogó cuando se lo confesé.

“No le diré nada a nuestros padres, puesto que es tu responsabilidad, pero escúchame bien hermano ¡no apruebo ésa estúpida relación! ¡Por Dios, date cuenta de que sólo estás confundido; no eres homosexual!”, ésas fueron sus palabras y no saben cuánto me hirieron ¿Mis sentimientos un error? ¡Ella qué sabía! nada ¡nada! Desde ése día se distanció de mí; ya no era mi melliza, sino una conocida más entre la multitud.

Me sentía completamente solo sin ella.
Pero Jaejoong había vuelto a mí y eso aminoraba mi malestar. No pregunté nada, tampoco le reproché. Lo que realmente me concernía era que él había regresado y no había dejado de amarme ni un poco. Continuamos siendo nosotros dos contra el mundo. La dicha retornaba a pasos agigantados y me abrazaba con fuerza hasta fundirse con mi alma golpeada por las circunstancias.

Volvimos a la cotidianidad, con la gran diferencia de que ahora muchos sabían que algo más pasaba entre los dos. Las miradas indiscretas y los comentarios nos lo hacían saber y Jaejoong sentía miedo, le aterraba la sola idea de que me expulsaran del equipo-siendo yo el capitán y mejor jugador-, que los que se hacían llamar mis amigos me dieran la espalda y me sometieran al escarnio público. Le asustaba pensar que un día me harían daño por ser distinto. Que me harían lo que yo le hice..., eso último, nunca lo dijo y con todo, pude deducirlo. Pero yo no era tan débil, no permitiría que nos pisotearan ¡Nadie lo haría mientras yo viviera! Y eso pareció calmarle.

No obstante, ésa melancolía enfermiza no le dejaba en ningún momento y no sabía qué hacer ¿Cómo debía actuar? Lo único que se me ocurrió fue visitarle de sorpresa en su departamento y cocinar para él. Algo planearía después. La sonrisa en el semblante taciturno de mi novio brillaría más que antes.
—Jaejoong— musité mientras cortaba un par de cebollas y él, recargado de la pared, bebía un poco de leche achocolatada — ¿Cuánto mides?— claramente conocía la respuesta, mas quería hacerle enojar. Sus mejillas se abultaron y desviando la mirada con resentimiento, seguramente sabiendo mis intenciones bufó un casi inentendible “te odio”, que me hizo carcajear. Su estatura fue algo que siempre le acomplejó. Era un chico precioso, delgado, de facciones finas y... enano. Una cosita encantadora, si me lo preguntan.
—Un metro setenta y dos centímetros— masculló hundiendo la cara, apenado, en el suéter negro que le obsequié y nunca se quitaba.
—Eres tan bajito.
— ¡No te rías, Yunho! No soy bajito ¡es que tú eres enorme, eso es todo!
—No soy enorme, tengo una estatura normal. ¡Tú eres un enano!
— ¿Normal?— contestó con dramatismo, señalándome acusadoramente — ¡Mides un metro ochenta y nueve! ¿Eso es normal? ¡Normales mis pelotas!
—Que son muy bonitas, por cierto. Igual que todo lo demás— y lo conseguí, se quedó mudo y ruborizado hasta las orejas. Como un cachorrito al que reprendes y no encuentra cómo disculparse contigo. Murmuró algo parecido a un “Cállate” y salió de la cocina hecho un mar de nervios ¿Tanto le avergonzaba? ¡Quién le entendía! Un día quería que le hiciera el amor y al otro le daba vergüenza que hablara de su cuerpo. Eso de cierta manera me causó gracia. Jaejoong aún no terminaba de crecer y me agradó la idea ¿Qué se sentiría vivir junto a él y ser testigo de su crecimiento tanto físico como profesional y emocional? Lo averiguaría. Él sería ésa persona con la que compartiría mi existencia hasta entonces sin sentido aparente.

La cena transcurrió entre bromas por parte de ambos y su risilla alegre ¡También lo había logrado! Jaejoong sonreía otra vez, como antes, como nunca debió dejar de hacerlo y algo cálido se apoderó de mi corazón. ¿Cuánto era capaz de amar a ése muchacho? ¡Más que a mí mismo, eso era evidente! Y reflexioné en la idea de hablar con mis padres ¿Para qué esperar más? Era una bomba de tiempo, lo sabrían tarde o temprano y lo más conveniente era que yo me sincerara, que les dijera que estaba perdidamente enamorado de otro hombre. De uno fantástico y talentoso; dotado con los sentimientos más hermosos, de una belleza abrumadora y un carácter encantador.

No sé cómo llegamos a eso, no obstante, en un abrir y cerrar de ojos, me encontraba en ropa íntima, sentado en una butaca, siendo retratado por él a las diez de la noche. Ésa era la tercera vez que me quedaba a dormir con Jaejoong. Aunque, claramente, yo lo hacía en el sofá.

Aquélla noche, extrañamente, se hallaba de mal humor ya que el dibujo no le quedaba perfecto como pretendía, y si cometía el fatal error de moverme un milímetro nada más, se dedicaba a gritar e insultarme brutalmente intentando imponer su voluntad a toda costa. Y no me quedaba de otra más que soportarlo, puesto que de haber dejado escapar mi carácter le hubiese lastimado y eso era lo último que quería en la vida. Mas ¿Por qué estaba así? No lo sabía él jamás gritaba de ésa manera y me preocupaba ¿Qué le pasaba al niño que conocía? ¿Dónde estaba Jaejoong, mi Jaejoong, el chiquillo al que adoraba como a nadie en el mundo? Que alguien me dijera qué acontecía con él porque mi paciencia empezaba a escasear y eso era malo. Realmente malo.

Mientras Jaejoong iba al baño me dispuse a estirar los músculos y revisando sus cosas, encontré su cuaderno de dibujos, quedé impresionado con lo que vi. Estaba lleno de montañas, cielos, lunas y estrellas, sin embargo, eso no fue lo que capturó mi atención; había un bosquejo que se repetía perturbadoramente: era un niño de cabello negro, llorando en posición fetal y siendo acorralado en un rincón lúgubre por una sombra gigantesca de blanca sonrisa demoniaca y aterradores ojos amarillos. De inmediato supe lo que significaban, pero no iba a presionarlo, él debía contarme.
— ¡Qué coño haces!— me gritó molestísimo. No pude hacer nada aparte de estrecharlo entre mis brazos y acariciar su suave cabellera. Él comenzó a llorar como nunca hundiendo sus uñas en mi espalda desnuda. Eso era lo que le tenía alterado, estuve seguro de ello al escucharle hipar sin poder detenerse.
—Él— comenzó a repetir como un pavoroso mantra y todo dentro de mí se desestabilizó ¿Sería posible que alguien más le hubiese hecho eso antes? Y me sentí como el maldito que era y pretendía dejar de ser.
—Jaejoong— jadeé amargamente. —Yo..., yo... ¿ya había sucedido antes?— le vi afirmar con la cabeza y me invitó a la habitación. Tomamos asiento en la cama y comenzó con su relato:
›› Cuando tenía diez años comencé a sentirme diferente. Mamá decía que yo era especial y que un día me diría el motivo, pero eso más que animarme causaba en mí una profunda inconformidad, una amargura increíble. Yo no quería ser especial, por lo que me encerraba horas a pintar y dibujar, como ahora. A mi padre no le gustaba, sin embargo, mamá me apoyaba en todo y eso era lo único que me interesaba. Si ella estaba conmigo, entonces yo lo podía todo ¡todo!... Recuerdo que él solía llamarme marica, monstruo. Siempre decía que “Hubiese deseado tener un hijo normal. 
Un niño de verdad”, y no lo entendía, aún a éstas alturas no lo hago. Casi siempre me golpeaba, mas en lugares donde ella no pudiera ver las marcas— hizo una larga pausa, respiró profundo y entre dolor y angustia prosiguió: —Una noche mientras mi madre iba a una de ésas reuniones de amigas, él entró a mi habitación y después de pegarme y hacer trizas todo mi trabajo... Él..., él... Mi padre— su llanto tenue se volvió amargos lamentos y mi sangre se heló. Me miró e hizo una mueca simulando una sonrisa —Después de aquello— continuó diciendo —me deprimí al grado de querer morir siendo un niño y entonces mi madre comenzó a sospechar; lo que ella jamás imaginó es que había sido su esposo... Mi progenitor. Fue horrible ¿Sabes?  Mi padre gruñía cosas horrendas buscando en mí lo que jamás encontraría, supongo que en verdad deseaba una hija y no un error masculino como yo. Él tocaba mi cuerpo y algo en mi interior se quebraba. Ése hombre ya no era mi padre, ése al que a pesar de todo, amaba y cuando lo sentí invadiendo mi carne lloré hasta perder la consciencia...

— ¿Dónde está él ahora?— interrumpí con un nudo obstruyendo mi garganta. Lo comprendía todo, entendía por qué Jaejoonhg había perdonado mi agresión y eso no me hizo sentir menos culpable.
—Muerto... Ése hombre está muerto— bajó la mirada ocultando la cara detrás de su melena suelta —mi madre lo apuñaló cuando se enteró de todo. Ella lo vio haciéndome eso y esperó hasta que él se fuera a dormir para apuñalarlo... doscientas veces y sintiéndose presa del remordimiento y la culpa de no protegerme, optó por suicidarse al cortarse las venas con el mismo cuchillo. Dejándome solo. Después de eso fui a parar a una institución infantil y a los doce años fui adoptado por un matrimonio que me cuidó como a un verdadero hijo, pero yo no los amaba, Yunho, no confiaba en ellos y por eso, al cumplir los dieciocho años compraron éste departamento para mí, como su último gesto de buena voluntad y decidieron desentenderse de lo demás. Por ello vendo pinturas, para poder mantenerme y me ha ido bien..., no puedo quejarme, me da para vivir. Lamento haberte mentido, pero la verdad jamás consideré lo ocurrido con mi padre como un acto sexual. Mi antigua psicóloga decía que continuaba siendo virgen puesto que yo era un niño y no lo deseaba así.

—Entonces— tartamudeé consternado ¿Qué haría? ¡Quería morir! —fue por eso que me perdonaste ¿Porque soy un bastardo igual a ése hombre? ¡Deberías odiarme! Yo..., yo te hice lo mismo y tú...
— ¡No! No lo digas ¡Cállate! Tú no eres como papá; él era malo, él me odiaba y tú..., tú estabas confundido ¡Tú me quieres!
— ¿Cómo puedes saberlo? ¡Por Dios, Jaejoong, casi te mato! ¿Cómo podrías saber lo que sentía o no?
—Porque ésa noche llorabas,Yunho, llorabas sobre mi rostro al hacerme eso. Y decías entre dientes “perdóname, perdóname”. Por eso yo también lloraba y esperé pacientemente que fueras a verme al hospital, quería decirte lo que no pude ésa noche, que todo estaba bien, que te perdonaba. Mi padre jamás se disculpaba ¿Lo sabías? Él me culpaba a mí y reía al violarme, decía cosas asquerosas, me dejaba tirado en la cama, me daba un par de patadas y se iba a fumar. Tú... ¡Tú ni siquiera te atreves a tocarme por el remordimiento! No eres igual y no vuelvas a decirlo jamás.

Creí que no lo había notado, dentro de mí pensé que Jaejoong no se había percatado de que ésa maldita noche en la que me dejé cegar por la ira y la confusión, lloraba al verle tan desvalido y sumiso. Aterrado. Lloraba porque me estaba volviendo alguien que no era y no quería ser y le suplicaba estúpidamente un poco de su perdón aún sin dejar de vulnerarle.

Él me había escuchado y había respondido mis plagarías en ése mismo momento. Pero ¿Yo qué haría? Tenía miedo, sentía asco de lo que era, de quién era. Y abalanzándome sobre su cuerpo le estreché y lloré como nunca suplicándole de nuevo que me perdonara y Jaejoong, con una sonrisa bailando en su rostro me besó en los labios susurrando lo mucho que me amaba, diciéndome que yo le había demostrado que mis sentimientos y arrepentimiento eran genuinos. Que le hacía feliz como nadie, que le había hecho olvidar sus tristezas. Me repitió las mimas palabras hasta que vencido por la fiebre que había vuelto a causa de mi debilidad física y bajas defensas, caí dormido en su regazo.


Jaejoong me amaba y yo me juré hacerle olvidar todo su pasado...