miércoles, 30 de abril de 2014

Capitulo 3 - (Unfortunately or salvation??)

CAPITULO 3

El día siguiente, me desperté algo somñoliento, que no note como mi esposa trataba de besarme. Como si fuera un insecto la aparte, por error. Eso no fue algo bueno.

-Lo siento –dije rápidamente. Ella se rió y se levantó.

-Es hora de despertar, desayunamos y luego paseamos ¿ok? –Propuso, hundí mi cara en la almohada y sacudí la cabeza- vamos, no me hagas esto.

-Mañana, de verdad.

-¿Pero irás? –Pregunto y asentí- levántate y ya –me levante y suspiré. Me bañe con las ganas de un caracol que quiere moverse en un día agotador.

Al bajar, estaban todos desayunando, Jaejoong parecía adormilado y tenía una gran sonrisa. Al sentarme me hizo una seña para que me sentara a su lado, negué y me senté frente a él.

-¡Buenos días! –saludo Boa.

-Buenos días a todos –salude.

Contestaron el saludo y Jaejoong me sonrió, la madre de Boa creyó que era una encantadora idea hacer un pastel, el pastel estaba delicioso. Los problemas vinieron a la hora de comer, no es que tuviera mal sabor pero la forma en que mi “cuñado” lamía la bendita cuchara me hizo pensar en muchas cosas que no tenían nada que ver con la comida. Excepto por el detalle que quería comérmelo a él.

Lo gracioso y extraño, nadie más se daba cuenta ¿o eran ciegos? Por dios, esa visión me estaba provocando calor y tuve que alejar la vista de él. De seguro había una explicación.

O… yo era tan mal pensado que creía que eso una provocación.  Él seguía en lo suyo y yo no podía dejar de verle, sonrió adorablemente al notar que lo observaba. Le devolví la sonrisa pensando en cómo demonios ese simple acto me descontrolaba.

Agradecí y fui directo a la sala, me excuse en un dolor de cabeza. Aún tenía en la cabeza la rosada lengua y los labios que parecían estar gritándome… ven, ven.Ok, eso suena loco pero eso parecía.

*

Días después…

Mirando bien la situación de Boa y yo, teníamos mucho en común pero en las cosas que más me gustaban… no estábamos de acuerdo. Era torturante saber que por el resto de nuestro matrimonio podríamos tener pequeñas peleas por cosas sencillas y a la vez, importantes.

Y por casualidad, eran cosas que compartía con Jaejoong. El surf, adoro el mar y sobre todo el sol sobre mi cuerpo cuando estoy en medio de una ola. Es… de lo mejor, es adrenalina pura, es el paraíso.

El salir por las noches, Boa tenía diferentes maneras sobre el salir por la noche. A mí me gustaba pasarla bien sin tomar nada, como cerveza, vodka o whisky. El charlar y bailar… simplemente era suficiente para mí. A Boa no le gustaba bailar, excepto claro cuando estaba muy bebida, al principio cuando nos conocimos no le preste atención a esos detalles.

Eran mínimos, ahora venían los problemas. Típico, siempre era demasiado apresurado.

Luego de que me almorzamos Boa me pidió que fuera con ella a dar un paseo, solo serían unos momentos dijo pero luego se hizo una tortura. Ella insistió en presentarme con sus amigos, eran agradables, si pero algo no me terminaba de agradar.

Extraño, porque eran de mi edad y se supone que te llevas bien con los que están en tu mismo ritmo de vida. Estuvimos paseando por el pueblo hasta que se hizo la noche, el pueblo era tremendamente aburrido. No entendía como se divertían allí, fuimos a un bar y luego nos sentamos y tomamos unos tragos.

Sus amigos y ella empezaron a… como decirlo, ignorarme. Temible.

Intente hablar con Boa para despedirnos y luego como no me dijo absolutamente nada. Me largue. Uno de mis más grandes defectos era ese, ser un tanto caprichoso.

Cuando salí del lugar me sorprendí al ver como Jaejoong estaba parado afuera, dudaba que estuviera esperándome pero… cuando se dirigió a donde me encontraba, la idea se fue a la basura.

-¿Te aburriste? –pregunto, sabiendo muy bien la respuesta.

-Eso creo. ¿Tienes algún plan?

-Sí, tengo uno excelente –se acercó y me tomo de la mano, ya de en sí, el gesto era algo extraño. No me desagradaba pero me preguntaba porque lo hizo- ven, quiero mostrarte algo.

Me llevo hacia su auto y condujo hasta una cabaña, debía estar cerca de su casa porque me aseguro que sabía adónde iba. De camino, pasamos cerca de su casa, solo que entramos por un camino algo apartado de la carretera. La cabaña era parecida a la casa de Boa, con más pinturas y pocos muebles. Y era pequeña.

-¿Te gusta? Es la cabaña que mis padres me regalaron para que la decore a mi gusto.

-¿No has hecho nada, verdad? –pregunte al ver como todo parecía estar desordenado y algo abandonado.

-No pero planeo hacerlo, un día de estos. Ven por aquí –me guió hacia unas habitaciones que estaban vacías al parecer. Me gustaba lo rústico que se veía, muy bonito y parecía sacado de una película antigua. Las paredes resistían el peso del tiempo y las puertas parecían ser de roble, madera buena al menos.

-¿Por qué vinimos? –quise saber.

-Esta fue la primera casa de mis padres, luego fueron invirtiendo hasta tener lo que tenemos hoy. Nunca me gusto del todo, hasta ahora le veo el encanto. ¿Te gusta?

-Es bonita, se ve bien.

Entro a un cuarto, sacó unas sábanas que cubrían los muebles y una nubecita de polvo se elevó. Me senté a su lado y note que un ligero tono rosa cubría sus mejillas

Hablamos y hablamos, no sé dónde sacamos tanto tema de conversación pero no paro de hablar. Yo tampoco quería parar, me sentía a gusto con él, era agradable y tan… guapo.

-¿Recuerdas a Dara? –Asentí- estamos peleados, intento besarme y trate de decirle de buena manera que no me gustaba. No conocía esa parte suya, me grito y me sentí horrible.

-A veces es necesario, por ahora estará así pero luego entenderá.

-Empiezo a creer que tú también pasaste por eso –murmuro. Me reí sin ganas y asentí- ¡Mentiroso!

-No me gusta recordarlo.

-¿Me lo cuentas? Me ayudaría mucho…

-Cuando estaba en segundo año de universidad conocí a Yoona, era una chica genial –recordé- amable y muy inteligente, no sé en qué momento fue pero ella un día me dijo que le gustaba y créeme, nunca le di esperanzas ni nada. Poco después de mi rechazo, se salió de la universidad y no volví a saber de ella.

-Eso no me animo.

-Te dije –sacudió la cabeza y suspiro- no importa, tenía que pasar un día.

-Siento recordarte cosas desagradables. Mi intención no era esa –susurro, me estaba empezando a dormir, sin querer- ¿Estás cansado? Vamos a casa.

-No, solo… estoy preocupado.

-¿Por qué?

-En realidad, no lo sé –susurre– esto no debería estar pasándome, yo amo a tu hermana pero… -revele y me detuve, sin saber que más agregar, sin que suene mal.

-Te diste cuenta que es aburrida y la quieres dejar. Yo te apoyaría.

-Emm no exactamente. Cuando la conocí, las cosas eran diferentes, últimamente todo lo que creí conocer de ella no está… y eso es…

-Se conocen hace poco, es normal que las cosas no sean iguales –me sonrió y se levantó- apenas se conocieron y ya se casaron. Eso no fue muy maduro de su parte ¿O sí?

-Viniendo se un chico de tu edad… eso suena mal.

-Lo sé. Te has preguntado que quizás no la amas tanto como crees y… –se mordió el labio y me miro- eso sonó mal –se dijo para sí mismo.

-Puede que sea verdad, no debería hablar de esto contigo.

-Tarde, ya lo hiciste –canturreo.

-No me ayudas –bromee- ¿Podemos dormir aquí? Me da flojera llegar a tu casa.

-Claro, aviso a mis padres que llegare tarde y tú le envías un mensaje a mi hermana, por lo menos eso –asentí. Mande el mensaje sabiendo que no me respondería, solo mande un “Estoy con tu hermano, me quedaré con él. Mañana hablamos.”

Él hablo con mis suegros y vino dando pequeños saltitos.

-Dicen que no hay problema. Podemos dormir aquí –propuso quitando la sábana y dirigiéndose a un armario, saco mantas y me las mostro.

-¿Juntos? –abrió la boca pero no salieron palabras.

-Si quieres, pero esta casa es antigua y se escuchan ruidos, te recomendaría que nos quedemos aquí.

-Si tratabas de asustarme –le dije- lo lograste.

-Dicen que se escuchan ruidos, yo qué sé. Pero te diré, la cama es suficientemente grande para los dos, ¿no te incomoda, no?

-No –se tendió a la cama cuan largo era y me reí, parecía una de esos gatitos que se estiran. Me acosté a su lado y nos quedamos viendo, me reí y espere que dijera algo.

-Yo… yo quería contarte algo –dijo de pronto- puede que no te conozca del todo pero me inspiras confianza.

Eso me agarro con la guardia baja y me sentí… feliz. Feliz por el voto de confianza y la oportunidad de acercarme más a él, pero no sabía exactamente qué decir o que hacer.

-Soy gay –soltó- Mi familia no lo sabe, no he tenido el valor de contárselos –Confesó– ahora no puedo decírselos, Dara se molestó cuando le dije que a mí no me iban las mujeres. Dijo que se lo diría todos.

-Eso es…

-Terrible pero no sé qué hacer. Tengo miedo.

Me quede helado, nunca había esperado esa clase de confesión. Suspire y me acerque a su rostro, sus ojos tenían un brillo que me gustaba, acaricie su mejilla. Él se dejó hacer y por unos momentos me deje llevar en la idea de que… podría gustarle.

Su piel era suave, cerró los ojos y coloco su rostro en mi cuello. Lo atraje por la cintura y me di cuenta de lo poco que recordaba a mi esposa en este momento. El estar así con él… me gustaba, pasee mis dedos por su cintura.

No podía engañarme, aquel cuerpo no era femenino, toda un vida de gustarme mujeres y ahora las formas varoniles de ese chico amenazaban con hacer caer toda la resistencia que me había propuesto tener cuando estuviera cerca de mí.

Esto no estaba bien, el tener una amistad era bueno. El tener una buena relación con mi familia política era bueno pero… que mi cuñado me gustará más de lo que debería no estaba seguro.


-Hubiera deseado conocerte de otra forma –me dijo antes de que sus ojos se cerraran y me preguntara porque dijo eso. Solo supe que estaba cansado, muy cansado.

lunes, 28 de abril de 2014

Capitulo 16 - (una vida a tu lado)

CAPITULO 16

Eran las diez de la noche cuando Jaejoong entre sollozos y gemidos de dolor, me hizo salir del sueño profundo en el cual me hallaba sumido debido a lo agotador que había sido el día. Le miré confundido y me percaté de que las sábanas estaban mojadas, demasiado como para ser algo normal. Acercándome hacia él, procuré calmarle, fue entonces que vi el pequeño hilillo rojo que escurría desde su esfínter y recorría una de sus piernas. Junho se había adelantado dos semanas y no estábamos preparados, o al menos, yo no me sentía de ésa forma.
Días atrás, mi padre mencionó que había habilitado un piso en la clínica en el que se atendería a mi pareja sin levantar mayores sospechas. Habíamos planeado, asimismo, la manera en la cual le ingresaríamos dado el momento y el nombre falso bajo el que permanecería el tiempo que fuera necesario estar allí. Todo estaba calculado, desde la perspectiva de mi padre, pero, de una forma u otra, eso me aterraba, algo me hacía sentir inseguro. Si las cosas no funcionaban como nos lo propusimos ¿Qué haríamos? No estaba dispuesto a ver a Jaejoong siendo sometido a estudios que buscasen la respuesta a su “condición milagrosa”, no podía imaginarle sufriendo ése tipo de aberraciones científicas y mi mente me jugaba bromas de mal gusto. La imagen de mi pequeño siendo tratado como una rata de laboratorio empezó a torturarme en ése preciso instante, logrando de ése modo, que me paralizara.
Mi cabeza se hallaba plagada de imágenes monstruosas en las que Jaejoong y mi hijo que estaba por nacer, sufrían grandes calamidades y yo, sin poder socorrerles era obligado a mirarlo todo como un inútil espectador. No quería eso para ninguno de los dos. ¡No lo quería!
—Me duele— la voz apagada de Jaejoong me llevó de vuelta a la realidad. Separé sus piernas para constatar, tal como me lo había enseñado papá, que el alumbramiento no hubiese empezado ya y jadeé aterrado ante lo que vi: no había tiempo para llevarle a ningún lado.
Entré en pánico. Jamás había mirado nada parecido y los nervios me volvieron un estorbo. Jaejoong se quejaba debido al dolor mordiéndose el labio y apretando las sábanas con desesperación y yo no conseguía mover ni un solo musculo para ir a la habitación de mis padres a pedir ayuda. ¡Dios, estaba vuelto una condenada estatua! Me maldije e mí mismo por mi incompetencia y cobardía, me maldije por mi falta de ánimo y en ése instante, el alma pareció retornar a mi cuerpo —Aguanta un poco, cariño— susurré besándole en la coronilla, dispuesto a llamar a mi padre a gritos como un niñito asustado, ya que, no tenía pensado dejarle abandonado ni un minuto, pero, como si hubiese leído mis pensamientos, la figura de mi padre se asomó por la puerta junto a mamá. Al parecer los gritos de Jaejoong eran más fuertes de lo que me parecieron en aquélla noche y les había despertado, por fortuna.
Mi padre se acercó sin poder ocultar la preocupación que se asomaba en su rostro, recostó a Jaejoong en la cama y clocando las almohadas en su espalda le pidió que separara las piernas. Miró y su cara se contrajo —No hay tiempo para lo que teníamos previsto— dijo confirmando lo que ya sabía — exclamó dirigiéndose ésta vez a mi madre — ¡Ve por agua tibia, paños limpios y el material de primeros auxilios!— le pasó la mano por los cabellos y mi pequeño exhaló como si le costara demasiado hacerlo —Necesito que colabores conmigo en todo lo que te diga, si no lo haces, no lo lograremos ¿quieres que Junho nazca bien, no es así? ¡Perfecto! Entonces sé un buen chico y ayúdame.
—Papá— musité —quiero ayudar— él me observó con dureza reflejada en los ojos y negó — ¡Pero papá, es mi bebé también!
— ¡Espera afuera, Yunho!— gritó y mi hermana, quien entraba a la habitación con los paños limpios que debía llevar mi madre, me sacó del lugar para cerrar la puerta tras de mí.
Mi madre apareció minutos después y apenas hubo entrado,Yunhye salió para hacerme compañía —Estará bien— murmuró abrazándome —papá está con él y además, mamá le ayuda ¿qué podría salir mal? Tú sólo estorbarías al igual que yo. Somos impacientes y únicamente entorpeceríamos lo que sea que ocurra allá dentro, igualmente, te apuesto lo que quieras a que te desmayarías al ver a tu bebé salir por..., allí.
Reí ante su comentario. Mi hermana estaba en lo cierto, entré en pánico de sólo verle dilatado de ésa forma ¿qué me sucedería de observar el nacimiento de mi hijo? Sobre seguro, no lo habría soportado. Recordé a una rata blanca que tuve de niño y como fui testigo del nacimiento de sus crías. No pude dormir en semanas y cada vez que veía un poco de sangre, me venían a la cabeza ésas pequeñas ratas rosadas y envueltas en lo que sea que fuera eso que les cubría. Era asqueroso.
Sin embargo, me pregunté el motivo por el cual mi padre me miró tan duramente. En un principio pensé que era enojo..., después de todo, yo también me enfadaría si mi hijo embarazaba a otro hombre, aunque eso no fuese humanamente posible. Mas, ¿no se había vuelto posible lo inimaginable? No obstante, al cerrar los ojos, vi mejor los de papá y no, mi padre no me miraba airado ¡él me miraba con temor, con un miedo que se me contagió en unos pocos segundos! ¿Qué había observado él, al examinar a Jaejoong que no quiso decirme? ¿Qué había descubierto papá que no deseaba que viera? Los nervios se acrecentaron y mis temores retornaron a atacarme cruelmente.
Los gritillos de Jaejoong resonaron por toda la casa y me vi tentado a irrumpir en mi habitación ¡estaba sufriendo, estaba sufriendo mucho y eso me destrozaba! Deseé ser yo quien sintiera aquellos dolores, ansié estar en su lugar y padecer como él lo hacía, pero, eso era imposible y yo tenía el alma en un hilo.  Precisaba de respuestas ¿cómo estaban mi pequeño y mi hijo? ¿Todo estaba saliendo conforme a lo esperado? ¿Sobreviviría Jaejoong al alumbramiento? Sabía que su cuerpo todavía era débil, sus caderas estrechas y su salud nada estable como para hacerlo, no obstante, durante los meses del embarazo, durante el tiempo que mi padre le atendió, todo eso fue cambiando progresivamente y él lucía radiante y lleno de vida, fuerte, estable..., Jaejoong luchaba por salir adelante y lo que mi padre le inyectaba todas las mañanas le había ayudado en gran manera, todo indicaba que ambos, Jaejoong y Junho, saldrían bien del parto.
Pero allí estaba yo, de pie frente a la puesta, con la mano en el pomo, dispuesto a girarlo, escuchando los lamentos de mi pareja y las súplicas de mi madre: “Por favor, querido, un poco más, sólo un poco. ¡Puja, tú puedes! ¡No te rindas, Jaejoong, piensa en Junho y en Yunho! Por favor, mi niño, un último esfuerzo, sé que te duele, pero vamos ¡hazlo por Junho!”.
 ¡Por Dios! ¿Qué estaba ocurriendo allá dentro? ¿Por qué le rogaba mi madre de ésa forma? ¿Por qué ya no se escuchaba la voz de mi pequeño? ¿Por qué ya no sollozaba como lo estuvo haciendo una hora atrás? ¿Por qué nadie salía a responder mis dudas? Sentí una punzada en el pecho y sin darme cuenta de ello, empecé a llorar “Jaejoong..., mi Jaejoong”, pensé y un último grito desgarrador aceleró mi pulso a tal grado, que creí que el corazón me saldría por la boca.
Después de eso, todo quedó en silencio. Un maldito silencio que me atormentaba y finalmente el llanto apagado de un recién nacido me hizo llorar con más intensidad. Junho había llegado al mundo a salvo.
Vi a mi madre salir unos minutos más tarde con un paquetito forrado de azul en los brazos y sonreírme tristemente, lo colocó delicadamente en los míos y me besó en la mejilla derecha —Jaejoong— susurré con un nudo en la garganta.
—Él se rindió— dijo mamá —no sé por qué lo hizo, pero dejó de luchar. Era como si estuviese perdido en algún lugar de su cabeza, susurraba tu nombre. Fue un error no dejarte entrar, sin embargo, tu padre temía que las cosas no salieran bien y que le vieras morir..., sabía que no te lo perdonarías...
— ¿Cómo está Jaejoong, mamá?— le interrumpí a punto de colapsar ¿por qué no iba directo al grano?
—Dormido— suspiró cansada —tu padre está terminando su labor y cambiando las sábanas sucias. Todo está bien ahora. Únicamente hay que dejarle descansar. Es un chico fuerte— finalizó dándole un último vistazo a Junho-a quien no me había dignado, siquiera a mirar-y caminó de vuelta a la habitación para ayudar mi padre.
El bebé en mis brazos también dormía y apenas pude, debido a mis nervios, destaparle la cara. ¡Era un bebé sumamente precioso! Con una nariz pequeñita, los mofletes regordetes y sonrosados, unos labios diminutos y una abundante cabellera negra que le enmarcaba el pequeño rostro. Quise saber el color de sus ojos, mas, para ello, tendría que esperar unos días. Sin embargo, no dudaba que fueran negros. Anhelé que fueran de ése color, como los de Jaejoong, para poder perderme en ellos de igual manera y presumir ante el mundo, a mi bebé milagroso.
Poseía una nueva familia compuesta por dos hombrecitos increíblemente encantadores a los que no pensaba compartir con nadie. Podrían mirarles, claro, pero, ellos siempre serían míos. Una extensión más de mí.
Sí, mis celos son una cosa grandiosa: por más que me esfuerzo en hacerlos a un lado, ellos vuelven a mí con más intensidad. ¿Y qué puedo hacer? Jaejoong y mi hijo son mi vida entera, debo protegerles..., quiero hacerlo siempre.
Yunhye observó al pequeño Junho y sonrió bobamente, al igual que lo hacía yo —Es precioso— murmuró procurando no despertarle —que bueno que no se parece a ti.
—Tienes razón— respondí en voz baja —es idéntico a Jaejoong ¿Crees que ya pueda verle? Quiero que conozca a su hijo.
Ella negó con una sonrisa amplia y alegre —Espera a que papá venga a avisarte. No seas impaciente.
Los siguientes cinco minutos se me figuraron interminables, no obstante, al ver a mis padres abandonar el dormitorio con ése brillo en los ojos supe que todo estaría bien en adelante. Que Jaejoong lo había logrado y que las palabras de mi madre no fueron para calmarme, que tenía un hijo hermoso con un hombre todavía más hermoso, el cual me esperaba dormido en la cama. Me apresuré a entrar, pero, la mano de mi padre sujetándome del brazo suavemente me hozo darle la cara con cierto temor —Nada se sexo en un mes— dijo con ésa sonrisita en sus labios que me indicaba lo mucho que disfrutaría verme sufrir debido a la abstinencia sexual —no, al menos, con penetración..., pero sé que lo resolverás.
—No hay problema, me las arreglaré— sonreí dirigiéndole una mirada a Yunhye, quien enrojecía de vergüenza ¡Ah, mi hermana siempre fue tan correcta y puritana! —Gracias, papá— musité antes de entrar en la recámara —por traer a mi hijo a salvo y por no permitir que Jaejoong se fuera en medio del alumbramiento.
Él movió la mano restándole importancia, y yo caminé con Junho en brazos hasta la cama donde Jaejoong dormía apaciblemente, como un divino ángel de Botticelli, con el cabello suelto cubriéndole la cara húmeda por el sudor y los labios entreabiertos aspirando aire con lentitud y expulsándolo de la misma forma.
Deposité a Junho a su lado entretanto le acariciaba las mejillas y los labios. Le besé susurrando todo lo que mi corazón quería decirle: lo mucho que le amaba, lo feliz que me había hecho y lo precioso que era nuestro hijo. Le dije tantas cosas en ése momento, tantas que de recordarlo mi corazón llora de felicidad.
Volví a pedirle perdón por mis actos pasados, por haberle hecho lo que le hice, por mis inseguridades, por haberle hecho padecer y sacrificarse de ésa forma. Le pedí perdón por haberle embarazado-aunque ninguno de los dos supiese que eso pudiera suceder-y haber expuesto su vida con ello, más, le dije, de la misma manera, que aunque sonase egoísta, no me arrepentía de eso último, ya que, era gracias a ello que Junho estaba con nosotros.
Sí, tal vez, yo era muy egoísta, posiblemente era un bastardo sin piedad, pero, fuese como fuese, no me arrepentía de ello. Me sentía feliz de ser padre, de tener un hijo con los genes de Jaejoong y los míos, un hijo de los dos..., un bebé que llevaba en él parte de ambos, que se parecía a nosotros y que había llegado para unirnos más.
Cargué de nueva cuenta a mi hijo recién nacido y me quedé de pie con él frente a la ventana. Empecé a contarle lo mucho que le habíamos querido desde que supimos la noticia de su existencia, los cambios de humor que su papi tuvo por su causa y lo alegre que ellos me ponían a veces. Le conté lo gracioso que se veía Jaejoong con el vientre abultado..., como una cereza.
O una sandía, quizá.
—Deja de decirle ésas cosas a mi bebé— dijo Jaejoong en apenas un murmullo — ¿Puedo cargarlo?— preguntó nervioso, como si aquello no fuera más que un sueño o como si alguien le fuese a negar el derecho que poseía.
—Claro que sí, enano, tú eres su mamá, tienes que cargarlo y alimentarlo además. Vamos déjame ver esos pechos.
— ¡Ah! Es que aparte de enano ahora soy una madre. Gracias Yunho, no sabes cuánto te amo— carcajeó con la voz débil todavía mientras se inclinaba cuidadosamente. No debía sentarse, de modo que únicamente se inclinó extendiendo los brazos para recibirlo.
Apenas lo tuvo en su regazo, un par de lágrimas brotaron de esos ojos que representaban mi delirio — ¡Es precioso, Yunho!— balbuceó recorriéndole el rostro con el dedo índice —y tiene el cabello negro como el tuyo. ¿Sabes? Siento que no había sido tan feliz como ahora. Después de todo, no ser un verdadero hombre, resultó maravilloso ¡tengo un hijo! Uno que creció dentro de mí.
—Eres más hombre de lo que sería cualquiera.
—Lo sé— suspiró —ojalá mi padre lo hubiera entendido...
Capturé sus labios con los míos antes de que pudiera terminar la frase, le escuché jadear cuando me aparté y el rubor volvió a sus mejillas. No supe cómo soportaría un mes sin hacerle el amor.
Indiscutiblemente, sería una tortura...


Capitulo 2 - (Unfortunately or salvation??)

Capitulo 2


Nos instalamos, todo está genial. Diferente de como pensé que iban a ser las cosas. Cuando bajamos a cenar, había un chico. Un chico de ojos negros, un poco más bajo que yo… estaba parado junto a Boa, viste una playera y unos jeans que tienen pinta de haber pasado por los perros… mordidos y arañados por gatos y perros hambrientos.

Supongo que me entienden, la moda adolescente. Eso dicen ellos, pero tienen más pinta de ser delincuentes juveniles, a veces creo que eso es lo que pretenden. Como sea, ahora me mira con cierto brillo en sus ojos… ¿es mi imaginación?

Tiene un buen cuerpo, parece de unos ¿dieciséis? Pero como sabía, tenía diecisiete.

-Cariño, él es Jaejoong. Mi hermano –lo presento Boa– ven aquí, debes conocerlo.

-Hola –saludo el chico. Tenía los labios increíblemente carnosos, un rostro precioso y una mirada…

-Hola –respondí y creí por unos momentos perderme en sus ojos.

-Así que… eres el esposo de mi hermana. Ya era hora ¿sabes? Estaba poniéndose vieja.

-Oh, cállate. –espeto Boa. Los dos tenían cierto parecido pero… él era tan hermoso… 

¡Qué demonios! ¿Pero que estaba pensando? Definitivamente no pensaba. No del todo bien.

El chico sonrió y a mí… a mí se me movió el universo con solo ese gesto. Sus pestañas tupidas y su forma de mirar, lo hacían ver simplemente inocente… o muy casto.

¿Acaso estaba pensando eso del hermano de mi esposa? La respuesta era simple: si y no debía hacerlo.

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Habían cosas en las que Boa y yo no coincidíamos, una de ellas: el surf, me encantaba pero a Boa no. Aquella tarde le pedía, le rogaba que fuéramos a la playa. Dijo que no, que fuera con su hermano, que seguro con él me divertiría.

-Solo sería una molestia, ve con él y de paso, lo conoces. ¿Anda, si?

Jaejoong estaba con el traje y las llaves del jeep, su jeep. Increíble que un chico de ¿Cuánto era? Oh sí, diecisiete años. Ya tuviera auto y no sé qué otras cosas.

-Mis amigos y yo quedamos en ir pero me dejaron plantado. ¿Te lo puedes creer? –hablaba mientras conducía, un rato aumentaba y otro frenaba de golpe.

-Entiendo, ¿no quieres que yo conduzca? –estaba preguntándome si acaso tenía licencia de conducir.

-Estoy bien. Y… cuéntame, porque te casaste con la aburrida de mi hermana.

-No es aburrida. –Lanzo una risotada- tal vez un poco.

-Como se conocieron –pregunto.

-En un crucero, estaba de vacaciones y prácticamente, me obligaron a ir –conteste, riéndome al recordarlo.

-Vaya, mira tú, Boa odia los cruceros y todo lo que sea divertido. –enarque una ceja.

Mire de perfil al chico, era realmente guapo. Los mechones le caían, su cabello brillaba. Había algo más…si, me asustaba la forma de conducir, intente tranquilizarme y solo logre que se riera.

-Ya llegamos, ya puedes soltarte. –bajamos, gracias a dios, el mar estaba perfecto y el sol… ni que decir.

Me quite la sudadera y la deje sobre la arena, el sol estaba genial para tirarse pero la arena estaba que hacia levantarse hasta a un muerto. Voltee y note que Jaejoong tenía la vista perdida.

-¿Pasa algo? –pregunte.

-No, yo… me dio un ligero mareo. Estoy bien.

Pasamos la tarde viendo y disfrutando del agua. Era genial, Jaejoong parecía disfrutar del mar como yo, cosa rara. Como hace mucho tiempo, la pase increíble. El estar a solas con él… debía influir. No paraba de hablar, sus labios se movían y sonreía. No podía dejar de verlo, unas cuantas veces se me quedaba viendo ¿O era mi imaginación? Sea lo que sea, quería repetirlo como sea.

Esperen, no debía de querer eso.

En mi vida un chico o más bien un hombre, jamás me había provocado atracción o algo más allá de la amistad. Elimine esos pensamientos y creí que estaba enloqueciendo, ahora justo ahora, todo lo que había soñado estaba al alcance de mi mano.

Tenía una mujer increíble a mi lado, un buen trabajo y todo estaba bajo control, claro, mientras no pensara en nada que tuviera que ver con Jaejoong… todo estaba bien.


¬¬¬………¬¬¬


-Mis amigos y yo iremos a una fiesta en la noche, será en la playa. –Me contaba Jaejoong, luego de dudar unos segundos continuo hablando -¿Vienes? Puedes traer a mi hermana, no te preocupes –agrego al ver como alzaba una ceja- Pero no te lo aconsejo, se aburrirá y te irás temprano. ¡Es una aguafiestas tremenda!

-Tienes que ser tan malo siempre con tu hermana. –Dije riéndome, se encogió de hombros y me miro, esperando una respuesta– le preguntare y luego te digo.

-Claro, me iré a las once, por si te… se animan.

Como predijo Jaejoong, Boa no quiso ir, la idea de estar entre adolescentes… no le simpatizaba.

-Ve tú, estoy cansada -Boa había ido a visitar a viejas amigas y toda la santa tarde se había ido a recordar viejos tiempos– mi hermano y tú se están llevando genial, ve. Así se conocen mejor y puedes llevarte mejor con él.

*

Las estrellas en pleno, una fogata, muchos chicos y chicas riendo y contando chistes… era algo bueno, hacía tiempo que no lo veía. Más bien, que no lo vivía, por la edad y por tiempo.

-¿Te diviertes? –me susurro al oído mi cuñado. Ok, no estaba todo bien, Jaejoong se había encontrado con una “amiga” y habían estado hablando toda la maldita noche, realmente no tenía derecho ni razones de reclamarle pero es que era inevitable.

¿Por qué?

Ni siquiera con Boa sentía eso y a ella la había visto con otros hombres. Que porquería. Ahora si vienes ¿Eh? Maldita consciencia. Quiero matar a aquella chica que se atreve a poner los ojos sobre Jaejoong.

-Sí, hace tiempo que no me sentía así –así sintiendo esa extraña mezcla de furia y enojo cuando alguien que no sea yo se te acerca. ¿Qué es?

-Sabía que te gustaría –respondió con una sonrisa. Se relamió los labios y bajo la mirada, sonreí, había muchos momentos así cuando hablábamos. Solos los dos. Él bajaba la mirada y yo simplemente no podía evitar pensar que era algo adorable.

-Si quieres me voy y así te quedas con tu amiga. Por mí no hay problema –dije antes de lanzármele encima. Entrecerró los ojos y la miró.

-¿Dara? Entre nosotros no pasa nada, solo somos amigos.

-Parece que ella no piensa así –solté.

-¿Te parece?

-Supongo.

-Pareces algo… -se detuvo y sabía lo que pensó, debía de creer que estaba celoso. ¿Estaba en lo cierto? –olvídalo, Dara es mi amiga pero ella no lo toma así, quiere algo más y yo… yo no.

-Lo siento –esto de consolar no iba conmigo pero al verlo apenado y algo triste me removió algo dentro de mí.

-No quiero lastimarla pero no entiende que no quiero nada con ella. Es como una hermana para mí, crecimos juntos ¿Sabes? –miro a los lejos y supe que el objeto de su mirada estaba sentada junto a la fogata, era Dara- ¿Cómo le dices a alguien que no le correspondes? ¿Qué no la quieres como ella quiere?

-Nunca he pasado por eso, no sabría que decirte pero siempre es mejor decir la verdad ante todo porque luego todo empeora –en realidad, una vez si había vivido eso.

Una amiga de la universidad me confeso que le gustaba pero yo no sentía nada que un cariño de hermano por ella. El resultado de mi rechazo provocó que se mudará de universidad, si me lo preguntan eso fue demasiado drástico.

-Todos mis amigos lo saben, algunos son crueles y se burlan de ella porque yo no le correspondo –siguió diciendo, luego me sonrió- me gusta hablar contigo, eres amable y sabes escuchar.

-Gracias.

-¿Me llevas a casa? no puedo seguir aquí, uno de mis amigos, el chico que está al lado del moreno –me indico, mire y lo vi- me dijo que más tarde Dara quiere fingirse ebria e intentar algo conmigo. Me da miedo…

No me quedo otra que asentir y para cuando llegamos a casa, Boa y todos estaban dormidos. Me despedí de él y me acosté junto a Boa. No sin antes pensar en la mirada triste de Jaejoong, sentí cierta empatía. Ese tipo de cosas pasaban y no eran agradables, nunca eran agradables