No alcancé a pronunciar aquello y ya tenía a Jaejoong
devorando mi boca.
Debo aceptar que se sentía bastante bien, el mocoso sabía
hacerlo.
Desprendió su cinturón de seguridad y se sentó sobre mí, a
horcajadas.
El volante del auto no le daba mucho espacio, por lo que
estábamos más que pegados.
Su pelvis rozaba la mía, haciendo una fricción deliciosa, me
estaba poniendo muy caliente. Tome su trasero con mis manos y lo apreté
acercándolo más a mí.
