CAPITULO 10
Mi vida jamás fue sencilla. No
tuve una infancia feliz como cualquier otro niño. Tampoco fui el hijo perfecto;
no al menos el que mi padre deseaba. Yo..., simplemente era distinto, pero no
especial, sólo distinto y eso me hería grandemente. Sin embargo, por algún
motivo-el cual desconozco-nunca he sabido rendirme ante las adversidades y ése
quizá, sea mi mayor defecto y sea como sea, es gracias a ésa tozudez que
conseguí que el amor de mi vida me amase tanto como yo a él.
Aunque no me fue nada sencillo
logarlo. Pero lo hice y me siento completamente orgulloso de ello. Fui yo, un
muchacho corriente al que todos herían por ser menos fuerte, quien se hizo con
el corazón del mejor jugador de mi-en ése entonces-universidad. Fui yo, quien
terminó conquistando el alma rebelde de La Bestia llamada Jung Yunho.
Fui yo..., quien le hizo ver
quién era ciertamente.
Y gracias a ello, en éste
momento soy inmensamente feliz.
La primera vez que mis ojos se
toparon con los negros y penetrantes orbes de Yunho, fue un martes que no olvidaré, pues
marcó mi existencia en un antes y un después de ése día.
Tenía diecinueve años y
acababa de ser transferido de una universidad de otra ciudad debido a un
incidente en el cual resulté lesionado y me sentía realmente solo. Los chicos
me miraban con desdén, como a un fenómeno y eso me lastimó. Tal perecía que mi
estadía en ése nuevo instituto sería igual de horrible como lo fue en el
anterior. Por su parte, las chicas, me miraban con gracia y ternura, como a una
pequeña figurilla de cristal, como si necesitase de sus mimos. Me miraban como
a un cachorrito en apuros, efectivamente, y eso quizá se debía a mi larga
melena o a mis grandes ojos. No lo sé,
no obstante, siempre he causado ése efecto en las mujeres y por ello terminaba
metido en problemas que ni siquiera causaba. Pero ¿no es así la vida? Los más
débiles siempre somos el sustento de los fuertes e importantes y yo era una pequeña
criatura indefensa. Como un corderito en medio de una manada de lobos
hambrientos.
Recuerdo que nuestro profesor,
me indicó con el dedo un asiento libre al lado de un muchacho alto-demasiado
para mi gusto-, de lisa cabellera bruna revuelta y ojos tan increíblemente
negros que sentí que me devoraban en un instante. Su mirada era severa, fría.
Aterradora. Y la expresión en su rostro blanco denotaba molestia. ¿Ésa
incomodidad, se debía a mi presencia?, me pregunté y como de costumbre, no pude
responderme. Sin embargo, las palabras de mi madre vinieron a mi cabeza y
suspiré recogiéndome el cabello en una coleta a nivel del cuello.
Mamá me había dicho alguna vez
que todo se resolvía con una sincera y alegre sonrisa. “El sol siempre resplandece más si
eres capaz de sonreír aún cuando el mundo está por terminar. Cuando sonríes no
sólo colmas de alegría tu vida, sino la de los demás”. ¿Por qué no
intentarlo entonces? ¿Por qué no darle un poco de felicidad a ése semblante
amargado y distante? ¿Por qué no hacerle sonreír? Debía intentarlo, si no lo
hacía ¿Podría ir a visitar a mi madre y decirle que estaba entregando lo mejor
de mí como le juré de niño cuando me vulneraban debido a mi apariencia
quebradiza y pequeña? No ¡claro que no!
Pero ése muchacho no me miraba
en absoluto y empezaba a sentirme incómodo. —Jaejoong— dije extendiendo la mano,
sonriéndole como mi madre solía hacerlo conmigo y él increíblemente me miró
y..., lo supe. Ése muchacho era especial.
—Yunho— contestó devolviéndome ambos gestos y en
ése momento, fue mi día gris el cual se llenó de luz. Su sonrisa era
maravillosa y su voz era varonil y aterciopelada. Como una suave canción de cuna entonada
por un barítono. Su mano cálida se aventuró a mi rostro para correr éste mechón
rebelde que siempre detesté y el rubor asaltó mis mejillas, lo supe ya que Yunho dejó escapar una
risilla traviesa y también las palpó preguntando en un murmullo si me sentía
bien. — ¿Quieres mis apuntes?— indagó y asentí pausadamente. —Bien, cualquier
cosa que no comprendas, tan sólo debes preguntarme ¿está bien? Soy consciente
de que mi letra es un asco, pero es culpa de mi papá el es cirujano, lo heredé de él.
—Sí— tartamudeé y sentí las
miradas fijas de mis nuevas compañeras de clase sobre mí, quienes ya empezaban
a cuchichear cosas que no fui capaz de oír con claridad. Aquello me avergonzó
todavía más, no me gustaba ser el centro de atención, puesto que ello me traía
grandes dificultades y no deseaba ser golpeado como en mi antigua universidad
por los chicos más altos y fuertes. Él dándose cuenta de ello, les devolvió la
mirada furioso y todas guardaron silencio atemorizadas. Todos le guardaban
respeto y yo no comprendía el porqué.
—No dejes que te molesten— me
habló sereno, como si yo fuese un niño pequeño. —son sólo mujeres sin oficio.
Ignóralas.
Asentí y él me sonrió de nueva
cuenta. En ése minuto, mi corazón dio un vuelco y mi pulso se aceleró. No sabía
lo que me ocurría, pero supuse que me estaba enamorando. Y yo jamás me había
sentido de ésa forma con nadie.
Aquélla tarde le invité a
almorzar y Yunho aceptó gustoso. Después
de haber pasado por la cafetería, tomamos asiento en los bancos de concreto que
se hallaban en el campus. Estar rodeado por la naturaleza es algo que me
tranquiliza y ésa tarde, precisaba un poco de paz. Le miré comer, absorto en su
semblante menos arisco, en las sonrisas que me regalaba sin motivo aparente y
en los ademanes que hacía al explicarme lo que no entendía de su libreta de
apuntes. De repente él cesó de hablar y me observó atentamente, mis manos
temblaron cuando su dedo índice se paseó por mis labios y fue a parar directo a
su boca. —Fresas— musitó y no tuve idea de cómo reaccionar —el humectante que
usas— aclaró —sabe a fresas..., me gustan las fresas porque son pequeñas, rojas
y sumamente dulces— prosiguió tomando el mismo flequillo de antes y llevándolo
detrás de mi oreja. —Tú me haces pensar en las fresas.
Desvié la mirada y Yunho pareció darse cuenta de
lo que decía. Dejó salir una carcajada que se me contagió y me llevó a los
entrenamientos del equipo donde era capitán y uno de los más altos, siendo
superado únicamente por el guardameta al que le calculé poco más de un metro
noventa centímetros. ¿Por qué no estaban esos hombres enormes en el equipo de
básquet? Nunca lo entendí.
Pero desde ése martes, no hubo
día en el cual no le viera practicar, así fuese a lo lejos. Y en el que, Yunho, no me acompañara a
casa durante las noches. Nos hicimos los mejores amigos.
Sin embargo, no todo es
perfecto y los problemas empezaron a perseguirme. Me convertí rápidamente en el
objeto de burlas de los demás. En el muchacho delgado y bajito al que podían
someter sin esfuerzo y
el cual no se protegía. No lloraba, no gritaba. No hacía nada más que soportar
en silencio los golpes de los más fuertes. Mi vida volvió ser un infierno y el
único motivo por el que no me defendía era porque sentía que estaba bien. Yo no
era nadie importante. Mi padre me lo había repetido tantas veces que terminé
por creerlo y mi terapeuta dijo que un día me daría cuenta de lo equivocado que
papá estaba y encontraría mi valor en el mundo.
Pues bien, una tarde Yunho me halló empapado en
los baños y pude ver una furia incontenible en sus ojos oscuros. Tanta que me
aterré de su mirada y me estremecí en mi lugar. Sólo hizo una pregunta: “¿Quién?”.
Y trémulamente contesté que había sido el capitán del equipo de básquet, un
muchacho moreno de ojos grises que respondía al nombre de Joon. No hubo más palabras,
ni más miradas, únicamente la mano de Yunho arrastrándome furibundo hasta la cancha
de básquet y las amenazas que brotaron de sus labios al estar frente a Joon y su grupo de amigos.
“¡No quiero enterarme de que tú o alguno de tus
compañeros le ha vuelto a hacer daño! No hagas que parta tu
jodida cara en dos. ¡Mantente alejado de Jaejoong!”,
exclamó y así como me llevó, me sacó del lugar. No lo comprendía ¿Qué le
importaba si me hacían mal o no? ¿Qué interés tenía en mí? Y en ése instante
aclaró mis dudas: Yunho odiaba
las injusticias y el que hirieran a los más débiles le indignaba..., en especial
si se trataba de mí, ya que, era su amigo.
Su amigo. Aquello me dolió
¿por qué esperaba algo más que mera amistad? La razón era sencilla: me había
enamorado de él.
Y todo se hizo más complicado.
Día con día, le veía discutir
con cualquiera que me molestase y le escuchaba, además, reprenderme como a un
mocoso por no hacer nada. Por no hacer valer mis derechos. No obstante
¿Realmente tenía, yo, algún derecho? No lo pensaba posible.
Y fue de ésa manera que mi
actitud hacia Yunho cambió drásticamente y
no pasó desapercibido ante su presencia. Por lo mismo, resolvió encararme y
preguntar “¿qué mierdas pasaba conmigo?”. ¿Y yo qué iba a decirle, sino la
verdad? Lo hice. Le dije entre sollozos que le amaba y su rechazo fue
inminente, doloroso. Cruel, tan cruel como nunca.
Y aún así, no me rendí. Yo
estaba enamorado ¡no, yo amaba a ése hombre! y no podía dejarme vencer. Algo en
mi interior me decía que el sentimiento era mutuo, que él asimismo, me amaba.
Su mirada me lo decía, cada gesto que tenía conmigo, cada detalle, cada
palabra. Cada caricia que depositaba en mis mejillas sin siquiera darse cuenta,
me decía en medio de voces mudas que él me amaba.
Fue entonces que decidí
conquistarle haciendo cosas que jamás habría intentado. Comencé a obsequiarle
chocolates. Yunho nunca fue amante de los
dulces, sin embargo, me había confesado que el chocolate amargo le encantaba y
por ello, usé la receta de mi madre para fabricar bombones amargos rellenos de
jalea de fresas y nueces. Otras veces, llenaba su casillero con cartas en las
que escribía poesías y palabras de amor o pequeños ositos de peluche que me
parecían encantadores. Detalles diminutos que buscaban su corazón. Pero a él,
tal parecía que, mis detalles le desagradaban y eso me lastimaba en lo más
profundo de mi ser ¿Cómo conquistaría su corazón si no me lo permitía? E
impulsado por ello-y mi infantil manera de ver la vida, debo decir-me coloqué
un viejo traje de colegiala que guardaba entre mis pertenencias como un
recuerdo de mi antiguo grupo de teatro, en el cual no me otorgaban más papeles
que el de princesa, pues era lo que mi apariencia permitía, y empecé a hacerle
porras en pleno partido.
Sus padres eran personas
demasiado ocupadas, por lo cual no iban a menudo a sus partidos y aquélla vez no
fue la excepción. Únicamente nos encontrábamos Yunhye y yo, y ella me aborrecía por
hacer de su hermano el nuevo entretenimiento de los chismosos. Por hacerle
parecer débil..., un marica como yo.
Sí, Yunhe nunca me quiso.
Él me miró desconcertado y le
sonreí dulcemente. Sus ojos parecieron iluminarse un momento y sus labios se
curvaron para devolverme el gesto, entretanto levantaba ligeramente la mano
hacia mí para saludarme, mas, Siwon, uno
de los miembros de su equipo, le murmuró algo al oído y su semblante se tornó sombrío.
Como al principio. Y pensé que la hora de tirar la toalla había llegado. Yunho en la vida me
correspondería y ya no había necesidad de humillarme más por ello. ¿Qué más
daba si yo le amaba? Él no lo haría y eso acabó con ésa chispita de esperanza que
se negaba a morir.
Ésa noche, caminé de vuelta a
casa acompañado por la soledad y mi tristeza. Lloraba en silencio pensando en
lo tonto que había sido al creer que él pudiera corresponderme. “Le debes una disculpa, Jaejoong” me
dije con un doloroso nudo en la garganta, “y
ya no volverás a acercártele nuevamente”. Mas, antes de llegar a mi
departamento, una mano me haló bruscamente dentro de un oscuro callejón sin
salida. Caí sentado y alcé la vista. Allí estaba él observándome con desdén.
Intenté saludarle, preguntar qué sucedía, por qué estaba allí, y recibí una
patada en mis costillas que me hizo chillar agudamente. ¿Por qué me hacía eso?
¿Por qué me golpeaba quien juró protegerme del resto? ¿Por qué Yunho?
Separé los labios y no brotó
más que un jadeo y Yunho rió
desvergonzado. No era él ¡que no lo era! Podía verlo en sus ojos llenos de lágrimas.
Pronuncié su nombre y él
volvió a golpearme. Se arrojó sobre mí y colocando una pierna en cada lado,
inmovilizó mi cuerpo. Naturalmente, yo era menos alto y fuerte y ésa fue su
ventaja. Pataleé hasta el cansancio y Yunho no hacía más que mirarme como si no fuera
otra cosa que basura. Su puño me dio en la mejilla izquierda y otro en la boca.
La sangre se aglomeró y la escupí como me fue posible.
Sin darme cuenta, estaba
llorando como cuando era un niño. “¿Por
qué? ¿Por qué me lastimas así, por qué?”, pregunté en un lamento y
él guardó silencio. Me tomó de la cabellera y azotó mi rostro contra el
concreto un par de veces y después...
Yunho se bajó los pantalones y entendí que no
podría escapar de ello aunque lo implorara. Sentí que invadía mi interior y
grité, juro que grite, mas, mi voz no se escuchó. Él se inclinó y sujetó mis
manos para que no pudiera moverme más y el dolor se apoderó de mí. Nuevamente
me habían violado. Eso era demasiado. Ansié morir, le supliqué a ése Dios en el
cual mi madre creía, que me matara. —Dios, Dios...— susurré apenas moviendo los
labios. —llévame contigo, por favor— no obstante, Dios no me escuchó y creí que
llovía, pues sentí gotas tibias sobre mi cara. Enfoqué mi vista y descubrí con
asombro que Yunho lloraba amargamente y
me pedía que le perdonase.
¿Qué era todo eso? ¿Qué estaba pasando? “Te
perdono”, ansié decirlo, pero no pude y él se levantó limpiando sus
lágrimas, escupió sobre mí y me maldijo antes de irse.
“No me dejes”, susurré agónicamente, pero él
ya se había marchado.
No recuerdo nada más, no sé
cómo llegué al hospital. Sin embargo mentí para protegerle, con la esperanza de
que fuera a verme unos minutos, no pedía más.
Y los días pasaron, no
obstante, él jamás apareció. No lo hizo hasta una tarde en la cual me hallaba
sedado debido al dolor.
Al escucharle llorar
implorando mi perdón, creí que soñaba, mas, al abrir los ojos le observé tan
arrepentido, con el semblante velado por la pena, y esos orbes que adoraba
enrojecidos por el llanto. Le abracé y él volvió s suplicar mi perdón. Lo hizo
tantas veces que me vi obligado a hacerle guardar silencio con un beso.
¡Ah, ése beso! Nuestro primer
beso.
—Yo te amo— dije sintiendo que
el sueño se apoderaba de mí. —Y eso no va a cambiar— culminé cayendo rendido
siendo sujetado por sus brazos.
Me sentí tan feliz ¡él había
ido a verme, estaba arrepentido! Y si bien, me hería recordar lo que me había
hecho, el que estuviese allí, conmigo, me llenaba de fuerzas, me hacía dejar de
lado el odio que quería anidar en mi corazón. Mi amor por Yunho sería más fuerte que
cualquier dificultad.
Día a día,Yunho se aparecía en el
hospital donde me encontraba recluido con un ramo de rosas blancas y dulces que
los médicos no me permitían comer, pero los cuales Soo Min, mi enfermera personal y
admiradora número uno del precioso niño que iba a cuidarme, me hacía llegar a
escondidas por las noches.
Soo Min era maravillosa. Una mujer
madura que me cuidaba como si fuera mi madre, me mimaba y me permitía
escabullirme de la habitación para hacer pequeños recorridos por el lugar. Ella
apoyaba mis travesuras y dejaba que
Yunho se quedase a mi lado una hora más de lo permitido, le permitía
besarme y que una que otra noche, durmiese conmigo en la habitación.
Algunas veces, cuando miraba
el semblante de Yunho, las
lágrimas llenaban mis ojos. Le recordaba haciéndome daño y sentía la necesidad
de correr lejos, muy lejos. Pero, entonces le veía arrepentido, cabizbajo y
melancólico y aquel sentimiento angustioso me dejaba en paz. Le abrazaba y él
hundía la cara en mi pecho llorando como un chiquillo, me besaba en la frente y
jugaba con mi cabello hasta que me dormía.
Siempre decía las mismas
palabras: No merezco tu perdón. Soy el maldito
que te hizo daño. Y debía besarle para que guardara silencio.
Si yo le había perdonado ¿por
qué no se perdonaba él? Ésa era una cuestión constante. Él debía aceptar que
sus recientes acciones enmendaban cualquier falta del pasado.
Cuando Yunho y yo, comenzamos a
salir, fue sin dudas, como un sueño; uno hermoso en el que era verdaderamente
feliz.Yunho me había pedido ser su chico
oficial y yo había
aceptado embargado por la emoción. Pero él había hecho una pregunta que debía
responderle.Yunho quería saber por qué
evitaba hablar del tema, por qué le había perdonado. “Porque
fuiste bueno conmigo desde el principio”, dije juntando su frente
con la mía, “¿Sabes una cosa, Yunho?
Después de mi madre eres la única persona que se ha preocupado por mí. Cada día
te veía defenderme de cualquiera que me hiciera algún daño y eso me hizo
amarte. Te transformaste en mi héroe personal, en la persona que sin interesar
nada más estaba a mi lado. Fue inevitable, simplemente entraste en mi corazón y
ya no pude sacarte. No puedo odiarte puesto que comprendo perfectamente que no
quisiste hacerme daño. Sólo estabas confundido. Pero me gustaría saber qué
sientes en este momento por mí. Si estás a mi lado por lástima por favor
detente... eso sería doloroso”. Al decir ésas palabras, sus
ojos se cuajaron por las lágrimas y abrazado a mi cuerpo, me besó y murmuró lo
mucho que me amaba. Después de eso, no hubo razones para continuar dudando.
Mas, él lo hacía. Podía percibirlo estando a su lado y por ése motivo me esforcé
todavía más en hacerle entender que no tenía por qué reprocharse nada. Sin
embargo, él se negaba y se alejaba de mí cuando buscaba sus labios para
besarle, o me colgaba de su cuello al estar solos en algún lugar.
Nuestra relación era un
secreto, había sido mi decisión, no obstante ¿por qué me trataba como a un
extraño? ¡Yunho me estaba matando! Era
doloroso, demasiado para un ser endeble como yo. Así que, concluí que lo más
sensato era terminar con lo que apenas empezaba. Y lo hice. Sin embargo, Yunho me detuvo en medio del
parque donde di por culminada nuestra relación y me besó frente a toda ésa
gente moralista que nos miraba alarmada —Te amo— dijo y no espero a que le
contestara, sencillamente volvió a besarme hasta robarme el aliento.
Fue un beso increíble.
Sin más dudas respecto a
nuestro amor, aquello que teníamos a espaldas del mundo, comenzaba a dar frutos
reales. Comprendía que para mi pareja, era sumamente difícil saberse enamorado
de otro hombre y si bien, mi mayor anhelo era que la humanidad entera supiese
que estábamos juntos, no le presionaba con ello. Yunho mantenía una doble vida-bastante
complicada-y yo respetaba eso. ¿Para qué importunarle con mis deseos? No había
motivo para ello. Él me amaba y yo le amaba por igual ¿Qué más que eso?
Yunho era un novio excepcional, atento,
cariñoso y romántico. Él fingía ser un chico rudo, severo y distante, mas, la
verdad era que poseía un corazón sensible, fácil de lastimar. Le había visto
llorar tantas veces que al mirarle con el rostro contraído y molesto, no podía
pensar más que una cosa: temía a que los demás descubriesen su verdadera
esencia. No obstante, yo le conocía a perfección, más que nadie, y eso me hacía
sentir orgulloso. Yunho no
podía mentirme con facilidad y asimismo, me era difícil engañarle cuando algo
estaba mal y no quería preocuparle ni distraerle.
Y con todo, mi novio, siempre
terminaba por descubrir la verdad oculta en mí..., y eso me agradaba.
Con la llegada de Taepoong, a nuestras vidas, la
relación se fortaleció. Ése cachorrito al que Yunho salvó la vida-y del cual sentía unos
celos horrendos por acaparar mi atención-se
convirtió en un motivo más para estar juntos, jugar y besarnos. Nuestro bebé
era una excusa estúpida para invitarle a pasar la noche conmigo, aunque claro,
él prefería dormir en el sofá o en una colcha en el suelo junto a mi cama. Y no
me disgustaba, no lo hacía porque estaba allí, velando mi sueño, diciéndome lo
que sentía y al amanecer, le veía sonreírme con tanta dulzura que olvidaba mis
males.
Los males que no me
abandonaban de ningún modo.
Una de nuestras tantas tardes
juntos, Yunho se detuvo a mitad de un
beso que se había transformado en una muestra clara de deseo sexual. Cada vez
que hacía algo parecido, yo sencillamente bufaba y pretendía ignorarlo. Sin embargo,
en ése momento le pregunté la razón. ¿Por qué se detenía al llegar a ése punto?
¿Por qué se alejaba como si mi piel le quemase? —No quiero lastimarte, es todo—
contestó escondiendo sus ojos de los
míos y eso me enterneció. Era como ver a un niño tímido. Ciertamente me amaba.
— ¡Ah, pero no lo haces,
idiota!— dije soltando una risita.
—Perdóname Jaejoong, son mis propios
demonios los que me impiden hacerlo. Es que no concibo la idea de que tú y
yo...
—Y después te preguntas por
qué te amo tanto— volví a reír y la expresión en el semblante de Yunho se relajó.
—No puedo hacerlo todavía—
susurró soltando el botón de mi pantalón y colando lentamente la mano dentro de
éste —sin embargo puedo hacer esto— prosiguió palpando mi virilidad deseosa y
eso me agitó ¿Qué pretendía hacer?
Su mano se movió lentamente
bajándome la ropa interior y sus dedos caminaron por mi abdomen bajo. Me besó y
yo temblé sosteniéndome de su brazo. Él me miró confundido y asentí indicándole
que mi intención no era detenerle, sino hallar un apoyo en él. Yunho sonrió con dulzura y me
besó en la frente. —Te amaré de ésta forma— siseó sobre mis labios trémulos.
Sus dedos oprimieron con suavidad mi sexo y emprendió un tenue vaivén que me
enloquecía.
Necesitaba gemir, quería
hacerlo, pero el recuerdo de mi padre me venía a la mente y mis labios se
sellaban inconscientemente. La duda me carcomía ¿Y si emitía algún sonido que a
él no le gustase? Las lágrimas humedecieron mis ojos, y aún así, no lloré.
Quien me tocaba no era ése hombre, no era papá. Era Yunho, mi pareja.
Le miré situar su rostro entre
mis pierna y me sostuve sobre los codos para ver lo que pretendía.
Intenté detenerle, sin embargo, su lengua recorriendo mi piel me hizo
callar abruptamente. Era la primera vez que sentía algo como eso. Nunca antes
había estado con nadie-no por voluntad propia-y aquello me conducía al delirio.
—Vamos, déjame oírte— dijo con voz suplicante y me negué a ello. No quería que
me rechazara por producir sonidos asquerosos. Pero entonces abrió la boca y engulló
mi virilidad poco a poco. Noté que deseaba vomitar y a pesar de ello, aguardó
unos segundos y descubrió cómo hacerlo y ése fue el final.
¡Oh, Dios, se sentía tan bien!
El cuerpo me temblaba y no podía hacer más que morderme el labio inferior y
respirar agitado. Un gemidito escapó de mi garganta y él me observó
anhelante. —Por favor, cariño, déjame escucharte. Ya no te contengas— repitió
en un jadeo.
—No— susurré avergonzado y me
llevé las manos a la boca. Me aterraba que no le gustase, que se enfadase
conmigo y se fuera. Junté los párpados y vi a mi padre golpeándome por gritar
desesperado, por pedirle que parara. Le miré ahorcarme con sus manos grandes
exigiéndome hacer silencio ¿Y si a
Yunho le parecían horrendos mis gemidos? Entendía que no era igual
¡no lo era! Pero mi cerebro me traicionaba y torturaba sin piedad —No quiero
que te enojes conmigo— continué diciendo con la voz se quebrada. Ciertamente no
quería que se encolerizara conmigo.
— ¿Y por qué habría de
enojarme?— succionó cerca de mi pubis y tuve que apretar los dientes y él
sonrió con ternura.
—No lo sé— mentí desviando la
mirada. Por supuesto que lo sabía. —sólo creí que..., que no te gustaría
escucharme— jadeé y Yunho
presionó la lengua contra mi glande una vez más. Otra y otra. Lo hizo tantas
veces que me era imposible soportarlo más.
—Claro que me gustaría. Es lo
que más deseo en éste momento— ronroneó y fue en ése segundo que gemí como me
lo había estado rogando. Caí sobre la cama y mi vista se nubló. Pretendía
alejarme, pues, el orgasmo estaba cerca, mas, él me lo impidió y terminé
vaciándome en su boca.
Después de unos minutos, Yunho se incorporó y se echó
a mi lado para besarme. Percibí mi propio sabor en sus labios y sentí mis
mejillas y orejas arder. Él..., él lo había bebido todo.
Él jadeó cuando mi pierna tocó
su sexo y pregunté si necesitaba ayuda, sin embargo, se negó diciendo que así
estaba bien. Me abrazo y jugó con mis cabellos hasta que me dormí. Después de
eso, supongo que se fue al sofá, porque allí le encontré al amanecer.
Creo que desde ésa noche, lo
que teníamos se convirtió en algo más.
Empezamos a planificar un
futuro juntos. Nos casaríamos al finalizar nuestra carrera y tendríamos un par
de bellos niños por medio de un vientre en alquiler y si eso no nos era
posible, entonces los adoptaríamos. Fuese como fuese, formaríamos una familia
como la que yo no tuve. Yunho sería
el Papá y
yo el Papi, según sus palabras. Un
dulce papi enano y llorón y
yo ansiaba serlo, quería ser todo eso y más, pero a su lado. Quería verle cada
mañana cuando el sol se asomara, no en el sofá, sino en la cama, junto a mí,
sosteniéndome entre sus brazos. Quería que me hiciera el amor sin importar nada
más que nosotros.
Necesitaba sentirme suyo, más
que antes.
Y de cierto modo, así fue.
Durante aquellos días en los cuales se negaba a tomarme como yo lo pedía,
frecuentaba toquetearme más seguido. Era una experiencia casi mágica cuando
ambos estábamos mirando el cielo a través de las puertas de cristal del balcón
de mi departamento y él se aferraba a mi cuerpo por la espalda deslizando sus
dedos lánguidamente hasta mi vientre y lo palpaba con devoción, trazaba
círculos y me mordía en el cuello diciendo que yo era suyo..., suyo y de nadie
más. Le gustaba hacer eso: pegarme contra el vidrio que permitía ver hacia los
jardines del edificio, separar ligeramente las cortinas azuladas y masturbarme
sin importarle que algún vecino que pasara por el lugar nos viera, puesto que
mi departamento se encontraba en el segundo piso, o que alguien más se asomara
desde algún ventanal del condominio. Era una idea que me aterraba y de la misma
forma me excitaba como nada.
Era un maldito pervertido...,
uno al que adoraba con el alma.
En algunas oportunidades,
llegaba un poco más lejos y se frotaba contra mí, todavía teniéndome de
espaldas a él, jadeaba y se alejaba a recordar eso que le impedía seguir
adelante. Y aunque me sentía tentado a reclamarle, me contenía, ya que
comprendía su situación. Pero no por eso, dejaba yo de sentirme mal.
Despreciado por mi pareja.
La fecha en la cual
acostumbraba a conmemorar el inicio de mi tragedia había llegado. Por ése
tiempo, al llegar aquél mes, me resultaba imposible no volverme taciturno y
depresivo. Era una época sombría que acostumbraba a pasar solo, pues, sentía
que era lo mejor. Y sin darme cuenta de ello, empecé a evitar a mi pareja.
Posiblemente sabía lo que hacía, era consciente de que le alejaba adrede y de
que ello le hería, lo veía en sus ojos que me pedían explicaciones, mas, ¿cómo
dárselas? ¡Tenía miedo de que al conocer mi pasado me odiase! Tenía tanto,
tanto miedo. Si Yunho, mi Yunho, me dejaba, no tendría
nada más que la misma soledad de siempre y eso..., eso era doloroso siquiera
pensarlo.
Y sin saber qué hacer, me
escondía de él. Huía cuando se me acercaba. No le dirigía la palabra y me
rehusaba a su contacto. Estaba destruyendo, si percatarme de ello, nuestra
relación. Y dentro de mí, algo me gritaba que lo mejor era eso, lo más sensato
era que yo acabase con todo antes de que él me repudiara por estar sucio y roto.
Yo había sido usado de la peor manera y no quería más que fuese él quien lo
borrase con su cuerpo y al mismo tiempo, me atemorizaba que se diera cuenta y
me dejara.
Supongo que por eso, le
abandonaba yo.
No obstante, la tarde en la
cual le vi desplomarse en el suelo, entendí que pasara lo que pasara, él era mi
vida y que si le perdía, yo estaba muerto.
Sentí tanto pánico al verle
desmayarse que mi corazón punzó horriblemente ¿Qué tenía mi novio? ¿Qué le
ocurría? Me abrí paso y se arrodillé a su lado.Yunho no reaccionaba ante los llamados de su
entrenador y el hombre me dejó abrazarle cuando se lo supliqué ahogado en mi
propio llanto. El entrenador sabía algo y no tuve idea de cómo. Pero no me
importó ni un poco y solamente le tomé en brazos y lloré sobre su rostro
pálido, llamándole desesperadamente. Le imploraba que no me dejase solo.
¡Despierta, despierta! Decía amargamente. Siwon me miraba con
resentimiento y no lo emprendí sino hasta mucho tiempo después: estaba
interesado en su compañero de equipo.
— ¡Gracias al cielo!— musité
cuando al fin reaccionó y su mano se extendió hacia mis mejillas, palpando las
gotas tibias que rodaban por ellas. Le ayudé a incorporarse. Deposité miles de
besos en su semblante preocupantemente albo y él dejó ver ésa sonrisa. —Mi
amor—hablé aún lloriqueando y él de un minuto a otro, juntó nuestros labios
mansamente. No fue más que un roce que me devolvió la vida.
El entrenador carraspeó y nos
vio comprensivo, entretanto sus compañeros regresaban a correr y yo le llevaba
a la enfermería. Yunho miró
con tristeza a su melliza, quien le ignoró cruelmente y me besó en la coronilla
susurrando que me amaba, que no volviera a dejarle de ningún modo. Pasara lo
que pasara.
Y aunque todo retornó a la
normalidad, mi tristeza no se iba y él se percataba de ello..., y sufría por mi
causa.
La oportunidad de sincerarme
con Yunho llegó una tarde en la
cual se apareció en casa con los ingredientes para la cena. Amaba cuando hacía
eso, pero aquella noche no tenía ánimos para ello, no obstante, pareció ignorar
deliberadamente mi mirada cargada de rabia y se abrió paso sin ser invitado.
Estaba planeando alegrarme. Y lo hizo, ciertamente lo consiguió.
Aquella fue una cena
maravillosa. Yunho contaba chistes para
hacerme reír e imitaba a su entrenador durante los partidos, incluso colocó uno
de los mechones de mi cabello entre su nariz y labio superior para fingir un
bigote que me arrancó una carcajada. Él era único y nadie más que yo conocía
ésa faceta bromista, según sus palabras. Él me amaba y me lo demostraba a cada
minuto.
Entre besos y bromas, terminé
por desnudarle y hacer que tomara asiento sobre un banquillo de madera. Lo
usaría como mi modelo de nueva cuenta y no le permití objetar. Sin embargo, mi
mal humor se estaba saliendo de control y terminé por gritarle cosas horrendas
a las que contestó con su silencio y comprensión. Me disculpé y me encerré en
el baño a pensar ¿por qué le trataba como lo hacía si él no tenía culpa de
nada?
Me maldije entre murmullos por
mi estupidez.
Cuando salí, me topé con la
figura de mi pareja revisando mi mayor posesión: mi vieja libreta de dibujos.
El terror regresó y la furia nubló mis sentidos ¿Qué hacía husmeando entre mis
cosas? No quería que descubriera mi pasado, mi repugnante pasado, pero ¿habría
forma de evitarlo? No, claro que no.
Le grité airado y Yunho la soltó de golpe. Me
miró entristecido y me abrazó fuertemente, como si no quisiera perderme ¿es que
no lo entendía? ¡Yo era quien temía perderle! Y no pude parar el llanto que se
apoderó por completo de mí. Se había dado cuenta de lo que representaban mis
dibujos. Decidí que lo mejor era sincerarme y llevándole a la habitación le
conté la horrible historia de mi vida.
Le dije todo cuanto callé por
miedo. Le confesé el abuso de mi padre, sus violaciones constantes y la forma
en la que mi madre le había asesinado por ello. Le conté todo y él lloró
luctuosamente. Me preguntó si le había perdonado por ser un maldito igual a mi
padre y mi espíritu se agitó ¿cómo podía pensar eso? —Te perdoné— le dije en
medio del llanto —porque ésa noche llorabas, Yunho, llorabas sobre mi rostro al hacerme eso.
Y decías entre dientes “perdóname,
perdóname”. Por eso yo también lloraba y esperé pacientemente que
fueras a verme al hospital, quería decirte lo que no pude ésa noche, que todo
estaba bien, que te perdonaba. Mi padre jamás se disculpaba ¿Lo sabías? Él me
culpaba a mí y reía al violarme, decía cosas asquerosas, me dejaba tirado en la
cama, me daba un par de patadas y se iba a fumar. Tú... ¡Tú ni siquiera te atreves
a tocarme por el remordimiento! No eres igual y no vuelvas a decirlo jamás—
chillé y él llevó mi cara hacia su pecho, me aferré a su cuerpo y lloré con más
intensidad, diciéndole lo feliz que era a su lado. Lo mucho que le amaba.
Ésa noche, Yunho lloró como nunca y
mientras ardía en fiebre, se quedó dormido con la cabeza sobre mis piernas. Entonces
fui yo quien veló su sueño hasta altas horas de la madrugada.
Por primera vez, me sentí
fuerte y capaz de cuidarle como él lo hacía conmigo.
Al amanecer, no conseguí
evitar el rubor que apresó mis mejillas al verle semidesnudo, a mi lado,
abrazado a mi cuerpo como un pequeño asustado. Quise besarle, quise tocarle,
pero no pude, de manera que volví a dormir. Sin embargo, unas tenues caricias
sobre mis pómulos me hicieron volver a la realidad y le miré sonriente.
Ciertamente amaba a ése hombre
testarudo que se esmeraba en devolverme lo que la vida un día me quitó.
La mañana transcurrió
tranquilamente. Sin embargo,Yunho y yo
no nos mirábamos por un lapso de tiempo extenso, ya que al hacerlo, nuestros
labios se juntaban y después de besarnos, él me alejaba bruscamente y desviaba
la mirada avergonzado, rascándose la nuca. Como tenía por costumbre. Y yo
comprendía lo mucho que le dolía lastimarme sin ser su intención. Pero mi
cuerpo le llamaba, todo lo que yo podía representar exigía a gritos su
presencia, su calor, ése amor incondicional que me profesaba. Pedía en medio
del mutismo que arrancara la sensación de vacío y temor que me cubría desde que
era un niño indefenso. Lo ansiaba con mi alma y sabiéndolo, Yunho escogía escapar de
mí..., eso era doloroso.
Pues bien, ése día opté por no
molestarle más con mis frustraciones y caminé fastidiado a la habitación libre,
la cual empleaba como taller de pintura. No me tomé la molestia de cerrar la
puerta y tampoco en dirigirle la palabra a mi pareja, que me siguió unos
minutos después y reclinándose del marco de la misma, se consagró a observarme
con una boba mueca en su rostro albo. Le ignoré y me dispuse a concluir el
cuadro que había empezado un par de meses atrás y el cual tenía pensado
obsequiarle para su cumpleaños que se hallaba próximo, al igual que el mío.
Sería un regalo para los dos.
—Tú no estás ¿por qué? Sabes
que la escena no estaría completa si faltas tú— dijo en voz baja. Separé mis
labios para contestarle. Quería decirle que ése había sido el día más especial
de mi paupérrima existencia, pues, le había conocido a él..., el amor de mi
vida. No obstante, las palabras no fluyeron y agaché la cabeza, el cabello escondió
mis ojos que se llenaban de lágrimas y sentí que explotaría como siempre. Que
me desquebrajaría ante su mirada inquisidora. Mas, Yunho abrazándome, hundió la nariz en mi cuello
provocándome cosquillas, me besó y empezó a mordisquearlo hasta arrancarme gemiditos
ahogados. Me estaba excitando.
Me tomó de la cintura hasta
juntar nuestros cuerpos, tanto que nuestras intimidades se rozaron y volvió a
besarme, ésta vez en los labios. Cerré los ojos. Le sentí levantarme y por
instinto me aferré con las piernas a sus caderas.
En ése minuto, todo lo demás
dejó de importarme. Sólo éramos él y yo.
Me llevó hasta la habitación y
cerrando la puerta torpemente me condujo hacia la cama que todavía continuaba
revuelta. Tropezamos. Le observé y confirmé lo que ya sabíamos que sucedería.
Sonreí y él devoró mis labios como jamás lo hizo antes. Sus manos se colaron
dentro de mi franela y jadeé ante el contacto. Sus manos estaban heladas y eso
me erizó la piel.
Murmuró mi nombre tímido, como
un primerizo. Como si yo fuera una fantasía que apenas se materializaba ante su
presencia.
Trazó un camino de besos que
partió desde mi cuello, pasó por mis clavículas y de detuvo en mi pecho. Admiró
mis pequeños botones y se relamió los labios con lujuria. Mordió uno haciéndome
chillar débilmente. Succionó y lo delineó con la lengua.
Aquello me hizo sentir
distinto. Sentí que podría morir en ése momento y nada me arrebataría la
felicidad que me llenaba. Sentí que Yunho podía
marcharse después de eso, y yo continuaría amándole. Sentí tantas cosas
distintas que mi corazón latía desembocado.
Ciertamente estaba feliz.
Cuando le miré desvestirse, no
logré apartar mis ojos de su torso bien formado. Yunho tenía un abdomen plano, firme, con los
pectorales marcados y músculos definidos. Era como una estatua esculpida en
mármol. Poseía el aspecto de un Adonis griego y el cuerpo de un Titán. Era
precioso, y él no se había percatado de ello. Su belleza no era para nada
femenina, decir que era de apariencia andrógina como yo, sería una mentira
estúpida.
Siempre me sentí avergonzado
de mi figura. Era un muchachito bajito y escuálido. Nada excepcional. Solía ser
confundido con una mujer y de no ser por mi voz grave, pero dócil, nadie habría
reparado en que era un varón y no una pequeña e indefensa damita. Aunque jamás
fui demasiado fuerte-en ningún aspecto-y quizá, eso afianzaba la errónea idea
de que era una mujer. Con todo, y con el paso de los años, terminé acostumbrándome
a mi realidad. Eso, hasta que Yunho llegó.
Él no me veía como a una niñita llorona, sino que me consideraba un jovencito
común, de figura encantadora-cosa que no se cansaba de decirme-y hermosa
cabellera, la cual le hacía pensar, por alguna razón, en las fresas.
Al defenderme, Yunho no dejaba claro
exclusivamente que yo no estaba solo, sino además, que no era una mujer. Lo
gritaba furioso y me arrastraba del brazo a algún sitio alejado, donde me
abrazaba hasta que la conmoción pasaba. Le encolerizaba realmente que me
dijeran “señorita”. Pero, a mí ya no me molestaba..., después de todo, mi padre
me decía igual.
Mi padre..., mi padre en
verdad me había marcado y nunca entendí cuánto lo había hecho, sino hasta que
supe que esperaba un hijo de mi pareja. Cuando lo descubrí, entendí muchas
cosas... Muchas.
Pero al tener a La
Bestia del equipo de
futbol desnudo ante mí, las ansias de extender la mano y tocarle, fueron más
poderosas que mi cordura. Por lo cual, transité cada uno de los músculos de su
pecho con los dedos llenos de mi propia saliva. Él se estremeció y entrecerró
los ojos, mirándome con suspicacia, sonrió y clavó sus dientes en mi hombro.
Repartió marcas por casi todo mi cuerpo y eso me hizo sentir que pertenecía a
algún lugar, que era suyo más de lo que lo fui durante nuestra relación. Que él
quería que todos supiesen que yo, Kim
Jaejoong, era de su propiedad.
Cuando se hizo
insoportable-para ambos-tanta espera, le ofrecí los dedos. Toqué sus labios con
un par de ellos, y él lo comprendió. Abrió la boca para empaparlos con su
saliva y procedí a enseñarle lo que debía hacer durante nuestros futuros
encuentros. Levanté las caderas y dibujé círculos alrededor de mi esfínter. Él
tragó en seco sin apartar la mirada e introduje el primer dígito con lentitud.
Gemí entre dientes mientras lo movía buscando relajarme y el segundo se abrió
paso dentro.
Yunho me miraba atónito y excitado. Era una
mezcla perfecta.
Llevé las piernas hasta sus
hombros y él comprendió lo que le pedía— ¿Estás seguro de esto?— preguntó
nervioso.
— Lo estoy ¿Lo estás tú
también?— contesté apaciblemente.
—Sí— susurró adentrándose en
mi cuerpo poco a poco. Haciéndome sentir un pequeño dolor placentero. Gruñí su
nombre y él me encaró. Sus manos corrieron los mechones de mi cabello y
emprendió un vaivén que nos condujo quedamente hacia el delirio. Bajé las
piernas de sus hombros y las separé para que el contacto se hiciese más
profundo, él las tomó y empujó contra mí haciéndome gritar deliciosamente.
Percibí como intentaba salir de mi cuerpo y enrosqué las piernas en sus caderas
para evitarlo. Negué con la cabeza y Yunho rió ligeramente diciéndome enano
pervertido. No respondí nada y su esencia me inundó. Eso bastó para
que me sintiera completo.
La dicha en mi interior se
acrecentó y lloré de felicidad pura. Él era el hombre de mi vida.
Después de nuestra primera
experiencia juntos, los encuentros en la cama se hicieron más frecuentes y
también el capricho de mi novio por verme estimularme para él. Era un pequeño
ritual: muchas veces, Yunho se
echaba en la cama apoyado sobre los codos y entretanto, yo, tomaba asiento en
una silla de madera, me desvestía para su persona y me tocaba impúdicamente. Él
humedecía sus labios con la lengua, los mordía y me pedía que introdujera los
dedos en mi ano. Que me masturbara para complacerle. Eso por supuesto me
abochornaba, sin embargo, él se acercaba a mí, me besaba hasta robarme el
aliento y decía “por favor”
en una súplica que desmoronaba todas mis defensas ¿Y cómo resistirse a ello? No
lo obtenía..., y le obedecía.
Finalmente, cuando veía que no
podría aguantar un poco más, sujetaba mi virilidad con sus dedos largos y
concluía la labor que yo había empezado a la vez que atendía su erección, sin
permitirme, claro, que sacara los dedos de mi interior. Y eso me gustaba. Me
encantaba ésa sensualidad que demostraba, ésa autoridad que ejercía sobre mí y
que, encima de todas las cosas, me amase tanto como yo lo hacía.
Que lo repitiera hasta el
cansancio.
Si había una cosa que protegía
con excesiva devoción, era mi cabellera, a causa de que me recordaba a mi
madre. Yo era una copia exacta de ella: pequeño, menudo y de facciones
delicadas y grandes ojos
negros y brillantes. Ella decía
que por ser su único hijo, era el ser al que más amaba en el universo entero. “Porque tú, mi pequeño niño, fuiste
creado con amor”. Cuando mi madre se suicidó, hice la promesa de no
volver a cortar mi cabellera. Y no lo hice. Nunca la corté.
Pese a todos mis esfuerzos, no
pude mantener mi juramento por más tiempo a causa de que alguien más decidió
por mí, y cuánto me dolió eso.
Kangin, era un muchacho al cual
todos temían. Nunca nos habíamos hablado personalmente, pero al parecer, él
sabía perfectamente sobre mi existencia. Eso lo demostró al encontrarme en los
baños y forzarme a besarlo. Eso sencillamente me repugnó. No podía probar unos
labios distintos a los de mi pareja y se lo hice saber después de empujarle. —
¡Déjame en paz!— le grité abofeteándole sin medir consecuencias.
Él rió insolentemente
tomándome del brazo y torciéndolo hasta hacerme chirriar los dientes. Pasó su
lengua por mi oreja y susurró unas horrendas palabras: —Me gustas, muñeca. Te
he visto en compañía de Jung
Yunho y simplemente he decidido que te quiero para mí— dijo y un
escalofrío recorrió mi espina dorsal —así que sé buena conmigo y no te dolerá
demasiado.
— ¡No soy una jodida muñeca!—
chillé encolerizado — ¡soy hombre, estúpido!
— ¿Y qué? Pareces una bonita
damita de larga melena—
continuó metiendo la mano dentro de mi pantalón, lo cual me provocó un pánico
ineludible. No podía sucederme eso otra vez..., no a mí.
Reuní todas mis fuerzas y le
golpeé con la rodilla entre sus piernas. Su espalda se curvó y una mueca de
dolor se dibujó en su cara, mas, no me soltó en ningún momento. Y eso no era
una buena señal. Kangin se
incorporó rápidamente y me mordió una oreja —eso te costará, princesa— rió, me
golpeó en el estomago y sin que lo pudiese evitar, cortó mi coleta con la
navaja que guardaba en su bolsillo. —la próxima vez, no seré tan bueno— exclamó
abandonando el lugar al ver el rostro del conserje asomarse por la puerta.
Ésa, sin dudas, fue una
experiencia horrenda y no quise saber de nadie. ¿Cómo le explicaría a Yunho lo acontecido? ¿Cómo le
diría lo que me había hecho ése pandillero? Tenía miedo que me rechazara. Él
adoraba mi melena, pues, le hacía pensar en las fresas ¡y Yunho amaba las fresas! Me
preguntaba si continuaría pareciéndole atractivo con el cabello así de corto.
Fue por ello, que elegí
esconderme, otra vez, de él. No obstante, me encontró y al percatarse de lo
sucedido, me gritó para que le revelara la verdad. De ningún modo me había
gritado de ésa forma ¡él no me gritaba! Y no hice más que llorar como el
cobarde que era.
Inmediatamente después de
calmarme, me vi en la obligación de confesarle la verdad, aún así, hubo cosas
que preferí no mencionar por vergüenza. Y Yunho furibundo, corrió dejándome con las
palabras en la boca.
Cuadro le hallé, él estaba
fuera de sí, pateando el cuerpo casi inconsciente de Kangin en el suelo. Intenté
acercarme a detenerle. Ésa desgracia era mi culpa y debía solventarlo. Pero, Yunhye, me empujó lejos y
viéndome con menosprecio, acabó con el espectáculo. Fue entonces que sentí lo
mucho que sobraba en aquél sitio. Yo estaba de más.
Di media vuelta y me dispuse a
retornar a casa, mas, la voz de mi novio me detuvo. “Espero que ahora lo pienses
detenidamente antes de meterte con Jaejoong, ¡Mi Pareja! Y te aconsejo
que te disculpes con él, si es que no quieres que te destroce ése jodido culo a
patadas.” Exclamó buscándome con sus ojos y las lágrimas corrieron por
mis pómulos. Él..., él lo había dicho frente a todos. Él había aceptado que
estaba saliendo conmigo, que yo era su pareja. Que yo era suyo.
Yunho me tomó de la mano y caminó junto a mí,
obviando las miradas llenas de asombro y además, ignorando el malestar que su
melliza mostraba al vernos de ésa forma: juntos, como lo que éramos hacía
mucho. Me besó y dijo palabras que me consolaron, entre ellas, que mi nuevo
corte le gustaba.
¿Podía, acaso, ser más feliz?
Yo le parecía perfecto al hombre más perfecto que había conocido en mi vida.
Y una semana después, nuestra
relación se consolidaba frente a los miembros de su equipo.
Siwon, el tercer mejor jugador del equipo de
futbol, había estado instigando a sus compañeros para que exigieran la
expulsión de Yunho y su plan por poco
funcionó.
Ése día, Yunho me llevó de la mano al
campo de entrenamiento. En sus ojos fui capaz
de ver el dolor que le causaba someterme a lo que fuera que
sucediese en ése lugar, pero ¿no estaba yo, para apoyarle toda la vida? Eso
hice y no fui el único. Su entrenador defendió nuestro noviazgo como si
fuésemos parte de su familia y a éste se sumaron Changmin, nuestro mejor amigo, y Eunhyuk, el segundo portero,
quien era pareja de Donghae, uno
de los mejores elementos del club de baile de la universidad.
Y los demás, nos sorprendieron
gratamente cuando aceptaron nuestra relación sin problemas y entre chistes que
relajaron el ambiente.
No obstante, la vida jamás ha
sido justa ¿o sí? La verdad es que no... Y por ello, semanas después de
habernos consolidado, tuve que abandonarle de la forma más inhumana. Me vi en
la obligación de herir sus sentimientos y traicionarle. Traicionarme...,
traicionarnos.
Y eso es algo que no pude
perdonarme durante las semanas que estuvimos separados.
Todo se transformó rápidamente
en un caos. En una espantosa pesadilla en la que mi único sostén fue Hyde, uno de mis compañeros
de teatro. La persona en la que confiaba ciegamente y la cual, nunca me
defraudó...
qué intriga tengo. quiero saber por qué Jae actúa así.
ResponderBorrarmuchas gracias por el capítulo, fue muy interesante ver el lado de la historia mirada por Jae.
gracias por traer esta historia.
ResponderBorrarQue linda y trsite historia le ha tocado vivir a jae.
pero por que por que lo dejo si se aman no entiendo el por que la actitud de jae por favor actualiza yaaaaaaaaaaaaa quiero saber el por que de este repentino rechazo si GRACIAS hasta pronto
ResponderBorrarWaaaaaa que emoción.....!!!!! Esta dramática la hidtoria..... me encanta gracias gracias graciaaaaaas
ResponderBorrarque paso jaejoong???!!!
ResponderBorraren este capitulo entendí mejor a jaejoong ya que en los capítulos anteriores me quedaron pequeñas dudas </3 pero no entiendo su actitud de ahora :(
ese tal Hyde no me cae muy bien que digamos
no me gusta ver a yunho y jaejoong separados que se reconcilien pronto :(
Gracias por los capítulos amiga ;)
Lloro xq ta muy linda la historia
ResponderBorrarYa sabía q JJ estaba esperando un yunhito..... ahhhh por fin salio la historia contada desde la perspectiva de JJ... t.t....
ResponderBorrarBueno momento del drama... que todo se aclaré cuanto antes ..
Gracias, espero con ansias la actualización.
esta super interesante la adaptacion...xfavor actualiza prontoo *-*
ResponderBorrarEs interesante ver la historia desde el otro punto de vista *w*
ResponderBorrarwaa aunque tengo dudas del por que JJ dejo a Yunho
Ha sido amenazado ??
seguiré leyendo n.n
Que triste vida llevo Jae, las violaciones que sufrió por parte de su padre y la de Yunho, ante todo esto perdono a Yunho además de amarlo. Que fue en realidad lo que l hizo separarse de el... A seguir leyendo... Gracias
ResponderBorrarBueno al leo desde el punto de vista de Jae, pero por que actua asi con YunHo? Por que se aleja de el si tanto le duele? Necesito seguir leyendo.. lo unico qie comprobe es que esta embarazado ewe
ResponderBorrarwow fue muy bueno leer la historia desde la perspectiva de Jae... para poder saber ciertas cosas que no sabiamos .... espero que pronto ambos puedan solucionar sus problemas y estar juntos ... dejar de lado las metiras y miedos y enfrentar los problemas :)
ResponderBorrarOoo~ Me gustó ver la historia desde el punto de vista de Jae nwn Pero ¿cual rayos será la razón por la que dejó a Yunho? xC Ya quiero saber xnx
ResponderBorrarFue bueno leer la historia contada por.Jaejoong. Pero.por.que va a dejar.a Yunho si lo ama,se aman!! Bueno seguire leyendo para saber que.pasa
ResponderBorrarInteresante ver las cosas desde el.punto de vista de jaejoong... Aunque sigo sin entender que le llevo a dejar a yunho...sera que le asusto el hecho de esperar un bebe y por eso dejo a yunho?
ResponderBorrarGracias por compartir
me aclaro algunas cosas desde el punto de vista de jae!!
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