Capitulo 5
Ese
día me salté el resto de las clases, no quería ver a Yunho, me avergonzaba por
lo del beso y por lo que le había dicho...me quedé cerca de las canchas
leyendo, fumando, oyendo música, lo que fuera para tratar de distraerme. Ya a
la hora en que se supone terminaban las clases decidí irme a mi casa, por un
momento se me olvidó y pasé por las bancas donde solía juntarse Yunho, ahí
estaba él, platicando con alguien, entonces volteó hacia donde yo estaba, nos
miramos unos instantes, lo ignoré y me fui como si no lo conociera. Pasos más
adelante noté que me iba siguiendo, así que traté de caminar más rápido, “parezco
estúpido huyendo de esto” pensé así que me detuve y me volteé
rápidamente de modo que casi Yunho se estampa conmigo.
—¿Qué
es lo que quieres? —le dije
—Pues…hablar
contigo…
—Sólo
tienes cinco minutos, pero aquí no, vamos a otro lado…—nos dirigimos a la
salida y caminamos por unas calles cerca de la escuela.
—Perdón
Jaejoong, perdóname por favor, yo sé que no debí de hacer eso…
—Pues
claro que no, idiota —le respondí.
—Creo
que ahora si te hice enojar ¿verdad? Me sorprendió verte así tan
enojado…—seguimos caminando sin rumbo por aquellas calles hasta que llegamos a
un pequeño parque y nos sentamos en una banca.
—No
quiero que vuelvas a hacer eso Yunho, sino no te volveré a hablar en mi
vida…—me costó mucho trabajo decirle eso pero era la única forma de que
entendiera.
—Este
bien—entonces me rodeó con uno de sus brazos, lo cual hizo que me molestara.
—¡Te
dije que no Yunho! —le aparté el brazo.
—Te
ves muy lindo enojado, ¿sabes? Esta bien, ya no te haré nada, pero bien que te
gustó ese beso.
—No…
—Entonces…
¿por qué no te opusiste o algo?
—Pues
porque tu eres más fuerte que yo y…
—Pero
no te obligué, ¿o sí? —me interrumpió y se me quedó viendo con una sonrisita
malvada.
—Ya
déjame en paz…—dije
—No,
porque me gusta hacerte enojar…
—Bueno
entonces ya me voy…
—¡No,
espera! Oye, entonces… ¿no?
—No qué…—caminábamos
hacia la parada de mi camión.
—Ah…nada,
creo que será un amor imposible…, bueno, ya me voy, adiós—se acercó a mi oído y
me dijo:
—Te
cuidas, ya no seas tan enojón—no me dio tiempo de pegarle o algo, ese maldito
me hacía enojar por tonterías, pero algo dentro de mí se sentía feliz de que
alguien se fijara en mí, era una sensación algo contradictoria, me gustaba que
me molestara pero a la vez no.
.
Unos meses después de que se fuera aquel hombre, yo cumplí los 12 años y
un mes después entré a la secundaria. Me costó mucho trabajo socializar con la
gente, y más hacer amigos, de hecho creo que no tuve ninguno, sólo eran mis
compañeros y ya.
Como a las dos semanas empecé a juntarme con otros tres chicos, me caían
muy bien, pero ellos eran mucho más alegres que yo, siempre me decían que por
qué era tan serio y callado, yo no sabía que responder, pero poco a poco me fui
acostumbrando a ser así.
En las noches cerraba la puerta con llave, antes también lo hacía, pero
él le había sacado una copia a la llave, por eso siempre entraba cuando se le
daba la gana, pero ahora que ya no volvería nunca más, me sentía más seguro
aunque siempre tenía que cerrar la puerta con llave…sólo por precaución…a veces
tenía pesadillas en las cuales volvía a ver a aquel tipo y me hacía eso…o a
veces soñaba cosas ya pasadas, casi siempre eran diario, era todo un tormento
dormir, porque él siempre iba a visitarme en mis sueños.
Pasaron
unas cuantas semanas y Yunho cada vez me molestaba más y más, me abrazaba, me
decía cosas al oído, casi siempre tonterías cursis sin sentido, a veces me daba
risa, pero a veces era desesperante, pero como siempre, poco a poco me fui
acostumbrando y después todo eso dejó de molestarme tanto, a veces hasta le
seguía el juego, pero ya cuando quería abrazarme o besarme lo apartaba de mí,
por más que mi cuerpo quisiera responder aquellos abrazos y besos mi mente
decía que no. Algo me decía que me gustaba, pero yo no quería aceptarlo, cada
vez me era más imposible rechazar sus muestras de afecto, y él empezó a darse
cuenta, así que empezó a molestarme más y más, hasta que llegó el día en que yo
ya no pude resistir más, me hacía feliz, saber que después de todo a alguien le
importaba, aunque sea un poco, por esa razón fue por la que un día le dije que sí,
que lo intentáramos, aunque no estaba seguro de poder con eso.
—¿En
serio? ¿Lo dices en serio? —me dijo Yunho después de que le dijera que sí.
—Que
sí…pero no sé si en verdad yo…
—¡Ah!
—me interrumpió—¡Créeme que me haces muy feliz!
—No
digas tonterías…—le dije.
—No
son tonterías, yo en verdad te quiero y voy a hacer que tu hagas lo
mismo—entonces se acercó y me dio un tierno beso, sentí un poco de mariposas en
el estómago pero era una sensación agradable, hace mucho que no me daban un
beso así de sincero, de hecho creo que nunca me habían dado un beso así; él de
la otra vez fue muy alocado diría yo pero este había sido muy diferente. Me
abrazó, me sentí extraño estar rodeado por alguien que no fuera…así que a los
pocos segundos lo aparté de mí.
—Bueno…
¿y quieres ir a mi casa?
—No,
mejor otro día—le dije
—Esta
bien, ¿te llevo a tu casa?
—No
soy una chica…
—¿Y
eso qué? Pueden robarte de todas formas, alguien tan lindo como tú…
—Ya te
dije que no soy lindo, ya me voy, te veo mañana…—no sé porque pero me sentía
extraño cuando me decía lindo o cosas así, no me las creía, aunque se veía
sincero cuando lo decía yo no podía creerle…
Pasaron
unos cuantos días desde que empezamos a “salir”, la verdad no sé como pudo
soportarme, yo me portaba muy huraño y seco, él me decía que saliéramos a algún
lugar, y yo casi siempre le decía que no podía, o cualquier pretexto para no
salir; a veces iba a su casa, su mamá era una mujer muy amable y linda, además
de que cocinaba muy rico, pero siempre que iba a su casa me sentía incómodo,
sentía que no encajaba en ese lugar.
Un día
estábamos en su casa, su mamá no estaba, y su papá, bueno él nunca estaba pues
trabajaba en otra ciudad y lo veía de vez en cuando, así que ese día estábamos
solos, él me llevo a su habitación, nos sentamos a ver la tele en el suelo, no
quería sentarme en la cama… después él empezó a acercarse a mí, me rodeó con
uno de sus brazos, me besó, mientras yo trataba de empujarlo, se alejó de mí
pero de repente jaló el cierre de mi chamarra e intento quitármela.
—¡Deja!
—le dije apartando sus manos de mi prenda.
—¡Lo
siento! Creo que me emocioné demasiado…—dijo—.Pero aún así deberías de quitarte
la chamarra, hace mucho calor.
—No,
déjame, soy yo quien la lleva puesta…
—Pues
si pero…—entonces se abalanzó sobre mí y trató con todas las fuerzas que pudo
quitarme la chamarra, yo intenté impedirlo mientras le gritaba groserías, pero
no le importó, empezó a jalar de una de las mangas, entonces no sé que
movimiento hizo que alzó la manga y vio aquellas marcas que había escondido
todo este tiempo.
—¿Qué
significa esto? —me dijo mientras trataba de soltarme de él.
—¡Déjame!
—¡No!
¡Muéstrame la otra muñeca! —me dijo
—¡No!
¡Suéltame, que me estas lastimando! —le dije gritando como loco.
—¡Que
no! ¡No te voy a dejar ir si no me enseñas la otra muñeca! ¿Cómo puedes hacerte
esto?
—¡¿Y a
ti qué te importa?! ¡Es mi vida, no te metas en ella! —como estaba
muy molesto le di un puntapié para que me soltara, salí corriendo de ahí, me
sentía indefenso, ¿Por qué tenía que haber visto esas marcas? Sentía como si me
hubieran quitado la ropa y anduviera desnudo por la calle, quería correr y
esconderme en cualquier lugar, Yunho había descubierto uno de mis secretos y
sabía que no me iba a dejar en paz hasta que le dijera todo.
