CAPITULO 3
El día siguiente, me desperté algo somñoliento,
que no note como mi esposa trataba de besarme. Como si fuera un insecto la
aparte, por error. Eso no fue algo bueno.
-Lo siento –dije rápidamente. Ella se rió y se levantó.
-Es hora de despertar, desayunamos y luego paseamos ¿ok? –Propuso, hundí
mi cara en la almohada y sacudí la cabeza- vamos, no me hagas esto.
-Mañana, de verdad.
-¿Pero irás? –Pregunto y asentí- levántate y ya –me levante y suspiré.
Me bañe con las ganas de un caracol que quiere moverse en un día agotador.
Al bajar, estaban todos desayunando, Jaejoong parecía
adormilado y tenía una gran sonrisa. Al sentarme me hizo una seña para que me
sentara a su lado, negué y me senté frente a él.
-¡Buenos días! –saludo Boa.
-Buenos días a todos –salude.
Contestaron el saludo y Jaejoong me sonrió, la madre de Boa creyó que
era una encantadora idea hacer un pastel, el pastel estaba delicioso. Los
problemas vinieron a la hora de comer, no es que tuviera mal sabor pero la
forma en que mi “cuñado” lamía la bendita cuchara me hizo pensar en muchas
cosas que no tenían nada que ver con la comida. Excepto por el detalle que
quería comérmelo a él.
Lo gracioso y extraño, nadie más se daba cuenta ¿o eran ciegos? Por
dios, esa visión me estaba provocando calor y tuve que alejar la vista de él.
De seguro había una explicación.
O… yo era tan mal pensado que creía que eso una provocación. Él
seguía en lo suyo y yo no podía dejar de verle, sonrió adorablemente al notar
que lo observaba. Le devolví la sonrisa pensando en cómo demonios ese simple
acto me descontrolaba.
Agradecí y fui directo a la sala, me excuse en un dolor de cabeza. Aún
tenía en la cabeza la rosada lengua y los labios que parecían estar gritándome…
ven, ven.Ok, eso suena loco pero eso parecía.
*
Días después…
Mirando bien la situación de Boa y yo, teníamos mucho en común pero en las cosas
que más me gustaban… no estábamos de acuerdo. Era torturante saber que por el
resto de nuestro matrimonio podríamos tener pequeñas peleas por cosas sencillas
y a la vez, importantes.
Y por casualidad, eran cosas que compartía con Jaejoong. El surf, adoro el mar y sobre todo el sol sobre mi cuerpo cuando estoy
en medio de una ola. Es… de lo mejor, es adrenalina pura, es el paraíso.
El salir por las noches, Boa tenía diferentes maneras sobre el salir por la
noche. A mí me gustaba pasarla bien sin tomar nada, como cerveza, vodka o
whisky. El charlar y bailar… simplemente era suficiente para mí. A Boa no le gustaba bailar, excepto claro cuando estaba muy bebida, al
principio cuando nos conocimos no le preste atención a esos detalles.
Eran mínimos, ahora venían los problemas. Típico, siempre era demasiado
apresurado.
Luego de que me almorzamos Boa me pidió que fuera con ella a dar un paseo, solo
serían unos momentos dijo pero luego se hizo una tortura. Ella insistió en
presentarme con sus amigos, eran agradables, si pero algo no me terminaba de
agradar.
Extraño, porque eran de mi edad y se supone que te llevas bien con los
que están en tu mismo ritmo de vida. Estuvimos paseando por el pueblo hasta que
se hizo la noche, el pueblo era tremendamente aburrido. No entendía como se divertían
allí, fuimos a un bar y luego nos sentamos y tomamos unos tragos.
Sus amigos y ella empezaron a… como decirlo, ignorarme. Temible.
Intente hablar con Boa para despedirnos y luego como no me dijo
absolutamente nada. Me largue. Uno de mis más grandes defectos era ese, ser un
tanto caprichoso.
Cuando salí del lugar me sorprendí al ver como Jaejoong estaba parado afuera, dudaba que estuviera esperándome pero… cuando se
dirigió a donde me encontraba, la idea se fue a la basura.
-¿Te aburriste? –pregunto, sabiendo muy bien la respuesta.
-Eso creo. ¿Tienes algún plan?
-Sí, tengo uno excelente –se acercó y me tomo de la mano, ya de en sí,
el gesto era algo extraño. No me desagradaba pero me preguntaba porque lo hizo-
ven, quiero mostrarte algo.
Me llevo hacia su auto y condujo hasta una cabaña, debía estar cerca de
su casa porque me aseguro que sabía adónde iba. De camino, pasamos cerca de su
casa, solo que entramos por un camino algo apartado de la carretera. La cabaña
era parecida a la casa de Boa, con más pinturas y pocos muebles. Y era pequeña.
-¿Te gusta? Es la cabaña que mis padres me regalaron para que la decore
a mi gusto.
-¿No has hecho nada, verdad? –pregunte al ver como todo parecía estar
desordenado y algo abandonado.
-No pero planeo hacerlo, un día de estos. Ven por aquí –me guió hacia
unas habitaciones que estaban vacías al parecer. Me gustaba lo rústico que se
veía, muy bonito y parecía sacado de una película antigua. Las paredes
resistían el peso del tiempo y las puertas parecían ser de roble, madera buena
al menos.
-¿Por qué vinimos? –quise saber.
-Esta fue la primera casa de mis padres, luego fueron invirtiendo hasta
tener lo que tenemos hoy. Nunca me gusto del todo, hasta ahora le veo el
encanto. ¿Te gusta?
-Es bonita, se ve bien.
Entro a un cuarto, sacó unas sábanas que cubrían los muebles y una
nubecita de polvo se elevó. Me senté a su lado y note que un ligero tono rosa
cubría sus mejillas
Hablamos y hablamos, no sé dónde sacamos tanto tema de conversación pero
no paro de hablar. Yo tampoco quería parar, me sentía a gusto con él, era
agradable y tan… guapo.
-¿Recuerdas a Dara? –Asentí- estamos peleados, intento besarme y
trate de decirle de buena manera que no me gustaba. No conocía esa parte suya,
me grito y me sentí horrible.
-A veces es necesario, por ahora estará así pero luego entenderá.
-Empiezo a creer que tú también pasaste por eso –murmuro. Me reí sin
ganas y asentí- ¡Mentiroso!
-No me gusta recordarlo.
-¿Me lo cuentas? Me ayudaría mucho…
-Cuando estaba en segundo año de universidad conocí a Yoona, era una chica genial –recordé- amable y muy inteligente, no sé en qué
momento fue pero ella un día me dijo que le gustaba y créeme, nunca le di
esperanzas ni nada. Poco después de mi rechazo, se salió de la universidad y no
volví a saber de ella.
-Eso no me animo.
-Te dije –sacudió la cabeza y suspiro- no importa, tenía que pasar un
día.
-Siento recordarte cosas desagradables. Mi intención no era esa
–susurro, me estaba empezando a dormir, sin querer- ¿Estás cansado? Vamos a
casa.
-No, solo… estoy preocupado.
-¿Por qué?
-En realidad, no lo sé –susurre– esto no debería estar pasándome, yo amo
a tu hermana pero… -revele y me detuve, sin saber que más agregar, sin que
suene mal.
-Te diste cuenta que es aburrida y la quieres dejar. Yo te apoyaría.
-Emm no exactamente. Cuando la conocí, las cosas eran diferentes,
últimamente todo lo que creí conocer de ella no está… y eso es…
-Se conocen hace poco, es normal que las cosas no sean iguales –me
sonrió y se levantó- apenas se conocieron y ya se casaron. Eso no fue muy
maduro de su parte ¿O sí?
-Viniendo se un chico de tu edad… eso suena mal.
-Lo sé. Te has preguntado que quizás no la amas tanto como crees y… –se
mordió el labio y me miro- eso sonó mal –se dijo para sí mismo.
-Puede que sea verdad, no debería hablar de esto contigo.
-Tarde, ya lo hiciste –canturreo.
-No me ayudas –bromee- ¿Podemos dormir aquí? Me da flojera llegar a tu
casa.
-Claro, aviso a mis padres que llegare tarde y tú le envías un mensaje a
mi hermana, por lo menos eso –asentí. Mande el mensaje sabiendo que no me
respondería, solo mande un “Estoy con tu hermano, me quedaré con él. Mañana
hablamos.”
Él hablo con mis suegros y vino dando pequeños saltitos.
-Dicen que no hay problema. Podemos dormir aquí –propuso quitando la
sábana y dirigiéndose a un armario, saco mantas y me las mostro.
-¿Juntos? –abrió la boca pero no salieron palabras.
-Si quieres, pero esta casa es antigua y se escuchan ruidos, te
recomendaría que nos quedemos aquí.
-Si tratabas de asustarme –le dije- lo lograste.
-Dicen que se escuchan ruidos, yo qué sé. Pero te diré, la cama es
suficientemente grande para los dos, ¿no te incomoda, no?
-No –se tendió a la cama cuan largo era y me reí, parecía una de esos
gatitos que se estiran. Me acosté a su lado y nos quedamos viendo, me reí y
espere que dijera algo.
-Yo… yo quería contarte algo –dijo de pronto- puede que no te conozca
del todo pero me inspiras confianza.
Eso me agarro con la guardia baja y me sentí… feliz. Feliz por el voto
de confianza y la oportunidad de acercarme más a él, pero no sabía exactamente
qué decir o que hacer.
-Soy gay –soltó- Mi familia no lo sabe, no he tenido el valor de
contárselos –Confesó– ahora no puedo decírselos, Dara se molestó
cuando le dije que a mí no me iban las mujeres. Dijo que se lo diría todos.
-Eso es…
-Terrible pero no sé qué hacer. Tengo miedo.
Me quede helado, nunca había esperado esa clase de confesión. Suspire y
me acerque a su rostro, sus ojos tenían un brillo que me gustaba, acaricie su
mejilla. Él se dejó hacer y por unos momentos me deje llevar en la idea de que…
podría gustarle.
Su piel era suave, cerró los ojos y coloco su rostro en mi cuello. Lo
atraje por la cintura y me di cuenta de lo poco que recordaba a mi esposa en
este momento. El estar así con él… me gustaba, pasee mis dedos por su cintura.
No podía engañarme, aquel cuerpo no era femenino, toda un vida de
gustarme mujeres y ahora las formas varoniles de ese chico amenazaban con hacer
caer toda la resistencia que me había propuesto tener cuando estuviera cerca de
mí.
Esto no estaba bien, el tener una amistad era bueno. El tener una buena
relación con mi familia política era bueno pero… que mi cuñado me gustará más
de lo que debería no estaba seguro.
-Hubiera deseado conocerte de otra forma –me dijo antes de que sus ojos
se cerraran y me preguntara porque dijo eso. Solo supe que estaba cansado, muy
cansado.