EPILOGO
Ver todo lo que he obtenido en
éste tiempo, me hace pensar en lo maravillosamente afortunado que he sido a lo
largo de estos siete años, en lo dichoso que me he vuelto. Mirar todo cuanto
poseo, me hace ansiar esforzarme por ser mejor día con día, sin rendirme, sin
flaquear, sin dudar una vez más de quién y lo que soy, de lo que deseo para mi
vida: los quiero a ellos, a mis tres amores, a mi lado. No pido más que eso.
Siento que podría morir de
felicidad en éste momento y me pregunto si sería eso posible. No lo sé y ya no
vale la pena molestarse en pensarlo. Hoy es el día de mi boda. ¿Quién diría que
terminaría casado? Jamás lo imaginé y con todo, es lo que más he anhelado desde
que le conocí, sin embargo, eso ya todos lo saben. Lo he repetido durante todo
este tiempo a mis amigos y ahora, cuando estamos a unas horas para el gran
suceso, no puedo creer que sea cierto y los nervios me invaden. Las piernas me
tiemblan y mi pulso está acelerado, no logro dejar de mirar hacia los lados,
ansioso, mordiéndome el labio o las uñas. ¿Qué puedo hacer? Es una
reacción común. Es un paso importante el que daré..., después de todo, no vamos
por la vida contrayendo matrimonio a diario, no resolvemos compartir nuestra
existencia con cualquier ser humano y eso es lo que me asusta, me aterra pensar
en la idea de que él se arrepienta de ello, pues, sé que no soy la mejor
opción, nunca fui la clase de hombre perfecto, de ánimo templado y carácter
apacible; soy todo lo contrario y creo que, de los seres vivos, soy el que ha
cometido los peores errores. Estoy lleno de imperfecciones, los más horribles
defectos y..., aunque Jaejoong lo
sepa, no puedo dejar de pensar en el que se dará cuenta de que existen personas
capaces de hacerle sentir lo que yo no puedo. La idea de que diga “no acepto”, que termine
por arrepentirse, me está acuchillando el alma.