El timbre sonaba incansablemente.
¿Quién podía ser a esa hora?
Miré el reloj encontraba en la mesa de noche. Eran las nueve
en punto de la mañana.
Lisa ya se encontraba en su trabajo, y la Sra. Kim aún no
llegaba.
Los lunes ella venía a trabajar más tarde a casa, por lo que
el único que quedaba para abrir la puerta era yo. A no ser que Melody
aprendiera a caminar mágicamente y abriera para que su papi lindo siguiera
descansando.
Pero eso no pasaría, asi que me levanté de mala gana.
Iba a partirle la cara de una patada al idiota que estuviera
molestando desde temprano.
