CAPITULO 2-ESTAMOS JODIDOS
Cuatro meses.
Había dado tiempo a que el frío invierno le
diese paso al temple de la primavera. Pero Jaejoong habría preferido que el tiempo se detuviera aquella
noche, antes de que pudiera tener esa discusión que terminase con su relación.
En cuatro meses le había dado tiempo a reflexionar, a
darse cuenta de que lo que había dicho había sido fácilmente mal interpretable
y que en ningún momento se había defendido o había intentado aclarar la
situación. Tan solo lo había dejado marchar.
En cuatro meses había escuchado a su madre llorar,
preguntándole una y otra vez qué había pasado, por qué Yunho se había ido así, dónde estaba
su hijo. Y sólo entonces se dio cuenta de cuánto querían sus padres a Yunho.
En cuatro meses había llamado a su hermano al móvil
más de mil veces. Al principio escuchaba el tono repetidas veces, pero después
de dos días, el tono desapareció para dejar un mensaje de voz sintética que le
decía que el teléfono estaba apagado o fuera de cobertura.
Cuatro meses había tardado en darse cuenta de que
había estirado el fino hilo de aquella relación hasta el extremo, provocando
una ruptura dolorosa y lacerante que amenazaba con no sanar nunca. Había
olvidado la paciencia, había pasado por alto el detallismo y no había tenido en
cuenta a Yunho en
absoluto. Había sido egoísta y se arrepentía. Se arrepentía muchísimo y lo que
más le dolía era que Yunho
no le diera la oportunidad de suplicarle perdón.
En ese tiempo no había vuelto a dar señales de vida.
No apareció por casa ni por su trabajo, y no contestaba al móvil. Jaejoong había preguntado
por él a todos los amigos de su hermano que conocía, pero parecía que no sabían
nada, y si lo sabían, no se lo querían decir.
Cada día que pasaba sin Yunho estaba más hundido. Hasta ese
momento no sabía hasta que punto podía echarlo de menos, porque parecía que su
sufrimiento sólo acababa de empezar.
Desde ese día dormía en la cama de su
hermano, esperando a que regresara, teniendo su olor impregnado en las sábanas
para recordarlo, pero ese olor empezaba a desvanecerse a sustituirse por el
suyo propio. Un día, cuando regresó de sus clases, se encontró con la
habitación medio vacía. Al parecer, Yunho había aprovechado que no había nadie en casa para llevarse
su ropa y sus pertenencias de uso cotidiano.
Incluso sus notas habían empezado a bajar. Parecía un
alma en pena vagando por el campus universitario, ya no se acercaban las chicas
pidiéndole salir y sus amigos estaban preocupados por él por lo sombrío que
parecía. Incluso él estaba asustado por perder los papeles y ponerse a llorar
delante de ellos sin motivo aparente.
En contra de todo pronóstico, Dara era una de las pocas que le
apoyaban, pues sabía el porqué de su depresión. No le había contado los
detalles escabrosos, para ella, Yunho, quien también era su amigo, se había marchado de casa
por una discusión con él. Dara
siempre iba a verle con cualquier escusa tonta, una gran sonrisa y algo para
intentar hacerle reír.
Jaejoong
la esperaba como cada día, con sus altibajos de siempre, deseando que la chica
trajese alguna buena nueva de alguien que conociera a Yunho. La vio acercarse a él corriendo
de forma lenta y femenina, con una sonrisa exultante en su rostro que animó a Jaejoong a devolverle la
sonrisa, algo más apagada. Cuando Dara llegó a donde él estaba, lo saludó con un efusivo abrazo,
echándose encima de él hasta casi derribarlo y lo miró a los ojos,
extremadamente feliz.
- ¡Tengo una sorpresa para ti! - exclamó la chica con
voz chillona.
- Veámosla - sugirió él, viendo cómo su amiga dejaba
su bolso encima de su regazo y sacaba una revista enrollada, dándosela a Jaejoong.
- Échale un ojo - le dijo ella, poniendo la revista
en sus manos - Te va a encantar.
Jaejoong
no entendió qué iba a tener de interesante, para él al menos, una revista de
ropa.
Comenzó a pasar páginas bajo la atenta mirada de Dara, quien no le quitaba ojo de
encima a la vez que veía los modelitos y de vez en cuando comentaba alguna
cosa. Más de la mitad de la revista pertenecían a modelos femeninas que posaban
ante las cámaras fotográficas delante de fondos lisos y opacos para centrar la
atención en la ropa, peinados y complementos que exhibían. No encontró en ellas
nada especialmente destacable. Eran guapas, estilizadas, vestían bien, pero
nada digno de mención. Pasó a la sección masculina, donde había más de lo mismo
pero con varones. Sin embargo, no tardó más de dos páginas en darse cuenta de que acababa
de dar un salto a otro mundo. Aquella fotografía no le pertenecía a un modelo
cualquiera. Era Yunho,
ni más ni menos, vestido por un diseñador de renombre y posando como si fuera
un profesional.
Pasó unas cuantas páginas más y allí estaba de nuevo
su hermano, con ropa y poses distintas, y dos páginas después, otra vez más Yunho, tomado desde un
primer plano en el que se tapaba media cara con una de sus manos, sustituyendo
su ojo izquierdo por el de su tatuaje, mostrando en su muñeca un modernísimo
reloj.
Jaejoong
se quedó prendado con aquella fotografía y las lágrimas empezaron a
brotar de sus ojos, intentando aguantarlas para no estropear la revista donde
podía ver a su hermano tan sumamente guapo. Era increíble la sensación de saber
que estaba bien en algún lugar. Dara se apresuró a quitarle la revista de las manos y a
consolarle, pero Jaejoong
quería seguir mirando, así que enjugó sus lagrimas y buscó por más páginas
donde saliera Yunho.
Nunca se habría imaginado que Yunho pudiera ser bueno ante las
cámaras, pero su naturalidad y desparpajo eran evidentes en las fotos. A Jaejoong no dejaba de
sorprenderle que, después de haber pasado por las manos de peluqueros,
maquilladores y estilistas,Yunho
siguiera conservándose a sí mismo en esas imágenes. La ropa no tenía nada que
ver con lo que solía llevar, pero era su estilo y no había intención de ocultar
sus tatuajes y sus pendientes, que eran su seña de identidad. El pelo si estaba
algo distinto, pero, aun conservaba el color castaño que le caracterizaba.
Cuando terminó de pasar páginas y ver que no había
más fotos de Yunho,
cerro la revista y levantó la mirada para ver el rostro preocupado de Dara, que se retorcía las
manos, pensando que no había hecho bien en llevarle aquello.
- Pensé que te gustaría... - se excusó ella,
cabizbaja.
- Me ha encantado, Dara, gracias... - Jaejoong se puso en pie para besar la
mejilla de la chica, enrollando la revista en sus manos - ¿Puedo quedármela?
- Claro, la compré para ti - dijo ella, viendo cómo
apenas le daba tiempo a contestar mientras Jaejoong se guardaba la revista y comenzaba a marcharse - ¿A
dónde vas?
- ¡A la edición de la revista!
***
Jaejoong
subió las escaleras de la sucursal con miedo. Puede que estuviera más cerca de
los nervios por el nudo que tenía en la boca del estomago, el cual se le había
atenazado hasta tal punto que casi le hacía doblarse por el dolor. Pero no se
dejó vencer por esa desazón, sino que le hizo avanzar más rápido, sabiendo que
estaba un poco más cerca de Yunho.
Una nueva resolución se había atenazado en él y no
pensaba perder a su hermano así como así. Iba a recuperarlo.
Una vez pasado el control de metales en la entrada,
se dirigió directamente a la recepción, donde una chica joven, con el cabello
recogido en una tirante cola de caballo y un auricular con micrófono pendiente
de la oreja, hablaba por el pinganillo, dando datos a los que Jaejoong no prestó
atención. El chico se apoyó en el mostrador y simplemente esperó a que la
recepcionista le atendiera. Tras cinco largos minutos, por fin le miró,
viéndole con desgana como si no tuviera ganas de atenderle.
- En qué puedo ayudarte - le dijo sin que pareciera
una pregunta con una sonrisa cansada.
- Estoy buscando a alguien - respondió Jaejoong con impaciencia,
sacando la revista con nerviosismo y buscando una de las fotografías de su
hermano - Es mi hermano, se llama Yunho... Pensé que usted podría decirme si trabaja aquí o donde
puedo encontrarlo.
- Me temo que no - dijo la recepcionista, dejándose
caer en su asiento y mirando a Jaejoong ahora con menos amabilidad, más bien, como si
estuviera loco - Mantenemos a nuestros modelos en el mayor anonimato posible.
- Entonces dígame su dirección, iré a verlo a su casa
o un número donde pueda localizarlo - sentenció Jaejoong sin darse por vencido.
- A lo mejor no me he explicado - la chica pareció
armarse de paciencia al volver a dirigirse a él - No te puedo dar su dirección,
ni su número, ni un lugar donde puedas encontrarlo...
- Oiga, necesito verlo...
- He dicho que no, chico. - ella zanjó el asunto con
esa oración - No puedo arriesgar mi puesto de trabajo por hacer feliz a un
desconocido...
- ¡Pero es mi hermano! - Jaejoong dio un golpe en el mostrador,
indignado por la poca comprensión de la recepcionista.
- Como si es tu padre - se burló ella - Si no te vas
ahora mismo, llamaré a seguridad.
- ¿Qué ocurre, Boa?
Una voz, sofisticada y femenina, hizo que Jaejoong se girara para
ver a una mujer con una figura excelente, un maquillaje recatado y una ropa
impecable y aparentemente muy cara, se acercaba hacia él con un taconeo suave y
fino.
Boa
debía ser el nombre de la recepcionista, pero Jaejoong no la dejó hablar y se dirigió directamente a la mujer,
que parecía formar parte de la empresa.
- Estoy buscando a mi hermano - le dijo, con
decisión, mirándola a los ojos sin temor, mostrándole la misma fotografía de la
edición - Sale en su revista, pero esta señorita no quiere ayudarme... ¿Tendría
usted la amabilidad...?
- ¿Cómo te llamas? - preguntó ella, cortándole,
parecía que no le había prestado atención a nada de lo que había dicho.
- Jaejoong...
- respondió él, indeciso, notando los ojos de la mujer clavados en él. Se
sentía examinado y desnudado por aquella mirada.
- ¿Y qué edad tienes?
- Di-diecinueve...
- Mmmm - la mujer se llevó una mano a la mejilla,
como pensativa - Aun te faltan un par de años, pero eres muy guapo... quizá en
ese tiempo tu cuerpo madure un poco... - murmuró, como si hablase para sí
misma, aunque Jaejoong la
escuchó a la perfección. La mujer abrió su diminuto bolso y le entregó al joven
una tarjeta en la que rezaba con letras grandes su nombre "Lee Soo Min" -
Llámame cuando tengas edad para beber alcohol y te daré un buen trabajo.
Mientras tanto...Boa
- llamó a la recepcionista, estirando un poco el cuello por encima del hombro
de Jaejoong para
mirarla - ¿Por qué no le das a este chico una de las invitaciones para la
fiesta del viernes? - Soo
Min le guiño un ojo con una sonrisa perfectamente perfilada de carmín -
Allí encontrarás a tu hermano, cielo.
***
- Perfecto, Yunho. Hemos terminado.
Los focos se apagaron y por fin Yunho pudo descansar. Sudaba a chorros
porque esos focos emitían un calor mortal, pero ya había terminado la sesión de
fotos para ese estúpido anuncio y por mucho que le fastidiase, a la semana
siguiente tendrían que rodar el anuncio que se emitiría por televisión. No
tenía ni zorra idea de actuar, las cámaras de fotos eran una cosa, pero el video
era un mundo aparte. No se veía preparado, pero el contrato ya estaba firmado y
no había vuelta atrás.
Cuatro meses atrás, un representante se había pasado
por el supermercado de mierda en el que trabajaba, estaba perdido con su traje
de Armani y su Mercedes Benz en medio del barrio chino con todas las papeletas
para que se lo robasen. Nada más verlo pareció interesado por su aspecto y le
dedicó un montón de halagos. Yunho
desconfió de él hasta que le hizo la pregunta clave:
"¿No te gustaría salir de este agujero?"
Y Yunho
no lo dudó. Respondió que sí y ahí comenzó todo.
Lo último que no habría esperado era la reacción de Jaejoong. No le había
importado una mierda el primer atisbo de éxito que Yunho había tenido en su puñetera
vida. Le dijo un montón de cosas hirientes y le partió el corazón. Él, su
hermano, su amante, su persona especial.
Se había ido de casa para no volver nunca más. No
sería capaz de seguir conviviendo con Jaejoong después de aquello, ni podría mirarle a la cara
aparentando entereza después de que él llegara tras haberse tirado a cualquier
otro. No. Yunho tenía
un límite incluso para eso.
Vagó sin rumbo toda la noche hasta que se fue a casa
de un viejo colega. Pasó un par de días hundido, sin pisar su casa ni su
trabajo, hasta que su amigo amenazó con echarle si no movía su culo del sofá.
Entonces Yunho recordó
la tarjeta que el representante le entregó y lo llamó inmediatamente. Este
rápidamente le ofreció una prueba fotográfica y salió tan asquerosamente bien
que le vendieron a una famosísima revista de moda.
Yunho
no entendía nada, todo iba demasiado rápido, y se estaba metiendo en un
mundo del que nada sabía. Él siempre había pensado que los modelos de esas
revistas eran chicos altos y fuertes, con caritas de ángeles, pero cuando le
puso voz a sus dudas, Lee
Soo Min le dijo:
- Amor, tu rompes moldes... A las mujeres de hoy en
día les gusta lo nuevo, lo exótico y, por encima de todo, los chicos malos que
las saquen de su rutina.
Lee
Soo Min era una de las directivas más importantes de aquella revista
para la que había empezado a modelar. Ella había desarrollado inmediatamente
interés por él. Un interés que sobrepasaba lo profesional. Se había empeñado en
que su cara y su cuerpo no se limitasen a salir en un par de fotos de la
revista mensual, si no que quería verlo en pasarelas de renombre, portadas de
revistas de moda y modelando para firmas importantes.
A
Yunho le preocupaba dejar que vendieran su cuerpo de aquel modo, pero
pronto empezó a ver los beneficios de todo aquello. No tardaron en ofrecerle un
loft en el centro donde podría acomodarse cuanto antes, montones de regalos,
invitaciones a fiestas y buena compañía.
Todo por la generosidad de Soo Min.
Pero lo bueno no solo era lo material, si no lo
cómodo que se sentía frente a las cámaras. Le gustaba aquello, pese a que había
pensado que ni en un millón de años podría hacerlo. Se sentía distinto,
especial, e incluso le hacía olvidar el dolor de no tener a Jaejoong con él.
Siempre había pensado que no había ningún lugar en el
que podía encajar, que había nacido desubicado, que no había lugar en el mundo
para él hasta que encontró su sitio en Jaejoong, pero al parecer, ni eso era real. Había encontrado un
nuevo lugar, pero pese a que le llenaba de una manera distinta, seguía faltando
algo.
Se dejó desvestir y desmaquillar como si fuera un
muñeco en manos de otros. Esa era la parte que menos le gustaba, pero podía
aguantarlo hasta cierto punto, porque sabía que solo hacían su trabajo. Se
volvió a vestir con la ropa que él había traído, cortesía de Soo Min, que siempre lo
quería bien vestido. Y hablando
del diablo. Cuando salió del plató allí estaba ella con su secretario, que
parecía su maldito perro faldero.
- Yunho,
cielo - lo saludó ella, abriendo los brazos para abrazar al chico con suavidad
y dándole un prolongado beso en la mejilla - has estado magnifico, como
siempre.
- Gracias, señorita Lee- contestó él, agarrando su mano
con cuidado y poniéndola alrededor de su propio brazo.
A pesar de lo que pudiera parecer, Soo Min le gustaba. Era
una mujer decidida y poderosa que, por alguna razón, lo había tomado como su
protegido. Al principio pensó que ella querría acostarse con él. Todas las
noches le invitaba a cenar, o a una copa, hasta que una noche le preguntó si
quería tomar café en su casa. Yunho
aceptó, dispuesto a acarrear con las consecuencias. Pensó que Soo Min era
una cougar, una mujer de más de cincuenta a la que le gustaban los hombres
mucho más jóvenes que ella. Y a Yunho no le pareció mal; ella era elegante, sofisticada,
interesante y atractiva; él, nuevo en todo aquello, despechado y con el corazón
roto. Yunho se
decidió a atacar y ella se rió del él.
- Querido... - le dijo ella con una sonrisa divertida
y burlona - No me interesas de ese modo.
Es cierto que estamos llevando nuestra
relación más allá de lo profesional, pero no quiero que seas mi amante... Más
bien... eres como el hijo que nunca tuve - y le besó la mejilla mientras le
acariciaba el pelo - un compañero de alma.
Esto fue un golpe para Yunho, pues parecía haberlo
malinterpretado todo, pero admitió las condiciones y desde entonces, Soo Min y él estaban más unidos,
como uña y carne. Por supuesto, los rumores se extendieron rápido y todo el
mundo estaba más que seguro de que
Yunho era su amante y, por lo tanto, muchos lo despreciaban.
Yunho
se dejó guiar por Soo Min
y su mayordomo, como él solía llamarlo despectivamente, hasta el lujoso coche
de ella, donde ambos se sentaron cómodamente en el asiento trasero. Yunho le abrió la puerta
educadamente a la mujer y cuando ella entró, dio la vuelta al coche para entrar
por el otro lado. Estando con ella había aprendido un montón de modales, y
protocolo, pero aun se podían ver en él mucho de ese comportamiento
barriobajero que siempre le había acompañado.
- Siéntate bien, Yunho- le regañó ella al verle derretido en el asiento del
coche, con las piernas abiertas y los hombros caídos, y él obedeció,
cuadrándose y sentándose como ella le había enseñado.
- ¿A dónde vamos? ¿A tu casa?
- De compras - contestó Soo Min, mirando hacia la carretera por
encima del hombro del conductor.
- ¿Ahora? - Yunho miró con disgusto su reloj, viendo lo tarde que era y lo
poco que le gustaba ir a comprar.
- Sí, ahora... Esta noche hay una fiesta y quiero que
estés resplandeciente...
- Tengo ropa de la que tú me has comprado - se quejó
el joven.
- Pero con ella no estarás resplandeciente - ella le
sonrió radiante, dejando ver que no estaba dispuesta a dar su brazo a torcer, y
Yunho suspiró,
derrotado. Esos meses habían dado de sobra para conocer a su protectora como la
palma de su mano. - Esta noche es especial, así que no admito quejas.
Se mantuvieron en silencio el resto del viaje hasta
que llegaron a una de las tiendas favoritas de Soo Min, donde, al ser una figura
importante de la moda, podía tenerla abierta toda la noche para ella sola si
era lo que quería. Yunho
entró detrás de ella con gesto apesadumbrado, había acompañado a su jefa de
compras en muchas ocasiones, y aunque fuese para él, se aburría soberanamente.
Él y Soo Min se
sentaron en unos cómodos sofás mientras los empleados sacaban trajes, camisas
corbatas y todo tipo de vestimenta que pudiera ser del agrado de la periodista.
Tardaron casi dos horas en las que Soo Min le había elegido
hasta la ropa interior, pero ella no parecía muy apurada ya que ella había
salido ya perfectamente emperifollada de su casa. Así que dejaron a Yunho darse una ducha,
tras la que se colocó todas las prendas que Soo Min había elegido para él, desde
unos bóxers de Dolce&Gabbana, pasando por un entallado traje oscuro de
Armani, camisa y corbata de Prada, pulseras de Gucci, perfume caro y zapatos de
piel. Y como siempre, ella le dejó dar su toque personal, con la camisa
abierta, la corbata descolgada, urbano y moderno.
Regresaron al coche después de esa intensa sesión de
estilismo que dejaba agotado y vacio al joven. Soo Min notó su cara larga y cogió su
mano con cariño, dándole un beso en el dorso, donde estaba tatuado aquel ojo negro tan sumamente
detallado.
- Me rompe el corazón verte con esa cara... - dijo Soo Min con voz melosa,
estirando otra mano para acariciar el rostro del chico. Yunho suspiró, recordando
irremediablemente su propia situación e intentó mantenerse bajo control.
- Aun no estoy seguro de estar hecho para esta vida,
Soo Min.. - le
confesó sin mirarla, fijando su vista en algún punto de la calle, tras la
ventanilla entintada del coche - Me gusta eso de posar y que me echen fotos a
diestro y siniestro... pero ya está. No creo poder soportar la presión de ser
un muñeco, de tener que parecer siempre guapo para todo el mundo y de obedecer
todo lo que me manden como si no tuviera cerebro... Esto no es para mí.
- Nunca te pediría eso, amor. Admito que me encanta
elegir tu ropa, pero no tienes que ponértela si no quieres... Tan solo te pido
que aguantes esta noche - le dio un beso en la mejilla, pasando su dedo a
continuación para quitar los restos de carmín, aunque no había ni una mancha
roja en su cara - Después de hoy no tienes que acompañarme a ninguna otra
fiesta, ni dar la cara ante los diseñadores, ni nada... Tan solo te limitaras a
hacer tu trabajo y yo me encargaré de lo demás.
- No quiero decepcionarte, Soo Min- por fin la miró. Había
aprendido a querer a esa mujer como si fuese su propia madre, y a ella la había
decepcionado tantas veces que no quería que sucediera lo mismo con Soo Min.
- Mi niño, no me decepcionas. Quiero que estés a
gusto. Aunque no renunciaré a nuestras citas privadas - bromeó ella, con humor.
- Eso nunca - Yunho sonrió con calidez y le devolvió uno de los besos que le
había dado.
El resto del trayecto se lo pasaron hablando de
banalidades, Soo Min
preguntándole cómo le había ido el día a su protegido y él contestándole de la
forma más correcta posible, procurando no decir nada fuera de tono ya que sabía
cuánto le molestaba a ella que fuera mal hablado. Tardaron poco más de veinte
minutos en llegar, y para entonces la fiesta ya había comenzado, e incluso
llegaban tarde.
La fiesta no era más que una redacción en el salón de
un gran hotel donde se reunían modelos, sus agentes y figuras de la moda para
hablar, beber, divertirse y, por supuesto, venderse. Nada más pisar aquel salón
lleno de mujeres guapísimas y hombres estirados y bien vestidos, Yunho sintió ganas de
vomitar. Ya había acudido a una o dos fiestas como esa y siempre había tenido
la misma sensación: cien o doscientas personas mirándole como un inútil, como
al muñeco de Lee Soo Min,
el cual no tardaría en ser desechado y mandado al olvido como tantos otros.
Estaba acostumbrado a los prejuicios, pero, en aquel mundo, la intensidad de
estos lo abrumaba.
Con Soo Min del brazo, paseó por la sala como si nada de lo que los
demás pensasen le importase. En realidad le resbalaba, pero nunca había sido
bueno soportando presión, ese siempre había sido el trabajo de Jaejoong y ahora podía
saber un poco cómo se sentía su hermano. Debían parar cada tanto, pues Soo Min conocía a casi
todos los presentes y debía saludarlos y con algunos establecía breves
conversaciones sobre moda, política o los rumores del mundillo. Con cada uno, Soo Min se tomaba unos
momentos para presentarles a Yunho
como su nueva estrella y siempre les decía algo bueno de él y su trabajo,
intentando que ganara su interés. Y tanto que si lo hacía. Pocos tenían el
privilegio de ser recomendados por Lee Soo Min.
Pero aunque Soo Min estuviera vendiéndole, él rápidamente se aburrió de
estar allí, y antes de empezar a bostezar como un maleducado, le pidió permiso
a la mujer para ir a buscarse una copa y sentarse. Ella accedió con la
condición de que le llevara una copa de champan para ella, y así fue como Yunho se dirigió a la
barra libre, donde los camareros preparaban lo que pidieran. El chico se sentó
en uno de los altos taburetes y pidió whiskey para él, sintiéndose cansado y
desando que terminase pronto para poder irse a su casa y dormir hasta tarde.
Pero eso no podría ser hasta que Soo Min decidiera que ya era hora de regresar.
Yunho
tuvo que taparse la boca para bostezar, ya que era incapaz de reprimirlo una
vez más, y cuando abrió los ojos, distinguió una figura que no debía estar ahí.
Fue como una sensación, como si le estuviera llamando, como si hubiera podido
verlo con el tercer ojo de su mano.
Jaejoong estaba allí. No era que destacase entre la multitud,
era que sus ojos podían encontrarlo allí donde estuviese. De un solo vistazo
pudo adivinar que estaba buscando algo, probablemente lo estaba buscando a él,
pero no entendía cómo había podido encontrarlo o saber donde estaba, o cómo
había entrado ahí.
Cogió el vaso ancho en el que le sirvieron el whiskey
y se lo bebió de un trago, viéndose incapaz de afrontar aquello sin algo de
alcohol en sangre. Jaejoong
aun no le había visto, pero él, más decidido, no dudo en caminar entre la
gente, con la mirada fija en él, hasta alcanzarlo.
Lo agarró bruscamente del
brazo y sus ojos se encontraron por primera vez en tanto tiempo, haciendo que
el mundo se apagara a su alrededor durante unos segundos.
- Yunho...
- la forma en que Jaejoong
pronunció su nombre le hizo
regresar a la realidad.
Había sido una mezcla entre alivio y suplica, y
entonces Yunho recordó
por qué había empezado todo aquello. El ceño del mayor se frunció y su mirada
se endureció.
- ¿Qué estás haciendo aquí? - espetó, agarrando con
más fuerza la muñeca, haciéndole daño según supuso por su mueca de dolor.
- Necesitaba verte... yo... Hace meses que quiero
explicarte...- Jaejoong
no se quejó por el agarre, pero podía verse en su rostro el disgusto y la
angustia.
- No hay nada que explicar... No quiero oír nada, así
que lárgate - le exigió, inconsciente.
Añoraba escuchar lo que tenía que decir,
esperaba que le pidiera perdón y todo volviera a ser como antes, pero tenía
mucho miedo de que no fuera eso, que lo que oyera allí lo dejase peor de lo que
estaba.
- Por favor... Por favor... - le suplicó -
Hablemos... Si después no quieres volver a saber de mí, lo entenderé, pero
escúchame al menos... Por favor... Yunho...
Le costó mucho decidirse, pero accedió, con el
corazón en un puño. Se giró y caminó entre la gente buscando a Soo Min, ya que no podía
marcharse sin decirle a ella. Jaejoong
se agarró a la manga de su traje como si no quisiera perderse ni
separarse de él, y por un momento, Yunho recordó su infancia, cuando Jaejoong lo seguía aunque él no
quisiera.
Al encontrar a Soo Min, el modelo tocó su hombro desnudo con la mano,
sobresaltándola, dándose cuenta por primera vez de que tenía las manos
congeladas.
- Yunho,
cielo, ¿Dónde te habías metido? - nada más formular la pregunta, los ojos de Soo Min se desviaron hacia
Jaejoong y ella
dibujó una enorme sonrisa marcada por el carmín en su dirección. A Yunho no se le escapó
aquel gesto y miró a su hermano, viendo que él respondió a la sonrisa, aunque
más tímido y avergonzado - ¿Ocurre algo, Yunho?
- Tengo que irme - dijo él en voz baja para que nadie
más se enterase - Me ha surgido un asunto familiar y...
- ¿Es necesario que te vayas? - preguntó Soo Min, desviando su
mirada una vez más hacia Jaejoong,
provocando que Yunho. hiciera
lo mismo.
- Tengo que hablar en privado con mi hermano - dijo
él a regañadientes ya que su protectora parecía implacable a dejarlo ir.
- Entonces no hace falta que te marches... - respondió
ella sonriendo de forma que le pareció sospechosa - Casualmente tengo la llave
de una habitación. ¿Por qué no subís y habláis allí?
Podéis quedaros cuanto
haga falta, ya está pagada y yo no pensaba quedarme esta noche, así que al
menos, que la aproveche tu hermano. Seguro que ha hecho un largo viaje hasta
aquí.
Yunho
alzó una ceja. Todo aquello sonaba muy raro y la actitud de Soo Minera más rara
todavía. ¿A cuento de qué tenía la llave de una habitación si no pensaba
usarla? ¿Y por qué sonreía a Jae
de aquella manera, con complicidad, como si ya se conocieran?
- Shindong-
Soo Min llamó a su
secretario, quien estaba a su lado en ese momento, nunca se separaba de ella y
al que Yunho
siempre ignoraba - Dale a Yunhola
llave.
Shingdon
miró al chico con desagrado, pues siempre había demostrado aversión por
él, y se sacó la tarjeta que hacía de llave para entregársela con una extraña
mirada. Yunho la
tomó sin quitarle los ojos de encima, intentando distinguir el significado de
aquella mirada, pero entonces sintió un tirón en su manga que le hizo volverse
para ver que Jaejoong seguía
allí y estaba impaciente por estar a solas.
- Gracias, Soo Min.. - Yoomin
se acercó a su jefa y se inclinó para darle un beso en la mejilla sin
importarle que su hermano o todos sus posibles contratantes o sus compañeros
modelos le vieran, y acto seguido se dio la vuelta y guió a empujones a Jaejoong hacia la salida.
En el exterior del gran salón donde se celebraba la
fiesta no había tanto ruido de copas, charlas y música de fondo y en la
recepción del hotel se respiraba un ambiente totalmente distinto, más tranquilo
y relajado, sin tanto alboroto ni humo de cigarro.
Yunho
no se volvió ni una sola vez hacia Jaejoong en todo el camino hasta el ascensor del hotel, el cual
les llevaría a la última planta, según ponía en la llave, que era donde estaba
la habitación alquilada. Jajoong
examinó la llave en el ascensor, en silencio, sin querer cruzar mirada o
palabra con su hermano, pero este no se despegaba de él. Buscaba el contacto de
cualquier manera, aunque Yunho
lo rehuía cómo podía en aquel espacio tan pequeño. Una vez llegaron a la
planta, el mayor prácticamente huyó y fue directamente al final de un largo
pasillo enmoquetado, donde una puerta de doble hoja se mantenía cerrada a la
espera de que insertase la llave en una ranura electrónica. Lo hizo, y ante él
se abrió una impresionante suite con una cama enorme, champan y unas vistas
preciosas de la ciudad.
Jaejoong
entró con timidez detrás de él y se quedó mirando por los amplios ventanales
mientras que él examinaba la habitación. Maldita Soo Min. Parecía que lo había preparado
todo, pero a la vez, resultaba demasiado fortuito como para ser verdad.
Yunho
se sentó en la cama mirando la botella de champan con otros ojos. No le gustaba
demasiado esa bebida, pero en ese momento se bebería cualquier cosa que llevara
alcohol. En un intento de reprimir su impulso de beberse la botella de un
trago, dirigió su mirada a
Jaejoong, a pesar de que no quería hacerlo. No iba especialmente bien
vestido, al menos no como él o los demás invitados de la fiesta, pero se veía
que se había arreglado, con camisa y sus mejores pantalones vaqueros, en cuyo
bolsillo trasero llevaba una revista enrollada.
Jaejoong se había apoyado en el
ventanal y miraba hacia afuera con la mirada perdida.
Parecía indeciso y
asustado y, al parecer, sin saber cómo empezar a hablar.
El mayor se levantó de la cama para coger de un tirón
la revista que sobresalía del bolsillo de su pantalón, viendo que se trataba de
un ejemplar de la revista de moda de Soo Min en la que él salía en varias ocasiones. Estaba abierta
justo en una página dedicada a un primer plano suyo y se le hizo tan raro verse
a sí mismo retratado que tuvo que dejar de mirarlo.
- Así me encontraste ¿no? - al final fue él el que
comenzó a hablar, a regañadientes, tirando la edición a la cama, aunque no se
cerró por lo manoseada y doblada que estaba. Desde el principio había tenido en
cuenta que siendo una figura pública su familia no tardaría en encontrarle,
pero confiaba en que ninguno de ellos estuviera interesado en la última moda y
la alta costura.
- En cuanto vi tus fotos fui a la edición de la
revista - contestó
Jaejoong contándole sus peripecias, girándose un poco hacia él, aunque
mirando al suelo enmoquetado de la habitación - La mujer con la que hablaste
ahí abajo me dio una invitación para que viniera esta noche... Te echaba
muchísimo de menos... - olvidándose de todos sus reparos, rompió la distancia y
se echó a los brazos de su hermano, apretándole fuerte para evitar que se
escapara, ya que Yunho resultó
excesivamente arisco en respuesta, intentando apartarle - ¡Lo siento muchísimo!
Yunho
no tardó en soltarse de aquel agarre, ya que siempre había sido más fuerte que
su hermano, aquella vez no iba a ser menos. Retrocedió un par de pasos,
abrumado y finalmente regresó a por el champán, aunque había estado intentando
evitarlo.
- ¿Así es como piensas que se arreglan las cosas?
Apareces después de cuatro meses pidiendo perdón pensando que iba a olvidar
todo lo que dijiste y que todo seguiría como antes...
- ¡Habría venido antes si no hubieses evitado todo
contacto! - le gritó, notando que Jaejoong, que siempre había sido el más sereno y templado
adquiría un tono rosado en sus mejillas de pura rabia e impotencia - Te
llamaba, pero no me cogías el teléfono. Te busqué, les pregunté a tus amigos
por ti, incluso llamé a los hospitales de toda la ciudad, preocupado porque te
hubiese pasado algo... ¡Y mientras tú estabas en fiestas, haciéndome sufrir!
Que Jaejoong
le alzara la voz era tan extraño como que el día se hiciera noche, pero
aun así, se mantuvo estoico, intentando no perder los estribos y atizarle un
golpe que no tenía muy claro si se merecía o no.
- No iba a quedarme allí poniendo buena cara como si
no hubiera sucedido nada...
- ¡Pero podíamos haber hablado!
- No creo que haya nada de qué hablar - musitó Yunho, apartando la
mirada de él, deseando salir huyendo de nuevo, coger su moto y que no volvieran
a verle.
- ¡Claro que lo hay! - pero Jaejoong no lo dejaría irse esta vez,
porque no agarró bien fuerte y le obligó a mirarle - Nada de lo que te dije
aquel día era verdad, Yunho
- le explicó, suavizando el tono de voz y un poco el agarre - Estaba bajo mucha
presión... quería estar contigo pero siempre nos interrumpían y me vine
abajo... Es cierto que dije que sólo quería follar, pero no lo expresé bien...
Sólo quería hacer el amor contigo, quería librarme de esa sensación de miedo y
ansiedad y sentir que eras mío, y yo tuyo...
- Nunca dudé que fueras mío - murmuró el mayor,
relajando los músculos ante aquel agarre, aun no del todo convencido, pero
sentía cómo daba su brazo a torcer sólo viendo el rostro enjuto de su hermano -
Pero creí que lo nuestro era más profundo. Sin embargo, dijiste que era
asqueroso.
- No... no es asqueroso - replicó Jaejoong con el corazón en un puño,
aventurarse a alzar la mano para acariciar la mejilla afeitada de Yunho, mirándole a los
ojos con idolatría - Era precioso, Yunho. No importa lo que los demás pensarían si lo supieran,
porque para mí tu eres lo mejor que podía tener nunca en mi vida. Tú eres
carne...
- ...de mi carne - terminó Yunho por él, totalmente doblegado.
Apartó la mirada y cogió las manos de Jaejoong que acariciaban su rostro, como intentando que sus
sentimientos le llegaran con mayor facilidad a su hermano. Pero Yunho tenía demasiado
miedo a volver a ser dañado - Jaejoong
¿cómo puedes estar tan seguro? No conoces otra cosa...
- No me hace falta - arguyó con seguridad, librándose
del agarre de sus manos y volviendo a tomar el rostro de su hermano para
obligarle a encararle, lanzándose hacia él para atrapar sus labios en un beso
del que Yunho no
pudo escapar. Estaba en sus redes. - Eres todo lo que necesito... - murmuró al
separarse lentamente, juntando sus frentes, mirándose como solo los amantes lo
hacen. - Que se te meta en la cabeza. Eres el único.
- Pero dijiste...
- ¡Olvida lo que dije! - le gritó de nuevo,
sorprendiendo tanto al mayor que de un solo empujón, consiguió que perdiese el
equilibrio, tirándolo de espaldas en la cama. Jaejoong sabía que la voluntad de su
hermano se estaba resquebrajando y era más que consciente de que la forma más
fácil de seguir con aquello era seduciéndolo. Se sentó sobre sus caderas y lo
arrinconó contra el colchón, imposibilitándole la salida poniendo ambas manos a
cada lado de su cabeza. - En estos meses sólo he podido pensar en ti. No he
dormido ni he comido pensando en ti, en todo lo que te dije, un montón de
estupideces sin sentido que tú te tomaste en serio. Pero, tonterías o no, tú te
lo tomaste en serio... y realmente me arrepiento. No quería apartarte de mi
lado, Yunho.
Yunho
no dijo una palabra, tan solo permaneció en silencio, mirando a los ojos negros de su hermano,
consciente de que todo lo que decía era verdad. Esos ojos eran incapaces de
mentirle, los conocía tan bien que eran incapaces de ocultarle nada.
- Lo siento mucho.
Sentía cómo Jaejoong lo presionaba de esa forma tan sutil que tenía, pese a
que no trabajaba bien bajo presión, pero aun así, parecía surtir efecto, porque
ya estaba en sus redes.
- Te quiero.Tocado. Y hundido. No podía luchar contra una
confesión tan directa. Se derretía cada vez que escuchaba esas palabras salir
de la boca de su hermano, y aquella vez no fue diferente. Se rindió.
Alzó su mano derecha para acariciar la mejilla suave
y tersa de piel clara como el papel.
Debía ser cierto aquello de que no comía,
porque realmente lo encontraba más delgado, aunque igualmente atractivo. Ya se
encargaría él de alimentarlo para que volviera a su estado anterior, pese a que
siempre había sido demasiado flaco.
Fijó su mirada en los labios rosados y llenos. Eso sí
que no había cambiado. Y así, lo atrajo para poder besarlo suave y tiernamente
como hacía mucho tiempo que no hacían. Sin lujuria ni miedo. Pausado. Relajado.
Allí no había miedo, ni peligro a que alguien llegara e interrumpiera. Tenían
tiempo y privacidad. Y a ellos mismos. Era todo cuando necesitaban.
Al separarse, volvieron a mirarse a los ojos y, por
un momento, sobraron las palabras. A Jaejoong no le hizo falta escuchar de los labios de Yunho que lo perdonaba y
que realmente lo amaba, pese a que aun no había conseguido arrancárselo con palabras,
pero sabía que eso era lo que él sentía y que esa era la mejor forma de
demostrárselo.
- ¿Y ahora qué? - preguntó Yunho, sintiéndose repentinamente
demasiado cansado y relajado, como si hubiese estado cargando a su espalda un
peso enorme durante mucho tiempo y de repente le hubieran librado de él.
Jaejoong
lo miró algo sorprendido, parpadeando extrañado. Aquella pregunta se le
antojó tentadora y su mirada se posó en los labios finos de Yunho, bajando por la parte
descubierta de su pecho, los botones de su camisa, deteniéndose en la
cremallera del pantalón oscuro del traje. Tragó saliva y se remojó el labio
inferior con la lengua con un pensamiento fijo y un único propósito. Sus manos
no tardaron en dirigirse a su propia camisa para intentar desabrochar con prisa
los primeros botones de esta.
- No me refería a eso - aclaró Yunho, apresurándose a detenerlo,
reconociendo sus intenciones y su cara de pena al verlas frustradas.
- Pensé que podríamos aprovechar la habitación de
alguna manera... - suspiró, disculpándose, dejando que Yunho le apartara el pelo de la cara
con una caricia.
- Tengo piso propio ahora ¿sabes? - los ojos del
menor se iluminaron al recibir la noticia - No más interrupciones, ni
presiones, ni miedos... ¿Qué te parece la idea?
- Me parece que tu nuevo trabajo es increíble -
exclamó Jae,
abrazándose al mayor con alegría de solo pensar que podría pasar más tiempo a
solas con Yunho. -
Y salías increíblemente guapo en esa revista.
- ¿Quieres decir que no soy increíblemente guapo
normalmente?
Jaejoong
sonrió y golpeó con suavidad el pecho de su hermano por la broma, pero feliz de
que la tensión y el malestar entre ellos hubiera desaparecido lo suficiente
como para bromear.
- Guapo es decir poco. - murmuró, acariciando el
pecho fuerte del mayor por encima de la camisa, notando los pectorales duros a
través de la fina seda - Eres perfecto... Perfecto en todos los sentidos.
- Tan perfecto que no podrías vivir sin mi - Yunho se rindió al juego.
Deshizo el nudo de la corbata y abrió el primer botón de su camisa, dándole pie
al menor para que continuara con los siguientes.
- No puedo vivir sin ti - aseguró a su vez,
desabotonando aquella delicada camisa de diseño con premeditada lentitud - Soy
un inútil si no estás a mi lado.
Yunho
no movió un músculo hasta que la camisa quedó abierta y su pecho al
descubierto, el cual fue acariciado con deleite por las manos blancas y
delicadas de Jaejoong,
que habían ansiado aquel contacto durante meses. Permitió al menor seguir
desvistiéndolo, continuando por abrir el pantalón. Jae se levantó de su sitio
privilegiado en el regazo del mayor, el cual se incorporó levemente para
retroceder en la cama, sentándose en el mismo centro, apoyando su espalda en el
cabecero de la cama, viendo cómo Jaejoong tomaba la iniciativa.
- Estabas deprimido ¿a que si? - le preguntó,
sintiéndose poderoso y dominante mientras que Jaejoong le quitaba los zapatos de
marca y los tiraba al suelo sin ningún cuidado, dejando sus pies sin obstáculo
para poder sacarle los pantalones sin prisa en sus gestos pero con hambre en su
mirada y su pecho, que se agitaba con ansia por más.
- Sentía que me moría - sollozó, tirando los
pantalones en el mismo lugar que los zapatos, ahogando un gritito por
encontrarse las piernas fuertes y morenas sin un solo pelo. Las recordaba
velludas, y aunque eso nunca le había importado, así, completamente rasuradas
le resultaban absolutamente tentadoras.
- ¿Lloraste?
- Tanto que podía haberme ahogado en lágrimas -
confirmó, gateando en la cama para terminar de desnudar al mayor, quitándole la
chaqueta del traje y la camisa de una sola vez.
- Fantástico.
Jaejoong
no previó el movimiento de Yunho
cuando agarró las solapas de la camisa que aun llevaba puesta y tiró con tanta
fuerza que hizo que todos los botones saltaran por doquier.
Prácticamente le
arrancó la camisa y lo mismo con los pantalones y los calzoncillos y lo
derrumbó en la cama, situándose sobre él con fiereza mientras le comía la boca,
hambriento.
Gimió sin control, sintiéndose tan sumamente dominado
que por un momento pensó que ni su alma le pertenecía. Todo él era de Yunho. Y esa era su mayor
satisfacción junto con la de que ahí podía ser libre de gritar de placer si
quería. Y sólo Yunho
podía conseguirlo.
A penas sintió la tentativa del mayor por abrirse
paso por la resistente entrada de su ano hasta que el primer dedo estuvo
dentro. Abrió los ojos para ver la cara de Yunho, que apretaba con fuerza los dientes en un intento ciego
de contenerse mientras que se afanaba por dilatarlo con la más absoluta
eficacia y rapidez. Y Jaejoong
no se lo ponía fácil, pues al verlo de esa manera, comenzó a mover su
pelvis para incrementar la penetración y rozar sus penes de forma obscena,
gimiendo sonoramente, mientras atrapaba una de las nalgas del mayor para que el
contacto fuese absoluto. Con cada gemido notaba cómo el miembro de Yunho se endurecía más y
más hasta que no pudo soportarlo más, enloqueciéndole, haciéndole llegar al
límite.
- Maldito crío - gruñó, cegado por la lujuria, atrapando
las manos de Jaejoong e
inmovilizándolas a cada lado de su cabeza. Jae vio cómo todos los músculos del fornido cuerpo que estaba
encima de él se tensaban por el esfuerzo de controlarlos y él sólo pudo sonreír
con excitación.
- Fóllame de una vez - ordenó abriendo sus piernas
cuanto podía y rodeando con ellas la cintura de su hermano.
Yunho
no aguanto más. No fue capaz de quitarse la ropa interior, simplemente liberó
su miembro y lo penetró con lentitud por la resistencia que suponía la mala
preparación. Pero Jaejoong
no se quejó en ningún momento.
-Yunho..
- musitó, dando un largo suspiro cuando la notó toda dentro y acto seguido, el
interpelado comenzó a moverse a un ritmo lento, en completo silencio,
conteniendo sus emociones - Más duro - suplicó, agarrando las sabanas, deseando
por que comenzaran las bruscas embestidas a las que Yunho le había sometido en otras,
aunque escasas, ocasiones - ¡Más profundo!
Aunque el lenguaje sucio de Jaejoong cuando estaba ahogado en él
le resultaba excesivamente morboso y le ponía a mil, le estaba costando
soltarse por completo. Pero tras un acertado beso en los labios, amoroso y
abandonado, Jaejoong consiguió
arrebatarle toda esa tensión y hacerle concentrarse en la única misión de darle
placer.
Las embestidas se volvieron duras y certeras,
provocando que Jaejoong
gimiera de puro abandono al placer y la cama se quejara por el maltrato. Jaejoong era incapaz de
moverse, siendo empotrado una y otra vez contra el colchón, sin descanso,
cortándole por completo la respiración, dejándole sin un solo pensamiento
coherente y convirtiéndole en un esclavo del placer. Y explotó larga y
abundantemente entre los vientres de ambos, notando como el orgasmo lo recorría
como un latigazo desde la punta de los pies hasta lo más profundo del cerebro,
adormeciendo todo su cuerpo con un hormigueo satisfecho y dejando todo su
cuerpo laxo. Aun podía sentir cómo los dedos de Yunho se engarfiaban dolorosamente en
sus caderas y daba las últimas estocadas que le llevaron al final, pero lo
sentía tan lejano que por un momento pensó que lo había dejado paralitico.
Yunho
se corrió sin pararse a pensar si debía hacerlo dentro o fuera. En realidad no
había pensado en nada durante un largo rato excepto en lo grandioso que era
estar dentro de Jaejoong
y en lo bien que se le daba a este el calentarlo. El menor le hacía convertirse
en una maquina de sexo y la verdad es que no podía quejarse.
Se dejó caer a un lado, tumbándose en un posesivo
abrazo junto a Jaejoong,
dándose cuenta de que habían estado a punto de caerse de la cama por la
brusquedad de sus movimientos. Estaba agotado y miró a Jaejoong, esperando encontrar una
irremediable mueca de satisfacción y encontrando que tenía la mirada perdida,
respiraba entrecortado y temblaba ligeramente, y empezó a preocuparse.
- Jae...
- murmuró, tomando su barbilla, instándole a que le mirase - ¿Estás bien?
- Me tiemblan las piernas... - informó, dibujando una
ligera sonrisa complacida - Tardaré semanas en recuperarme de esto...
Yunho
también sonrió, sintiéndose estúpido por haberse asustado, y volvió a
abrazarlo, sintiendo cómo la pieza que había echado en falta durante tanto
tiempo volvía a encajarse en su pecho.
***
Las cosas tardaron un tiempo en volver a su cauce. Yunho siguió modelando y Jaejoong estudiando,
cada uno por su lado hasta que llegaba la noche y se encontraban en el piso del
mayor para cenar y ver una película tranquilamente o para dar rienda a su
pasión. Pero a Yunho le
preocupaba algo.
Desde que se fue no había vuelto a encarar a sus
padres. Ellos no sabían dónde estaba o qué le había sucedido, pues Jaejoong no había soltado
prenda, pero la cosa no podía seguir así. Seguro que estaban muertos de
preocupación, y ellos no se merecían algo así. Debía dar la cara.
El primer sábado que Yunho tuvo libre le pidió a Jaejoong que le
acompañara a visitar a sus padres a su casa.
La primera reacción de Yunho cuando el menor abrió la puerta
del hogar familiar fue que aquello ya no era suyo, que él se había emancipado y
por fin tenía un lugar propio y que ya no tenía por qué seguir dándole
explicaciones a nadie. La segunda fue que algo no marchaba bien.
Entraron en la casa en silencio y se dirigieron a la
sala de estar mientras que unos sonidos de sobra conocidos les hicieron
empalidecer a ambos a la par que se acercaban.
"Yunho... Más duro... Ah..." e infinidad de gemidos
escandalosos que hicieron enrojecer a Jaejoong hasta la raíz del pelo por resultarle excesivamente
personales.
Los padres de ambos chicos se encontraban
boquiabiertos delante del televisor, donde podían verse de primera mano unas
tórridas escenas de sexo en las cuales los claros protagonistas eran los dos
hermanos.
Jaejoong
pasó del blanco al rojo y de este al morado por la falta de aire, perdiendo
toda capacidad de hablar, notando que el pulso se le paraba al verse a sí
mismo, retorciéndose en los brazos de Yunho mientras tenían sexo.
Y Yunho,
con una máscara de indescifrable tranquilidad articuló las palabras más adecuadas
para la situación:
- Estamos jodidos...
-----------------------------FIN----------------
wow fué tan hermoso que jaejoong tuviera tiempo para reflexionar y sufrir un poquito también la reconcilación me encantó , penséque era a primera vez de jae pero ya habíahecho al hermano caer en sus encanto jae coqueton el estamos jodidos se quedó ciortito fué un final inesperado y dieferente enos mal me quitaste la preocupación porque pensé que los cachaban en live action y alli de malas :D por fa epílogo (?) gracias :3
ResponderBorrarme gustó pero debo confesar que el segundo capítulo no parecía del mismo fic. se me hizo raro que Yunho se escapara y no de señales de vida así tan tajante y no entiendo qué hacían los padres del Yunjae mirando a sus hijos teniendo sexo. los grababan??? no entiendo. debería tener un epílogo para cerrar el fin porque me he quedado con muchas dudas.
ResponderBorrargracias por la actualización. y por compartirlo con nosotras
Ame como se describe a jae y a Yunho ~
ResponderBorrarMaaas Yunho se depila las piernas y ya no es el xD como q le falta algo.. Jaja
De donde sacaron eso sus padres? wtf se grababan y jae tenía los videos jajaja como es esoooo?? también quiero esos videos!!!
Me encanto el.fic quiero mas asiiii ;) con un Yunho más posesivo y golpeador obsesionado con jae *o* jajaja me re fui de tema..
Excelente el fic!!
al final sus padre si se enteraron, o por dios jajajaja. gracias me gusto mucho
ResponderBorrarEsa fue Lee SooMin... ella los grabo jajajajajajajaa
ResponderBorrarfujoshis everywhere XDDD
oh que paso a qui quien hizo llegar el vidéo de ellos a sus padres acaso fue Soo Min la jefa de yunho o no me explico como paro eso en casa de ellos pero lo bueno es que yunho y jae pudieron arreglar su situación ahora el problema es con sus padres y no se como lo arreglaran
ResponderBorrarjajaja al final el Amor entre ellos se dio a Conocer pero la duda que inquieta a varios?!!! Fue Soo Min la que mandó el video si es así que Jefa le tocó a Yunho! XD ...jeje bueno en fin me encanto como termino viva el YunJae!!!!!!
ResponderBorrarQue señora tan pervertida el aprovecharse la tal SM de Yunho y Jae en una reconciliación para gravarlo teniendo sexo, pero lo peor fue enviárselos a sus padres, por eso tan compresiva y atenta con ellos. Pero lo bueno es que entre ellos se arregló la situación y nadie los podrá separar. Gracias.
ResponderBorrarComo llegó un video explícito a manos de los padres de ambos... O_O
ResponderBorrarConcuerdo con YH están jodidos!
Espero un epílogo, es muy cruel dejarlo así ;_;
Fue más simple aclarar la situación de los dos, creo que So Min es la que grabó ese video... lo sospecho :X
Gracias :D
Me encanto, me encanto!!! Yunho se volvio todo un modelo es que con semejante belleza como no, que bueno que jae pudo encontrarlo y gracias igual a lee so min, asi pudieron hablar y aclarar las cosas como se debe, y por fin estar sin interrupciones,el final me dejo en shock,de donde habran sacado ese video sua padres? Y que reaccion habran tenido,jaj pero bueno el caso es que ellos esten juntos! Gracias por compartir el fic con nosoyras y todo! ^^
ResponderBorrarVideo muy grafico del YunJae en accion 0.0
ResponderBorrarSeñores padres, pasenme su direccion para "confiscarles" el video
No es apropiado para homofobicos xD
xD
ResponderBorrarcomo no tengo muxo tiempo........fue genial el capi......ame a YH y JJ
duda, como es eso del video????........eso deja un hueco inmensoooooooooooooo!!!...........^^
Pero igual genial.........=)
esa desgraciada los delato ¬¬ pero no entiendo con que fin... espero haya epilogo >_< waaa pobre de jae y yunnie por lo que tendran que pasar..... gracias por la etiqueta y tu trabajo :3
ResponderBorrar¡Vaya, tema complicado!
ResponderBorrarCreo que los dos hicieron lo mejor que pudieron, para empezar no desistir en sus sentimientos...
El final estuvo alucinante *-* OMGoshhhhhhhhhhh
ahhh quien les habra dado ese film a sus padres?? mejor nos lo hubieran pasado a las yunjae shippers -sonrie pervertidamente-
ResponderBorrarwaa que bueno que se reconciliaron y y de que forma lo hicieron jajaja XD
yunho ahora era un modelo y jae volvio a hacer el de antes
jaja y ahora tenian ya un lugar para sus encuntros, pero ese final
estuvo de infarto!!! Muy buen fic XD
Lee So min talvez sea la version femenina buena de Lee So man XD
ResponderBorrarMe encanto que Yunho pueda tener éxito y fama, al fin salio de la ratonera de donde estaba *w*
Aunque me pregunto como tomaran la situación sus padres XDD
Gracias por compartir sayoooo n.n
jajajajaj me encanto la parte de la reconciliacion :) Jae quedo casiparalitico ajajajaj me imagino la cara de satisfaccion de Jae por tremenda accion :) y para colmo me mataste con el final , es tan unico .... me pregunto si ellos quisieran compartir sus videos privados? porque si es asi yo quiero una copia jajajajaj
ResponderBorrarme encanto la historia :)
Solo diré bendita seas lee soo min <3 hiciste que mis bebos retomaran su sesión de 4 meses <3 waaaaaa fue increíble gracias por este final a mi me encanto y sobre todo cuando dijo ESTAMOS JODIDOS! Jajaja así que de eso se trató o: me imaginó que jae se habra escondido xd pobreeee lo que le espera e.e pero lo mas importante es quemse quedara con su persona especial y el amlr de su vida que también resulto ser su hermano mayor e.e yunho *-*
ResponderBorrarAndaba esperando esa escena así que mi imaginación voló como siempre kyaaaaa -Coree a leerlo por segunda vez :3
Lee Soo Min!!!!!! ..... no se en que estaba pensando la jefa de yunho pero .... oh dios solo se que se quedo buenisimo este two shot xD
ResponderBorrarlo mejor son las reconciliaciones no?
ame este yunjae.... la que se les debe de haber armado xD
gracias por compartirlo
Lo ameeeee, lo mejor para el ultimoooo cono estaran sus padres
ResponderBorrarPerooo que bueno que sigan con su relación :)