La taza retumba demasiado fuerte en esas paredes vacías,
poniéndole la piel de gallina. Aún hacía calor y aún quedaban restos de días
soleados, pero él no había sido el principal que se había encargado de
disfrutarlos, solo se había quedado con su madre, en ese departamento que aún
parecía demasiado grande para solo ellos dos.
Dos.
Aún le costaba asimilar esa información.
Deja la taza y el bol con restos de cereales con cuidado
dentro del lavaplatos y camina hacia la habitación de su madre que aún
pertenecía cerrada. Ni siquiera alcanza a golpear para despedirse cuando un
débil llanto en su interior le interrumpe.
No era la primera ni seguramente la última vez que ocurriría
esto, pero oír a su madre sufrir aún por el idiota de su padre le dejaba con un
cargo de conciencia que le estaba costando vivir.
Jaejoong había vivido tres años en Japón y había decidido devolverse
a Seúl en una última instancia. El japonés nunca había sido su fuerte y odiaba
ser el extraño en un país al que nunca perteneció ni quiso pertenecer.
En un país que no existía ni su felicidad ni las personas
con nombre Yunho.
- Mamá –carraspea débil,
esperando una respuesta-. ¿Puedo entrar?
- Por supuesto que sí, cariño.
Le cuesta hacerlo de forma rápida cuando la ve con su pulcra
bata, sentada en su cama, limpiándose bajo las pestañas. Era un acto que
últimamente se había repetido todos los días (y hasta más de una vez por día) y
del que aún no sabía como responder.
- ¿Ya te vas?
- Sí. No quiero llegar tarde.
- Te irá bien, cariño, no
tengas miedo.
No se lo había dicho, pero al escucharla pudo notar como su
miedo se olía a kilómetros. El pánico de llegar a un lugar nuevo, tener que
conocer gente y adaptarse a un medio del que no estaba acostumbrado. Y más si
era la universidad en donde estaba ahí porque quería, haciendo lo que
quería.
Juega con un hilo del cubrecamas cuando siente la mano de su
madre acariciando con cuidado una de sus mejillas.
- ¿Estás seguro que no quieres
que te vayan a dejar? No me costará nada encontrar un chofer.
- No mamá, no quiero que me
miren extraño.
- No tiene nada de malo.
- Pero no soy un bebé.
Una palabra que hubiese preferido no usar, arrepintiéndose
en el acto y levantándose antes de que el miedo le impidiera salir de ahí. Le
besa una mejilla y susurra un suave te quiero que es respondido de la
misma forma y con más insistencias de preguntas que a él le ponen inquieto.
Si este tipo de situación la estuviera viviendo con su padre
también, quizás las cosas serían distintas. Quizás no tendría que preocuparse
de irse a la facultad sin miedo a que su madre continuara llorando o que se
quedara todo el día en la cama intentando buscarle sentido a su vida. La
preocupación no solo era por él, sino que también era por ella, por ambos.
Porque parecía que los dos aún no eran capaces de adaptarse a esta situación o
a esta forma de vida en la que no estaba el pilar con el que siempre contaron.
Ya no estaba esa persona que le regañaba por llegar demasiado tarde o que
abrazaba a su madre cuando lo necesitaba porque parecía demasiado distraído o
demasiado antisocial, ahora era él y nadie más. Era el que se quedaba un poco
más tarde y se aseguraba que toda la casa estuviera en orden y que ese lugar
que parecía aún demasiado grande, intentara ser más ameno.
Jaejoong sale del ascensor y se despide con timidez del
conserje, que ya tenía un taxi detenido exclusivamente para él. Privilegios que
el mundo no entendía, pero que en su entorno eran normales y hasta
avasalladores, haciéndole pensar que si él estaba mal o el mundo.
A veces, como ahora, cuando viajaba en silencio, solo
pensaba. Pensaba en situaciones que serían distintas si él hubiese optado por
otra elección. Si hubiese preferido la felicidad de su madre antes que la suya,
si la carrera que hubiese elegido no hubiese sido ilustración sino que leyes como
siempre habían querido para él y que esto, habría evitado muchos problemas.
Jaejoong quería a su padre, y mucho, pero desde lo que pasó
con Yunho el distanciamiento cada vez se hizo mayor. Si antes hablaba poco,
desde ese tiempo, el silencio se volvió su mejor amigo. El problema con el
idioma lo hizo encerrarse más en si, llevándolo a todo tipo de psicólogos, pero
la mayoría rindiéndose porque decían que no podían hacer nada si él no colocaba
de su parte, si no salía de ese letargo o trauma en el que parecía vivir desde
hace meses.
Pero cuando cumplió diecisiete años y el tema de la
universidad salió a flote, Jaejoong sí habló. Sí dio su opinión y sí pidió
cosas que antes no había hecho. Él quería estudiar ilustración porque eso lo
hacía feliz y eso quería hacer hasta morir, y no quería en Japón a pesar de lo
buenísimas que eran las universidades, sino que quería volver a Seúl en donde
creía que un trozo de su alma se había quedado flotando. Y ahí es cuando
las peleas se volvieron más recurrentes y el tema de Yunho volvió a salir a
flote, hiriéndolo. El tema de la homosexualidad no era un tema que su padre era
capaz de aceptar y mucho menos el hecho de haber estado con alguien que le
ganaba mucho en edad.
Pero su madre siempre lo apoyó, siempre estuvo ahí y se
quedaba en silencio porque ella lo entendía. Porque por su hijo, ella era capaz
de sufrir para que él no tuviera que seguir haciéndolo.
Y el primer día de clases no fue tan terrible como creyó. No
tuvo que esconderse ni sentarse en el último lugar para no llamar la atención
porque acá nadie le miraba extraño, nadie le apuntaba por parecer demasiado
femenino o porque era demasiado callado. Acá habían más como él, había más
gente que evitaba a otra porque así se sentía cómoda. Aunque incluso un chico
de su misma edad le habló, asustándolo en un principio, pero notando que no
tenía malas intenciones sino que solo quería conocer a alguien para no
encontrarse tan solo en ese lugar que era tan grande como para perderse. Fue
capaz de mantener una conversación con él sin tener miedo a quedar en ridículo
y dándose cuenta que incluso compartían algunos intereses en unos mangas que
tenían en común.
Cosas que a nadie le importaban, pero que a él parecían
ponerlo más feliz y darle por fin, la bienvenida a Corea que tanto necesitaba.
**
Voltea la hoja con el ceño fruncido sin entender demasiado,
mientras bebía un corto sorbo de café demasiado negro.
No recordaba cuanto había logrado dormir el día anterior,
pero estaba seguro que no habían sido más de tres horas. Imposible que fueran
más si ese maldito caso no se le salía de la cabeza ni cuando era capaz de
juntar sus párpados. Las desventajas de ser abogado y de pensar en los casos
hasta cuando no tenía que hacerlo.
Pero qué importaba, era su propio jefe, podía hacer lo que
se le diera la maldita gana.
Como ir a ese café todos los días, demasiado temprano porque
odiaba tomar desayuno en su casa. No porque odiara compartir mucho tiempo con
Taepoong sino que lo tomaba como una rutina que le relajaba de cierta manera y
le hacía partir el día de mejor forma.
Da una mordida al sándwich sin despegar la vista de la
entrevista que leía sobre unos testigos del acusado cuando siente la silla de
enfrente de su mesa moverse. Odiaba que le interrumpieran cuando leía o cuando
comía, pero cuando se dio cuenta que era un joven que le miraba nervioso le dio
igual.
Seguramente le pediría la silla y se iría, nada fuera de lo
normal.
- Hola, ¿me puedo sentar?
Mierda no, por favor no.
Mira a su alrededor con desconfianza y se da cuenta que aún
quedaban mesas disponibles como para que justo hubiese ido a la suya. Le dan
ganas de decirle que no, que no se podía sentar, pero cuando le ve balancearse
nervioso, sosteniendo las tiras de su mochila en su espalda, solo toma las
hojas que estaban en frente y las arrastra hacia él, dándole espacio.
Tenía que aprender a decir que no como meta en su vida.
Le gustaría no mirarlo cuando se sienta, pero lo hace porque
le parece un rostro familiar, pero no está seguro de dónde. Probablemente del
hijo de algún cliente o algo así.
Y cuando se vuelve a sumergir en la entrevista, es su leve
carraspeo el que lo hace levantar la cabeza y notar que le miraba fijo,
mientras sonreía leve a causa de unos notorios nervios.
- ¿A qué te dedicas?
¿De verdad le estaba sucediendo esto justo a él que lo único
que pedía era una mañana tranquila?
Se rasca el tabique de la nariz un poco abrumado por la
situación y piensa en todas las veces que había tenido que vivir esto desde
hace un tiempo. Era como si tuviera un imán con los menores desde aquella
vez.
Piensa en como sonar cortante, pero no antipático y le
cuesta, le cuesta mucho.
- Soy abogado –le mira serio
sin intender su forma de coqueteo-. ¿Por qué?
- Es interesante.
El jovencito no se demora mucho en responder como él. Cruza
la pierna sin quitarle la vista de encima ni esa sonrisa que cada vez parecía
crecer más aunque tuviera la bombilla de su café entre sus labios.
No debía tener más de veinte como mucho.
- ¿Qué es interesante?
- Ser abogado. ¿Cómo te
llamas?
Odiaba tener aún la entrevista entre sus dedos y no ser
capaz de leerla porque cada segundo que él lograba concentrarse, el joven ya le
estaba interrumpiendo.
Seguramente no se aburriría hasta conseguir su número de
teléfono que a él le costaría negarle, diciendo que era un universitario mayor
de edad y que le había flechado a primera vista.
Por egocéntrico que sonara, no era la primera vez que esto
le ocurría.
Y mierda, él solo quería leer.
- Yunho –susurra sin mucho
ánimo-. ¿Y tú?
- Jaejoong.
Imposible. Alguien tenía que estar jugándole una
broma muy pesada.
Se remueve incómodo en la silla, pegando más su espalda al
respaldo, mientras retoma las hojas y las golpea en el costado, ordenándolas y
buscando una manera en la que no tuviese que mirarlo a la cara porque, mierda,
estaba incómodo y solo quería que se fuera de ahí y dejara de molestarlo.
Quería tener una vida normal y una pareja de su edad por
mucho que le costara o por mucho que lo intentara y esto no diera resultados.
Tenía que dejar de pensar en ese nombre que sabía que no
volvería porque estaba demasiado lejos y porque probablemente ya ni siquiera le
recordaba. Y si lo hacía no era con felicidad porque él había sido el encargado
de complicarle la vida más que mejorarla.
Le costó asumir eso, pero después de un par de años lo
logró.
(Tres años para ser exactos, aún llevaba la cuenta).
- ¿Qué estudias?
Lo pregunta sin levantar la vista de los papeles por largos
segundos, como si se tratara de un cliente más al que tenía que solucionarse un
grave problema. Podía ser la pensión de sus padres, violación o cosas con las
que le era normal tratar.
Más que por querer saber más de él, era para evitar que
sonriera de esa forma que le pone nervioso y no sabe porqué. Sentía que era un
acto casi como de burla hacia su persona.
- Ilustración.
Y eso sí que le hace sospechar. Le hace dejar los papeles a
un lado y levantar la cabeza y encontrarse con esa sonrisa que parecía fundirse
cuando acercaba la bombilla a sus labios y absorbía un café con exceso de crema.
El jovencito tenía el cabello pelinegro y corto, y no le
quitaba la vista de encima por un segundo.
¿Acaso sería un psicópata?
- Yo conocía un Jaejoong que
quería estudiar ilustración.
Lo dice sin pensarlo, pero asumiendo que su estómago
comenzaría a voltearse de esa manera que pasaba cada vez que lo recordaba. Toma
la taza y termina el café de golpe y empuja la silla hacia atrás decidido a
irse cuando nota que el pelinegro abría y cerraba la boca como si intentara
decirle algo, pero simplemente no pudiera. Sostenía el café frío entre sus
manos y sus mejillas habían comenzado a enrojecer poco a poco.
Y ese maldito gesto, le
recordó mucho, pero mucho a alguien.
Por favor, no.
- Yo soy ese Jaejoong –el
susurro parece débil, pero a él le parece oírlo a través de un megáfono-. Soy
Kim Jaejoong .
Imposible.
Imposiblemente cierto.
Yunho se queda con las manos sobre las piernas, sosteniendo
los papeles a duras penas, pero sin quitarle la vista de encima. Eran sus
mejillas y sus ojos y sus labios lo que le parecían familiar.
Era todo. Todo ese aspecto inocente que le hizo quedarse ahí,
evitando echarlo lejos porque lo encontraba demasiado tímido o nervioso como
para hacer algo así.
Jaejoong sostenía el vaso con ambas manos, mirando la mesa y
dejando que su flequillo cayera por sobre su frente y su rostro que ahora
parecía más maduro que antes. Ya no había una larga cabellera, ahora todo era
distinto.
Era un Jaejoong adulto, uno que seguramente ya tenía los
dieciocho años.
Mierda.
Le cuesta tragar con dificultad como si el café que no
alcanzó a digerir, le estuviera quemando la garganta y estuviera hecho de
piedritas que le impedían respirar.
Sus miedos de años y superaciones que nunca lograron
llamarse de esa forma, estaban en la basura, siendo aplastadas y pisadas por
esas emociones que sentía ahora y que le recordaban que desde cuando no se
sentía así. Desde cuando no sentía esa felicidad de querer mandar todo a la
mierda porque de pronto su día se volvió demasiado interesante y los casos de
clientes por fin habían logrado salir de su mente.
- Imposible.
Una palabra que suena seca, pero que hace que Jaejoong
levante la cabeza y le mire y sonría aún sonrojado, aún como lo hacía antes.
- Soy yo, Yunho.
No hay hyung de por medio y no le importa. No es una falta
de respeto y menos si le mira así como si estuviera prohibido porque él ya era
demasiado mayor y él tan solo con la mayoría de edad.
Dos polos que de una manera extraña lograron juntarse, pero
que no tenían idea de cómo reaccionar ante esto.
- Pero tu… -le cuesta hablar y
no parecer como un idiota-. Tu pelo…no está. ¿Qué haces acá? Mierda, es
imposible.
Una sonrisa que le hace sentir mejor porque Jaejoong no se
burlaba de él ni de su actuar, probablemente estaba igual en igual condición,
solo que era mejor conteniendo las emociones.
- Me lo corte –susurra aún con
un poco de vergüenza-. ¿Me veo bien? Hace tiempo lo tengo así.
Prefiere no responder porque bien era una palabra que
abarcaba demasiado poco con respecto a lo que él créia como se veía. La taza de
Jaejoong suena cuando la bombilla absorve las últimas gotas del líquido,
sacando al fin a Yunho de su letargo que no le quitaba la vista de encima ni un
mísero segundo.
- No sabía que estabas en
Corea de nuevo.
- Estamos aquí hace tres meses
apenas.
Meses.
Eso era demasiado tiempo en su vida para no habérselo
encontrado ni una sola vez.
- ¿Te viniste con tus padres?
- Solo con mi madre.
Era una respuesta que no esperó y que no supo como seguir
con el rumbo de la conversación. Especialmente por el hecho que ya de por si,
era dificil tratar con la persona de la que creías haberte enamorado más que
nadie y a eso había que sumarle lo desinformado que estaba de su vida, sin
saber cuando cometía un error y cuando no.
Y tampoco era como si a su padre lo recordara por lo bueno
que fue con él.
(Aunque si no fuera por el pésimo rumor que echó a correr
sobre él en cada firma de abogados, aún no se habría atrevido a formar su
propia oficina).
- Tú no has cambiado.
Sonríe recordando inevitablemente esos días en que no era tú
ni Yunho sino que usted.
- Lo siento por no
reconocerte, me pillaste de sorpresa.
- No importa, es normal, he
cambiado mucho desde la última vez que me viste.
- Pero…¿has estado bien? –de
repente el hecho de haberse preocupado de unas papeles hace un rato le pareció
una falta de respeto de su parte-. No puedo creer que estudies ilustración, lo
lograste.
Esa sonrisa que se le escapa a Jaejoong, tan sincera y real,
hace que de repente todo valga la pena. Los nervios, la incomodidad, el no
saber como comportarse con él o qué decir, pareciera que con solo ese
movimiento, todo diera lo mismo, como si el mundo se hubiese detenido y se
hubiese puesto frente a él solo a observarlo.
- Sí, bien –responde modesto-.
Lo de la ilustración es una larga historia y no te quiero aburrir.
- No me aburriré.
- Pero me tengo que ir.
El sonido de un celular les interrumpe, viendo como Jaejoong
se disculpaba rápido y metía la mano dentro del bolsillo del polerón buscando
el origen del ruido que parecía demasiado diferente al ambiente en el que se
encontraban sumergidos. Un ya voy que deja a Yunho con muchas preguntas,
sin quitarle la vista de encima cuando se levanta y vuelve a colgar la mochila
en su espalda con esa sonrisa que parecía nunca acabar.
No quería que llegara este momento no por el hecho de no
verlo nunca más, sino que porque no sabía como debían despedirse. Estaba seguro
que algo idiota ocurriría y quedaría en vergüenza de una u otra forma.
- ¿Puedes darme tu número,
Yunho? Solo si es posible.
Oh.
Asiente rápido y Jaejoong se acerca un poco más, sin dejarle
levantarse para ponerse a su altura, sino que agachándose un poco y
asegurándose de que todos los números estuvieran bien. Le gustaría no haber
sentido su perfume tan de cerca, pero que mierda, lo había hecho y
era uno de los mejores olores que había sentido últimamente.
- Dame el tuyo.
- No, yo te llamaré.
- Pero
- Adiós Yunho, cuídate.
Las palabras parecen quedar atrapadas en sus labios, sin
atinar a nada más que a levantarse demasiado tarde, siendo un completo inútil
que solo fija su vista en el cuerpo que caminaba rápido, casi corriendo, y que
desaparecía mucho más rápido de lo que apareció, casi como si hubiese sido una
alucinación.
Una alucinación en la que Yunho no dejó de pensar en todo el
día por ni siquiera un solo segundo.
**
Desde que se atrevió a pedirle el número supo que era una
mala idea. No por el hecho de haber tomado él la iniciativa, sino que por
después ser el encargado de concretar la llamada. Por mucho que tuviera
dieciocho años y en esos tres años en los que Yunho no estaba, su vida social
no había aumentado mucho ni había tenido un cambio drástico. Agradecía que al
menos ya no se ponía tan rojo cuando alguien se acercaba a hablarle
repentinamente o que ya fuera capaz de continuar una conversación por iniciativa
propia.
Pero llamar a Yunho, era muy distinto.
Era como que le hicieran pararse frente a doscientas
personas y todos tuvieran la vista fija en él, apuntándolo y buscando cada uno
de esos errores. O quizás exageraba, pero de una u otra forma, no quería verse
como un idiota ni como un niño inmaduro que nunca creció, quería que se diera
cuenta que era otro Jaejoong, uno más serio y más maduro, que tenía las ideas
mucho más claras que antes.
Mucho más seguro de si mismo.
Mira fijo los números marcados en la pantalla de su teléfono
y ve la hora, quizás ya era demasiado tarde para llamar y ya estaba acostado
bajo las sábanas, acurrucado a alguien mientras se dejaba besar por alguna
mujer que olía bien. Por alguna mujer con la que él no podría luchar porque
seguía siendo el bebé que tenía doce años menos que él y que no tenía
nada que ofrecer, aparte de un montón de dibujos que ahora parecían ser más
bonitos.
Pero su mano es más rápida y le hace marcar cuando él no
quiere ni está consciente de lo que iba a decir, solo se sorprende, odiándose y
pegándose el teléfono a la oreja antes de que fuera demasiado tarde. Y si era
demasiado terrible, podía cortar y…fin.
Respira Jaejoong, respira.
- Hola, habla Jung Yunho, ¿con
quién hablo?
No, mierda, ¿no podía contestar de una forma más normal?
Jaejoong traga saliva, preocupándose de no titubear
demasiado y de que el frío que comenzaba a sentir a causa del viento del lugar
no influyera mucho en su tono de voz.
- Soy… soy Jaejoong.
- Hola Jaejoong.
Está seguro que está sonriendo al otro lado de la
línea porque lo siente, es capaz de imaginar que en ese momento se pasa la
mano por la frente, enredando sus dedos con su cabello y mordiéndose un poco el
labio porque se daba cuenta que era cruel que sonriera si lo notaba nervioso.
Pero se lo merecía, especialmente porque se había tomado dos
semanas en hacer la maldita llamada.
- Lo siento por llamar… ¿estás
ocupado?
La imagen de la mujer parece titubear en su mente mientras
espera atento su respuesta. Y pide por favor que no sea así porque
eso terminaría de matarlo internamente y haría que nada hubiese valido la pena.
- No –suspira-. No te
preocupes, no estaba haciendo nada importante.
Genial.
Jaejoong suelta un suspiro, sin dejar de sonreír y sin dejar
de pasar las manos por sus muslos como si eso le tranquilizara o le hiciera
dejar de perder la cabeza con esa voz que creía que extrañó, pero que al
sentirla ahora, se daba cuenta que lo que sentía, no era absolutamente nada
comparado a esto.
- Y… ¿cómo estás?
- Bien, ¿y tú? Pensé que te
habías ido de Seúl porque no llamaste.
- No, ya no me iré más.
Probablemente si se hubiese visto en un espejo en ese
momento, se hubiese odiado a si mismo por la imagen de adolescente enamorado
que aún parecía vivir en él. Tenía esa sonrisa coqueta que creyó olvidada, pero
que al oír a Yunho pareció revivir mejor que nunca.
- ¿Por qué? ¿Japón es muy
aburrido?
- ¿Qué crees tú?
Tú.
Si su madre lo escuchara probablemente le diría que es un
irrespetuoso por tratar a un mayor así, pero para él Yunho no lo era, sentía
como si tuviera su misma edad.
- ¿De qué?
Sonríe al notarlo desatento, pensando que era él el que lo
tenía así y no otra cosa.
- De si Japón es muy aburrido
–sonríe.
- Nunca he ido a Japón.
Él y su idiotez al tener una conversación con el amor de su
vida que ve después de tres años. Y que seguía siéndolo.
Se pega un golpecito en la frente y aprieta los ojos frustrado.
- Lo… lo siento Yunho no
sabía.
- No tiene nada de malo. No me
dieron ganas de ir con mi mamá cuando fue, estoy un poco viejo como para salir
acompañado.
Un poco viejo.
Está seguro que cuando lo vio hace catorce días atrás
para ser exactos, Yunho no estaba nada de viejo. Estaba mejor de lo que estaba
antes de hecho, y de lo que alguien podía estar con treinta años.
(Y se cree capaz de escribir un libro cuando lo vio. Cuando
entró a la cafetería y no sabía que café pedir porque se había levantado
demasiado temprano y no quería verse en la obligación de llegar al salón de
clases y hablar con alguien con el que no estaba acostumbrado. Eligió uno con
exceso de leche y sacó las monedas con torpeza cuando lo encontró. Le costó
responderle de forma natural a la cajera y hacerse a un lado porque no lo podía
creer. Después de tanto tiempo de buscarlo y aparecía ahí, de la nada, como una
aparición del mejor sueño que podía tener en su vida).
- Te llamé porque estoy en un
lugar que quizás te gustaría venir –susurra con algo de inseguridad-. Si tienes
tiempo, claro.
- ¿Qué lugar?
Oye un suspiro profundo al otro lado de la línea, que
inevitablemente le relaja. Podría jurar escuchar una silla moverse, como cuando
se deslizan las rueditas porque estás demasiado aburrido.
- Es donde conocí a Junsu y
Yoochun –la vergüenza le asusta un poco, sin dejarle continuar tan rápido como
le gustaría-. ¿Recuerdas esa cancha de fútbol?
Probablemente sí porque la risa de Yunho, cansada y ronca se
hace notar, como si estuviera disfrutando la situación.
- Me acompañaste a un partido,
sí lo recuerdo.
- No sé si te gustaría venir
y… -su voz se torna más débil, casi inaudible-. Y verme.
Si le gustaría ir y recordar un poco lo que eran antes y
dejar a esa mujer bonita que él creía que tenía, aunque fuera por un rato para
estar con él. Se arrepiente de su proposición cuando el silencio se vuelve un
poco incómodo y la respuesta de Yunho parece no llegar.
Hasta que escuche un libro cerrarse y el mismo sonido de la
silla, pero más rápido.
- Llego en diez minutos.
Y corta.
Le deja con los nervios de punta, con el teléfono durante
largos segundos pegado a su rostro y una sonrisa que no recordaba que existía.
Y con las mariposas, revoloteando por doquiér.
**
Mentía mucho si decía que no se puso más nervioso que nunca
cuando cortó la llamada. Si no se volvió torpe cuando se levantó de la silla,
chocando con el mueble de forma estúpida y botando hojas que parecían
inalcanzables porque su cuerpo parecía demasiado grande y su oficina demasiado
pequeña.
Eran cerca de la nueve de la noche y Yunho recién sentía que
había despertado de una especie de letargo que no supo cuando empezó.
Estaba con un par de practicantes que habían llegado hace
poco tiempo a la oficina, que le miraron claramente extraño cuando él apareció
delante de ellos, y les pidió que se fueran, que necesitaban descansar. Sí, esa
misma persona que hace un rato les pidió que se quedaran con él porque era
bueno que aprovecharan el tiempo extra para estudiar mejor un nuevo caso.
Baja rápido los peldaños, prefiriendo la escalera que el
ascensor solo para no encontrar la oportunidad en la que tendría que estar
quieto y ponerse a pensar lo último que acababa de pasar.
Ver a Jaejoong y darse cuenta que no estaba listo para eso.
Que Jaejoong quisiera verlo.
A él.
Maneja de forma poco vista en él, siendo torpe y metiéndose
en calles que nunca en su vida había utilizado. Incluso se perdió, teniendo que
devolverse por el mismo recorrido que había hecho porque no tenía tiempo para
pensar ni para imaginar que Jaejoong se había aburrido de esperarlo y se había
ido.
Pero eso no pasó, porque cuando Yunho se bajó de su
camioneta con más miedo de lo que alguna vez tuvo, vio una figura que estaba
sentada casi en forma de ovillo en una de las últimas graderías, esperando. Y
podía reconocer solo la sombra y saber que era Jaejoong, por su forma de
enredar las piernas o de acurrucarse consigo mismo porque seguramente el viento
le provocaba escalofríos.
Escalofríos que parecieron desaparecer cuando se acerca y
Jaejoong levanta la cabeza sonriendo de verlo al fin. Y no saben si saludarse o
qué hacer, solo se miran por largos segundos hasta que Yunho atina a sentarse a
su lado, pero sin tocarlo, conservando la distancia por una cosa de respeto.
(Aunque se moría por tocarlo aunque fuera solo un poco, para
asegurarse de que esto estaba siendo real.)
- Te demoraste –Yunho prefiere
no mirarlo porque sabe que Jaejoong sí lo está haciendo-. Fueron trece minutos.
Igual que antes.
Yunho sonríe cuando recuerda la misma actitud de Jaejoong
tres años atrás, enojándose porque lo había llamado a las diez dos minutos
cuando él le había dicho a las diez en punto. Pequeñeces que a nadie parecían
importarle o que no valían la pena, pero para que el castaño valían y mucho.
- Lo siento, me hice de rogar.
Se atreve a mirarlo y a sonreírle y ve como Jaejoong evita
su mirada, enrojeciéndose en el mismo instante que metía sus manos en los
bolsillos de su chaqueta, avergonzado y tímido, como nunca.
Pero Yunho no tiene ganas de dejar de mirarlo ahora que lo
hace y se da cuenta que está aquí, a su lado y no en sueños paralelos que
parecía que nunca se harían realidad.
- ¿Por qué llegaste acá?
–pregunta con algo de miedo-. ¿Vives cerca?
Pero Jaejoong niega con cuidado, aún sin ser capaz de
mirarlo.
- Estaba aburrido y… quería
recordar viejos tiempos –susurra.
- Creí que nunca volverías.
- Yo tampoco lo creí.
Nota de inmediato que algo extraño le ocurre, preguntándose
si era a causa de él y de estar juntos o si era por otra cosa. Jaejoong enreda
sus dedos entre si, concentrándose en sus pantalones y abriendo la boca como si
estuviera intentando decir algo que le costaba mucho.
Pero él espera, sería capaz de esperarlo una eternidad y seguir
haciéndolo.
- Mis padres se separaron.
Un susurro débil que le incomoda apenas le oye, sin saber
que decir o qué hacer. Es algo que sinceramente no se esperaba y que le pone
con la piel de gallina porque no quiere pensar que él tuvo que ver en esa
decisión. Mucho menos en pensar en una vida en Corea en la que solo estaba
Jaejoong y su madre porque ambos le parecían demasiado débiles y tranquilos y
solo conseguía imaginárselos en una especie de burbuja silenciosa en la que no
sabían como salir.
Su padre siempre había sido un pilar para Jaejoong, por
mucho que el menor lo negara, él sabía que era así.
- Lo siento –susurra,
conteniéndose las ganas de abrazarlo-. Debe haber sido dificil para ti.
- Un poco –mantiene el tono de
voz, creando un espeso silencio que él nuevamente rompe-. Cuando volví, a las
semanas después fui a tu antiguo departamento.
No le había dicho a nadie por vergüenza y porque no quería
sentirse demasiado patético o demasiado enamorado. Había buscado una excusa un
día que no soportó más seguir en esa habitación que aún le parecía ajena,
diciéndole a su madre que iría a una librería y volvería lo más pronto posible.
Pero cuando una mujer le abrió, sus esperanzas fueron pateadas y se sintió un
maldito niño que le habían cortado la respiración con una patada en el
estómago.
- Me abrió una mujer con un
bebé en sus brazos –admite avergonzado-. Pensé que te habías casado con ella y
habían tenido un hijo. Soy tan idiota, ella me dijo que ya no vivías ahí.
- Ni siquiera la conozco como
para casarme con ella.
Le dan ganas de pegarle, pero cuando es capaz de levantar la
vista y notar que se reía de él, se aguanta, solo por verlo así.
- ¿Por qué te cambiaste? Era
muy lindo ahí.
- Quería superar algunas cosas
y sentí que era necesario irme de ahí.
Se queda hipnotizado cuando lo mira, a pesar de que esté
oscuro y que la única forma de verlo sea a través de una luz que le llega cerca
del rostro gracias a un foco. Puede notar que tiene ojeras oscuras y su cabello
parece más largo de lo normal, al borde de verse con un aspecto descuidado.
Descuidadamente perfecto.
- ¿Superarme a mi? –pregunta
con miedo.
Superar el hecho de haberse enamorado tanto y que no supiera
como volver a vivir sin él. Superar que no quería estar con nadie más porque
sentía que nadie superaba la inocencia de Jaejoong y que él siempre sería
demasiado bueno para el resto del mundo. Superar simplemente… sí, superar a
Jaejoong.
- Probablemente –susurra-.
Pero no lo logré.
Demasiada sinceridad para obtener una respuesta rápida como
a Jaejoong le hubiese gustado que fuera. Ya no le mira porque no se atreve y
porque las cosas están resultando ser demasiado sinceras antes de lo que tenía
pensado.
- Lo siento Yunho, traté de
comunicarme contigo, pero no sabía tu email y menos tu dirección, lo siento, yo
solo sabía llegar.
- No es tu culpa.
Asiente débil, sintiendo como las palabras comenzaban a
agaloparse en su garganta, casi atropellando su lengua por todas las cosas que
quería decir justo ahora. Como si todas las ideas y las palabras que siempre
quiso decirle y que siempre recordó, ahora solo quisieran hacerse presente y
hacerle saber que nunca lo olvidó.
Que siempre estuvo con él aunque no fuera en presencia.
- ¿Recuerdas cuando fuimos a
aquella exposición de mi ilustrador favorito?
- Fue la primera vez que
comías comida en la calle –recuerda en un tono casi burlón.
- Es el mejor recuerdo que
tengo contigo –contraataca tímido-. Gracias Yunho.
Mierda.
- También por recordarlo,
pensé que no recordabas nada de mi.
Pensó que lo había olvidado y que el nombre Jaejoong había
dejado de significar algo en su vida. Que quizás había llegado alguien a quién
había querido más y le había hecho más feliz de lo que él pudo lograr. Pero no
fue así. La mano nerviosa de Yunho pasando de su rodilla a la de él, con miedo,
como si estuviera pidiéndole permiso, le dice que no fue así.
Y dios, esa maldita caricia le hace sentir demasiado bien.
Aunque no significara nada, sentía que ahora podía sonreír
sin tener que fingir timidez.
- Me hubiese gustado, pero
nunca lo logré –asume susurrando.
- Yo tampoco Yunho
Pero no se besan ni se tocan. La mano de Yunho deja de
moverse y vuelve a su pierna, tímida, buscando otro apoyo u otra cosa que hacer
para no sentir que su cuerpo sobraba ahí, pero cuando Jaejoong apoya su cabeza
con cuidado sobre el hombro de Yunho, pareciera que el ambiente deja de ser tan
cruel con ellos y se empieza a poner de su parte.
A su altura y a su ritmo.
Yunho parece respirar de forma más tranquila y acompasada y
Jaejoong deja de tener tanta vergüenza porque ese roce le hace sentir mucho
mejor, como si una ola de calor hubiese entrado a su cuerpo.
- ¿Cómo va la universidad?
¿muchos amigos nuevos?
Sonríe al oírlo, pero sin dejar que lo viera y sin dejarle
que se diera cuenta cuanto esperó que él hiciera esta pregunta. Que él se
interesara nuevamente por él como antes y volvieran a tener esas conversaciones
sin sentido que a él le hacían sentir mejor porque creía que Yunho era una de
las pocas personas capaz de comprenderlo sin criticarlo ni a él ni a su manera
de ser.
- Solo unos pocos.
- ¿Y ha sido como esperabas?
¿eres feliz dibujando?
- Sí, me gusta demasiado.
- Me alegro por ti, Jae.
Jae.
Que bien sonaba eso en su voz.
- ¿Dónde vives, Yunho?
–acomoda mejor su cabeza, sin querer despegarse ni un milímetro-. ¿Es muy lejos
de aquí?
- No, es un departamento algo
cerca del centro. Es más lejos que antes, pero más bonito, Taepoong es feliz en
él.
- Taepoong debe estar viejo
–sonríe, recordándolo de inmediato.
- No tanto, solo que está más
flojo aún. Y gordo –apunta rápido-. No sé como lo hace.
Le dan ganas de seguir preguntándole sobre su perro, pero la
duda de si tenía novia o no aún seguía palpitando en su cerebro cada vez más
fuerte. Pero era tan incómodo el hecho de llegar a ese tema, que si no lo decía
rápido no lo diría nunca.
Y necesitaba saberlo. Sentía que su cuerpo se sentiría mucho
mejor con una respuesta negativa, pero si era positiva, prefería no pensar en
eso.
- Y… ¿solo vives con él…o
alguien más? –susurra despacio, notando que Yunho ya había captado la intención
de su pregunta, pero sin mirarlo extraño ni rechazándolo, sino que solo siendo
Yunho. El Yunho de siempre.
- Solo, no estoy con nadie.
Necesitaba decirlo aunque odiara decir ese tipo de palabras,
pero mierda, sintió como ahora podía respirar mejor y sin temor a
caer al vacío en cualquier minuto.
Se despega con cuidado de su hombro y se acomoda mejor sobre
la gradería, sentándose casi de lado para verlo de lleno.
- ¿Por qué? Yo pensé que
tenías una novia y… no sé.
Pero cuando Yunho le mira con cara de Jaejoong qué
pretendes, se arrepiente un poco de esa libertad desmedida que había tomado
de golpe.
Pero no se sonroja, logra contonerse aún.
- No he estado con alguien
hace bastante ya. No quiero o lo he evitado con el trabajo –responde sincero-.
Siempre he sido un poco complicado conmigo mismo.
- Me imagino que tu mamá ya se
aburrió de querer nietos.
Le es inevitable pensar en eso hasta que Yunho le mira
rodando los ojos, pero aún con asomo de burla hacia él.
Era extraña la forma en la que podía comportarse cuando
estaban juntos y como era con el resto del mundo. Era como si con Yunho no
tuviera miedo ni vergüenza de ser verdaderamente él porque tenía claro que no
lo juzgaría. Ni por sus pensamientos ni sus comentarios que a veces podían
sonar demasiado infantiles.
(Aunque tuviera dieciocho años era inevitable que al menos
no se le saliera un comentario de ese tipo.)
- Se aburrió de preguntarme
por ti.
- Yunho.
Cuando le contó tenía claro que el alto nunca se enteraría
de esto, pero ahora que estaban en este tipo de situación que estaban saliendo
muchas cosas a la luz, le dan ganas de decirle más cosas de las que se
permitiría a si mismo, como si tuviera la necesidad de informarle rápido todo
lo que había pasado en el último tiempo.
Yunho le mira hacia el costado.
(Y le pican las manos por acariciar sus párpados, pero se
aguanta. Y mucho.)
- Mi mamá sabe lo que pasó la
última vez que nos vimos –susurra con mucha vergüenza y asumiendo de
inmediato el color de sus mejillas-. Ya sabes… eso que hicimos.
Y fue lo peor.
Aún se arrepiente de haberle dicho porque no entiende en qué
condición se encontraba como para haberle contado ese tipo de cosas. Solo
recuerda el rostro pálido de su madre, mientras él relataba cosas que
simplemente debía omitir, pero no podía porque estaba tan desesperado de Yunho
que necesitaba contar cosas que habían sido verdad para asumir que sí había
existido y que no había sido parte de su imaginación como muchas cosas que
pasaban por su mente en ese tiempo. Ya no se conformaba con dibujarlo de
memoria, necesitaba recordar que todo había sido real y que él había sido parte
de esa experiencia.
Solo que el rostro de Yunho no parece tan conforme cuando le
escucha. Solo parece, asustado, muy asustado.
- ¿Me quiso mandar a la
cárcel?
- No, solo dijo que no debía
hacerlo de nuevo, era muy pequeño en ese tiempo.
- Siempre seguirás siendo muy
pequeño para mi, Jaejoong.
Por favor, no.
Apoya el mentón sobre sus rodillas, acomplejado de que el
tema siempre fuera el mismo y que siempre el problema saliera a flote.
La edad, la edad, la edad. Solo la edad.
Jaejoong eres un bebé y ese pervertido es un viejo.
Pero a ese pervertido, como le gustaba llamar su padre a
Yunho, era del que estaba enamorado y del que en vez de dejar de hacerlo,
parecía que su amor solo conseguía crecer. Desliza un poco sus zapatillas hasta
hacerlas chocar con las piernas de Yunho y anclarlas un poco bajo ellas.
Todo estaba tan bien y ahora no.
Era como si el mundo estuviera en su contra y le dejara ser
feliz solo a ratos.
- Ahora es diferente –susurra
frustrado.
- ¿Diferente porque ya no es
ilegal?
- Sí, y porque también estoy
un poco más maduro que antes.
- ¿Un poco?
Yunho ya no sigue con la vista en frente, sino que se voltea
lento y le mira con una sonrisa de medio lado, pero sin moverse ni un solo
centímetro. Lo tenía muy cerca, pero para él aún no era suficiente.
- Ya eres un hombre, Jaejoong.
- Es bueno que lo notes, Yunho
–sonríe.
- ¿Ella sabe que estás aquí?
¿conmigo?
No.
Jaejoong esconde más su rostro entre sus rodillas, sonriendo
débil y delatándose en el acto. Si tan solo Yunho tuviera doce años menos y
fuera un compañero de su curso, quizás no estaría mintiendo del todo, pero ya
que las cosas eran así…digamos que sí mentía.
- Un poco.
- ¿Un poco? –ríe-. ¿Qué
significa eso?
- Sabe que estoy con alguien,
pero no sabe con quién. De todos modos no está en casa –se apresura en decir
sabiendo que Yunho es demasiado correcto y terminaría yéndolo a dejar, que era
lo que menos quería ahora.
- Dudo que le guste la idea de
saber quién es ese alguien.
- Pero no es necesario que
sepa, ¿o sí?
La sonrisa coqueta de Yunho le hace descubrir por si mismo
la respuesta, contagiándolo y volviéndolo repentinamente feliz. Le dan ganas de
pegar pataditas al piso y reirse como un idiota, pero sabía que tenía
contenerse ahora.
Al menos ahora.
Observa el perfil del alto, fijándose en su cabello
desaliñado y en lo extraño que era volver a verlo con ropa formal. Aunque
dudaba que alguien lograra verse tan bien como él, no podía convencerse de que
ya tenía treinta años.
Treinta malditos y maduros años.
- ¿Te gustaría ir a comer
algún día? Iba a invitarte ahora, pero ya es tarde supongo.
Por poco saltó de la emoción.
- Ahora estaría bien –ya no se
esconde, solo se dedica a sonreír-. No hay nadie en mi casa y terminaría
comiendo con la cocinera.
- ¿Y dónde quieres ir? Elige
tú.
- Tu casa.
Una respuesta que sale demasiado rápida y que sorprende a
Yunho que es el que se sonroja ahora. Jaejoong parece estar shockeado por su
boca que actuaba por voluntad propia, sin ser capaz siquiera de decir algo que
le ayudara.
Había sido demasiado sincero.
- ¿Estás seguro?
- Yo…si no puedes no importa
–susurra, ahora tímido-. Solo quería ver a Taepoong otra vez, ya sabes, por si
me recordaba.
Pero Yunho ni siquiera le responde porque se levanta rápido
y le sonríe y estira su brazo para ayudarle a levantarse. Una reacción que no
esperaba, pero que le hace ponerse de pie y comenzar a bajar a un ritmo más
anímico cuando caminan hasta su auto.
Ya no había moto ni transporte peligroso que sus padres
hubieran odiado. Solo era un auto muy grande, casi como una camioneta, en donde
ahí dentro estaba seguro que nunca habían sido usados todos los asientos.
Incluso olía bien. Como todo lo de Yunho.
Pero cuando Yunho cierra la puerta y hace el contacto con la
llave, es él el que arruina el momento, luchando con el cinturón de seguridad y
atascándolo de una manera que solo podía ocurrirle a él. Y teme tanto de que
termine rompiéndolo, que se rinde y nota que Yunho le miraba divertido desde su
asiento como si fuera un acto digno para admirar.
- No te rías. Lo romperé.
- Eres un niño, Jaejoong.
Sus movimientos parecen lentos y su olor parece aumentar
cuando lo tiene tan cerca que puede notar esa marca que tenía en el cuello.
Yunho estira su brazo y su respiración parece más torpe cuando jala de golpe y
el cinturón parece ceder, haciéndolo sonreír de forma tonta. Pero cuando las
pestañas de Jaejoong parecían estar demasiado cerca, fue el menor el que
terminó de acortar la distancia, fundiéndose en un corto, pero significante
beso. Estira un poco el cuello hasta alcanzarlo, mientras Yunho se afirma del
costado de su silla para no caer y mantener el equilibrio porque no creyó que
su reacción cuando lo besara iba a ser así, tan inestable.
No recordaba lo bien que se sentía ni lo perfecto que era
todo. Sus labios tímidos, intentando acompasarse a los suyos, como si le
estuviera pidiendo permiso o perdón por todo. O ambas cosas a la vez.
El oxígeno los hace separarse y quedarse demasiado cerca,
mirándose casi de forma hipnotizante, compartiendo el mismo oxígeno al
respirar, pero sin querer que fuera de otra forma. Jaejoong respiraba de forma
casi agitada, sin capaz de hablar, hasta que Yunho no se aguanta más y se
acerca de golpe, siendo él el que lo besaba ahora. El que lo empuja un poco
contra la silla y le hace soltar un gemido porque no se lo esperaba y porque
ambos necesitaban esto desde que se vieron, sin ser capaz de decirlo.
Jaejoong enreda los dedos al final de su nuca, besándolo con
un ritmo más apresurado, mientras Yunho se apoyaba con ambas manos sobre sus
piernas delgadas, ya olvidándose del cinturón y el motivo por el cual se había
acercado.
Ninguno de los dos con ganas de separarse, ninguno de los
dos con ganas de que este día tuviera fin.
waaaaaa volvio y ahora estan juntos!! ojala q no se separen ya nada ni nadie puede impedir q esos dos esten juntos jae es mayor de edad y yunho lo sigue amando !!
ResponderBorrarlastima por la madre de jae q sufre x el maldito de su esposo pero ahora no interferirá mas e.e
gracias x la actu!
jhdcnefrajhdfsdhsjjvsj
ResponderBorrarAl fin se encontraron :3 estoy tan feliz que Jae siguiera con sus sueños
A pesar del los años ellos aun se aman
espero que esta vez tengan una oportunidad de vivir su amor sin esconderse de nada ni de nadie
Gracias por compartir esta muy bello :D
:3 ahora Jae a de ser mucho mas hermoso <3 es hora de que sean felices... lo siento el papa de jae pero nunca supo comprenderlo.....ahhhh habra segunda parte del epilogo? sii por favor ><..... gracias!! por la actu
ResponderBorrarque buen reencuentro me encanto ojala y ahora si puedan permanecer juntos por siempre
ResponderBorrarGRACIAS por compartir bye
QUE HEMOSO!!!
ResponderBorrarBESO BESO BESOOOOOOOO!!!!
AMO ESTE FIC .... YUNJAE BELLO <3
Gracias x la actu .....
pd: quiero màs !!!! :D
ay señor.... muero de emoción
ResponderBorrarpor fin se encontraron.....
lo que me pareció rarísimo fue cuando Jae se presenta a Yunho en la cafetería y éste no lo reconoce. cómo es eso?? cómo se olvidó del amor de su vida== ??? tan cambiado estaba Jae??
pero por fin se reencontraron y no perdieron tiempo en besarse y demostrarse el amor que no se sienten uno al otro.
me encanta este epílogo... quiero la parte dos pronto porfissssssss
gracias
yo uiero saber si la mama de yunho se quedo tranquila con eso de no poder tener nietitos.. owww..... me gusto q ese par de tortolitos se volviesen a encontrar... despues de todo.. un amor verdadero jamas se olvida,,,
ResponderBorrarkyaa hermoso hermoso >o< olvieron a encontrarse por dios y de que manera al comienzo estaba como yunho quien podria jugar con algo asi plop es jaejoong el verdadero regreso omg omg esta enfrente de ti kyyaa sus aptitudes de ambos tan lindos todo avergonzados jejeje aún se aman wuuaa y el esperado beso llegó necesitaban esa cercanía y saber que es verdad y están juntoss que capítulo tan conmovedor
ResponderBorrarGracias por actualizarloo espera el siguiente emocionada ^o^/
Muy hermoso todo lo del YunJae, me encantó esta preciosa historia, muchas gracias por haberla publicado y compartido con todas nosotras. Ahora a esperar la siguiente parte del epílogo y de verdad gracias, hasta luego.
ResponderBorrarPor que estuvieron tanto tiempo lejos... :'(
ResponderBorrarLo bueno es que ya no esta su papa(? y Jae esta estudiando lo que desea :).
Que tal Beso :Q____ que seguirá después en su departamento de Yunho? X3
se acerca el final nooo....!
Gracias por el capitulo! cdtm (>3<)/
*-* que bueno que finalmente pudieron estar juntos... otra vez......
ResponderBorrarQue lindos !!!!
Gracias! Que genial que vencieron sus miedos, ahora jae es un poquito más maduro? Jiji... Nunca más prejuicios x la edad.
Me encanto por fin juntos... y espero que por siempre felices
ResponderBorrarSI SI SI!!!! Por fin se reunieron.
ResponderBorrarMe parecio muy drastico lo de los padres de Jae al separarse por estar de acuerdo pero al menos viven bien y Jae Joong puede cumplir su sueño de ser ilustrador y su madre aunque sufre ahora tomo la decision correcta de poner la felicidad de su hijo primero, porque eso es lo que las mamás hacen siempre.
Mori con el beso!! Yo hubiera estado igual si encontrara al amor de mi vida despues de muchos años de no verlo y estarlo buscando
Espero con ansias el final!!! alskdjflaksdjf
Ese amor siempre estará presente, jamas se termino.....
ResponderBorrarEsto es AMOR, con toda sus letras......y paso como lo habia imaginado, esos tres años les sirvio a los dos, aunque hayan sufrido mucho el que no se hayan visto por esos años, creo que fue mejor, hizo mas fuerte su amor en mi forma de ver.......
ResponderBorrarMe gusto como se aparecio Jae, fue un poco mas seguro de si mismo, y tambien me encanto leer que ya esta mas maduro, no solo en cuerpo o fisico, tambien en sus actitudes, esta suguiendo lo que siempre quiso ser....y volvio a buscar a Yunho, pobresito, lo que debio sentir el pobre cuando toco el apartamento de Yunhis y sale la mujer y el bebe en brazos.....u.u
Realmente fue hermoso lo nerviositos que los dos estaban........pero asi son ellos, y luego ese beso en el carro, me imagine la escena millones de veces...y ahora se van a al depa de Yunho..... u.u se consumara lo que dejaron inconcluso hace tres años?...ojala y sip!. Ya no ilegal, y Jae ya esta mas madurito para soportar!.....y awwww, por Favor se AMAN!.....son tan tiernos.......
Gracias y muchas gracias por que este fic es HERMOSO, ME GUSTO MUCHISIMO!...estare esperando la segunda parte del epilogo.
Lo amee!!! Por fin se reencontraron y siguen amando incluso creo que la distancia incremento mas su amorshhh awwwwwww!
ResponderBorrarMe da pena que la mamá de JJ sufra solo espero que el papá reflexione porque ahora JJ ya es mayor y es capaz de tomar sus propias decisiones.
Gracias por tan bonito fic n-n Espero el epilogo II :3!!
¡Finalmente! Después de tres años vuelven a estar juntos y ahora nadie puede impedirles que estén juntos, ni la ley ni alguna otra persona porque ambos estan solteros c:
ResponderBorrarNo han podido olvidarse, Jae yendo a buscar a Yunho y Yunho que no pudo querer a alguien mas c':
Hahahaha lo que ha de haber sentido Jae cuando fue al antiguo departamento de Yunho y abrió la mujer con el bebé Hahaha pobre Jae cx
Espero que no ser hagan mucho del rogar y vuelvan a estar juntos, aunque con ese beso creo que las cosas quedaron mas que claras rwr
Ahhhhhh *----* creo q morire de felicidad volvio.. y esta vez estaran juntos *v*
ResponderBorrarWuooo Juntos de Nuevo Juntos de Nuevo pero tres hermosos años se a perdido
ResponderBorrarque bueno!! (salta en un pie)
ResponderBorrarkyaaaa
realmente me encanto el capitulo, que lindos... después de tres años ninguno de los dos ha olvidado, es que es amor verdadero :)
Jae logro encontrar a su Yunho y Yunho acepto que solo lo ama a él y que no hay nadie mas en su vida.... ya era hora de que sean felices.
Que hermoso reencuentro, al fin las cosas lucen mejor para el yunjae, me encanta la primera parte del epilogo
ResponderBorrarGracias