lunes, 28 de abril de 2014

Capitulo 1 - (Unfortunately or salvation??)

CAPITULO 1

En la vida siempre pasan cosas que nos hacen cambiar de opinión, podemos vivir por siempre pero habrá momentos que son tan importantes que nunca los olvidaremos… la pregunta es:

¿Puedes odiar aquel momento que creíste qué era el mejor de tu vida?


…>>.<<…


-Mis padres viven lejos, ¿de verdad quieres ir a conocerlos? –Dice Boa mi esposa.

Hace dos meses nos conocimos en un crucero. La verdad, no quería ir, mis amigos insistieron tanto que los acompañe. La primera vez que le vi estábamos en la fiesta de bienvenida, estaba aburrido y ella estaba riendo con sus amigas.

Me llamo Yunho y tengo veintisiete años, estudie relaciones públicas y realmente me gusta lo que hago, el conocer gente y conocer diferentes culturas… es genial. Es mi vida.

Y de verdad, la quiero. Nunca había querido tanto a alguien, el crucero fue hace como cinco meses. Salimos tres meses y fue alucinante, me anime y le propuse matrimonio. Y aquí estamos, en nuestro departamento y haciendo planes para ir a visitar a sus padres.

Fue tan rápido, que apenas y tuvimos tiempo para poder invitar a nuestros conocidos.

-No importa, lo que importa es que hasta ahora conocere a mis suegros –digo y se ríe. Luego entrelaza sus dedos con los míos- es hora de conocer a la familia.

-Está bien, llamare a mis padres y les avisare –una gran sonrisa adorna sus labios, sonrió y seguimos hablando de todo lo que habíamos postergado.

*

Boa tiene veintiséis años, trabaja como contadora. Algo aburrido para mí pero a ella le gusta. El tiempo que pasamos juntos fue corto pero fue el justo para que supiera que quería pasar el resto de mi vida con ella.

Su cabello es marron, sus ojos tambien y es delgada. Preciosa, mi tipo de chica ideal. Tiene el cabello rizado, a diferencia del mío que es  castaño y un poco largo. Mi piel es bronceada y junto con mi cabello, parezco un tanto moreno.

Los labios de Boa son algo carnosos. Me gustan mucho.

En realidad, hay pocas cosas que sabemos uno del otro, sabe que tengo dos hermanos y que son mellizos. Tienen veinte años y son dos chicos traviesos. Ella tiene un hermano, sus padres viven en un pueblo cerca de la playa . Donde hacen surf, una de las cosas que me encantan y que lamentablemente, a ella no le gusta.

No es un problema realmente, como dije aún estamos conociéndonos pero siento que la adoro y que nada de ella podría molestarme. Ella dice que el lugar donde sus padres viven y donde ella creció, hace calor y que es increíblemente hermoso.

Me lo imagino, una casa cerca de la playa… genial, así tendré donde ir a practicar.

Sus padres se llaman, Kim JaeHyun y Park Hye Kyo. Los míos murieron cuando tenía veinte, en un accidente, ahora no me afecta como antes. Aquello fue algo que me dejo en estado lamentable, tuvieron un par de años para que me recuperara.

Para poder ir a visitar a sus padres, pedí mis vacaciones. Trabajo en una agencia de viajes y constantemente viajaba. Pero ahora me dedico exclusivamente a la ciudad.

Será una visita exclusivamente para conocer a sus padres y disfrutar de aquel pueblo. Boa sonríe cuando hablamos de su niñez, “No es tan interesante” siempre dice.

Ahora nos preocupamos de a quien le dejaremos el cuidado del departamento. Creo que lo dejaremos a uno de mis amigos, aun dudo de hacerlo pero ya veremos.


:][:


-¿Llevas el protector solar?

-Sí, esta atrás. –Boa no deja de insistir que me voy a quemar apenas llegue. Mi piel a pesar de verse delicada, no lo es.

-Lo digo por tu bien, luego ya verás. –me río en silencio y me golpea el brazo juguetonamente.

Me indica el camino y tardamos como cuatro horas en llegar. El aire caliente entra al vehículo y me sofoca un rato. Respiro profundo y despierto a Boa, que se durmió.

El camino desde la ciudad hasta Jeju fue largo y ahora entiendo lo del protector solar. El sol arde como condenado y por suerte, le hice caso y me puse el protector a medio camino.

-Amor, despierta –susurro moviéndola poco a poco- ¿Hacia dónde voy ahora?

-Umm entra recto y luego verás un letrero que dice “Familia Kim” –me indica. Veo como el camino es puro asfalto y a los costados hay casas. Muchas casas.

“Bienvenidos a Jeju” reza el letrero de bienvenida. Genial, llegamos. Pienso mientras me empiezo a poner nervioso.

Por fin voy a conocer a mis suegros… que miedo.

Veo el letrero que Boa dijo y me quedo con la boca abierta, es una gran casa. De dos plantas y con un recibidor. Alrededor había muchas flores y tiene un hermoso jardín, al parecer tiene un patio trasero. ¿En serio? ¿Dos patios? Es increíblemente grande.

El porche es estilo películas antigua. Me detengo y ella luce algo avergonzada.

-Olvidaste decirme que tu familia tiene mucho dinero por casualidad. –ironizo.

-Eh, sí… –Dice al fin– luego te cuento.

Respiro una y otra vez… este es un buen momento para correr e irme.

¿Qué más da? Ya estamos aquí.

Apago el auto y estaciono, una mujer sale. Debe tener más de cincuenta, salimos y ella abraza a su madre, supongo yo.

-¡Mamá! –exclama, la mujer es muy parecida a Boa. Los mismos rasgos solo que más envejecidos, a pesar de ello, se mantiene muy bien– Te extrañe tanto.

-¡Boa! Al fin, nos moríamos de ganas de verte. –le contesta y sonríen. Me hace una seña y me acerco, algo dudoso.

-Mamá, él es Yunho, mi esposo –Sonrió y me acerco, a paso seguro voy y beso su mejilla– ¿Qué te parece? –me mira como analizándome y luego de unos segundos, me palmea el hombro.

-Está bien, el mejor de todos.

¿El mejor de todos? Miro a Boaa interrogándola con la mirada, ella fulmina con los ojos a su madre y rápidamente masculla un “entremos”.

-Nuestras cosas –digo.

-Ya las traerán. –su madre señala la puerta y entramos a la casa. Si por fuera se veía elegante, por dentro también lo es. Mucho mejor.

Su padre está sentado en el sillón de la sala, sonríe y se acerca. Saluda y creo que mis nervios ya pasaron.

-¿Y dónde está Jaejoong? Me muero por verlo.

-¿Jaejoong? –pregunto sin poder evitarlo.

-Mi hermano –dijo- ya lo conocerás, en realidad, creo que te llevaras muy bien con él.

domingo, 27 de abril de 2014

Unfortunately or salvation??

Autor: Dark Engel


Couple: YunJae

Clasificación: No menores de 16 años

Generos: Drama, Romántico

Advertencias: Lemon, Shota

Resumen:
Yunho se acaba de casar con Boa, típica historia, todo parece marchar bien hasta que van a visitar a la familia de Boa. Su vida cambia al conocer al hermano de esta, Jaejoong, un chico que bajo una máscara de tranquilidad... esconde mucho.

Nota:
Este fic no me pertenece, yo solo lo estoy adaptando.




jueves, 24 de abril de 2014

Capitulo 15 - (una vida a tu lado)

CAPITULO 15

Las semanas empezaron a transcurrir rápidamente y a su paso dejaban notables cambios, tanto en Jaejoong como en mí; cambios que el resto del mundo también notaba.Jaejoong se había vuelto más susceptible, lloraba o se enojaba con facilidad y en otras ocasiones, se le veía tan radiante, que era inevitable reír junto a él. Se alegraba por las cosas insignificantes: el aleteo rápido y grácil de una mariposa o el color de sus alas, las rosas con las que le sorprendía algunas veces, el milagro de la vida a su alrededor. Todo. No existía cosa alguna que no le alegrase. Era como estar sumido en un sueño precioso del que se ruega fervientemente no despertar.
Admirarle siempre alegre y entusiasta, me llenaba de fuerzas, de las esperanzas que requería para continuar en medio de ése camino muchas veces tortuoso en el cual estábamos juntos, sin planificarlo en un principio, mas, ya que lo sabíamos, completamente dichosos de ser los encargados de velar por ése diminuto milagro que crecía y crecía dentro de él.
Mirarle de pie frente al gran espejo en nuestra habitación, semidesnudo, midiéndose el abdomen y anotando en una pequeña libreta cada centímetro que éste crecía, me hacía sonreír como el más idiota de los seres vivos. Jaejoong me miraba a través del cristal y sonreía también, me llamaba con el dedo índice y cuando me tenía a su espalda, abrazándole, colocaba mis manos sobre su vientre que apenas empezaba a abultarse. “Cierra los ojos y siéntelo-decía en un apacible murmullo-es nuestro bebé”. Escuchar tan hermosas palabras brotar de sus labios, me colmaba de satisfacción. Claramente, no era capaz de sentirlo, no obstante, imaginaba que lo hacía, que él o ella estaba allí y mi corazón se encogía y explotaba maravillosamente. Depositaba un suave ósculo en alguna de sus mejillas diciéndole mientras tanto, cuánto le amaba..., lo feliz que era su lado y lo mucho que les protegería a ambos: mis dos amores.
Con todo, mi preocupación no desaparecía, pues, aunque la satisfacción era mucha y las ilusiones se acrecentaban, convirtiéndose en realidades, existía eso que era innegable, la posibilidad de que Jaejoong sobreviviera era casi nula y el saberlo me mataba lentamente, ¿cómo continuaría adelante sin su presencia? ¿Qué haría sólo con un bebé que me recordaría a su padre constantemente y dolería demasiado cada vez que lo viera? ¿Cómo me haría cargo de mi hijo sin Jaejoong apoyándome? Por más que procuraba calmarme y disipar tales ideas, la realidad me atacaba de frente con los desmayos frecuentes de mi pareja, la debilidad que se esmeraba en esconderme tras una sonrisa cansada y esa palidez que no se iba, pese a las vitaminas y la dieta que mi padre había diseñado para él.
Jaejoong debía comer literalmente por dos personas adultas, aunque no lo quisiera y terminase por devolverlo todo después de haberlo ingerido, consumir suplementos que le ayudasen a mantenerse sano e inyectarse algo que según mi padre, le sería de ayuda. Jamás dijo que era, pero, gracias a ello, Jaejoong mejoraba poco a poco.  Y si bien, el tamaño de su vientre, en un principio, no era el que debería haber tenido, puesto que apenas se le notaba el embarazo, eso en lugar de desanimarle y hacerle decaer, le llenaba de fuerzas para continuar adelante sin desistir y obedecer sin rechistar lo que mi padre le ordenase.
Fue gracias a sus cuidados e indicaciones que Jaejoong alcanzó el sexto mes de gestación sin mayores complicaciones a las habituales: náuseas, mareos y cambios drásticos de humor. Y todo indicaba que llegaría al séptimo sin ningún percance.
A lo largo de aquellos meses, asimismo, el deseo sexual de mi pequeño se vio afectado. A veces me despertaba a media noche con ansias de hacer el amor hasta caer rendido y en otras, se comportaba como una virgencita de pueblo que me rechazaba y se escondía de mí, como si fuese algún peligro para su integridad. Y eso, naturalmente, me confundía, ¿Qué podía hacer para complacerle? ¿Cómo lidiar con esos cambios repentinos de humor? Nadie me había explicado lo complicado que sería y, no obstante, se me hizo una experiencia única y encantadora que no hubiese cambiado por nada.
Me fascinaba cuando, Jaejoong, se subía sobre mi cuerpo para empezar a desvestirme sin importarle que estuviese dormido, me besaba en el cuello, susurraba “tengo ganas”, y sin esperar una respuesta, por lo menos, metía la mano dentro del pantalón de mi pijama, el cual usaba cuando el frío me empujaba a ello, para estimularme. Era sencillamente perfecto. Todavía más, en el momento cuando se sentaba sobre mis caderas y se movía de ésa forma lujuriosa buscando un contacto más íntimo.
Sin embargo, existía, del mismo modo, ocasiones en las que me daba la espalda rechazándome y se dedicaba a dormir apaciblemente. Pero, en cada uno de los casos, fuese como fuese, se despertaba a mitad de la noche para que le abrazara, para que le hiciera sentir seguro. Para que le dijera sin palabras que nada saldría mal, que estaríamos juntos con nuestro hijo en brazos en unos meses.

El hecho de que Jaejoong estuviera esperando un bebé, era un completo secreto, por lo tanto, cuando aquél milagro comenzó a notarse, se vio forzado a abandonar la universidad y encerrarse, de una manera u otra, en casa para que nadie le viera e hiciera preguntas incómodas. No obstante, no pudiéndolo evitar, mi pequeño se lo hizo saber a nuestros amigos más cercanos, quienes no creyeron ni una sola palabra hasta que vieron con sus propios ojos el vientre ligeramente inflamado de mi pareja y a mi padre realizándole una ecografía para decirnos el sexo de nuestro bebé.
Era un varón. Un varoncito pequeñito y lleno de vida que pronto nacería. Y apenas lo supimos, le pusimos un nombre que le describiera como lo que era: un precioso milagro.
Junho.
Pues bien, con eso las visitas de nuestros amigos, se hicieron constantes. Ya no les apetecía salir de casa y eso animaba a Jaejoong, por tanto, a mis padres no les molestó en absoluto. Si Jaejoong era feliz, ellos incomprensiblemente, también lo eran y mi hermana..., a ella en la vida le había visto tan feliz.Yunhye se esforzaba en hacer sentir cómodo a mi pareja, querido, en familia. Le obsequiaba dulces sin que nadie lo notara y algunas veces se aparecía con una bolsita repleta de ropa para recién nacidos confeccionada en colores claros, sonajas, biberones y pequeñitos muñecos de peluche con los cuales adornábamos la habitación para huéspedes que ahora ocuparía nuestro hijo. Entre todos la convertimos en un santuario infantil y acogedor, pintada de azul celeste y blanco, con estrellas que se iluminaban de verde y violeta al apagar las luces. Era perfecto para él.
Y como lo esperábamos,Jaejoong llegó al séptimo mes sin ningún problema. El embarazo era realmente notorio y eso se debía a los cuidados exhaustivos de mi padre y al empeño que mi pareja ponía en ello. Lo estábamos consiguiendo, el rostro alegre de mi padre me lo gritaba ¡todo saldría bien! Papá siempre cumplía sus promesas y él había jurado salvar a Jaejoong y a mi querido Junho.
Sabiéndolo, no había por qué preocuparse, más que cuidar de Jaejoong y de mi bebé con dedicación para que nuestro anhelo se viera realizado.

Fue por uno de esos días que recibimos, un domingo bastante caluroso, la visita de nuestros amigos. Jaejoong lucía un abdomen prominente, en comparación con el que estuvo luciendo anteriormente, que se había desarrollado súbitamente durante aquél mes y debido al sofocante calor, no llevaba más que una camisa verdosa de algodón grande que le cubría hasta los muslos. Ya era común verle semidesnudo caminar por los pasillos de la casa y mi padre había dejado de avergonzarse al mirarle de semejante manera. Mi madre y Yunhye, ya se habían habituado a ello, por tanto, nadie le reprendía.
Pero a mí, no me hacía ninguna gracia que Changmin y Siwon le mirasen en ésas condiciones. Me hacía sentir celos, unos celos enormes y sin fundamento.
— ¡Pelirrojo!— la voz de Siwon me hizo salir de ése pequeño mundito en el cual secuestraba a mi pareja y le encerraba en algún lugar lejano para que nadie volviera a ver sus bonitas piernas desnudas — ¡pero mira qué gordo te has puesto! Estás redondito como un balón de fútbol.
Jaejoong me miró con los ojos abiertos, como si hubiese reparado en algo que no hubiese notado antes y la duda se asomó en su carita sonrosada —Yunho ¿estoy gordo?— preguntó y deseé asesinar a Siwon, quien reía por lo bajo junto a Changmin, del cual era pareja desde hacía unos meses.
—No, enano, estás bien...
—Bien redondo— me interrumpió mi mejor amigo con voz cantarina, jugueteando con las hebras claras de Siwon y se echaron a reír. Todos rieron, incluso Hyde, quien se suponía debía ser solidaria con su hermano adoptivo.
— ¡Estoy gordo!— insistió mi pequeño haciendo uno de esos mohines infantiles que me enloquecían y sentí la necesidad de darle un beso, mas, me apartó suavemente. Me castigaría por los comentarios de nuestros grandes amigos — ¡Es tu culpa Yunho, éste bebé es igual de enorme que tú! ¡Es tu culpa que sea un enano gordo! Parezco una sandía— sollozó.
— ¡Dejen al gordito en paz, par de gorilas y váyanse a follar en los baños, que eso sí que saben hacerlo!— exclamó Hyde con ése tono masculino que le caracterizaba, procurando contener la risa que brotaba de su garganta.
Sí que se divertían a costa de mi pobre chico.
Jaejoong le dirigió una mirada acusadora y señalándole con el índice respondió: — ¡Te odio, Hyde! Eres muy malo conmigo. Ella le abrazó y mientras le besaba en la coronilla susurró que lo lamentaba. No volvería a hacerlo.
Después del pequeño incidente, la tarde se convirtió en una amena velada y una pijamada infantil en la que cada uno deseaba sentir los movimientos de mi hijo y hacer preguntas respecto a cómo se sentía ser hombre y llevar un bebé dentro.
Siwon y Changmin hacían apuestas acerca de lo que sería al crecer. Uno insistía en que sería futbolista o al menos lo practicaría mientras estudiase, como nosotros y el otro en que sería corredor de autos. ¿Corredor de autos? ¡Pero qué tontería! Sin embargo, Changmin explicó que él, como el mejor tío del universo, le convencería de que lo fuera.
En ése instante me hice un recordatorio: No permitir que Changmin se quedara a solas con mi hijo o le llenaría la cabeza con sus descabelladas ideas sobre las carreras de autos.
Y Jaejoong no hacía más que reír alegando que ambos perderían ésa tonta apuesta, ya que, Junho, sería amante del arte, como él.
La verdad no me interesaba lo que fuese en un futuro, siempre y cuando le hiciese ciertamente feliz. No pedía más a la vida. Mi bebé se desarrollaba perfectamente, mi pareja ya toleraba los alimentos y no los devolvía con demasiada frecuencia, los desmayos habían pasado a la historia y su semblante rebosaba de salud y color. Había vuelto a ser ése muchachito del cual me enamoré y al que amaba cada día más y más.

Ésa noche, mientras todos dormían, escuché sonidos en el baño de la planta inferior que reconocí fácilmente. Busqué por el lugar a mi par de amigos  que inesperadamente-para los demás-se habían vuelto una pareja consolidada y no los encontré. Sonreí negando con la cabeza y volví junto a Jaejoong, quien parecía extrañarme, pues, me buscaba insistentemente con la mano en la cama. Hyde se había quedado junto a Yunhye en su recámara, ya que por ser ambas mujeres, era lo más conveniente y Siwon dormiría junto a Changmin en la habitación de mis padres, puesto que, ambos se hallaban en un hotel recuperando el tiempo perdido.
No era la primera vez que les encontraba en semejantes condiciones, pero, eso ellos no lo sabrían jamás y así estaba bien. Creo que siempre han sentido un particular gusto por los baños. En la universidad solían hacerlo frecuentemente en las duchas, eso todos lo sabíamos. Supongo que aquella manía era obra de Changmin; Siwon, pese a ser un amargado, anarquista e impulsivo, era un poco más recatado que su pareja.
Sí, lo de los baños era una parafilia de mi amigo y en el fondo, agradecí que lo hicieran allí y no sobre la cama de mis padres.


Las semanas siguientes los cuidados de mi padre en lo que concierne a Jaejoong, aumentaron potencialmente. Ya había entrado en el octavo mes y si todo salía como papá lo tenía previsto, no sería necesaria una cirugía para que mi hijo naciera. Eso me llevó a preguntar ¿Por qué parte de su cuerpo saldría mi bebé? A lo que mi padre respondió con las palabras más perturbadoras que pudo pronunciar: “Por donde entró, es lo lógico, hijo”. No lo imaginaba, me parecía doloroso, aterrador y macabro, no obstante, mi padre me hizo entender que su cuerpo estaba hecho para eso y si él estaba allí, no había por qué temer. Se encargaría de que Derek sufriera lo menos posible y eso me tranquilizó...

When mom not look - CAPITULO 2(FINAL)

CAPITULO 2-ESTAMOS JODIDOS  

Cuatro meses.

 Había dado tiempo a que el frío invierno le diese paso al temple de la primavera. Pero Jaejoong habría preferido que el tiempo se detuviera aquella noche, antes de que pudiera tener esa discusión que terminase con su relación.
  
En cuatro meses le había dado tiempo a reflexionar, a darse cuenta de que lo que había dicho había sido fácilmente mal interpretable y que en ningún momento se había defendido o había intentado aclarar la situación. Tan solo lo había dejado marchar.

 En cuatro meses había escuchado a su madre llorar, preguntándole una y otra vez qué había pasado, por qué Yunho se había ido así, dónde estaba su hijo. Y sólo entonces se dio cuenta de cuánto querían sus padres a Yunho.
  
En cuatro meses había llamado a su hermano al móvil más de mil veces. Al principio escuchaba el tono repetidas veces, pero después de dos días, el tono desapareció para dejar un mensaje de voz sintética que le decía que el teléfono estaba apagado o fuera de cobertura.
  
Cuatro meses había tardado en darse cuenta de que había estirado el fino hilo de aquella relación hasta el extremo, provocando una ruptura dolorosa y lacerante que amenazaba con no sanar nunca. Había olvidado la paciencia, había pasado por alto el detallismo y no había tenido en cuenta a Yunho en absoluto. Había sido egoísta y se arrepentía. Se arrepentía muchísimo y lo que más le dolía era que Yunho no le diera la oportunidad de suplicarle perdón.

 En ese tiempo no había vuelto a dar señales de vida. No apareció por casa ni por su trabajo, y no contestaba al móvil. Jaejoong había preguntado por él a todos los amigos de su hermano que conocía, pero parecía que no sabían nada, y si lo sabían, no se lo querían decir.

 Cada día que pasaba sin Yunho estaba más hundido. Hasta ese momento no sabía hasta que punto podía echarlo de menos, porque parecía que su sufrimiento sólo acababa de empezar. 

Desde ese día dormía en la cama de su hermano, esperando a que regresara, teniendo su olor impregnado en las sábanas para recordarlo, pero ese olor empezaba a desvanecerse a sustituirse por el suyo propio. Un día, cuando regresó de sus clases, se encontró con la habitación medio vacía. Al parecer, Yunho había aprovechado que no había nadie en casa para llevarse su ropa y sus pertenencias de uso cotidiano.

 Incluso sus notas habían empezado a bajar. Parecía un alma en pena vagando por el campus universitario, ya no se acercaban las chicas pidiéndole salir y sus amigos estaban preocupados por él por lo sombrío que parecía. Incluso él estaba asustado por perder los papeles y ponerse a llorar delante de ellos sin motivo aparente.

  En contra de todo pronóstico, Dara era una de las pocas que le apoyaban, pues sabía el porqué de su depresión. No le había contado los detalles escabrosos, para ella, Yunho, quien también era su amigo, se había marchado de casa por una discusión con él. Dara siempre iba a verle con cualquier escusa tonta, una gran sonrisa y algo para intentar hacerle reír.

Jaejoong la esperaba como cada día, con sus altibajos de siempre, deseando que la chica trajese alguna buena nueva de alguien que conociera a Yunho. La vio acercarse a él corriendo de forma lenta y femenina, con una sonrisa exultante en su rostro que animó a Jaejoong a devolverle la sonrisa, algo más apagada. Cuando Dara llegó a donde él estaba, lo saludó con un efusivo abrazo, echándose encima de él hasta casi derribarlo y lo miró a los ojos, extremadamente feliz.

 - ¡Tengo una sorpresa para ti! - exclamó la chica con voz chillona.
  
- Veámosla - sugirió él, viendo cómo su amiga dejaba su bolso encima de su regazo y sacaba una revista enrollada, dándosela a Jaejoong.

  - Échale un ojo - le dijo ella, poniendo la revista en sus manos - Te va a encantar.
  
Jaejoong no entendió qué iba a tener de interesante, para él al menos, una revista de ropa. 

Comenzó a pasar páginas bajo la atenta mirada de Dara, quien no le quitaba ojo de encima a la vez que veía los modelitos y de vez en cuando comentaba alguna cosa. Más de la mitad de la revista pertenecían a modelos femeninas que posaban ante las cámaras fotográficas delante de fondos lisos y opacos para centrar la atención en la ropa, peinados y complementos que exhibían. No encontró en ellas nada especialmente destacable. Eran guapas, estilizadas, vestían bien, pero nada digno de mención. Pasó a la sección masculina, donde había más de lo mismo pero con varones. Sin embargo, no tardó más de dos páginas en darse cuenta de que acababa de dar un salto a otro mundo. Aquella fotografía no le pertenecía a un modelo cualquiera. Era Yunho, ni más ni menos, vestido por un diseñador de renombre y posando como si fuera un profesional.

 Pasó unas cuantas páginas más y allí estaba de nuevo su hermano, con ropa y poses distintas, y dos páginas después, otra vez más Yunho, tomado desde un primer plano en el que se tapaba media cara con una de sus manos, sustituyendo su ojo izquierdo por el de su tatuaje, mostrando en su muñeca un modernísimo reloj.
  Jaejoong se quedó prendado con aquella fotografía y las lágrimas empezaron a brotar de sus ojos, intentando aguantarlas para no estropear la revista donde podía ver a su hermano tan sumamente guapo. Era increíble la sensación de saber que estaba bien en algún lugar. Dara se apresuró a quitarle la revista de las manos y a consolarle, pero Jaejoong quería seguir mirando, así que enjugó sus lagrimas y buscó por más páginas donde saliera Yunho.
  
Nunca se habría imaginado que Yunho pudiera ser bueno ante las cámaras, pero su naturalidad y desparpajo eran evidentes en las fotos. A Jaejoong no dejaba de sorprenderle que, después de haber pasado por las manos de peluqueros, maquilladores y estilistas,Yunho siguiera conservándose a sí mismo en esas imágenes. La ropa no tenía nada que ver con lo que solía llevar, pero era su estilo y no había intención de ocultar sus tatuajes y sus pendientes, que eran su seña de identidad. El pelo si estaba algo distinto, pero, aun conservaba el color  castaño que le caracterizaba.
  
Cuando terminó de pasar páginas y ver que no había más fotos de Yunho, cerro la revista y levantó la mirada para ver el rostro preocupado de Dara, que se retorcía las manos, pensando que no había hecho bien en llevarle aquello.

 - Pensé que te gustaría... - se excusó ella, cabizbaja.

 - Me ha encantado, Dara, gracias... - Jaejoong se puso en pie para besar la mejilla de la chica, enrollando la revista en sus manos - ¿Puedo quedármela?

 - Claro, la compré para ti - dijo ella, viendo cómo apenas le daba tiempo a contestar mientras Jaejoong se guardaba la revista y comenzaba a marcharse - ¿A dónde vas?

  - ¡A la edición de la revista!


***

  Jaejoong subió las escaleras de la sucursal con miedo. Puede que estuviera más cerca de los nervios por el nudo que tenía en la boca del estomago, el cual se le había atenazado hasta tal punto que casi le hacía doblarse por el dolor. Pero no se dejó vencer por esa desazón, sino que le hizo avanzar más rápido, sabiendo que estaba un poco más cerca de Yunho.

 Una nueva resolución se había atenazado en él y no pensaba perder a su hermano así como así. Iba a recuperarlo.

 Una vez pasado el control de metales en la entrada, se dirigió directamente a la recepción, donde una chica joven, con el cabello recogido en una tirante cola de caballo y un auricular con micrófono pendiente de la oreja, hablaba por el pinganillo, dando datos a los que Jaejoong no prestó atención. El chico se apoyó en el mostrador y simplemente esperó a que la recepcionista le atendiera. Tras cinco largos minutos, por fin le miró, viéndole con desgana como si no tuviera ganas de atenderle.

  - En qué puedo ayudarte - le dijo sin que pareciera una pregunta con una sonrisa cansada.

  - Estoy buscando a alguien - respondió Jaejoong con impaciencia, sacando la revista con nerviosismo y buscando una de las fotografías de su hermano - Es mi hermano, se llama Yunho... Pensé que usted podría decirme si trabaja aquí o donde puedo encontrarlo.

  - Me temo que no - dijo la recepcionista, dejándose caer en su asiento y mirando a Jaejoong ahora con menos amabilidad, más bien, como si estuviera loco - Mantenemos a nuestros modelos en el mayor anonimato posible.

  - Entonces dígame su dirección, iré a verlo a su casa o un número donde pueda localizarlo - sentenció Jaejoong sin darse por vencido.

 - A lo mejor no me he explicado - la chica pareció armarse de paciencia al volver a dirigirse a él - No te puedo dar su dirección, ni su número, ni un lugar donde puedas encontrarlo...

  - Oiga, necesito verlo...

 - He dicho que no, chico. - ella zanjó el asunto con esa oración - No puedo arriesgar mi puesto de trabajo por hacer feliz a un desconocido...

  - ¡Pero es mi hermano! - Jaejoong dio un golpe en el mostrador, indignado por la poca comprensión de la recepcionista.

 - Como si es tu padre - se burló ella - Si no te vas ahora mismo, llamaré a seguridad.

  - ¿Qué ocurre, Boa?
  
Una voz, sofisticada y femenina, hizo que Jaejoong se girara para ver a una mujer con una figura excelente, un maquillaje recatado y una ropa impecable y aparentemente muy cara, se acercaba hacia él con un taconeo suave y fino.

  Boa debía ser el nombre de la recepcionista, pero Jaejoong no la dejó hablar y se dirigió directamente a la mujer, que parecía formar parte de la empresa.

  - Estoy buscando a mi hermano - le dijo, con decisión, mirándola a los ojos sin temor, mostrándole la misma fotografía de la edición - Sale en su revista, pero esta señorita no quiere ayudarme... ¿Tendría usted la amabilidad...?

  - ¿Cómo te llamas? - preguntó ella, cortándole, parecía que no le había prestado atención a nada de lo que había dicho.

  - Jaejoong... - respondió él, indeciso, notando los ojos de la mujer clavados en él. Se sentía examinado y desnudado por aquella mirada.

  - ¿Y qué edad tienes?

  - Di-diecinueve...

  - Mmmm - la mujer se llevó una mano a la mejilla, como pensativa - Aun te faltan un par de años, pero eres muy guapo... quizá en ese tiempo tu cuerpo madure un poco... - murmuró, como si hablase para sí misma, aunque Jaejoong la escuchó a la perfección. La mujer abrió su diminuto bolso y le entregó al joven una tarjeta en la que rezaba con letras grandes su nombre "Lee Soo Min" - Llámame cuando tengas edad para beber alcohol y te daré un buen trabajo. Mientras tanto...Boa - llamó a la recepcionista, estirando un poco el cuello por encima del hombro de Jaejoong para mirarla - ¿Por qué no le das a este chico una de las invitaciones para la fiesta del viernes? - Soo Min le guiño un ojo con una sonrisa perfectamente perfilada de carmín - Allí encontrarás a tu hermano, cielo.


***

  
- Perfecto, Yunho. Hemos terminado.

 Los focos se apagaron y por fin Yunho pudo descansar. Sudaba a chorros porque esos focos emitían un calor mortal, pero ya había terminado la sesión de fotos para ese estúpido anuncio y por mucho que le fastidiase, a la semana siguiente tendrían que rodar el anuncio que se emitiría por televisión. No tenía ni zorra idea de actuar, las cámaras de fotos eran una cosa, pero el video era un mundo aparte. No se veía preparado, pero el contrato ya estaba firmado y no había vuelta atrás.

 Cuatro meses atrás, un representante se había pasado por el supermercado de mierda en el que trabajaba, estaba perdido con su traje de Armani y su Mercedes Benz en medio del barrio chino con todas las papeletas para que se lo robasen. Nada más verlo pareció interesado por su aspecto y le dedicó un montón de halagos. Yunho desconfió de él hasta que le hizo la pregunta clave:

 "¿No te gustaría salir de este agujero?"

 Y Yunho no lo dudó. Respondió que sí y ahí comenzó todo.

 Lo último que no habría esperado era la reacción de Jaejoong. No le había importado una mierda el primer atisbo de éxito que Yunho había tenido en su puñetera vida. Le dijo un montón de cosas hirientes y le partió el corazón. Él, su hermano, su amante, su persona especial.

 Se había ido de casa para no volver nunca más. No sería capaz de seguir conviviendo con Jaejoong después de aquello, ni podría mirarle a la cara aparentando entereza después de que él llegara tras haberse tirado a cualquier otro. No. Yunho tenía un límite incluso para eso.
  
Vagó sin rumbo toda la noche hasta que se fue a casa de un viejo colega. Pasó un par de días hundido, sin pisar su casa ni su trabajo, hasta que su amigo amenazó con echarle si no movía su culo del sofá. Entonces Yunho recordó la tarjeta que el representante le entregó y lo llamó inmediatamente. Este rápidamente le ofreció una prueba fotográfica y salió tan asquerosamente bien que le vendieron a una famosísima revista de moda.

Yunho no entendía nada, todo iba demasiado rápido, y se estaba metiendo en un mundo del que nada sabía. Él siempre había pensado que los modelos de esas revistas eran chicos altos y fuertes, con caritas de ángeles, pero cuando le puso voz a sus dudas, Lee Soo Min le dijo:

 - Amor, tu rompes moldes... A las mujeres de hoy en día les gusta lo nuevo, lo exótico y, por encima de todo, los chicos malos que las saquen de su rutina.

Lee Soo Min era una de las directivas más importantes de aquella revista para la que había empezado a modelar. Ella había desarrollado inmediatamente interés por él. Un interés que sobrepasaba lo profesional. Se había empeñado en que su cara y su cuerpo no se limitasen a salir en un par de fotos de la revista mensual, si no que quería verlo en pasarelas de renombre, portadas de revistas de moda y modelando para firmas importantes.

  A Yunho le preocupaba dejar que vendieran su cuerpo de aquel modo, pero pronto empezó a ver los beneficios de todo aquello. No tardaron en ofrecerle un loft en el centro donde podría acomodarse cuanto antes, montones de regalos, invitaciones a fiestas y buena compañía. 

Todo por la generosidad de Soo Min.

 Pero lo bueno no solo era lo material, si no lo cómodo que se sentía frente a las cámaras. Le gustaba aquello, pese a que había pensado que ni en un millón de años podría hacerlo. Se sentía distinto, especial, e incluso le hacía olvidar el dolor de no tener a Jaejoong con él.
  
Siempre había pensado que no había ningún lugar en el que podía encajar, que había nacido desubicado, que no había lugar en el mundo para él hasta que encontró su sitio en Jaejoong, pero al parecer, ni eso era real. Había encontrado un nuevo lugar, pero pese a que le llenaba de una manera distinta, seguía faltando algo.

 Se dejó desvestir y desmaquillar como si fuera un muñeco en manos de otros. Esa era la parte que menos le gustaba, pero podía aguantarlo hasta cierto punto, porque sabía que solo hacían su trabajo. Se volvió a vestir con la ropa que él había traído, cortesía de Soo Min, que siempre lo quería bien vestido. Y hablando del diablo. Cuando salió del plató allí estaba ella con su secretario, que parecía su maldito perro faldero.

 - Yunho, cielo - lo saludó ella, abriendo los brazos para abrazar al chico con suavidad y dándole un prolongado beso en la mejilla - has estado magnifico, como siempre.
  
- Gracias, señorita Lee- contestó él, agarrando su mano con cuidado y poniéndola alrededor de su propio brazo.

 A pesar de lo que pudiera parecer, Soo Min le gustaba. Era una mujer decidida y poderosa que, por alguna razón, lo había tomado como su protegido. Al principio pensó que ella querría acostarse con él. Todas las noches le invitaba a cenar, o a una copa, hasta que una noche le preguntó si quería tomar café en su casa. Yunho aceptó, dispuesto a acarrear con las consecuencias. Pensó que Soo Min era una cougar, una mujer de más de cincuenta a la que le gustaban los hombres mucho más jóvenes que ella. Y a Yunho no le pareció mal; ella era elegante, sofisticada, interesante y atractiva; él, nuevo en todo aquello, despechado y con el corazón roto. Yunho se decidió a atacar y ella se rió del él.

 - Querido... - le dijo ella con una sonrisa divertida y burlona - No me interesas de ese modo. 

Es cierto que estamos llevando nuestra relación más allá de lo profesional, pero no quiero que seas mi amante... Más bien... eres como el hijo que nunca tuve - y le besó la mejilla mientras le acariciaba el pelo - un compañero de alma.

 Esto fue un golpe para Yunho, pues parecía haberlo malinterpretado todo, pero admitió las condiciones y desde entonces, Soo Min y él estaban más unidos, como uña y carne. Por supuesto, los rumores se extendieron rápido y todo el mundo estaba más que seguro de que 

Yunho era su amante y, por lo tanto, muchos lo despreciaban.

Yunho se dejó guiar por Soo Min y su mayordomo, como él solía llamarlo despectivamente, hasta el lujoso coche de ella, donde ambos se sentaron cómodamente en el asiento trasero. Yunho le abrió la puerta educadamente a la mujer y cuando ella entró, dio la vuelta al coche para entrar por el otro lado. Estando con ella había aprendido un montón de modales, y protocolo, pero aun se podían ver en él mucho de ese comportamiento barriobajero que siempre le había acompañado.

 - Siéntate bien, Yunho- le regañó ella al verle derretido en el asiento del coche, con las piernas abiertas y los hombros caídos, y él obedeció, cuadrándose y sentándose como ella le había enseñado.

 - ¿A dónde vamos? ¿A tu casa?

  - De compras - contestó Soo Min, mirando hacia la carretera por encima del hombro del conductor.

  - ¿Ahora? - Yunho miró con disgusto su reloj, viendo lo tarde que era y lo poco que le gustaba ir a comprar.

 - Sí, ahora... Esta noche hay una fiesta y quiero que estés resplandeciente...

 - Tengo ropa de la que tú me has comprado - se quejó el joven.

 - Pero con ella no estarás resplandeciente - ella le sonrió radiante, dejando ver que no estaba dispuesta a dar su brazo a torcer, y Yunho suspiró, derrotado. Esos meses habían dado de sobra para conocer a su protectora como la palma de su mano. - Esta noche es especial, así que no admito quejas.
  
Se mantuvieron en silencio el resto del viaje hasta que llegaron a una de las tiendas favoritas de Soo Min, donde, al ser una figura importante de la moda, podía tenerla abierta toda la noche para ella sola si era lo que quería. Yunho entró detrás de ella con gesto apesadumbrado, había acompañado a su jefa de compras en muchas ocasiones, y aunque fuese para él, se aburría soberanamente. Él y Soo Min se sentaron en unos cómodos sofás mientras los empleados sacaban trajes, camisas corbatas y todo tipo de vestimenta que pudiera ser del agrado de la periodista.

 Tardaron casi dos horas en las que Soo Min le había elegido hasta la ropa interior, pero ella no parecía muy apurada ya que ella había salido ya perfectamente emperifollada de su casa. Así que dejaron a Yunho darse una ducha, tras la que se colocó todas las prendas que Soo Min había elegido para él, desde unos bóxers de Dolce&Gabbana, pasando por un entallado traje oscuro de Armani, camisa y corbata de Prada, pulseras de Gucci, perfume caro y zapatos de piel. Y como siempre, ella le dejó dar su toque personal, con la camisa abierta, la corbata descolgada, urbano y moderno.

 Regresaron al coche después de esa intensa sesión de estilismo que dejaba agotado y vacio al joven. Soo Min notó su cara larga y cogió su mano con cariño, dándole un beso en el dorso, donde estaba tatuado aquel ojo negro tan sumamente detallado.

 - Me rompe el corazón verte con esa cara... - dijo Soo Min con voz melosa, estirando otra mano para acariciar el rostro del chico. Yunho suspiró, recordando irremediablemente su propia situación e intentó mantenerse bajo control.

  - Aun no estoy seguro de estar hecho para esta vida, Soo Min.. - le confesó sin mirarla, fijando su vista en algún punto de la calle, tras la ventanilla entintada del coche - Me gusta eso de posar y que me echen fotos a diestro y siniestro... pero ya está. No creo poder soportar la presión de ser un muñeco, de tener que parecer siempre guapo para todo el mundo y de obedecer todo lo que me manden como si no tuviera cerebro... Esto no es para mí.

  - Nunca te pediría eso, amor. Admito que me encanta elegir tu ropa, pero no tienes que ponértela si no quieres... Tan solo te pido que aguantes esta noche - le dio un beso en la mejilla, pasando su dedo a continuación para quitar los restos de carmín, aunque no había ni una mancha roja en su cara - Después de hoy no tienes que acompañarme a ninguna otra fiesta, ni dar la cara ante los diseñadores, ni nada... Tan solo te limitaras a hacer tu trabajo y yo me encargaré de lo demás.
  
- No quiero decepcionarte, Soo Min- por fin la miró. Había aprendido a querer a esa mujer como si fuese su propia madre, y a ella la había decepcionado tantas veces que no quería que sucediera lo mismo con Soo Min.
  
- Mi niño, no me decepcionas. Quiero que estés a gusto. Aunque no renunciaré a nuestras citas privadas - bromeó ella, con humor.

  - Eso nunca - Yunho sonrió con calidez y le devolvió uno de los besos que le había dado.

  El resto del trayecto se lo pasaron hablando de banalidades, Soo Min preguntándole cómo le había ido el día a su protegido y él contestándole de la forma más correcta posible, procurando no decir nada fuera de tono ya que sabía cuánto le molestaba a ella que fuera mal hablado. Tardaron poco más de veinte minutos en llegar, y para entonces la fiesta ya había comenzado, e incluso llegaban tarde.

 La fiesta no era más que una redacción en el salón de un gran hotel donde se reunían modelos, sus agentes y figuras de la moda para hablar, beber, divertirse y, por supuesto, venderse. Nada más pisar aquel salón lleno de mujeres guapísimas y hombres estirados y bien vestidos, Yunho sintió ganas de vomitar. Ya había acudido a una o dos fiestas como esa y siempre había tenido la misma sensación: cien o doscientas personas mirándole como un inútil, como al muñeco de Lee Soo Min, el cual no tardaría en ser desechado y mandado al olvido como tantos otros. Estaba acostumbrado a los prejuicios, pero, en aquel mundo, la intensidad de estos lo abrumaba.

 Con Soo Min del brazo, paseó por la sala como si nada de lo que los demás pensasen le importase. En realidad le resbalaba, pero nunca había sido bueno soportando presión, ese siempre había sido el trabajo de Jaejoong y ahora podía saber un poco cómo se sentía su hermano. Debían parar cada tanto, pues Soo Min conocía a casi todos los presentes y debía saludarlos y con algunos establecía breves conversaciones sobre moda, política o los rumores del mundillo. Con cada uno, Soo Min se tomaba unos momentos para presentarles a Yunho como su nueva estrella y siempre les decía algo bueno de él y su trabajo, intentando que ganara su interés. Y tanto que si lo hacía. Pocos tenían el privilegio de ser recomendados por Lee Soo Min.

 Pero aunque Soo Min estuviera vendiéndole, él rápidamente se aburrió de estar allí, y antes de empezar a bostezar como un maleducado, le pidió permiso a la mujer para ir a buscarse una copa y sentarse. Ella accedió con la condición de que le llevara una copa de champan para ella, y así fue como Yunho se dirigió a la barra libre, donde los camareros preparaban lo que pidieran. El chico se sentó en uno de los altos taburetes y pidió whiskey para él, sintiéndose cansado y desando que terminase pronto para poder irse a su casa y dormir hasta tarde. Pero eso no podría ser hasta que Soo Min decidiera que ya era hora de regresar.
  
Yunho tuvo que taparse la boca para bostezar, ya que era incapaz de reprimirlo una vez más, y cuando abrió los ojos, distinguió una figura que no debía estar ahí. Fue como una sensación, como si le estuviera llamando, como si hubiera podido verlo con el tercer ojo de su mano. 
Jaejoong estaba allí. No era que destacase entre la multitud, era que sus ojos podían encontrarlo allí donde estuviese. De un solo vistazo pudo adivinar que estaba buscando algo, probablemente lo estaba buscando a él, pero no entendía cómo había podido encontrarlo o saber donde estaba, o cómo había entrado ahí.

 Cogió el vaso ancho en el que le sirvieron el whiskey y se lo bebió de un trago, viéndose incapaz de afrontar aquello sin algo de alcohol en sangre. Jaejoong aun no le había visto, pero él, más decidido, no dudo en caminar entre la gente, con la mirada fija en él, hasta alcanzarlo. 

Lo agarró bruscamente del brazo y sus ojos se encontraron por primera vez en tanto tiempo, haciendo que el mundo se apagara a su alrededor durante unos segundos.

 - Yunho... - la forma en que Jaejoong  pronunció su nombre le hizo regresar a la realidad. 

Había sido una mezcla entre alivio y suplica, y entonces Yunho recordó por qué había empezado todo aquello. El ceño del mayor se frunció y su mirada se endureció.

 - ¿Qué estás haciendo aquí? - espetó, agarrando con más fuerza la muñeca, haciéndole daño según supuso por su mueca de dolor.

 - Necesitaba verte... yo... Hace meses que quiero explicarte...- Jaejoong no se quejó por el agarre, pero podía verse en su rostro el disgusto y la angustia.

  - No hay nada que explicar... No quiero oír nada, así que lárgate - le exigió, inconsciente. 

Añoraba escuchar lo que tenía que decir, esperaba que le pidiera perdón y todo volviera a ser como antes, pero tenía mucho miedo de que no fuera eso, que lo que oyera allí lo dejase peor de lo que estaba.

  - Por favor... Por favor... - le suplicó - Hablemos... Si después no quieres volver a saber de mí, lo entenderé, pero escúchame al menos... Por favor... Yunho...

 Le costó mucho decidirse, pero accedió, con el corazón en un puño. Se giró y caminó entre la gente buscando a Soo Min, ya que no podía marcharse sin decirle a ella. Jaejoong se agarró a la manga de su traje como si no quisiera perderse ni separarse de él, y por un momento, Yunho recordó su infancia, cuando Jaejoong lo seguía aunque él no quisiera.

 Al encontrar a Soo Min, el modelo tocó su hombro desnudo con la mano, sobresaltándola, dándose cuenta por primera vez de que tenía las manos congeladas.

 - Yunho, cielo, ¿Dónde te habías metido? - nada más formular la pregunta, los ojos de Soo Min se desviaron hacia Jaejoong y ella dibujó una enorme sonrisa marcada por el carmín en su dirección. A Yunho no se le escapó aquel gesto y miró a su hermano, viendo que él respondió a la sonrisa, aunque más tímido y avergonzado - ¿Ocurre algo, Yunho?

 - Tengo que irme - dijo él en voz baja para que nadie más se enterase - Me ha surgido un asunto familiar y...

 - ¿Es necesario que te vayas? - preguntó Soo Min, desviando su mirada una vez más hacia Jaejoong, provocando que Yunho. hiciera lo mismo.

 - Tengo que hablar en privado con mi hermano - dijo él a regañadientes ya que su protectora parecía implacable a dejarlo ir.

 - Entonces no hace falta que te marches... - respondió ella sonriendo de forma que le pareció sospechosa - Casualmente tengo la llave de una habitación. ¿Por qué no subís y habláis allí? 

Podéis quedaros cuanto haga falta, ya está pagada y yo no pensaba quedarme esta noche, así que al menos, que la aproveche tu hermano. Seguro que ha hecho un largo viaje hasta aquí.

  Yunho alzó una ceja. Todo aquello sonaba muy raro y la actitud de Soo Minera más rara todavía. ¿A cuento de qué tenía la llave de una habitación si no pensaba usarla? ¿Y por qué sonreía a Jae de aquella manera, con complicidad, como si ya se conocieran?
  
- Shindong- Soo Min llamó a su secretario, quien estaba a su lado en ese momento, nunca se separaba de ella y al que Yunho siempre ignoraba - Dale a Yunhola llave.
  
Shingdon miró al chico con desagrado, pues siempre había demostrado aversión por él, y se sacó la tarjeta que hacía de llave para entregársela con una extraña mirada. Yunho la tomó sin quitarle los ojos de encima, intentando distinguir el significado de aquella mirada, pero entonces sintió un tirón en su manga que le hizo volverse para ver que Jaejoong seguía allí y estaba impaciente por estar a solas.

 - Gracias, Soo Min.. - Yoomin se acercó a su jefa y se inclinó para darle un beso en la mejilla sin importarle que su hermano o todos sus posibles contratantes o sus compañeros modelos le vieran, y acto seguido se dio la vuelta y guió a empujones a Jaejoong hacia la salida.

 En el exterior del gran salón donde se celebraba la fiesta no había tanto ruido de copas, charlas y música de fondo y en la recepción del hotel se respiraba un ambiente totalmente distinto, más tranquilo y relajado, sin tanto alboroto ni humo de cigarro.

Yunho no se volvió ni una sola vez hacia Jaejoong en todo el camino hasta el ascensor del hotel, el cual les llevaría a la última planta, según ponía en la llave, que era donde estaba la habitación alquilada. Jajoong examinó la llave en el ascensor, en silencio, sin querer cruzar mirada o palabra con su hermano, pero este no se despegaba de él. Buscaba el contacto de cualquier manera, aunque Yunho lo rehuía cómo podía en aquel espacio tan pequeño. Una vez llegaron a la planta, el mayor prácticamente huyó y fue directamente al final de un largo pasillo enmoquetado, donde una puerta de doble hoja se mantenía cerrada a la espera de que insertase la llave en una ranura electrónica. Lo hizo, y ante él se abrió una impresionante suite con una cama enorme, champan y unas vistas preciosas de la ciudad.

Jaejoong entró con timidez detrás de él y se quedó mirando por los amplios ventanales mientras que él examinaba la habitación. Maldita Soo Min. Parecía que lo había preparado todo, pero a la vez, resultaba demasiado fortuito como para ser verdad.

Yunho se sentó en la cama mirando la botella de champan con otros ojos. No le gustaba demasiado esa bebida, pero en ese momento se bebería cualquier cosa que llevara alcohol. En un intento de reprimir su impulso de beberse la botella de un trago, dirigió su mirada a 

Jaejoong, a pesar de que no quería hacerlo. No iba especialmente bien vestido, al menos no como él o los demás invitados de la fiesta, pero se veía que se había arreglado, con camisa y sus mejores pantalones vaqueros, en cuyo bolsillo trasero llevaba una revista enrollada. 

Jaejoong se había apoyado en el ventanal y miraba hacia afuera con la mirada perdida. 

Parecía indeciso y asustado y, al parecer, sin saber cómo empezar a hablar.

 El mayor se levantó de la cama para coger de un tirón la revista que sobresalía del bolsillo de su pantalón, viendo que se trataba de un ejemplar de la revista de moda de Soo Min en la que él salía en varias ocasiones. Estaba abierta justo en una página dedicada a un primer plano suyo y se le hizo tan raro verse a sí mismo retratado que tuvo que dejar de mirarlo.

 - Así me encontraste ¿no? - al final fue él el que comenzó a hablar, a regañadientes, tirando la edición a la cama, aunque no se cerró por lo manoseada y doblada que estaba. Desde el principio había tenido en cuenta que siendo una figura pública su familia no tardaría en encontrarle, pero confiaba en que ninguno de ellos estuviera interesado en la última moda y la alta costura.

  - En cuanto vi tus fotos fui a la edición de la revista - contestó Jaejoong contándole sus peripecias, girándose un poco hacia él, aunque mirando al suelo enmoquetado de la habitación - La mujer con la que hablaste ahí abajo me dio una invitación para que viniera esta noche... Te echaba muchísimo de menos... - olvidándose de todos sus reparos, rompió la distancia y se echó a los brazos de su hermano, apretándole fuerte para evitar que se escapara, ya que Yunho resultó excesivamente arisco en respuesta, intentando apartarle - ¡Lo siento muchísimo!

  Yunho no tardó en soltarse de aquel agarre, ya que siempre había sido más fuerte que su hermano, aquella vez no iba a ser menos. Retrocedió un par de pasos, abrumado y finalmente regresó a por el champán, aunque había estado intentando evitarlo.

  - ¿Así es como piensas que se arreglan las cosas? Apareces después de cuatro meses pidiendo perdón pensando que iba a olvidar todo lo que dijiste y que todo seguiría como antes...

  - ¡Habría venido antes si no hubieses evitado todo contacto! - le gritó, notando que Jaejoong, que siempre había sido el más sereno y templado adquiría un tono rosado en sus mejillas de pura rabia e impotencia - Te llamaba, pero no me cogías el teléfono. Te busqué, les pregunté a tus amigos por ti, incluso llamé a los hospitales de toda la ciudad, preocupado porque te hubiese pasado algo... ¡Y mientras tú estabas en fiestas, haciéndome sufrir!
  
Que Jaejoong le alzara la voz era tan extraño como que el día se hiciera noche, pero aun así, se mantuvo estoico, intentando no perder los estribos y atizarle un golpe que no tenía muy claro si se merecía o no.

 - No iba a quedarme allí poniendo buena cara como si no hubiera sucedido nada...

 - ¡Pero podíamos haber hablado!

  - No creo que haya nada de qué hablar - musitó Yunho, apartando la mirada de él, deseando salir huyendo de nuevo, coger su moto y que no volvieran a verle.

  - ¡Claro que lo hay! - pero Jaejoong no lo dejaría irse esta vez, porque no agarró bien fuerte y le obligó a mirarle - Nada de lo que te dije aquel día era verdad, Yunho - le explicó, suavizando el tono de voz y un poco el agarre - Estaba bajo mucha presión... quería estar contigo pero siempre nos interrumpían y me vine abajo... Es cierto que dije que sólo quería follar, pero no lo expresé bien... Sólo quería hacer el amor contigo, quería librarme de esa sensación de miedo y ansiedad y sentir que eras mío, y yo tuyo...

 - Nunca dudé que fueras mío - murmuró el mayor, relajando los músculos ante aquel agarre, aun no del todo convencido, pero sentía cómo daba su brazo a torcer sólo viendo el rostro enjuto de su hermano - Pero creí que lo nuestro era más profundo. Sin embargo, dijiste que era asqueroso.

  - No... no es asqueroso - replicó Jaejoong con el corazón en un puño, aventurarse a alzar la mano para acariciar la mejilla afeitada de Yunho, mirándole a los ojos con idolatría - Era precioso, Yunho. No importa lo que los demás pensarían si lo supieran, porque para mí tu eres lo mejor que podía tener nunca en mi vida. Tú eres carne...

  - ...de mi carne - terminó Yunho por él, totalmente doblegado. Apartó la mirada y cogió las manos de Jaejoong que acariciaban su rostro, como intentando que sus sentimientos le llegaran con mayor facilidad a su hermano. Pero Yunho tenía demasiado miedo a volver a ser dañado - Jaejoong ¿cómo puedes estar tan seguro? No conoces otra cosa...
  - No me hace falta - arguyó con seguridad, librándose del agarre de sus manos y volviendo a tomar el rostro de su hermano para obligarle a encararle, lanzándose hacia él para atrapar sus labios en un beso del que Yunho no pudo escapar. Estaba en sus redes. - Eres todo lo que necesito... - murmuró al separarse lentamente, juntando sus frentes, mirándose como solo los amantes lo hacen. - Que se te meta en la cabeza. Eres el único.

  - Pero dijiste...

  - ¡Olvida lo que dije! - le gritó de nuevo, sorprendiendo tanto al mayor que de un solo empujón, consiguió que perdiese el equilibrio, tirándolo de espaldas en la cama. Jaejoong sabía que la voluntad de su hermano se estaba resquebrajando y era más que consciente de que la forma más fácil de seguir con aquello era seduciéndolo. Se sentó sobre sus caderas y lo arrinconó contra el colchón, imposibilitándole la salida poniendo ambas manos a cada lado de su cabeza. - En estos meses sólo he podido pensar en ti. No he dormido ni he comido pensando en ti, en todo lo que te dije, un montón de estupideces sin sentido que tú te tomaste en serio. Pero, tonterías o no, tú te lo tomaste en serio... y realmente me arrepiento. No quería apartarte de mi lado, Yunho.

  Yunho no dijo una palabra, tan solo permaneció en silencio, mirando a los ojos negros de su hermano, consciente de que todo lo que decía era verdad. Esos ojos eran incapaces de mentirle, los conocía tan bien que eran incapaces de ocultarle nada.

  - Lo siento mucho.
  Sentía cómo Jaejoong lo presionaba de esa forma tan sutil que tenía, pese a que no trabajaba bien bajo presión, pero aun así, parecía surtir efecto, porque ya estaba en sus redes.
  
- Te quiero.Tocado. Y hundido. No podía luchar contra una confesión tan directa. Se derretía cada vez que escuchaba esas palabras salir de la boca de su hermano, y aquella vez no fue diferente. Se rindió.

  Alzó su mano derecha para acariciar la mejilla suave y tersa de piel clara como el papel. 

Debía ser cierto aquello de que no comía, porque realmente lo encontraba más delgado, aunque igualmente atractivo. Ya se encargaría él de alimentarlo para que volviera a su estado anterior, pese a que siempre había sido demasiado flaco.

  Fijó su mirada en los labios rosados y llenos. Eso sí que no había cambiado. Y así, lo atrajo para poder besarlo suave y tiernamente como hacía mucho tiempo que no hacían. Sin lujuria ni miedo. Pausado. Relajado. Allí no había miedo, ni peligro a que alguien llegara e interrumpiera. Tenían tiempo y privacidad. Y a ellos mismos. Era todo cuando necesitaban.

  Al separarse, volvieron a mirarse a los ojos y, por un momento, sobraron las palabras. A Jaejoong no le hizo falta escuchar de los labios de Yunho que lo perdonaba y que realmente lo amaba, pese a que aun no había conseguido arrancárselo con palabras, pero sabía que eso era lo que él sentía y que esa era la mejor forma de demostrárselo.

 - ¿Y ahora qué? - preguntó Yunho, sintiéndose repentinamente demasiado cansado y relajado, como si hubiese estado cargando a su espalda un peso enorme durante mucho tiempo y de repente le hubieran librado de él.

Jaejoong lo miró algo sorprendido, parpadeando extrañado. Aquella pregunta se le antojó tentadora y su mirada se posó en los labios finos de Yunho, bajando por la parte descubierta de su pecho, los botones de su camisa, deteniéndose en la cremallera del pantalón oscuro del traje. Tragó saliva y se remojó el labio inferior con la lengua con un pensamiento fijo y un único propósito. Sus manos no tardaron en dirigirse a su propia camisa para intentar desabrochar con prisa los primeros botones de esta.

  - No me refería a eso - aclaró Yunho, apresurándose a detenerlo, reconociendo sus intenciones y su cara de pena al verlas frustradas.

  - Pensé que podríamos aprovechar la habitación de alguna manera... - suspiró, disculpándose, dejando que Yunho le apartara el pelo de la cara con una caricia.

  - Tengo piso propio ahora ¿sabes? - los ojos del menor se iluminaron al recibir la noticia - No más interrupciones, ni presiones, ni miedos... ¿Qué te parece la idea?

  - Me parece que tu nuevo trabajo es increíble - exclamó Jae, abrazándose al mayor con alegría de solo pensar que podría pasar más tiempo a solas con Yunho. - Y salías increíblemente guapo en esa revista.

 - ¿Quieres decir que no soy increíblemente guapo normalmente?

  Jaejoong sonrió y golpeó con suavidad el pecho de su hermano por la broma, pero feliz de que la tensión y el malestar entre ellos hubiera desaparecido lo suficiente como para bromear.

 - Guapo es decir poco. - murmuró, acariciando el pecho fuerte del mayor por encima de la camisa, notando los pectorales duros a través de la fina seda - Eres perfecto... Perfecto en todos los sentidos.

  - Tan perfecto que no podrías vivir sin mi - Yunho se rindió al juego. Deshizo el nudo de la corbata y abrió el primer botón de su camisa, dándole pie al menor para que continuara con los siguientes.

 - No puedo vivir sin ti - aseguró a su vez, desabotonando aquella delicada camisa de diseño con premeditada lentitud - Soy un inútil si no estás a mi lado.

  Yunho no movió un músculo hasta que la camisa quedó abierta y su pecho al descubierto, el cual fue acariciado con deleite por las manos blancas y delicadas de Jaejoong, que habían ansiado aquel contacto durante meses. Permitió al menor seguir desvistiéndolo, continuando por abrir el pantalón. Jae se levantó de su sitio privilegiado en el regazo del mayor, el cual se incorporó levemente para retroceder en la cama, sentándose en el mismo centro, apoyando su espalda en el cabecero de la cama, viendo cómo Jaejoong tomaba la iniciativa.

  -  Estabas deprimido ¿a que si? - le preguntó, sintiéndose poderoso y dominante mientras que Jaejoong le quitaba los zapatos de marca y los tiraba al suelo sin ningún cuidado, dejando sus pies sin obstáculo para poder sacarle los pantalones sin prisa en sus gestos pero con hambre en su mirada y su pecho, que se agitaba con ansia por más.

  - Sentía que me moría - sollozó, tirando los pantalones en el mismo lugar que los zapatos, ahogando un gritito por encontrarse las piernas fuertes y morenas sin un solo pelo. Las recordaba velludas, y aunque eso nunca le había importado, así, completamente rasuradas le resultaban absolutamente tentadoras.

  - ¿Lloraste?

  - Tanto que podía haberme ahogado en lágrimas - confirmó, gateando en la cama para terminar de desnudar al mayor, quitándole la chaqueta del traje y la camisa de una sola vez.

 - Fantástico.

Jaejoong no previó el movimiento de Yunho cuando agarró las solapas de la camisa que aun llevaba puesta y tiró con tanta fuerza que hizo que todos los botones saltaran por doquier. 

Prácticamente le arrancó la camisa y lo mismo con los pantalones y los calzoncillos y lo derrumbó en la cama, situándose sobre él con fiereza mientras le comía la boca, hambriento.
  
Gimió sin control, sintiéndose tan sumamente dominado que por un momento pensó que ni su alma le pertenecía. Todo él era de Yunho. Y esa era su mayor satisfacción junto con la de que ahí podía ser libre de gritar de placer si quería. Y sólo Yunho podía conseguirlo.

 A penas sintió la tentativa del mayor por abrirse paso por la resistente entrada de su ano hasta que el primer dedo estuvo dentro. Abrió los ojos para ver la cara de Yunho, que apretaba con fuerza los dientes en un intento ciego de contenerse mientras que se afanaba por dilatarlo con la más absoluta eficacia y rapidez. Y Jaejoong no se lo ponía fácil, pues al verlo de esa manera, comenzó a mover su pelvis para incrementar la penetración y rozar sus penes de forma obscena, gimiendo sonoramente, mientras atrapaba una de las nalgas del mayor para que el contacto fuese absoluto. Con cada gemido notaba cómo el miembro de Yunho se endurecía más y más hasta que no pudo soportarlo más, enloqueciéndole, haciéndole llegar al límite.

  - Maldito crío - gruñó, cegado por la lujuria, atrapando las manos de Jaejoong e inmovilizándolas a cada lado de su cabeza. Jae vio cómo todos los músculos del fornido cuerpo que estaba encima de él se tensaban por el esfuerzo de controlarlos y él sólo pudo sonreír con excitación.

  - Fóllame de una vez - ordenó abriendo sus piernas cuanto podía y rodeando con ellas la cintura de su hermano.
  
Yunho no aguanto más. No fue capaz de quitarse la ropa interior, simplemente liberó su miembro y lo penetró con lentitud por la resistencia que suponía la mala preparación. Pero Jaejoong no se quejó en ningún momento.

 -Yunho.. - musitó, dando un largo suspiro cuando la notó toda dentro y acto seguido, el interpelado comenzó a moverse a un ritmo lento, en completo silencio, conteniendo sus emociones - Más duro - suplicó, agarrando las sabanas, deseando por que comenzaran las bruscas embestidas a las que Yunho le había sometido en otras, aunque escasas, ocasiones - ¡Más profundo!

  Aunque el lenguaje sucio de Jaejoong cuando estaba ahogado en él le resultaba excesivamente morboso y le ponía a mil, le estaba costando soltarse por completo. Pero tras un acertado beso en los labios, amoroso y abandonado, Jaejoong consiguió arrebatarle toda esa tensión y hacerle concentrarse en la única misión de darle placer.

  Las embestidas se volvieron duras y certeras, provocando que Jaejoong gimiera de puro abandono al placer y la cama se quejara por el maltrato. Jaejoong era incapaz de moverse, siendo empotrado una y otra vez contra el colchón, sin descanso, cortándole por completo la respiración, dejándole sin un solo pensamiento coherente y convirtiéndole en un esclavo del placer. Y explotó larga y abundantemente entre los vientres de ambos, notando como el orgasmo lo recorría como un latigazo desde la punta de los pies hasta lo más profundo del cerebro, adormeciendo todo su cuerpo con un hormigueo satisfecho y dejando todo su cuerpo laxo. Aun podía sentir cómo los dedos de Yunho se engarfiaban dolorosamente en sus caderas y daba las últimas estocadas que le llevaron al final, pero lo sentía tan lejano que por un momento pensó que lo había dejado paralitico.

  Yunho se corrió sin pararse a pensar si debía hacerlo dentro o fuera. En realidad no había pensado en nada durante un largo rato excepto en lo grandioso que era estar dentro de Jaejoong y en lo bien que se le daba a este el calentarlo. El menor le hacía convertirse en una maquina de sexo y la verdad es que no podía quejarse.

  Se dejó caer a un lado, tumbándose en un posesivo abrazo junto a Jaejoong, dándose cuenta de que habían estado a punto de caerse de la cama por la brusquedad de sus movimientos. Estaba agotado y miró a Jaejoong, esperando encontrar una irremediable mueca de satisfacción y encontrando que tenía la mirada perdida, respiraba entrecortado y temblaba ligeramente, y empezó a preocuparse.

  - Jae... - murmuró, tomando su barbilla, instándole a que le mirase - ¿Estás bien?

  - Me tiemblan las piernas... - informó, dibujando una ligera sonrisa complacida - Tardaré semanas en recuperarme de esto...
  
Yunho también sonrió, sintiéndose estúpido por haberse asustado, y volvió a abrazarlo, sintiendo cómo la pieza que había echado en falta durante tanto tiempo volvía a encajarse en su pecho.

***

  Las cosas tardaron un tiempo en volver a su cauce. Yunho siguió modelando y Jaejoong estudiando, cada uno por su lado hasta que llegaba la noche y se encontraban en el piso del mayor para cenar y ver una película tranquilamente o para dar rienda a su pasión. Pero a Yunho le preocupaba algo.
  
Desde que se fue no había vuelto a encarar a sus padres. Ellos no sabían dónde estaba o qué le había sucedido, pues Jaejoong no había soltado prenda, pero la cosa no podía seguir así. Seguro que estaban muertos de preocupación, y ellos no se merecían algo así. Debía dar la cara.

  El primer sábado que Yunho tuvo libre le pidió a Jaejoong que le acompañara a visitar a sus padres a su casa.

 La primera reacción de Yunho cuando el menor abrió la puerta del hogar familiar fue que aquello ya no era suyo, que él se había emancipado y por fin tenía un lugar propio y que ya no tenía por qué seguir dándole explicaciones a nadie. La segunda fue que algo no marchaba bien.

 Entraron en la casa en silencio y se dirigieron a la sala de estar mientras que unos sonidos de sobra conocidos les hicieron empalidecer a ambos a la par que se acercaban.

  "Yunho... Más duro...  Ah..." e infinidad de gemidos escandalosos que hicieron enrojecer a Jaejoong hasta la raíz del pelo por resultarle excesivamente personales.

  Los padres de ambos chicos se encontraban boquiabiertos delante del televisor, donde podían verse de primera mano unas tórridas escenas de sexo en las cuales los claros protagonistas eran los dos hermanos.

Jaejoong pasó del blanco al rojo y de este al morado por la falta de aire, perdiendo toda capacidad de hablar, notando que el pulso se le paraba al verse a sí mismo, retorciéndose en los brazos de Yunho mientras tenían sexo.

  Y Yunho, con una máscara de indescifrable tranquilidad articuló las palabras más adecuadas para la situación:

 - Estamos jodidos...


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