Llevaba más de cuarenta minutos esperando y su estómago no
paraba de rugir en cada segundo que pasaba. Y sí, estaba tan aburrido que no
tenía otra cosa que hacer más que dibujar, casi acostado en ese par de sillones
que se le cruzaron, preguntándose de quién sería esa oficina tan bonita en la
que nunca había estado. Probablemente de una secretaria de su padre que apenas
entrara, le vería en una posición bastante cómoda de su parte, preguntándose
quién era esa maldita chica que estaba en sus sillones.
Porque sí, siempre lo confundían con una chica por el largo
de su cabello. Lamentablemente ya lo tomaba algo como a lo que se había
acostumbrado.